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Fabrican guitarras eléctricas con madera de las ruinas de Detroit

06 octubre 2014
Tres de las guitarras eléctricas - Courtesy Wallace Guitars

Tres de las guitarras eléctricas – Courtesy Wallace Guitars

El glorioso Captain Beefheart —en mi opinión el mejor músico de rock del siglo XX— redactó en algún momento de su reptar por el mundo los diez mandamientos necesarios para tener buenos tratos con una guitarra.

Porque escribo esta entrada en domingo, día correcto para la súplica y la reverencia hacia el mundo y todos sus seres vivos, reptiles incluídos, no puedo evitar copiar y pegar el decálogo:

  1. Escucha a los pájaros, de ellos procede toda la música.
  2. Tu guitarra no es una guitarra, es una vara mágica que busca espíritus en el otro mundo. También es una caña de pescar.
  3. Ensaya ante un arbusto. Esperea que la luna se esconda. Come pan integral y toca la guitarra para el arbusto. Si el arbusto no baila, come más pan.
  4. Camina con el Diablo. Los viejos músicos de blues do Delta llamaban a los amplificadores cajas del Diablo. Estaban en lo cierto. La electricidad atrae a demonios y diablos. Otros instrumentos atraen a diferentes espíritus. Las guitarras acústicas, a Cásper; las mandolinas, a Wendy… Pero las guitarras eléctricas, a Belcebú.
  5. Si piensas, estás perdido. Cuando el cerebro participa no hay nada que hacer.
  6. Nunca apuntes con la guitarra a nadie. El instrumento es más bofetada que trono. Toca un acorde y corre a escucharlo al aire libre, pero asegúrate de que no estás a campo abierto.
  7. Lleva siempre contigo la llave de una iglesia. Como hacía Una Cuerda Sam. Era único: un músico ambulante de Detroit de los años cincuenta que tocaba con una guitarra hecha a mano. Su canción I need a hundred dollars es como un bizcocho caliente… Otro que lleva lleva llave de iglesia es Hubert Sumlin, el guitarrista de Howlin’ Wolf.
  8. No seques el sudor de la guitarra. Necesita el hedor. Tienes que añadir ese hedor a la música.
  9. Guarda la guitarra en un lugar oscuro. Cuando no estés tocando, tápala. Si dejas de tocar durante más de un día, asegúrate de dejar al lado de la guitarra un plato con agua.
  10. Necesitas una capilla para tu máquina. No te quites el sombrero. Los sombreros mantienen la presión. Si tienes una casa con tejado el aire caliente no se escapa.
Casas abandonadas de Detroit - Foto:  GooBing Detroit

Casas abandonadas de Detroit – Foto: GooBing Detroit

La recién creada empresa Wallace Detroit Guitars ha concluido que la madera de las decenas de miles de casas arruinadas y abandonadas de Detroit contiene un porcentaje de humanidad suficiente como para merecer un destino mejor que la podredumbre. La firma ha salvado de los escombros tablones para fabricar guitarras eléctricas.

Es verdad, el negocio parece redondo y oportunista: la madera es gratuita, solamente es necesario rebuscar entre las viviendas caídas o derribadas, unas 90.000, en la ciudad que se declaró en bancarrota y suspensión de pagos en 2013 con una deuda insostenible de 18.000 millones de dólares (unos 13.7000 millones de euros).

Los promotores de las guitarras eligen materia prima de primera calidad, madera con más de un siglo de antiguedad y procedente de los otrora bosques vírgenes de Virginia. Para partes especialmente importantes, como el mástil, utilizan solamente arce y palisandro. Todo el proceso de fabricación es manual.

Aunque las guitarras no son precisamente baratas —los primeros modelos cuestan 1.995 dólares—, los fabricantes opinan que una ciudad como Detroit —hogar natal de la música de seda de Motown, la brutalidad de Alice Cooper, Iggy Pop & The Stooges, MC 5 y los White Stripes, y el lugar donde fue concebido y ensamblado el Mustang T, una máquina tan bella como la Venus de Samotracia— debe haber transferido algo de su geodesia única a las maderas de las viviendas.

Montura de gafas con madera de Detroit - Foto: Home Eyeware

Montura de gafas con madera de Detroit – Foto: Home Eyeware

La gente de Wallace Detroit Guitars no es la única que ha aprovechado la ganga del material abandonado y el poder magnético de la motor city como reclamo comercial.

Worshop Detroit vende una línea de muebles hip fabricados con madera de las ruinas y la empresa Homes Eyewear comercializa monturas de gafas con el mismo material.

La sensación es ambivalente. No está mal que de las ruinas emerjan nuevas criaturas, pero no es posible dejar de pensar que quizá estén pobladas por los fantasmas de quienes han sido barridos por la quiebra, la injusticia y la especulación y que guitarras o mesitas de café no son capillas dignas para madera tan sagrada.

Ánxel Grove

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El alien es humano

19 octubre 2011
David Bowie retratado por Lord Snowdon, 1978

David Bowie retratado por Lord Snowdon, 1978

La foto es la de un paradigma.  178 centímetros de elegancia, donaire e inteligencia.

David Bowie es algo más que un multiartista. Su gesto deviene en símbolo de decadencia, astucia, sensibilidad y glamour. Es uno de los iconos del siglo XX y, pese al desgaste causado por los watios de la fama, supo transformarse y ser inesperado con un fragor arriesgado e impropio de las megaestrellas.

Encantador y fascinante, el más plural de todos los creadores pop de la segunda mitad del siglo XX, parece haberse retirado sin anuncio previo.

El ataque al corazón del que se acaban de cumplir siete años rompió la carrera de un tipo que en enero celebrará 65 y no ha dejado casi nada por hacer desde que debutó en 1964.

El año que viene se reeditarán todos sus discos y el inmenso catálogo de música inédita que atesora Bowie, prolífico hasta niveles que incluso parecen temerarios.

Entre tanto, este parece un buen momento para reivindicar su obra y abordar un Cotilleando a… David Bowie.

David Jones, 1955

David Jones, 1955

1. Cicatrices. Los padres de Bowie habían sufrido. Haywood Stenton Jones (1912-1969) soñaba cada noche con un infierno de munición y carne lacerada. Como fusilero real en la II Guerra Mundial había combatido en África y Francia. Padeció durante toda su vida de estrés postbélico. Trabajaba en Barnardo, una red de casas de acogida para niños huérfanos. La madre, Peggy Burns (1913-2000), era cerillera en el Ritz Cinema. En la familia Burns había una tradición de enfermedades mentales severas, sobre todo de tipo sicótico. David Robert Jones, nacido el 8 de enero de 1947, adoraba a su padre y sentía que su madre era desapegada y fría. Vivían en el número 40 de la calle Stafield, en Brixton, un barrio del sur de Londres en el que también había crecido Charlie Chaplin. Bowie ha mitificado su infancia, tiñéndola de enfrentamientos entre pandillas en los baldíos sembrados por los escombros de los bombardeos nazis. Lo cierto es que era un chiquillo faldero que pocas veces salía de casa. En 1953 la familia se mudó a la cercana zona de Bromley. David fue admitido en el coro del colegio y en el cuerpo de baile, donde destacó especialmente por sus movimientos de reptil.

Bowie y George Underwood, su mejor amigo en la escuela técnica, 1962

Bowie y George Underwood, su mejor amigo en la escuela técnica, 1962

2. Dios se llamaba Little Richard. Su interés por la música nació de un regalo paterno: una colección de singles que Haywood  trajo a casa en 1956. Incluía todo lo necesario para encender la llama: Frankie Lymon and the Teenagers, The Platters, Fats Domino, Elvis Presley, Little Richard. “Cuando escuché  Tutti Frutti tuve la impresión de haber oído la voz de Dios”, diría Bowie años más tarde. Empezó a recibir clases de música. Como estudiante seguía siendo malo: no obtuvo la nota suficiente para entrar en un instituto y se matriculó en diseño gráfico en la escuela técnica de Bromley, donde le cayó en gracia al profesor de Arte, Owen Frampton, padre del alumno Peter Frampton, que sería una de las caras bonitas del rock middle of the road de los setenta. El mejor amigo de Bowie era George Underwood. Ambos querían ser estrellas, ambos se peinaban como teddy boys. En la primavera de 1962, en un arranque de furia porque Bowie intentó seducir a una chica a la que pretendía Underwood, éste le pegó a su colega un tremendo directo en el ojo izquierdo. El golpe afectó a los músculos que contraen la pupila, que quedó dilatada permanentemente, dando la apariencia de tener un color diferente al del otro ojo. La mirada de alien sería muy bien explotada por Bowie en el futuro.

The King Bees, 1964 (Bowie, en el centro. Underwood, a la derecha)

The King Bees, 1964 (Bowie, en el centro. Underwood, a la derecha)

3. Nombre de tratante de esclavos. Bowie (que todavía no había cambiado su nombre artístico y se presentaba por la filiación de nacimiento: David Jones) se rodó en grupos de todo pelaje desde los 15 años. Fue mod, quiso aprovechar el impacto en el Reino Unido del blues negro e hizo versiones de The Who y The Kinks. Su primera grabación apareció en single en junio de 1964: Liza Jane, un arreglo de una canción tradicional del folk inglés con el añadido de un riff de guitarra robado a Howlin’ Wolf. Apareció firmada por David Jones and The King Bees. Fue un desastre, aunque el músico la recuperó con un arreglo decoroso para su álbum maldito Toy, un disco que archivó en 2001 y colgó en Internet diez años más tarde. El primer disco como solista salió tres años después, un sencillo con The Laughing Gnome como canción estrella: una indigestión de sicodelia, cabaret y estilo vocal acelerado en el estudio en plan The Chipmunks. El consiguiente álbum no mejoró el percal. Lo firmaba David Bowie, que apareció por primera vez como marca artística. Tomó prestado el apellido del personaje que interpreta Richard Widmark en la película El Álamo, James Bowie, un tratante de esclavos y mercenario buscafortunas del siglo XIX que inventó el cuchillo de pelea que lleva su nombre.

Primera actuación de David Bowie, 16 de agosto de 1969

Primera actuación de David Bowie, 16 de agosto de 1969

4. Ignición. Tenía sueños de grandeza y demasiado afán por demostrar sus talentos para llegar rápido a la cima. El batacazo de las primeras grabaciones sumió a Bowie en una profunda depresión. Entonces encontró a tres personas que le cambiarían la vida: el bailarín, actor y performer Lindsay Kemp, que le dió clases de interpretación y danza, le hizo abrir los ojos a la necesidad de dejar aflorar los sentimientos y le presentó a la bohemia londinense, donde abundaban los gays, travestis y toxicómanos; el manager Ken Pitt, que hizo escuchar a Bowie por primera vez a la Velvet Underground, y el productor Tony Visconti, un sagaz y competente mago del sonido con el que no dejaría de colaborar hasta 2003. Cuando editó la canción y el álbum Space Oditty (1969), alejados de la confusión pasada, contenidos, tensos, poblados por seres alienados e incapaces de entenderse, Bowie dio un aviso de lo que nos esperaba: una obra que se mantuvo en la vanguardia durante cuatro décadas y situada a la misma altura que las de los Beatles y los Rolling Stones por influencia e impacto en la cultura pop.

Bowie y Angie se casan. Entre ambos, mamá Peggy. Marzo, 1970

Bowie y Angie se casan. Entre ambos, mamá Peggy. Marzo, 1970

5. Angie y la mansión victoriana. La primera esposa de Bowie, Angela Barnett (1949), era una modelo de medio pelo y una mala actriz, pero jugaba con la extravagancia -olía meados de gatos para, decía, “refinar el olfato”-, cierto cosmopolitismo, sexualidad deshinibida y un carácter de armas tomar. Se casaron en 1970 tras un noviazgo relámpago y se establecieron en la mansión victoriana de Haddon Hall, centro social del todo Londres durante la década siguiente. Jugaban al escándalo con maneras infantiles (convocvaban con urgencia a la prensa para confesar gustos sexuales), bebían vino blanco y empezaron a consumir cocaína. Su influjo en la carrera de Bowie fue casi siempre perverso -le obligó a despedir al agente Pitt, por ejemplo- y, tras el divorcio, en 1980, se ha dedicado a escribir biografías con detalladas escenas de sexo y depravación. Su página web (Angie Bowie) es un ejemplo de la calaña del personaje. Es un rumor infundado, por cierto, que la canción de los Rolling Stones Angie esté basada en su figura. Es verdad que tuvo una gran influencia en la creación del personaje más memorable de su marido, Ziggy.

Ziggy Stardust and The Spiders from Mars en la BBC (a la derecha de Bowie, Mick Ronson), julio, 1972

Ziggy Stardust and The Spiders from Mars en la BBC (a la derecha de Bowie, Mick Ronson), julio, 1972

6. “Vienen a por vuestras hijas. ¡Y también a por vuestros hijos!. El 6 de julio de 1972, el programa de la BBC Top of the Pops emitió el que sería un momento de epifanía generacional: la actuación de Ziggy Stardust and the Spiders From Mars interpretando Starman. La prensa sensacionalista publicó al día siguiente titulares de este calibre: “No han venido sólo a por vuestras hijas. ¡También quieren a vuestros hijos!”. Bowie había creado el glam rock: andrógino, equívoco y polisexual. El alter-ego del cantante, Zyggy Stardust, homenaje a Iggy Pop, era una especie de vaquero galáctico, maquillado como una reinona y dispuesto a escenificar una felación con el mastil de la guitarra de Mick Ronson (1946-1993). Las canciones eran bellas, de melodías irresistibles, letras sci-fi y arreglos musculosos. Bowie sufrió problemas personales graves con Ziggy: llegó a sentir que el personaje invadía a la persona y que se estaba volviendo loco. “Fuera del escenario era como un robot en manos de otro ser”, dijo años después.

Cocainómano, 1974

Cocainómano, 1974

7. Años blancos. Convertido en estrella planetaria, autor de tres discos perfectos en sucesión -The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972), Aladdin Sane (1973) y Diamond Dogs (1974)-, a Bowie se le fue de las manos la fama. Consumía cocaína en cantidades groseras (esta entrevista de 1974 bordea lo patético), estaba convencido de que necesitaba un exorcismo -lo intentó con varios gurus de pacotilla-, perdió peso hasta padecer problemas para moverse, se interesó morbosamente por el ocultismo, la magia negra y los nazis, dejó de componer y de tener amigos… Cuando intentó reencarnarse, eligió un personaje peligroso, The Thin White Duke (El delgado duque blanco), un desaprensivo, paranoico y frío mutante que predicaba el ultraconservadurismo y era incapaz de hilvanar dos frases consecutivas con sentido. Se pasó al funk gélido y grabó un par de discos en los que hay algunos restos de genio pero mucho material de relleno: Young Americans (1975) y Station to Station (1976). En 1978 intentó suicidarse tomando una sobredosis de somníferos, pero no fue capaz y se tiró escaleras abajo. Se rompió la nariz.

Estudios Hansa, Berlín

Estudios Hansa, Berlín

8. “El lugar donde están todas las chicas y todas las drogas”.  Durante una temporada se recluyó en una villa cerca del lago Ginebra (Suiza) para tratar de calmar a los demonios. Pintó acuarelas y escribió canciones otra vez. En un giro inesperado y casi milagroso, su trazo musical se enfocó en el minimalismo. En una visita a Berlín conoció los estudios Hansa, cuartel central del experimentalismo alemán. En el destartalado edificio grabó, con el productor Brian Eno, los mejores discos de su carrera, la trilogía berlinesa: Low (1977), Heroes (1977) y Lodger (1978), obras que cambiaron el curso de la música pop del siglo XX y que predecían el ambient, el trance y el synth-pop. Mientras el mundo pasmaba con los eructos del punk, Bowie proponía la edificación de un paisaje sonoro sobre la decadencia de Europa. En estos años fue también el productor y coautor de las dos obras magnas de Iggy Pop como solista, The Idiot y Lust for Life, ambos editados en 1977.

Con Iman Abdul Majid, 1990

Con Iman Abdul Majid, 1990

9. Hombre de mundo. Actor, multimillonario, casado (1992) con la top-model Iman, propietario de una empresa de especulación bursátil, el paso por el mundo de Bowie desde finales de los setenta ha sido el de una megaestrella más. Musicalmente nada de su producción reciente tiene interés. Ha tanteado con el noise y la electrónica y ha salido siempre malparado o, aún peor, ridiculizado. Compró varias mansiones mundo adelante (Nueva York, Los Ángeles, las Bermudas, Londres), pero se estableció legalmente en Irlanda para escapar de sus obligaciones fiscales en el Reino Unido. “Quiero hacer música tan poco comprometida que me quede sin audiencia”, dijo con bastante sinceridad en una entrevista. En 1997 celebró su 50º cumpleaños durante una actuación en Nueva York. Le acompañaron gran parte de sus hijos musicales: Robert Smith (The Cure), Frank Black, Dave Grohl… El gran ausente fue Iggy Pop, con el que nunca ha vuelto a relacionarse, pese a que llegaron a ser hermanos de sangre, amantes y colaboradores. Tampoco acudió Mick Ronson, el extraordinario guitarrista que le ayudó a construir a Ziggy Stardust. Había muerto de cáncer el año anterior en 1993. Organizaron un festival póstumo en Londres pero Bowie se negó a tocar porque se trataba de un show “demasiado modesto” para él.

10. Corazón roto. El 25 de junio de 2004, Bowie sufrió un colapso tras una actuación en Scheesel (Alemania). Era un ataque al corazón causado por un trombo en una arteria. Más de un año después regresó a los escenarios para cantar la versión de Starman del vídeo de arriba. Alguien le comparó, no sin razón, con Frank Sinatra. Los pantalones excesivamente cortos, las pantorrillas sin calcetines, el vendaje en el antebrazo… eran conmovedores y tristes. El alien, por primera vez, parecía humano.

Ánxel Grove

Dólares con la cara de la niña del Exorcista

08 julio 2011

James Charles - 'Potty Mouth'

James Charles - 'Potty Mouth'

¿Quién se atreve a reirse del dinero? Las monedas son trozos de metal y los billetes, papeles. Nada de oro ni diamantes para  condicionar nuestra existencia. Ni siquiera nos merecemos eso.

Provocan miedos e ilusiones. Representan el valor de las cosas. Pensándolo mejor, representar es un verbo que se queda pequeño: son lo que vale todo.

Desde hace un año James Charles (EE.UU, 1963) ha estado metido en un proyecto artístico tan minucioso como simbólico. Empezó a dibujar sobre billetes de 5, 10 y 20 dólares para divertirse, alterando la cara de los presidentes y personajes históricos que ilustran el papel moneda de Estados Unidos. Los convertía en personajes famosos reales y de ficción.

James Charles - 'Van Gogh's Ear'

James Charles - 'Van Gogh's Ear'

Tras gastar accidentalmente algunos de ellos, decidió sacar de su cartera los que iba modificando y guardarlos.

Así empezó su serie de billetes modificados. Una colección en la que ha incluido ya a Sid Vicious, Jesucristo, Justin Bieber, el maestro Yoda, el espantapájaros del Mago de Oz, el Hombre Lobo, Charles Manson, Iggy Pop, Sarah Palin, Dalí…

Entusiasmado con sus avances técnicos, se hizo con tinta y materiales para dar un mejor acabado a sus creaciones y empezó también a manipular las letras de los billetes añadiendo mensajes.

James Charles - 'Burger Clown'

James Charles - 'Burger Clown'

En uno de cinco dólares, Charles convierte a Abraham Lincoln en Samuel L. Jackson caracterizado como Jules, el matón de la película de Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994). Bajo su retrato, una frase tan bien hecha que parece impresa así en origen: Bad Motherfucker.

El artista desea que quien vea estas manipulaciones inicie una reflexión sobre el valor verdadero del papel moneda: algo hecho de materiales insignificantes que condiciona el modo en que vive la gente en el mundo.

Dice que los billetes que transforma ya no son dinero, sino objetos de arte, por eso los saca de circulación. Ciertamente se convierten en otra cosa. La singularidad de la materia prima y el resultado aparatoso de estos experimentos me decidieron a traerlos a la sección de Artefactos.

James Charles - 'Gabba Gabba Hey'

James Charles - 'Gabba Gabba Hey'

La puntilla de esta historia es que James Charles ha expuesto el mes pasado la colección completa en la Shooting Gallery de San Francisco. Allí había una buena suma de dinero: billetes de cinco, 10, 20, 50 e incluso 100 dólares, todos ellos a la venta.

¿El precio? Por poner un ejemplo, el billete de 10 que convierte al economista y padre fundador Alexander Hamilton en la princesa Leia vale 600 dólares (unos 418 euros).

No cabe duda de que el chico tiene talento.

Helena Celdrán

¿Saben lo que hacen cuando dan a Cohen el Príncipe de Asturias?

28 junio 2011
Leonard Cohen

Leonard Cohen

¿Sabían lo que hacían Luis María Ansón Anson,  J. J. Armas Marcelo, Carmen Caffarel Serra, Fernando Sánchez Dragó, Víctor García de la Concha y algunos otros con menos alcurnia pero similar nómina cuando hace unas semanas concedieron el Premio Príncipe de Asturias de las Letras?

Lo pregunto porque buena parte de los citados parece no saber lo que está haciendo casi nunca (pese a las nóminas, que deberían garantizar cierta dedicación al oficio de residir en el mundo).

El acta del jurado acojona, la verdad.

“Por una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo, a través de la creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden en un valor inalterable. El paso del tiempo, las relaciones amorosas, la tradición mística de Oriente y Occidente y la vida contada como una balada interminable configuran una obra identificada con unos momentos de cambio decisivo a finales del siglo XX y principios del XXI”.

“La vida contada como una balada interminable”. Tremendo titular. Acaso Sánchez Dragó y Ansón Anson hayan utilizado sus reconocidas artes periodísticas para componerlo. No veo la mano de Cafferel. Lo suyo es la polka de la sopa boba.

Leonard Cohen, 1975

Leonard Cohen, 1975

Retorno al inicio, que me pierdo. ¿Sabían lo que hacían al conceder a Leonard Cohen el galardón?

Uno recorre la lista de premiados en la categoría de Letras y se encuentra con el más correcto de los elencos: escritores que entendían la heterodoxia como el arte de tirarse pedos por cualquier orificio corporal (Cela), la práxis como la práctica de vilipendiar al vecino (Umbral) o el desarrollo de las tramas como un ejercicio de copismo hipster (Auster).

Ya sé: ahí está Rulfo, el gran Don Juan, pero parece tan solito como si estuviera en el cementerio de Comala. Entre muertos (algunos, muertos en vida).

Cohen es un animal. Habla de vaginas y sexo anal, de hombres que se comportan como hienas y mujeres que piden precisamente eso, de profetas ensangrentados y reyes asesinados…

La “balada interminable” mola como titular poético, pero de informativo no tiene un pelo. Cohen es un macho dominante, un tipo incorrecto, un poeta de vísceras… El tiempo le ha domesticado, es cierto, pero las obras no entienden de relojes y siguen siendo tan lúcidamente groseras como siempre.

¿Sabían lo que hacían los señores del jurado de la Fundación Príncipe de Asturias (cuyo patronato, por cierto, congrega a la crema de la crema de la indignidad señalada con acierto por el 15-M)?

Hay dos formas de verlo.Uno: sí, sabían lo que hacían, y han sido valientes como un inmigrante de patera al lanzarse a la mar brava para llegar a Europa antes de que manden a Schengen al demonio.

Dos: no tenían ni idea y actuaron al dictado. ¿De quién? No lo sé. Nunca llegaré a saberlo. Las cosas palaciegas son tan nebulosas como la mirada de Doña Letizia.

La ocasión pide un Cotilleando a… Leonard Cohen. Se lo merece como antesala a su visita a Oviedo en otoño para recoger los 50.000 euros del real premio, el pin para la solapa, la estatuilla amorfa de Joan Miró y compartir un choca esos cinco del rumboso mecenas de las artes Felipe de Borbón.

1. Leonard por tradición. Se llama Leonard Norman Cohen. Nace a las siete menos cuarto de la mañana del 21 de septiembre de 1934 en Montreal (Canadá). A su familia materna le gustaba que los nombres de los varones empezasen con la letra ele. El bisabuelo, Lazarus. El abuelo, Lyon. Ambas ramas de la familia eran judías. La madre, Masha, había nacido en Lituania. Era enfermera. El padre, Nathan, combatió en la I Guerra Mundial, cultivó la melancolía e hizo una pequeña fortuna con la empresa textil de la familia. “Moriré pronto. No veré el Bar Mitzvah de Leonard“, pronostrica con acierto. Fallece en 1944, a los 52 años. El hijo no ha cumplido diez.

2. Tinkie. El mejor amigo de Cohen durante sus primeros 15 años de vida es su perro, el terrier escocés Tinkie. Una noche, cuando el perro tenía 13 años, rasca la puerta, pidiendo salir al parque Murray Hill, enfrente de casa. Nunca regresa. Cohen está convencido de que se fue de casa para morir en una soledad sin lágrimas humanas.

Expediente universitario de García Lorca

Expediente universitario de García Lorca

3.Vela y oración. La familia es cien por cien kosher. El abuelo materno, que vive pared con pared con Leonard, es un rabino especialista en estudios gramaticales talmúdicos. Al niño le gustan la escuela de hebreo y la sinagoga. “Las velas, las oraciones, el ritual…”, recordará años después, con muchos puntos suspensivos -como siempre que habla del judaísmo-. En la casa hay dinero suficiente para pagar los salarios de un chófer-jardinero (negro) y una nanny (irlandesa). Es obligatorio cenar de traje y corbata.

4. Gacela. Cúbreme por la aurora con un velo, / porque me arrojará puñados de hormigas / y moja con agua dura mis zapatos / para que resbale la pinza de su alacrán. Cuando el adolescente Cohen (14) lee Gacela de la muerte oscura siente que un arado le abre un surco en el pecho. Federico García Lorca se le mete en la herida y la emponzoña. El niño, iluminado, decide ser poeta. “Nunca dejé el mundo de Lorca”, declaró hace pocos años.

5. Guitarrista suicida. Un año más tarde quiere aprender a tocar flamenco. Un emigrante español que vive  en Montreal le da cuatro o cinco clases. Cuando Cohen aparece para recibir la sexta le informan que el guitarrista se ha suicidado.

"Let Us Compare Mythologies", primera edición

"Let Us Compare Mythologies", primera edición

6. Voz de arena. El primer libro (44 poemas, 58 páginas) es publicado en 1956 en una pequeña editorial de Montreal. Let Us Compare Mythologies alcanza categoría de éxito local: 500 ejemplares vendidos en un año.  La voz de arena empieza a tomar forma: Cuando los jóvenes cristianos me contaron / Como clavamos a Jesús / Como una adorable mariposa contra la madera. Cohen dedica el libro a su padre. Está publicado en España por Visor, la editorial que creyó en el valor literario del canadiense mucho antes de las verbenas.

7. On the road. Viaja astralmente (peyote, LSD, hongos) y sobre el terreno: visita Nueva York y se queda a vivir unos meses. No necesitaba trabajar: su padre le había dejado en un estipendio anual vitalicio de 750 dólares. Gana una beca del gobierno canadiense para jóvenes literatos (3.000) y se va a Londres “a escribir”. Hace demasiado frío y decide moverse hacia el Este. Se establece en la isla griega Hydra, poblada por bohemios nómadas. Conoce al primer gran amor de su vida, la noruega Marianne Ihlen, casada con el escritor Axel Jensen. Los tres viven juntos en una relación abierta. Cohen compra una casa por cuatro perras, se dedica a fatigar la Olivetti portátil con poemas y algo que podría ser una novela y toca la guitarra y canta todas las noches para los amigos. El farmacéutico le vende sin problemas Maxitom y Mandrax, una anfetamina y un sedante-hipnótico. Combina la subida con la bajada, como si quisiera anular ambas. Marianne es más epicúrea. “Tomábamos el sol, nos tumbábamos al sol, nos bañábamos, escuchábamos música, bebíamos, hablábamos… Paseábamos a caballo y hacíamos el amor (…) Durante cinco años me permití un único lujo: no usar zapatos ni un sólo día”, dijo años más tarde en una entrevista. Cohen y Marianne lo dejaron sin despecho en 1966. El le dedicó una hermosa canción de despedida.

Foto de pasaporte de Marianne

Foto de pasaporte de Marianne

8. Entre castristas. En 1961 tiene que regresar de Hydra a Canadá para renegociar la beca que le permitía vivir. Las editoriales rechazan el manuscrito de su primera novela. Se desespera y se monta en un avión hacia La Habana. Va vestido de verde oliva y se deja barba. Quiere apoyar a la naciente revolución castrista. En el ambiente de paranoia de la isla (EE UU acaba de decretar el embargo), la policía política le detiene y le deportan a Montreal después de varios días en un calabozo. “Creí que aquello iba ser como mi Guerra Civil Española. Fue una estúpidez romántica”, explicó años después.

9. El escritor (y el speed). Entre 1961 y 1966, consumiendo con arrebato anfetaminas, edita sus mejores libros: los poemarios The Spice Box of Earth (La caja de las especias de la tierra) y Flowers for Hitler (Flores para Hitler) y las novelas The Favourite Game (El juego favorito) y Beautiful Losers (Los hermosos vencidos, descatalogado en España). Quien no los haya leído se pierde una de las obras básicas de la literatura del siglo XX. Existe un curioso y poco conocido documental que muestra a Cohen en su quinquenio dorado. No volvió a escribir nada decente. Tampoco volvió a tomar speed con tanta fruición. Se pasó al vodka.

Suzanne Verdal

Suzanne Verdal

10. Habitante de un póster nazi. En 1967 se establece en Nueva York (aunque su destino inicial y desatinado era Nashville, la capital del country and western estadounidense). Se prenda de la Diosa de la Tragedia, Nico, la corrupta modelo alemana que intenta hacer carrera como cantante con la Velvet Underground. Viven un tórrido y complicado romance. “Parece la habitante de un póster nazi”, dice él. Ella le desprecia (“¿33 años? Eres demasiado viejo”) y prefiere al epatante Iggy Pop o al imberbe Jackson Browne. Cohen compone letanías de pérdida y erecciones no reparadas en el Hotel Chelsea, hogar de los villanos.

11. A ciegas. Se embarca en un amor platónico e imposible con Suzzane Verdal, una canadiense casada. Le escribe una canción: Y quieres viajar con ella, / Y quieres viajar a ciegas. Es el primer éxito de Cohen como músico, pero a través de la versión de almíbar de la pieza que hace Judy Collins.

12. Tres discos. Bajo el padrinazgo del productor y cazatalentos John H. Hammond (descubridor de Billie Holyday, Aretha Franklin, Bob Dylan, Bruce Springsteen y muchos más) graba sus mejores discos, los tres primeros, Songs of Leonard Cohen (1967), Songs from a Room (1969) y Songs of Love and Hate (1971). Nunca los superará y aún vive a costa de ellos. Alguna vez escribí en 20 minutos que, “fluyentes de semen y flujo vaginal”, están llenos de canciones elementales que “pueden llevarte a la muerte, aconsejarte cómo ser un buen padre, convencerte de que todo hijo es un traidor…”. Todos le admiran. “Si no fuese yo, quisiera ser Leonard Cohen”, dice Dios Dylan.

13. Sionista. Llama bastante la atención la premura de alguno de los organismos cercanos a la Embajada de Israel en España en ponerse la medalla del Premio Príncipe de Asturias como si fuese suya. No es extraño. Cohen es de los pocos artistas pop que siguen tocando en Israel pese al boicot artístico internacional y el alto stablisment sionista no olvida el apoyo del cantante a los soldados (“mis hermanos luchando en el desierto”, les llamó antes de componer en su honor la canción Lover Lover Lover: Que el espíritu de esta canción / Sea un escudo contra el enemigo) ante los que actuó durante la Guerra de Yom Kipur de 1973, escenario de un encuentro que el músico no quiere comentar: las copas de coñac que compartió con Ariel Sharon, entonces general y luego promotor de matanzas.

"Death Of A Ladie's Man"

"Death Of A Ladies' Man"

14. Productor con pistola. Para el disco Death of a Ladies’ Man (1978) Cohen contrata al productor Phil Spector, que habita en las montañas de la locura y se empeña, pistola en mano, a imponer sus arreglos catedralicios. Cohen se desentiende de la promoción del álbum, pero algunas de las canciones (Iodine, por ejemplo) son hermosísimas. La aberración es Don’t Go Home With Your Hard-On (No vayas a casa con una erección), una especie de calipso de fraternidad universitaria donde hacen coros Bob Dylan y Allen Ginsberg. La mujer morena de la portada, a la derecha, es Suzzane Elrod, madre de los dos hijos de Cohen: Adam (1972) y Lorca (1974). Ya se imaginan por qué se llama así la segunda.

15. Señor de la droga. En 1986, Cohen actúa en un capítulo de Miami Vice. Interpreta a un capo de las drogas. Cuándo le preguntaron por qué dijo que la serie le encantaba a sus hijos.

16. Leonardo Silencio. En 1994 se retira del mundo durante cinco años para aprender zen. Alcanza el grado de monje y tomó el nombre de Jikan (Silencio).

17. Mujeriego. Ha estado liado con la fotógrafa francesa Dominique Issermann, la retratista de confianza de Carla Bruni; la actriz Rebecca De Mornay (la mala de La mano que mece la cuna), y la cantante Anjani Thomas.

En penumbra

En penumbra

18. Entre polacos. En Polonia le consideran una especie de Mesías. Es quizá el país, junto con Israel, donde más le veneran. En 1981, cuando tocó por primera vez en el país, se presentó ante la multitud diciendo: “No me merezco tanto. Sólo soy un cantante un poco mejor que Hitler“.

19. La gran biblioteca. Quien desee indagar en cualquier matiz de la carrera y la vida de Cohen debe consultar la web The Leonard Cohen Files, una completísima (y complaciente) base de datos en la que colabora con frecuencia, enviando material inédito o contestando personalmente en el foro, el propio cantante.

20. Abuelo entre mecheros. En 2005 Cohen se declaró en bancarrota y acusó a su agente, Kelley Lynch, de robarle cinco millones de dólares. Hay todavía algunos pleitos en marcha. La situación obligó al abuelo a lanzarse a la carretera y dar conciertos con una frecuencia un tanto sospechosa. Aparece rodeado de una orquestina, convierte su cancionero en ceremonial de mecheros alzados y decepciona a muchos de quienes le preferíamos tímido, neurótico y en la elegante soledad de los años setenta. Le va bien. Sólo en la gira de 2009 facturó 9,5 millones de dólares. En otoño le dan otros 50.000.

Ánxel Grove