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Melinda Marx, hija de Groucho y cantante pop

04 febrero 2013
Melinda Marx ("The Violent Ones", 1967)

Melinda Marx (“The Violent Ones”, 1967)

La foto de promoción es de la película The Violent Ones, dirigida y protagonizada en 1967 por Fernando Lamas, padre de Lorenzo Rey de las Camas Lamas. Para hablar de la actriz que aparece en la imagen también es necesario acudir a la genelogía paternofilial: se trata de Melinda Marx, hija de Groucho Marx.

La historia de Melinda apenas merece una de esas páginas de tonalidad ocre que pueblan los anuarios pasados. No es la única hija de perdida en el barullo de la farándula y le tocó jugar desde niña a la derrota segura de cargar con el apellido de uno de los grandes héroes de la comedia de de humor de los años veinte y treinta del siglo XX.

Hija del segundo de los tres matrimonios de Groucho —la esposa, Kay Marvis, tenía 21 años y el hombre del bigote pintado 54—, Melinda nació en 1946 y desde cría fue utilizada habitualmente por su padre como comparsa en el show televisivo You Bet Your Life.

Aprovechando el tirón del apellido, intentaron construirle una carrera como cantante y actriz, pero no tenía dotes para tanto.

Amparada en la ola de chicas pop de mediados de los años sesenta, editó algunas cancioncitas pop (Catch the Wind, Is That What I Get for Loving You), se coló en el elenco de un par de películas de bajo presupuesto y nula calidad.

En 1972 Melinda Marx decidió tirar por la borda las ansias de ser alguien en el mundo del espectáculo y se casó con el actor Sahn Berti. La pareja tiene una hija, también actriz, que ha decidido intentar seguir en la labor de sacar réditos al apellido de su abuelo Groucho, Jade Marx-Berti.

Ánxel Grove

Los Residents, el Sendero Luminoso del pop rock, cumplen 40 años

20 agosto 2012
The Residents

The Residents

Si alguien ha puesto en entredicho todos los dogmas, tópicos, trivialidades y demás vulgaridad del rock and roll —un género en demasiadas ocasiones tan complaciente como la ópera o el fútbol profesional—, el mérito corresponde a The Residents, el colectivo anónimo de iconoclastas que, desde 1972, hace cuarenta años, dinamita con métodos libertarios todo aquello que está pidiendo pólvora.

Son de San Francisco, en California, patria de los símbolos, naranja dorada que esconde, en su perfección externa, el gusano de la podredumbre, y no tienen rostro conocido (las teorías sobre su identidad real van de lo risible: los Beatles, a lo razonable: músicos de avant garde con pretensiones de convertirse en el Sendero Luminoso del pop), aunque parecen estar relacionados con el músico-artista Homer Flynn (1945), que ha actuado como portavoz del grupo en algunas entrevistas.

"Commercial Album" (The Residents, 1980)

“Commercial Album” (The Residents, 1980)

Hoy traigo a Top Secret una de las obras maestras de The Residents: Commercial album (1980), reeditado en 2005, cuando cumplió un cuarto de siglo, en una versión especial, con el añadido de los clips grabados para la promoción inicial de la obra, considerados los primeros vídeos musicales de la historia y, como tal, exhibidos permanentemente en el Museo de Arte Moderno de Nuevo York.

Siempre conceptuales, The Residents basaron la obra —presidida en la carpeta por las caras boca abajo de John Travolta y Barbra Streisand— en una verdad innegable: las canciones de pop no contienen, en el mejor de los casos, más de un minuto de música, siendo el resto una simple reiteración de coros, frases-puente y divagaciones en torno a una melodía central.

Añadiendo esa premisa a la también similar duración de los jingles publicitarios (como cada día parece más claro, la verdadera música popular de nuestro tiempo), construyeron un disco con cuarenta canciones de un minuto cada una.


¿Una broma? No, desde luego. Commercial album es algo mucho más serio, lo cual no significa —como a menudo entienden los valedores del rock como ejercicio meramente simiesco— aburrido ni vanidoso. Como poco y sin darle demasiadas vueltas, se trata de una premeditada y merecida banalización sobre la permanente traición del rock a sus ideales rebeldes.

En lo musical, el disco deambula por los caminos secundarios que The Residents conocen tan bien: las corales extravagantes, la repetición intoxicada, la música grotesca, el ruido de escucha fácil y la electrónica de kit.

The Residents

The Residents

Para reducir a un ejemplo pertinente por donde van las letras, valga esta estrofa de la canción de amor —pronunciése con sarcasmo— Love is:

El amor es soledad dividida por otro amor es sólo vivir para la soledad dividida por otra y saber que la vida es soledad.

Sin signos ortográficos, sin límites: así son The Residents, tan ineludibles como Captain Beefheart, Frank Sinatra, György Ligeti, los Rolling Stones, Buenaventura Durruti y Groucho Marx.

Pueden ser indigestos, pero nunca mueven a la indiferencia.

Inserto abajo dos vídeos. El primero, Swastikas On Parade, es una pieza del disco The Third Reich Rock and Roll (1976), una sátira-pastiche de algunas canciones que parecen haberse convertido en griales intocables para el fundamentalismo nostálgico-roquista (Hey Jude, de los Beatles; Simpathy for the Devil, de los Rolling Stones; Light My Fire, de los Doors…). El segundo es la actuación de los Residents en un plató de TVE, en junio de 1983 (un tiempo que desde el presente parece el futuro), en el programa La edad de oro, tan pomposo en intenciones como gozoso en contenido musical.

Ánxel Grove


“Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”

24 agosto 2011
Groucho, Chico y Harpo en 'Un día en las carreras' (1937)

Groucho, Chico y Harpo en 'Un día en las carreras' (1937)

“Actúan como gente normal y se comportan como nosotros deberíamos si las regulaciones sociales no lo impidieran”, dijo de los Hermanos Marx un crítico francés tras ver Plumas de caballo (Norman Z. McLeod, 1932).

Creaban situaciones de delicioso caos que rezumaban espontaineidad aunque el diálogo estuviera escrito. No existirá nunca un camarote como el de Groucho, Chico y Harpo: el núcleo de un grupo de comediantes que fueron en la década de los años treinta los niños mimados de Hollywood.

Groucho era el líder, estrafalario y emblemático, atractivo y absurdo, de la troupe familiar. Niño inseguro, hombre desconfiado, cruel con las mujeres, insomne, ingenioso hasta el punto de no saber cuándo dejar de ser su propio personaje…

Hoy dedicamos un Cotilleando a… al hombre que se fusionó con un bigote maquillado, unas cejotas, unas gafas y un puro, al humorista, actor, escritor y generador de frases que no dejaban títere con cabeza: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en cualquier parte, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar los remedios equivocados”.

El camarote de los Hermanos Marx

El camarote de los Hermanos Marx (Una noche en la ópera, 1935)

1. “Debo confesar que nací a una edad muy temprana”. De padres alemanes de origen judío, Julius Henry Marx nació el 2 de octubre de 1890 en Nueva York tras Leonard (Chico) y Adolph (Harpo). Después nacieron Milton (Gummo) y Herbert (Zeppo). Los dos últimos se dedicaron al espectáculo durante poco tiempo. Los hermanos mayores y los menores hacían piña. Julius, más feo y menos gracioso que ellos, pasaba desapercibido y sentía que sobraba. Envidiaba tanto la amistad de sus hermanos que su madre Minnie lo llamaba der Eifersüchtige (en alemán, el celoso).

2. “A mi madre le encantaban los niños. Hubiera dado lo que fuera por que yo hubiera sido uno”. Los hermanos Marx comenzaron a actuar por los vodeviles de Nueva York animados por su madre, Minnie Schoenberg, que llevaba la voz cantante en casa y quería que sus hijos se dedicaran al espectáculo. Minnie tenía un hermano (Al Shean) que era actor de vodevil y ella misma fue la mánager de los Hermanos Marx en sus comienzos. Tras el éxito de estas representaciones, pasaron a actuar en Broadway. Después llegaron las películas con la Paramount y la Metro Goldwin Mayer: Pistoleros de agua dulce (Norman Z. McLeod, 1931), Plumas de caballo, Sopa de ganso (Leo McCarey, 1933), Una noche en la ópera (Sam Wood, 1935), Un día en las carreras (Sam Wood, 1937)…

Groucho con Marilyn Monroe en 'Love Happy' (1949)

Groucho con Marilyn Monroe en 'Love Happy' (1949)

3. “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”. Cuanto más avanzaba su carrera, más le costaba a Julius separar el personaje del hombre. Por una parte quería ser familiar y responsable, afrontar el espectáculo como un negocio y un trabajo igual que cualquier otro. Pero su falta de confianza en otras personas que no fueran sus hermanos le dificultaba relacionarse con el mundo si no era con el chiste constante de Groucho.

4. “A mí me casó un juez. Debí pedir que también hubiera un jurado”. Contrajo matrimonio tres veces, siempre con mujeres hermosas y más jóvenes que él. Su primera esposa fue Ruth Johnson, actriz y bailarina que salía con Zeppo (el menor de los Marx) cuando Groucho se fijó en ella. Ruth se había criado fuera de Nueva York, era poco sofisticada y fácil de complacer. La poca confianza en sí mismo hizo que aquella chica rubia fuera ideal. Él la dominó y la intimidó en los 22 años que duró el matrimonio, en un ansia de demostrar que él siempre estaría por encima de una mujer. Esta reveladora  película doméstica  muestra al cómico con su mujer y sus dos hijos, comportándose a ratos como Julius y a ratos como Groucho y racionando el dinero a Ruth, quien tenía que consultar a su marido hasta el último gasto, por pequeño que fuera.

Groucho en 'Los Hermanos Marx en el Oeste' (1940)

Groucho en 'Los Hermanos Marx en el Oeste' (1940)

5. “¿Le importa si no fumo?”. Durante la ley seca Groucho y sus hermanos frecuentaban bares clandestinos más por el placer de burlar la ley que por emborracharse: Harpo no bebía por problemas de riñón, Chico prefería el juego a la bebida (tuvo problemas económicos por culpa de las apuestas) y a él, que nunca le había interesado demasiado el alcohol hasta la prohibición, se le pasó pronto. Sin embargo su mujer Ruth comenzó a buscar en el whisky el consuelo y la autoestima que no le proporcionaba su marido.

6. “Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción”. En su vejez, confesó a su biógrafo y amigo Hector Arce que odiaba el mote que llevaba utilizando 60 años. Fue el monologuista Art Fisher quien bautizó a los hermanos Marx durante una partida de poquer, basándose en la tira cómica Hawkshaw el detective, cuyos personajes tenían nombres terminados en la letra o.

7. “Tardé tanto en escribir la reseña que nunca llegué a leer el libro”. Era amigo del escritor William Peter Blatty, autor del libro El Exorcista. Cuando se rodó la película en 1973 Groucho iba a aparecer fugazmente al comienzo de la historia, pero al final el cameo no fue posible por incompatibilidad de agendas.

Grouch presentando el concurso 'You bet your life'

Grouch presentando el concurso 'You bet your life'

8. Concursante: “Esta no es mi mujer”. Groucho: “A mí no me venga con sus problemas”.
En los años cincuenta, presentó un programa de televisión de gran éxito: You bet your life (Apueste por su vida), un concurso en que primaba sobre el juego la interacción entre el cómico y los concursantes, que siempre eran un hombre y una mujer.

9. “¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí”.
Murió en agosto de 1977 por una neumonía. La noticia quedó eclipsada por otra muerte: Elvis Presley había fallecido tres días antes. Juliu Henry Marx fue cremado y sus cenizas están en el cementerio Eden Memorial de Los Ángeles.

10. “Perdonen que no me levante” fue el epitafio que sugirió entre bromas en una entrevista, pero la leyenda de que esa es la frase que adorna la tumba es falsa. En el mausoleo sólo figura el nombre artístico de Julius, una estrella de David y los años de su nacimiento y muerte.

 Helena Celdrán