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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Entradas etiquetadas como ‘Degas’

Las pinturas ‘enlatadas’ de Heidi Annalise

'Boulder, Colorado' - Heidi Annalise - Foto: instagram.com/heidi.annalise.art

‘Boulder, Colorado’ – Heidi Annalise – Foto: instagram.com/heidi.annalise.art

Dentro de la pequeña lata de pastillas de menta Altoids hay pegotes de pintura alineados, con extremos ya mezclados con otros colores, aplastados y convertidos en una versión más clara u oscura de sí mismos. El interior de la tapa es el soporte para un pequeño lienzo.

En el estudio, Heidi Annalise pinta paisajes “entre el realismo y el impresionismo”, añadiendo “un elemento de fantasía al mundo natural con colores acentuados y formas simplificadas”. Representa con exactitud los accidentes geográficos, pero se permite licencias poéticas para pintar la niebla o las nubes con una apariencia cremosa o para que los arbustos entre los que asoman dos cervatillos parezcan más bien algodones azulados.

En el exterior, la caja metálica es su “joya portátil”, la herramienta para pintar en la naturaleza sin quebraderos de cabeza, convirtiendo la amplitud del paisaje en una miniatura íntima. No se atribuye la invención del sistema, otros han utilizado antes el útil recipiente de caramelos ingleses para hacer acuarelas. Las fotos en las que muestra sus trabajos en Instagram son, sin embargo, especialmente estéticas: el paisaje real se completa con el que atesora la cajita, la pintura complementa al fondo.

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¿Cometió este hombre el mayor robo de arte de la historia?

Captura del vídeo difundido por la Fiscalía de Massachusetts

Captura del vídeo difundido por la Fiscalía de Massachusetts

Mientras la muy puritana Boston dormía la acostumbrada borrachera del Día de San Patricio, uno de los rituales etílico-profanos más celebrados en la ciudad, dos hombres que se identificaron como agentes de la Policía local y vestían los uniformes reglamentarios, entraron en el Museo Isabella Stewart Gardner. Pasaban veinte minutos de la una de la madrugada del 18 de marzo de 1990. Una hora más tarde habían culminado el mayor robo de arte de la historia, sin resolver desde hace 25 años.

Si usted sabe algo del hombre que pasa frente al mostrador de entrada del museo en la imagen de arriba puede obtener los cinco millones de dólares de recompensa que ofrece la pinacoteca por alguna pista que conduzca a la recuperación del botín: seis lienzos de Rembrandt, Manet, Flinck y Vermeer y cinco dibujos de Degas —además, capricho de última hora de los ladrones, de un florero chino de la dinastía Shang y un águila napoleónica—. La tasación de las obras remite con insistencia a la expresión “valor incalculable desde un punto de vista artístico”, pero algunos expertos calculan que no resulta nada exagerado hablar de 500 millones de dólares.

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Félicien Rops, el pintor de los ‘placeres brutales’

"El calvario" (de "Las satánicas") - Félicien Rops

“El calvario” (de “Las satánicas”) – Félicien Rops, 1882 (Dominio público)

La bestial seducción y el triunfo de Satán, crucificado pero no sufriente, erecto, ciñendo el sudario negro sobre el cuello de la mujer, también crucificada y en éxtasis…

La obra fue pintada en 1882 por Félicien Rops, que tenía entonces 49 años, había participado en varios duelos por asuntos de honor; soportado la censura en Francia, donde le llamaron “marrano”; conocido e intimado con algunos de los más lúcidos —por conversos de la creencia de que toda luz ha de ser oscura— intelectuales y artistas de su tiempo; tirado por la borda un matrimonio; malgastado sin arrepentimiento una fortuna y optado por vivir en santa trinidad con dos hermanas,  Aurélie y Léontine Duluc…

No muy lejos de la fecha en que está datada la obra, Rops escribió:

Sólo hago lo que siento con mis nervios y lo que veo con mis ojos. Esa es toda mi teoría artística. Todavía tengo otra terquedad: querer pintar escenas y tipos de este siglo XIX, que me parece muy curioso y muy interesante.

Pertenecía a una corriente ninguneada por la crítica académica hasta nuestros días, el simbolismo, el retorno a la metáfora sagrada como única posibilidad de redención. Es tanta la saña que despertó y sigue despertando esta escuela de soñadores místicos que el más famoso de sus artistas, Edvard Munch —gran admirador de Rops—, es retirado del nomenclator para situarlo entre los expresionistas, mucho más académicos y menos equívocos, más artistas y menos seres humanos.

Rops había sido, casi es una evidencia dado el temario grueso y licencioso de sus obras, alumno de los jesuitas. Nacido en Namur (en la Bélgica valona), sobre la confluencia del Sambre y el Mosa, era hijo único y en casa entraba dinero suficiente: el padre era dueño de unos telares de calicó. Ofrecía estampados “en todos los colores del arco iris”. El hijo siguió el patrón.

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