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Obras de arte reinterpretadas con 140 círculos

07 mayo 2013

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En un primer momento, en el conjunto ordenado de puntos no parece haber nada más que una caprichosa combinación de colores, pero tras observar las filas y las columnas como un todo y alejándose un poco del monitor del ordenador, se comienza a perfilar famosas obras de arte como La persistencia de la memoria de Dalí, El grito de Munch o El beso de Klimt.

El diseñador gráfico Gary Andrew Clarke (Leicester-Inglaterra, 1970) comenzó en 2009 con la serie Art Remixed (Arte remezclado), una colección de grandes éxitos de la historia del arte interpretados con círculos, esquematizados al máximo pero aún así reconocibles para el espectador.

Amante de la geometría, el autor explora siempre el modo de crear “encuentros insinuantes” entre las formas y el color con un resultado lúdico. En su página web se amontonan las láminas abstractas de tonos planos y atractivos que se entrelazan con ayuda de las figuras. El significado no tiene cabida en el juego, pero la ilustración sigue siendo divertida. Refiriéndose a la falta de contenido dramático de sus obras, Clarke cita al veterano artista minimalista y abstracto Frank Stella: “Lo que ves es lo que ves”.

En el caso de la serie Art Remixed sin embargo sí hay una misión para el espectador, que debe completar mentalmente la imagen disfrazada siempre en 140 puntos de colores, descifrar una especie de tweet pictórico para rescatar a la Gioconda de Leonardo da Vinci, a la Marilyn de Andy Warhol o al hombre que se oculta tras una manzana en El hijo del hombre de René Magritte.

Helena Celdrán

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Las ilustraciones más extravagantes de los manuscritos medievales y renacentistas

23 abril 2013
Ilustración de 'Livre de la Vigne nostre Seigneur'. Manuscrito francés fechado entre 1450 y 1470

Ilustración de ‘Livre de la Vigne nostre Seigneur’, manuscrito francés fechado entre 1450 y 1470.

Exhiben su minuciosa belleza en códices y pliegos de pergamino y papel. Permanecer encerrados en monasterios y palacios ha permitido a buena parte de los manuscritos iluminados de la Edad Media y del Renacimiento conservar en un asombroso estado los colores y las escenas al completo. Comenzaron siendo obra exclusiva de los monjes, pero con el tiempo la creciente demanda de las ilustraciones convirtió los manuscritos en negocio y grupos enteros de artesanos se encargaron de las cuidadas ediciones no sólo de textos religiosos, sino de crónicas y obras literarias seculares.

Tendemos a pensar en el arte de los manuscritos como obras limitadas a representar escenas bíblicas o de caballeros andantes, con personajes algo inexpresivos y de un lenguaje corporal artificial, pero la larga tradición artística y la diversa procedencia de las ilustraciones (todos los países de Europa las utilizaron como medio de comunicación visual al igual que las esculturas y los relieves de las catedrales) convierten el género en una manifestación visual rica y con inesperadas ramificaciones.

Discarded image|discarding images (Imagen desechada|desechando imágenes) es una sorpresa que barre las ideas preconcebidas sobre el manuscrito medieval y renacentista como aburrido, hierático y pobre en comparación con el arte posterior. El microblog de la plataforma Tumblr reúne desde febrero de 2012 inusuales detalles extraidos de ilustraciones que acompañan a textos de los siglos IX al XVI como el excelso Roman d’Alexandre (1338-1344) belga o el Gorleston Psalter inglés, célebre por los motivos de animales realizados en los márgenes.

A veces no son más que mínimas aportaciones a la compleja ornamentación de una página. El autor (anónimo) explota el carácter cómico, terorrífico y extraordinario de los motivos. Además de las comunes representaciones de la muerte o de las criaturas demoniacas que acechan al fiel, hay parejas desnudas en la cama, descuartizamientos, ollas infernales llenas de cléricos y nobles, una rata llevando un pájaro atado con un cordel y cabalgando sobre un gato, castillos construidos sobre elefantes, un ser humano ataviado con una capa roja e incubando un montón de huevos, un grupo de cuatro monos bebiendo vino…

Helena Celdrán

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Ilustración del manuscrito suizo 'De interioribus hominis Aurora consurgens', St. Gallen. Siglo XV.

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Las asombrosas listas de Gregory Blackstock, “el autista erudito”

19 marzo 2013
Gregory L. Blackstock

Gregory L. Blackstock

En el Washington Athletic Club —un elegante edificio art déco en el centro de la ciudad de Seattle (EE UU)— el friegaplatos del restaurante, en el anonimato del fregadero lleno de vajilla sucia, imaginaba listas sin parar. En su cabeza bullían clasificaciones bien surtidas con sutiles detalles y de temas muy diversos: especies de aves, tipos de furgoneta, luces de navidad, construcciones verticales de todo el mundo, rábanos, martillos, escalas de notas musicales, bombarderos estadounidenses de la II Guerra Mundial, payasos…

A Gregory L. Blackstock (1946) lo llaman “el erudito autista”. En 1986 y valiéndose de un material modesto (el papel que hubiera disponible, tinta, pinceles, rotuladores, ceras…) comenzó a realizar ilustraciones con clasificaciones de objetos y seres vivos. Lavó platos durante “25 años y un tercio” en el club deportivo y era conocido por publicar una vez al mes, en el boletín informativo del centro, sus famosas y elaboradas listas. Mucho después,cuando él ya contaba con 58 años, alguien consideró por fin que la obra de aquel hombre merecía mayor consideración.

'The Great American Jays' - Gregory Blackstock

‘The Great American Jays’ – Gregory Blackstock

Su condición de autista sin duda tiene que ver con el afán por observar, clasificar y memorizar, pero el detalle en el dibujo y la precisión de los términos revelan mucho más y descubren que Blackstock no es un simple aficionado que pinta lo que se le ocurre: tiene método, estilo y —lo más asombroso en estos tiempos de ofuscación y orgullosa ignorancia— una voraz curiosidad. El artista se informa a fondo del tema que va a abordar, disecciona en su mente los pormenores de la hiedra venenosa, el ala de un avión, el patrón colorido del caparazón de un escarabajo o los dientes de una sierra para elaborar pequeños textos o nombres descriptivos para cada elemento de su catálogo personal.

Dibuja a mano alzada, sin la ayuda tan siquiera de una regla, y utiliza los colores sencillos del repertorio infantil de una caja de pinturas cualquiera. Retirado desde 2001, con el tiempo ha conseguido ver publicado en un inspirador tomo su preciso trabajo (Blackstock’s Collections, editado por Princeton Architectural Press en 2006). Una galería de Seattle vende un gran surtido de sus obras, que sigue creando con la humildad de siempre, uniendo varios folios con cinta adhesiva y pegamento si es necesario extender las listas.

Blackstock pasa ahora los días dedicado a su arte y a perfeccionar los 12 idiomas que ha aprendido a lo largo de su vida (entre ellos el japonés, el chino mandarín y el checo). Los sábados toca el acordeón, su instrumento favorito, al que ha dedicado años de estudio autodidacta. Le gusta interpretar sus piezas en la calle, antes de los partidos, en las cercanías del pabellón deportivo Key Arena de Seattle, disfrutando de la muchedumbre todavía tranquila antes del encuentro mientras piensa en su próxima lista.

Helena Celdrán

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Gregory L Blackstock - acordeones

Gregory L Blackstock -  thrips

Gregory L Blackstock - The Historic Intercontinental Homes

Gregory Blackstock - aircrafts

 

No por tener un ‘smartphone’ debes olvidar la etiqueta

14 enero 2013
No mandes mensajes ni revises tu teléfono mientras hablas con otros

“No mandes mensajes ni revises tu teléfono mientras hablas con otros. Ofrece tu completa atención”.

Que los pasajeros evitaran el transporte público en horas puntas (sobre todo las damiselas que volvían cargadas de las tiendas), que los soldados no se sirvieran más de lo que en realidad podían comer, que las señoras se quitaran el aparatoso sombrero en los cines para permitir que desde la fila de atrás se pudiera ver la película, que los obreros durmieran bien antes de enfrentarse a la dura jornada en la fábrica… Los carteles que con frecuencia se encontraban en los lugares públicos en la primera mitad del siglo XX estaban dirigidos a mejorar la educación y la seguridad, fomentar la urbanidad y las buenas maneras en las grandes ciudades europeas y estadounidenses.

Algunos tenían como fin concienciar a la población sobre las restricciones, los tiempos difíciles y la escasez de las posguerras; otros eran simples normas para convivir en armonía o prevenir accidentes. Vistos desde el presente, los pósters indican los problemas menores más cotidianos de cada época, las faltas, las molestias y los peligros frecuentes en los lugares de trabajo y ocio.

Con esa idea en la cabeza, el diseñador estadounidense Ted Slampyak (que basa muchos de sus encargos publicitarios en el lenguaje gráfico de décadas anteriores) ha realizado para el blog sobre “estilos de vida” The Art of Manliness (El arte de la masculinidad) una colección de seis carteles imaginarios que establecen normas de etiqueta para los usuarios de smartphones.

El problema es palpable: muchos no tienen reparos en mirar la pantalla del teléfono para comprobar si hay nuevos mensajes o correos mientras mantienen una conversación con una persona real. Otros tantos comunican rupturas sentimentales con la impunidad de un SMS o mantienen en un espacio reducido (ascensores, salas de espera, autobuses) conversaciones que no interesan a nadie.

Slampyak se inspira en carteles de la década de los cuarenta a los sesenta. Los protagonistas de las escenas son hombres trajeados y de cortes de pelo clásicos, pero los mensajes pretenden actualizar los buenos modales de los que muchos se olvidan al engancharse al móvil y vivir con más seriedad las relaciones personales a distancia que las del entorno tangible.

Helena Celdrán

Baja la voz cuando hables en público y manten la conversación el menor tiempo posible.

Baja la voz cuando hables en público y manten la conversación el menor tiempo posible.

Minimiza las conversaciones en espacios públicos cerrados (ascensores, buses, aviones etc.). No des la lata a una audiencia cautiva

Minimiza las conversaciones en espacios públicos cerrados (ascensores, buses, aviones etc.). No des la lata a una audiencia cautiva.

Da noticias importantes por teléfono o en persona. 'Textear' es de cobardes

Da noticias importantes por teléfono o en persona. ‘Textear’ es de cobardes

Apaga el teléfono durante películas, clases, reuniones, comidas, servicios religiosos etc. No arruines la experiencia a otros.

Apaga el teléfono durante películas, clases, reuniones, comidas, servicios religiosos etc. No arruines la experiencia a otros.

 

No elijas un tono hortera, detestable o vulgar. Mantente con clase.

No elijas un tono hortera, detestable o vulgar. Mantente con clase.

Viñetas de animales que despiertan una sonrisa

11 diciembre 2012
Una de las microhistorias de Liz Climo

Una de las microhistorias de Liz Climo

Una colección de osos, ratas, conejos, pingüinos, mofetas, nutrias, osos hormigueros y algún que otro dinosaurio protagonizan microhistorias que no superan las tres viñetas. Los paisajes apenas existen y la relación entre ellos es pura, casi infantil. A pesar de la sencillez, el universo sencillo de Liz Climo es acogedor y atractivo.

La artista estadounidense trabaja como diseñadora y revisa storyboards en el departamento de animación de Los Simpson, la serie de dibujos animados más popular y longeva de la televisión. Hi, I’m Liz (Hola, soy Liz) es su microblog personal, una vía de escape creativa con la que se sacude las obligaciones laborales.

En las formas redondeadas, los ojos diminutos y las expresiones serias pero bondadosas se adivina el rastro de Jean de Brunhoff (1899-1937), creador del elefante Babar. Las situaciones y las mininarraciones tienen un carácter naíf de libro infantil, que sin embargo también conmueve a un adulto. La serpiente que se comió un bastón de caramelo, el puercoespín que quería un gorro hecho de globos, el pingüino que juega a piedra papel o tijera y sólo puede sacar papel… Cada personaje daría para protagonizar una narrativa por sí mismo. Climo se fija en la cualidades de cada especie para introducirlas en las costumbres humanas sin resultar cursi y logrando una leve sonrisa en el espectador, que inevitablemente regresará a por más cuando haya leído todas las viñetas.

Helena Celdrán

'Las tijeras pueden con el papel. He vuelto a ganar' '¿Podemos jugar a otra cosa?'

Oso: “Las tijeras pueden con el papel. He vuelto a ganar”. Pingüino: “¿Podemos jugar a otra cosa?”

 

"¡Uy! Me he debido dormir cuando comía mi ensalada"

“¡Uy! Me he debido dormir cuando me comía mi ensalada”

'Breaking Baaad'

‘Breaking Baaad’

"Te has comido otro bastón de caramelo ¿verdad?"

“Te has comido otro bastón de caramelo ¿verdad?”

Dodo, la exuberante ilustradora olvidada de los años veinte

04 diciembre 2012
'Geldfragen' (1928)

‘Geldfragen’ (1928)

Ellas —espigadas, de dedos afilados como garras y finísima cejas— exhiben su desidia con trajes de noche y modernos tocados. Ellos —inexpresivos y cerúleos— suelen aparecer en un segundo plano luciendo esmoquin, monóculo y puro.

La berlinesa Dörte Clara Wolff (1907-1998) creó sus obras más famosas entre 1927 y 1930. Muchas eran comentarios sociales para la revista satírica Ulk que retratan a la alta sociedad de finales de los años veinte en la República de Weimar. Son una crónica del aburrimiento que reside en la diversión, de la bella insatisfacción que acarrea el lujo.

Carismática, atractiva, intensamente sentimental, de familia judía de clase media-alta, exitosa diseñadora de moda y de vestuario (creó trajes para Marlene Dietrich), habitual ilustradora de importantes revistas alemanas… Es extraño que la obra de Dodo (su nombre artístico) haya caído en el olvido durante tanto tiempo. Sencillamente desaparecieron las referencias a su arte, como si lo hubieran secuestrado. Hasta este año sus trabajos nunca se habían expuesto.

Dörte Clara Wolff (Dodo)

Dörte Clara Wolff (Dodo)

La primera retrospectiva de Dodo se celebró en la Kunstbibliothek (Biblioteca de arte) de Berlín, que pertenece a la red de museos de la ciudad, en marzo. Se exhibieron 120 obras de la artista que abarcaban su primera época relacionada con la moda, sus exuberantes ilustraciones caricaturescas de Weimar, los trabajos que realizó cuando se sometió a una terapia del por entonces incipiente psicoanálisis en 1933, encargos para revistas judías (las únicas en las que le permitían colaborar cuando llegaron los nazis al poder), ilustraciones realizadas en el exilio londinense…

Se la relaciona con la Nueva Objetividad (Neue Sachlichkeit) alemana a la que pertenecieron pintores como Otto Dix y Georg Grosz. El movimiento era contrario a los excesos del expresionismo y buscaba plasmar la realidad con una fuerte carga de interpretación personal que a la vez resultara sutil.

Pero la marea vanguardista del expresionismo avanzaba hacia la abstracción y no había lugar para realismos en una época tan violenta del siglo XX. Mi sensación es que Dodo no atendía a teorías artísticas y se movía por el impulso personal de capturar la esencia de lo que veía: el delicioso aburrimiento de observar los fuegos artificiales, el cansancio de beber siempre los mismos cócteles, la incomodidad resbaladiza del raso.

Helena Celdrán

'Feuerwerk' (1929)

‘Feuerwerk’ (1929)

'Wedding auf dem Dachgarten' (1929)

‘Wedding auf dem Dachgarten’ (1929)

'Der Windhund' (1929)

‘Der Windhund’ (1929)

'In der Loge' (1929)

‘In der Loge’ (1929)

Hello Kitty, musa del grafiti y del ‘lowbrow’

30 octubre 2012
Portada del libro 'Hello Kitty, Hello Art!'

Portada del libro ‘Hello Kitty, Hello Art!’

Permanece ajena al paso del tiempo, su imagen se ha convertido en logotipo, las niñas siguen idolatrándola a pesar de que se limita a ser una figura muda plasmada en todo tipo de objetos.

Hello Kitty puede embelesarte porque tienes seis años o porque te embelesaba cuando tenías seis años. En cualquier caso, cada vez que ves su figura redondeada te acuerdas de la diadema rosa con la cara de Hello Kitty, de la agenda de teléfonos que te llevaste al cole para apuntar los números de todo el mundo, del monedero, del estuche de lata, del cepillo de dientes…

Hello Kitty, Hello Art!, publicado a principios de octubre por la editorial neoyorquina Abrams Books, le da una visión artística a uno de los productos más rentables de la historia del kawaii japonés. El libro es una suculenta recopilación de obras, seleccionadas por el documentalista del grafiti Roger Gastman, que celebran a la mascota inmortal de Sanrio, la empresa que encargó el 1974 el diseño del personaje a la diseñadora Yuko Shimizu.  En la colección también hay representaciones a otros personajes de la compañía como la eterna secundaria My Melody (un conejo blanco del estilo de Hello Kitty que siempre lleva una capucha rosa o roja que se adapta a sus orejas).

Con trabajos de artistas muy conocidos como Ron English, CRASH, Gary Baseman, Shepard Fairey, RISK y POSE (autor de la portada), el tomo acerca el clásico infantil al grafiti, al lowbrow y al surrealismo pop. Los autores adaptan a Hello Kitty a su estilo en pinturas sobre lienzo, acuarelas, dibujos a tinta, aerosol, acrícilos sobre madera, serigrafía… En cada obra de las 208 que reúne el tomo, la presencia de la mascota y el marcado estilo del artista luchan por el protagonismo.

Helena Celdrán

'Obey' - Shepard Fairey

‘Obey’ – Shepard Fairey

'Hello Kitty' - Camilla d'Errico

‘Hello Kitty’ – Camilla d’Errico

'Kitty Man' - Anthony Lister

‘Kitty Man’ – Anthony Lister

'Hello Kitty is Fishy' - Gary Baseman

‘Hello Kitty is Fishy’ – Gary Baseman

'Hello Topiary' - Eric Joyner

‘Hello Topiary’ – Eric Joyner

Cuando un tintorero austriaco inventó el surrealismo sin querer

18 septiembre 2012
'Der See Elefant' - Aloys Zötl

‘Der See Elefant’ – Aloys Zötl

El elefante marino de la ilustración es inevitablemente imperfecto: con garras insinuadas en las aletas y una extraña adenda que cumple la función de morro. Descansa sobre un pedazo de tierra bañado por la espuma del mar, que parececasi sólida.

Tras la intrigante lámina de dudoso rigor zoológico no está un explorador con habilidad para el dibujo, ni un científico dieciochesco, ni un artista enviado antaño por la corona de algún país europeo para acompañar a las expediciones a América o Australia. El autor es Aloys Zötl (1803-1887), un tintorero austriaco que nunca recorrió el mundo.

Se sabe poco de la biografía de Zötl y probablemente no tenga demasiada importancia: la parte valiosa de la historia es la que no aparece en los papeles oficiales, la que esconde el mundo interior de un trabajador normal y corriente. Nació y murió en el estado de la Alta Austria, nunca destacó por nada en particular y mientras su vida transcurría en silencio, consagró mucho de su tiempo a contemplar las acuarelas fantásticas de los bestiarios y a los conocimientos enciclopédicos de los libros de historia natural.

'Die Seeschildkröte' - Aloys Zötl

‘Die Seeschildkröte’ – Aloys Zötl

Las fuentes de inspiración del artista oculto eran sobre todo dos libros. Las Metamorfósis de Ovidio —en las que el poeta romano narra la historia del mundo y se detiene en los mitos griegos—  e Historia Natural, del ilustrado francés Georges Louis Leclerc (Conde de Buffon). Los tomos alimentaron en Zötl el deseo de crear su propia clasificación de las criaturas que habitaban la Tierra.

Entre 1831 y 1887 pintó sus acuarelas, fechadas y organizadas con el esmero de un bibliotecario. Creó cuatro grandes álbumes en los que archivó  hasta 400 obras de monos, hienas, boas constrictor, calamares, alces…

El silencio de Zötl impidió que a su muerte se conociera la colección. Desapareció en el tiempo hasta que un héroe insospechado las rescató para el público. El surrealista André Breton escribió en 1955 un prólogo para un catálogo de subastas en París. Iban a vender un gran número de láminas del artista desconocido y Breton encontró en ellas un antecesor mágico del movimiento surrealista. Entusiasmado, declaró que era “el bestiario más suntuoso jamás visto”.

La cualidad surrealista del trabajo del tintorero austriaco no es una de las observaciones delirantes del autonombrado jefe de la escuela artística. El acabado limpio y luminoso y los paisajes despojados de adornos bien podían haber servido de inspiración a René Magritte.

Los defectos en el estilo hacen que los tallos cortados puedan confundirse con tubos metálicos, que el caparazón de la tortuga parezca remachado o que la víctima de la boa sea un cuerpo amorfo propio de una interpretación daliniana de la anatomía. Lo que debía ser documental, en manos de Zötl se convirtió en  fantástico.

Helena Celdrán

'Der Gibbon' - Aloys Zötl

‘Der Gibbon’ – Aloys Zötl

'Die Königsschlange' - Aloys Zötl

‘Die Königsschlange’ – Aloys Zötl

'Die gestreifte Hyäne' - Aloys Zötl

‘Die gestreifte Hyäne’ – Aloys Zötl

'Das Steppenzebra' - Aloys Zötl

‘Das Steppenzebra’ – Aloys Zötl

Edward Gorey, el amante de los gatos que pensaba en blanco y negro

12 septiembre 2012
Edward Gorey

Edward Gorey

“Pienso en mis libros como en novelas victorianas hechas un burruño“. Edward Gorey (1925-2000) escribía e ilustraba historias de presencias oscuras, niños que morían, mansiones decadentes y almas solitarias, pero de algún modo conseguía que hasta lo más tenebroso tuviera un lado entre surrealista y cómico que lo hacía tierno.

Clasificaba su trabajo como “literary nonsense” (“Absurdo literario”), le molestaba socializarse, no le interesaban la promoción, la riqueza ni la fama. Disfrutaba del privilegio de tener la nariz metida en un libro todo el tiempo que fuera necesario.

Tal vez esa mezcla de circunstancias sea la razón de su estatus como autor de culto. Desde su debut en los años cincuenta, siempre fue conocido y admirado por unos pocos, nunca un superventas, pero es muy probable que cualquiera que lo descubra se quede boquiabierto no solo por la singularidad del universo afilado y elegante del autor: la obra de Gorey desenmascara también la supuesta originalidad de algunos héroes pop como Tim Burton.

'Donald imaginaba cosas'

‘Donald imaginaba cosas’

En breves narraciones ilustradas (a veces sólo una frase acompaña a cada dibujo), Gorey recrea la incomodidad que provoca un invitado convertido en intruso, se divierte con el sinsentido de un accidente doméstico, caricaturiza una despedida amarga. Los personajes, larguiruchos y pálidos, se someten a las historias con caras serias, como si tuvieran la certeza de que nada pueden hacer contra la locura de quien los maneja.

En la sección Cotilleando a… de esta semana repasamos la figura de Edward Gorey en una decena de puntos que descubren cómo lo inusual de su caracter se mezclaba con la capacidad creativa.

1. La infancia. Por su aficción al estilo victoriano y eduardiano, la aparente incoherencia de su humor y lo refinado del vocabulario, era frecuente la suposición de que Gorey era inglés.

En realidad había nacido en Chicago (EE UU) y, a pesar de las especulaciones de todo el que se acerca a su trabajo, no creció en un entorno difícil ni tuvo una infancia traumática. Creció en los suburbios de la ciudad, su padre era periodista y la familia se mudaba con frecuencia por razones que el artista nunca supo.

'The gashlycrumb tinies'

‘The gashlycrumb tinies’

Cuando tenía año y medio hizo el primer dibujo, los trenes que pasaban frente a la casa de sus abuelos. “Eran extrañas y pequeñas salchichas que pretendían ser vagones”, recordó después en varias entrevistas. Aprendió a leer sin la ayuda de nadie a los tres años y medio. Era un niño brillante al que avanzaron de curso en dos ocasiones. Leer y jugar al Monopoly eran sus actividades preferidas.

La normalidad con la que habla de la niñez contrasta con la oscuridad de sus personajes infantiles, desdichados y maltratados, que protagonizan obras famosas de Gorey como The Gashlycrumb Tinies (1963) (gash significa corte, tajo y crumb, mequetrefe), un abecedario con nombres de niños que sufren accidentes o enfermedades: “A de Amy, que se cayó por las escaleras; B de Basil, atacado por los osos; C de Clara, que se consumió…”. Cada ilustración en tinta sobre papel muestra sin miramientos el momento que rodea a la desgracia, en blanco y negro, como una pesadilla poética.

Una de las escenas de ballet de Gorey

Una de las escenas de ballet de Gorey

2. Ballet. No se perdía ni una representación del New York City Ballet. Tras servir en tareas administrativas al ejército de EE UU (sin salir del país) en la II Guerra Mundial y después licenciarse en Francés por la universidad de Harvard, Gorey se instaló en Nueva York en 1953.

Comenzó acudiendo de vez en cuando al ballet y tres años después era un adicto. Cautivado por el trabajo del célebre coreógrafo ruso George Balanchine (1904-1983), que dirigía a la compañía entonces, Gorey era capaz de distinguir los pequeños matices de una representación a otra, la evolución de las destrezas de los bailarines.

Muchos conocían al artista de haberlo visto en las representaciones y no por su obra, e incluso lo abordaban por la calle para preguntarle por uno u otro show. Cuando Balanchine murió en 1983, Gorey se mudó de la Gran Manzana a su residencia en Cape Cod (Massachusetts), en una casa atestada de libros en la que campaban a sus anchas cinco o seis gatos.

No se ponía elegante para el ballet, vestía como solía ir: con vaqueros y zapatillas deportivas, anillos dorados en casi todos los dedos de las manos y un abrigo de piel; un estilo que Stephen Schiff (periodista de la revista New Yorker que entrevistó a Gorey en 1992) describía como “una mezcla de beatnik aficionado a tocar los bongos y dandi de fin de siglo”.

Demuestra la obsesión por el ballet en varios libros, en especial en The Lavender Leotard (La malla lavanda, 1973), una detallada caricatura del New York City Ballet en el que recrea la atmósfera, las grandes figuras de cada espectáculo, los acontecimientos y pequeños detalles cotidianos de un lugar que casi era una segunda casa.

Autorretrato de Gorey con sus amados gatos

Autorretrato de Gorey con sus amados gatos

3. Gatos. “Llevan esas vidas misteriosas, que sólo estan medio conectadas a la tuya. (…) Es interesante compartir la casa con un grupo de gente que obviamente ve, escucha y piensa de un modo infinitamente diferente a ti”. Gorey asemejaba los movimientos felinos al ballet y siempre tuvo varios e intentó capturar su gracilidad sobre el papel: “Se mueven en el instante en que decido hacer un boceto, incluso cuando previamente han pasado horas en estado comatoso”. El autor los consideraba “el amor de su vida”. En el testamento, legó la gestión de su obra a una fundación dedicada a la defensa de los perros y los gatos.

Dancing Cats and Neglected Murderesses  (Gatos danzantes y asesinas olvidadas, 1980) es una muestra más de la devoción del autor por los felinos domésticos, de los que decía que eran el amor de su vida. La colección de ilustraciones individuales con texto muestra a gatos en actividades extravagantes que se entrelazan de modo sorprendente con oscuros retratos femeninos.

'Esperar la llegada del otoño'

‘Esperar la llegada del otoño’

4. Viajes. A pesar de la curiosidad innata con la que abordaba cualquier manifestación artística y literaria, recorrer mundo no le interesaba. Sólo salió una vez de Estados Unidos, para hacer un viaje a las islas Hébridas, en Escocia.

En una entrevista previa a esa única excursión habló de su aversión por los paisajes extraños: “No. Nunca he estado en Inglaterra. Nunca he salido del país. Todo viene de los libros. Leo sobre todo literatura inglesa. Siempre me gustaron las novelas victorianas. No me gusta viajar ¿Quién cuidaría de mis gatos? Seguramente les daría un ataque de nervios… Excepto en el caso de que ni se dieran cuenta de que me he ido. Soy una persona rutinaria. No quiero trastornos en la barriga, sonidos extraños en mis oídos, ni dormir en camas extrañas”

Dos ilustraciones de 'The dubious guest'

‘The doubtful guest’ (‘El invitado dudoso’)

5. Violencia. En los dibujos sugiere la amenaza en lugar de mostrarla. Gorey odiaba que le definieran como macabro, porque aborda el miedo con absoluta frialdad. Los personajes caen en desgracia y la vida continúa, el momento en que sucede el desastre casi nunca se ilustra, pero la frase que acompaña al dibujo no deja duda del cruel desenlace.

Las estrategias del autor para hacer sentir incómodo al lector no se reducen al miedo a la muerte. Gorey es capaz de crear situaciones aparentemente cómicas que resultan en amenazantes, como sucede en The Doubtful Guest  (El invitado dudoso, 1957), una narración ilustrada sobre un extraño ser —parecido a un pingüino— que se instala en la mansión victoriana de una familia adinerada. Sin intención de marcharse y perturbando el día a día de los distinguidos y algo decadentes seres humanos de la casa, la presencia pasa de ser curiosa a desasosegante y después desesperante para el lector, a pesar de la impavidez de los que sufren al invitado.

6. De la alta cultura a Las chicas de oro. La atemporalidad de los dibujos, las numerosas referencias literarias de sus obras y la precisión con que emplea las palabras son sólo una vaga muestra de la erudición del autor, recolector de influencias que van del surrealismo pionero de Lewis Carroll y la observación aguda de Jane Austen a “la captura del momento congelado” que admiraba en pintores como Piero della Francesca, Georges de la Tour, Vermeer y (por supuesto) Francis Bacon.

En su casa llena de libros y con sus inseparables gatos

En su casa llena de libros y con sus inseparables gatos

Tenía una pequeña colección de arte, reunía postales decimonónicas de bebés muertos (“siempre me dicen que no lo mencione”, apuntaba en una entrevista) y compraba libros de manera compulsiva. Aunque tuviera un volumen repetido cinco veces, no se podía desprender de ningun ejemplar. De Murasaki Shibiku (escritora japonesa del siglo X), al novelista victoriano Anthony Trollope, pasando por Borges, Gorey leía y releía incluso lo que detestaba (como era el caso de las novelas de Henry James).

Junto a esa vena erudita, convivía la atracción por los culebrones baratos y las series de televisión que nadie sospecharía que fueran de su gusto. Las chicas de Oro y Buffy Cazavampiros (“la recomiendo sin ninguna reserva”) fueron algunos de sus fetiches. Salvando las distancias, al final de su vida, quedó prendado de Expediente X. “Vivo para ver la última temporada”, dijo en 1998.

Ilustraciones y texto para 'The curious sofa'

Dibujos y texto para ‘The curious sofa’

7. Asexual. Nunca se casó ni se le conocieron romances. Su apariencia extravagante se complementaba con una voz algo nasal y una expresión corporal amanerada; pero nunca afirmó ni desmintió su posible homosexualidad: “No soy ni una cosa ni la otra (…). Soy una persona antes que todo eso“. Algunos críticos detectan en el trabajo del artista una sexualidad reprimida. Él respondía con indiferencia a ese análisis: “No lo sé, yo no sé de lo que escribo. Nunca me he sentado a averiguarlo”.

The Curious Sofa (El curioso sofá) es tal vez su obra más cercana al erotismo, clasificada por su autor como “pornográfica”, el lenguaje rebuscado y las ilustraciones cuidadosamente planeadas evitan cualquier referencia al sexo mientras queda patente que no se habla precisamente de un sofá. Gorey recuerda con ironía haber recibido cartas de padres que destacaban lo mucho que sus hijos pequeños habían disfrutado con la historia.

Ilustración de 'Drácula'

Ilustración de ‘Drácula’

8. Dibujante aficionado. Sus estudios artísticos se reducían a un semestre en el Instituto de Arte de Chicago.  Se sentía inseguro en cuanto a la calidad de sus dibujos y le gustaba pensar en sí mismo como escritor (“mis ideas tienden a ser primero literarias en lugar de visuales”).

Declaraba que nunca había hecho una ilustración que no fuera para un libro, que nunca sabía cómo iba a ser el dibujo hasta que no estaba hecho: “Cuando trato de visualizarlo antes( …) me paralizo y el resultado suele ser terrible“.

Muy de vez en cuando se atrevía a colorear con acuarelas el mundo en blanco y negro que albergaba casi siempre a sus personajes. Gorey estaba acostumbrado a que sus libros fueran publicados en editoriales modestas que no iban a permitirse el lujo de publicar nada a color. “He terminado pensando en blanco y negro“, sentenciaba.

Diseños para el vestuario de 'Mikado'

Diseños para el vestuario de ‘Mikado’

9. Teatro. “Pienso al estilo de las películas de cine mudo”, decía cuando le preguntaban por la influencia cinematográfica en sus trabajos. La obra de Gorey es teatral, cada escena es un momento congelado que bien podría ser un fotograma. No es casualidad que se encargara del diseño en 1977 del vestuario y la escenografía de una adaptación del Drácula de Bram Stocker, primero representada en Nantucket (Massachusets) y luego en Broadway.

Los sets, en blanco y negro y en dos dimensiones, marcaron tanto la adaptación que pronto se terminó conociendo como “la versión de Drácula de Edward Gorey”. Ganó el premio Tony al mejor vestuario y, por supuesto, no fue a recogerlo. En 2007 se editó un hermoso libro desplegable que recreaba los escenarios y los personajes de la novela de Stocker imaginados por Gorey.

The Mikado (1983) fue su otra gran aportación al teatro. La ópera cómica escrita por W.S.Gilbert (1836-1911) y Arthur Sullivan (1842-1900) satiriza en dos actos la Inglaterra del siglo XIX con la seguridad que proporcionaba entonces hablar de un país tan lejano como Japón. En un estilo luminoso y colorista, poco habitual en él, Gorey —gran admirador de la cultura japonesa— diseñó también la escenografía y el vestuario de la adaptación.

Ilustración de Gorey para 'The Disrespectful Summons' ('Las citaciones irrespetuosas')

Ilustración de Gorey para ‘The Disrespectful Summons’ (‘Las citaciones irrespetuosas’)

10. Asocial. A pesar de que a veces se le asocia por error con la literatura infantil, no tenía intención de acercarse a ese público. Su relación con los niños fue nula y declaraba no sentirse cómodo con ellos alrededor, pero tampoco los adultos eran fáciles.

“Eventos sociales… ¡Buf! Ya sabes”. Gorey se recluía con agrado en su casa de Cape Cod, llena de pilas de papeles y libros, descuidada hasta el punto de que en una ocasión un trozo de techo se derrumbó.

Con frecuencia Gorey se escudaba en una sordera para justificar su vida monacal. “Soy ligeramente sordo… más que ligeramente. Durante años lo he pasado mal en los intermedios y en las reuniones. Estoy allí de pie, sonriendo dulcemente y preguntándome de qué habla todo el mundo porque no llego ni a oir una de cada diez palabras (…). Muchas ocasiones sociales me dejan menos que entusiasmado”, decía en 1992.

Pasó los últimos años de su vida sin dejar de dibujar, pero en ese silencio social que no le molestaba en absoluto, en el micromundo de libros, pinturas y películas almacenados sobre los que dormían sus gatos. En abril del año 2000 murió de un ataque al corazón.

Helena Celdrán

‘Siento haber escrito mal tu tatuaje. No soy lo que se dice un detallista’

28 agosto 2012
'Siento haber escrito mal tu tatuaje. No soy lo que se dice un detallista'

‘Siento haber escrito mal tu tatuaje. No soy lo que se dice un detallista’

“Perdona por verter una botella de vodka en tu acuario. No sé qué me dio”. La frase, escrita sobre papel cuadriculado, tiene un tachón, diferentes tipos de letra y trozos de papel pegados. Junto a ella figura el retrato de un hombre trajeado —de mediana edad y con un amago de sonrisa en el rostro— que parece ser el autor de la hazaña.

Apology Drawings (Dibujos-disculpa), de David Fullarton, es una colección de sencillas ilustraciones hechas en hojas de cuaderno, viejos folios, trozos de cartón, sobres marrones y otras reliquias propias del contenedor azul de reciclaje.

Los retratos realistas de personajes imaginarios de todas las edades están acompañados por un breve texto  en el que se lee una pobre justificación, la excusa barata que casi es mejor no inventar: “Siento haberme reído cuando a tu gato lo atropelló un camión. Es que no soy de animales”. “Siento haberte traicionado. El poder y la riqueza me intoxicaron momentáneamente”.

Inició la colección de dibujos-disculpa hace un año. A veces, entre los personajes ficticios, se le escapan reminiscencias con algún político o conocido. Fullarton se ríe con sarcasmo de la conducta humana, de las torpezas cotidianas y los fallos garrafales.

El artista escocés residente en San Francisco (EE UU) encuentra la belleza “en las maneras en que la gente se las ingenia para encontrar alegría y significado en las minucias”. En sus cuadernos de apuntes anota frases, palabras que escucha en cualquier lugar, el texto de un cartel publicitario… Todo sirve para inventar una conducta errónea extravagante que requiera una justificación más absurda todavía.

Helena Celdrán

'Siento haberme fugado con el hombre que hacía de Buzz Lightyear en el espectáculo de 'Disney sobre hielo'. No pude resistir el atractivo de su fama'

‘Siento haberme fugado con el hombre que hacía de Buzz Lightyear en el espectáculo de ‘Disney sobre hielo’. No pude resistir el atractivo de su fama’

'Siento haberte traicionado. El poder y la riqueza me intoxicaron momentáneamente'

‘Siento haberte traicionado. El poder y la riqueza me intoxicaron momentáneamente’

'Siento haber vendido tu colección de sellos en Ebay. Necesitaba dinero para financiar mi lujoso estilo de vida'

‘Siento haber vendido tu colección de sellos en Ebay. Necesitaba dinero para financiar mi lujoso estilo de vida’