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Entradas etiquetadas como ‘Artefactos’

El inventor que quiso añadir globos y matasuegras al cine mudo

31 enero 2014
Ilustración de la patente de Pidgin

Ilustración de la patente de Pidgin

El piano era con frecuencia el único acompañamiento de las historias del cine mudo. Los personajes gesticulaban de manera teatral, las situaciones eran lo más claras posibles, los diálogos o cualquier explicación sobre la trama se tenían que resumir en intertítulos: frases escritas sobre un fondo negro, cuadros de texto que aparecían ocasionalmente para apoyar la imagen con palabras.

Las películas ganaban complejidad en la década de los años veinte. El gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene se estrenó en 1920, en 1921 Chaplin dirigía ya El chico, una de sus obras maestras; Harold Lloyd había protagonizaba El hombre mosca en 1923. La falta de sonido era el gran pero para el desarrollo lógico del cine. Los técnicos buscaban desde los años de la I Guerra Mundial sincronizar de alguna manera las palabras para evitar las interrupciones en la escena que suponían los bruscos mensajes sobre fondos negros.

Los intentos más serios ya se habían producido unos años antes con éxito, pero es El cantante de jazz (Alan Crosland, 1927) la película que se suele citar como la primera en incluir diálogos sonoros con solidez técnica. Por supuesto, antes de la década de los veinte también existieron propuestas.

El estadounidense Charles Felton Pidgin (1844-1923) era escritor y entre sus obras había novelas de ciencia ficción, de historia alternativa y de detectives. Ser inventor era su segunda gran pasión, ideó varios artefactos —entre ellos varias máquinas de cálculo— y acudía con frecuencia a la oficina de patentes. Sin duda, su proyecto más pintoresco fue el sistema para añadir mensajes a las películas mudas.

Motion-picture-and-method-of-producing-the-samePidgin presentó en 1916 la patente, publicada en 1917, para solucionar el problema de los carteles del modo más estético posible. Motion-picture and method of producing the same (Película y método para producir la misma) no propone sonido, sino un método rocambolesco para que las palabras aparezcan en pantalla mediante una especie de bocadillos de cómic desplegables.

“Con el fin de trasladar a los espectadores de una foto-novela o producción cinematográfica análoga el significado completo de la película mostrada, suele ser necesario añadir a las películas mismas ciertas características, palabras, letras y demás que se muestran en una pantalla separada. Esta separación entre el discurso y la acción es necesariamente inefectiva”, explica en el texto de la patente el inventor.

En el proyecto de Pidgin los actores llevan los mensajes escritos en un tubo “inflable y extensible”, similar a un matasuegras, detallado en las figuras 3 y 4 del documento. Pensando en personajes que necesiten más espacio para el texto, el autor propone utilizar globos de goma de diferentes tamaños y formas que se inflarían con una válvula conforme le tocara intervenir a cada uno: “Hinchar los artefactos (…) añadirá realismo (…), las palabras parecerán surgir de las bocas de los actores”.

Como es de suponer, la aparatosa idea, que más que a los bocadillos de cómic casi recuerda a las banderolas medievales, no llegó ni siquiera a la fase de prueba. Pidgin continuó escribiendo y —ya sea por casualidad o por desánimo— no inventó nada más.

Helena Celdrán

¿Vestidos hechos con pegamento?

24 enero 2014

Con tres percheros, un globo de goma alargado, un compresor de aire, pegamento y prendas de diferentes tallas la holandesa Laura Lynn Jansen y el francés Thomas Vailly han inventado un heterodoxo método de crear ropa de diseño. Los diseñadores definen Inner Fashion (Moda interior) como un “proceso de producción low-tech, un método sencillo y transparente en el que están presente “todos los pasos del círculo de la moda” desde la idea inicial hasta la venta pasando por la manufacturación.

Inner FashionDesarrollaron su idea en C-fabriek, un taller de diseño de moda situado en una antigua fábrica de Eindhoven (Holanda). Las instalaciones sirven como lugar de trabajo a varios autores jóvenes que quieren “reclamar el control sobre sus creaciones”: las amplias instalaciones les han permitido disponer de las máquinas y herramientas necesarias para encargarse de todo el proceso de elaboración ellos mismos y alejarse del estereotipo esnob del diseñador de moda al uso. “C-Fabriek es un estudio/lugar de trabajo/museo/galería/tienda. Un lugar donde los diseñadores trabajan y crean, pero también presentan sus procesos y métodos al público”, escriben en su página web.

En el proyecto de Jansen y Vailly cada prenda está hecha a partir de dos capas de tela, una interior —de la talla XS y de elastano— que se ajusta al cuerpo y otra exterior (de viscosa o seda) suelta de la talla XXL. El procedimiento consiste en vestir al globo de goma alargado (del tamaño aproximado del cuerpo) con las dos capas. Cuando se hincha, las telas se estiran.

“Donde en el bordado se usa aguja e hilo, Inner Fashion usa pegamento para acelerar el proceso”, dicen sus creadores. En el vídeo de demostración se ve cómo las gotas aplicadas sobre el tejido forman hileras de puntos sin aparente significado, pero todo cambia cuando el globo se deshincha y la superficie se contrae. El pegamento forma entonces los fruncidos del vestido, que la misma autora de la prenda se prueba y admira frente al espejo.

Reconocen que buena parte de su inspiración se debió al vertido accidental de pegamento sobre una prenda y quedaron prendados del potencial del material. Aunque “odian” la comida rápida, se refieren al proyecto como un método para fabricar “moda rápida” y destacan la drástica reducción de tiempo que implica. “La forma tradicional de hacer un plisado lleva hasta 12 horas de trabajo y a nosotros nos bastan unos cuantos puntos de pegamento”. El tiempo total para crear uno de estos vestidos va de los 15 a los 30 minutos.

Helena Celdrán

Uno de los vestidos de 'Inner Fashion' - © Jansen and Vailly

Uno de los vestidos de ‘Inner Fashion’ – © Jansen and Vailly

'Inner fashion' - Jansen and Vailly

Inner fashion - Jansen and vailly - setup Casina Cuccagna - Milan

El juego de ‘¿Quién es quién?’ de Pulp Fiction

17 enero 2014

Pulp Fiction - Guess Who - Joe Stone“¿Cómo es Marcellus Wallace? Contesta”. En el doblaje al castellano de la película Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) Jules Winnfieldel matón al que interpreta Samuel L. Jackson— formula la pregunta a Brett, un incauto que intentaba junto a dos chavales más apropiarse del misterioso contenido del maletín de Marcellus. La escena —en este vínculo, en el minuto 3:40, en castellano; aquí en versión original— continúa en la atmósfera entre humorística, aterradora e impredecible que caracteriza a la película: Jules obliga a Brett, previo disparo en el brazo, a que describa físicamente a Marcellus en pocos adjetivos.

Como homenaje a este pequeño extracto de Pulp Fiction en mente y como regalo de cumpleaños para un amigo, el ilustrador y diseñador gráfico británico Joe Stone ha creado una versión del clásico juego de mesa ¿Quién es quién? con todos los personajes del largometraje de Tarantino sin importar su importancia: Butch Coolidge, el Sr. Lobo, el desafortunado Brett, Esmarelda la taxista, Buddy (el émulo de Buddy Holly que atiende a Mia Wallace y Vincent Vega en el Jackrabbit Slim’s), Yolanda la atracadora….

Stone reproduce cada rostro en “el estilo original del juego”, que consiste en adivinar el personaje del oponente preguntándole por las características físicos y eliminando posibilidades. Por mínima que sea su intervención en la trama, cada uno tiene los rasgos y gestos predominantes que exhiben en la película. ¿El “toque final”? Hacerle una caja con la forma del maletín de Marcellus, en el que según la teoría más extendida estaba el alma del jefazo mafioso.

Helena Celdrán

Pulp Fiction - Joe Stone

Pulp Fiction - Guess Who - Joe Stone

Pulp Fiction - Joe Stone2-ok

Pulp Fiction - Joe Stone - Briefcase

Dos inventores que creyeron en un tren impulsado por el viento

10 enero 2014

Aerodromic System of Transportation (1894)

“La velocidad es el problema actual y futuro del ferrocarril. La presión por conseguir mayor movimiento de pasajeros y mercancía se ha vuelto intensa”. Los estadounidenses George Nation Chase y Henry William Kirchner, en los últimos años del siglo XIX, apostaban por una drástica reforma técnica de los trenes.

En plena expansión de los EE UU, la comunicación era la clave de la vida moderna y los inventores sentían la urgencia de mejorar el transporte. Estaban convencidos que de no efectuarse el avance, se corría el riesgo de sufrir “una vuelta a los años oscuros”.

Chase y Kirchner buscaban un sistema que permitiera la evolución del ferrocarril, que lo hiciera más eficiente, rentable y seguro. No era descabellado pensar en el viento como elemento impulsor: los primeros medios de transporte en recorrer largas distancias —inventados por los egipcios hace por lo menos 5.000 años— fueron las embarcaciones de vela. Además, los experimentos previos a la creación de los dirigibles se sucedían a finales del siglo XIX con la notable mejora de los planeadores.

'The Coming Railroad'

En 1894 publicaron The Coming Railroad (El próximo ferrocarril), un libro en el que explicaban todos los pormenores de su ambicioso proyecto. The Chase-Kirchner aerodromic system of transportation (El sistema de transporte aerodrómico Chase-Kirchner) iba a ser “una máquina capaz, con el aire, de ir a gran velocidad, guiada por una vía con absoluta seguridad”.

Sobre el tren descansaría una estructura de “aeroplanos”, “superpuestos directamente uno sobre otro a una distancia ligeramente inferior a su ancho”. “El area de estas superficies variará dependiendo de la carga, de 2.000 a 4.000 pies cuadrados” (de casi 186 a 371 metros cuadrados). La estructura convertiría el aire en impulso y, con un motor eléctrico añadido, lograría una velocidad superior a la que podían llegar las locomotoras de vapor.

Las ilustraciones de la máquina tienen en el presente un aspecto fantástico y retrofuturista, los finales puntiagudos evocan a una embarcación y las tablas aeronáuticas parecen extraidas de los primeros aviones del siglo XIX.

Nunca se construyó, ni siquiera llegó a la fase experimental. Aunque en algunas consideraciones aerodinámicas no andaban desencaminados, parece ser que nadie se aventuró a financiar el sistema, pero no hay demasiados datos de los fallos y carencias que descartaron por completo su realización.

Helena Celdrán

Chase and Kirchner Aerodromic Railroad - Section

The Coming Railroad

Aerodromic System of Transportation

The Coming Railroad

Animaciones con un torno de alfarería

03 enero 2014

Jim Le Fevre siente debilidad por los giradiscos como herramienta para crear movimiento. Tan sencillo como una superficie circular dando vueltas, el aparato lo ha inspirado para hacer experimentos basados en el zoótropo. El animador británico documenta el resultado en vídeo y llama a la revisión modernizada del añejo mecanismo decimonónico phonotrope (fonótropo).

Amigo de los ceramistas Alice Johnstone y Roop  (dúo creativo del estudio de cerámica inglés RAMP) desde los días en que estudiaban en la Escuela de Arte de Edimburgo, Le Fevre se vio tentado a probar suerte con en el torno de alfarería. “Era demasiado irresistible para ignorarlo”, confiesa en su página web cuando habla de la heterodoxa colaboración.

Los tres artistas (con el director de documentales Mike Paterson) unen de manera sorprendente la cerámica y la animación. El vídeo —un encargo para el Crafts Council de Londres, una veterana escuela de artes y oficios— muestra a los autores en el estudio de cerámica, primero creando un cuenco y después diseñando los motivos pintados que producirán la ilusión de movimiento.

Una fila de esquemáticos abetos copados por pequeños círculos rojos oscilantes se convierten en un animado bosque atravesado por pájaros. El torno gira a la velocidad justa para que se pierda la sensación de estar mirando un objeto e introducir al espectador en la diminuta acción.

Helena Celdrán

Phonotropia - ceramics

¿Un disco vacío o una recopilación de silencios?

27 diciembre 2013
Portada del recopilatorio 'Sounds of Silence'

Portada del recopilatorio ‘Sounds of Silence’

La pieza consistía en dos minutos de nada, ni tan siquiera se escucha el sonido de dos personas guardando silencio. John Lennon y Yoko Ono incluyeron Two Minutes Silence (Dos minutos de silencio) en el disco Unfinished Music No. 2: Life with the Lions (1969), el segundo trabajo experimental de la pareja, todavía editado cuando los Beatles no se habían separado.

Aunque se insinúa que es una reacción al traumático aborto que ella acababa de sufrir, rendían homenaje a 4’33”: una pieza en tres movimientos que el compositor experimental estadounidense John Cage (1912-1992) había creado en 1952. La partitura estaba vacía, la orden para los músicos era no tocar sus instrumentos, lo único que se debía escuchar era el ambiente del auditorio.

Sounds of Silence (Sonidos del silencio) es una antología sin sonido, una recopilación de “algunas de las más intrigantes piezas silenciosas” de la historia. El experimento de John Cage y el homenaje de Lennon y Ono son dos de las obras del conjunto de constantes vacío provocados por artistas como Andy Warhol, Yves Klein, Sly & The Family Stone, Robert Wyatt, el vanguardista (letrista) francés Maurice Lemaître, Africa Bambaataa, John Denver, Orbital

Partitura de la obra 4'33''. de John Cage

Partitura de la obra 4’33”. de John Cage

El álbum —bautizado así como guiño a la canción de Simon y Garfunkel The Sound of Silence (1964)— está editado por la discográfica experimental italiana Alga Marguen y se pondrá a la venta el 21 de enero sólo en vinilo y en una limitadísima tirada de 250 ejemplares.

Alga Marguen hace énfasis en el disco como una colección de silencios diferentes unos a otros no sólo por los diversos motivos de los autores para crearlos (“pueden entenderse como un homenaje o un chiste; un ofrecimiento especial o algo totalmente indefinido”), sino porque cada uno conserva un buqué: imperfecciones y particularidades “intrínsecamente unidos al medio de reproducción”, relacionados con el paso del tiempo y el desgaste. El LP presenta los temas tal y como se grabaron en origen, sin remasterizar, como un cuaderno nuevo y amarillento tras haber sido olvidado en un cajón durante décadas.

Helena Celdrán

¿Eres escritor? En Detroit te regalan una casa

20 diciembre 2013
Una de las casas de Write-A-House durante los trabajos de renovación

Una de las casas de Write-A-House durante los trabajos de renovación

El objetivo es  tan idílico como ambicioso: reconstruir casas abandonadas y en ruinas y regalarlas a escritores de todo el mundo dispuestos a mudarse a la ciudad.

Write-A-House (que se podría traducir por Escribe una casa) es una organización fundada en 2012 por escritores y “activistas urbanos” de Detroit que buscan una solución para el deterioro fatalista que sufre la localidad estadounidense, declarada en quiebra a principios del mes de diciembre. “Las casas están en barrios emergentes, activos y diversos. No será Beverly Hills, pero a lo mejor eso también está bien”.

Interiores de una de las viviendas de Write-A-House

Interiores de una de las viviendas de Write-A-House

“Es como un programa de residencia para escritores, sólo que en este caso, en realidad, estamos dando la residencia a los escritores, para siempre”, declaran en su página web. Los impulsores de la iniciativa buscan a “autores, periodistas, poetas…” que quieran establecerse en Detroit y comprometerse a “dar vida a las artes literarias”.

El plazo para recibir solicitudes se abre en primavera de 2014 y el candidato puede ser local, estadounidense o de cualquier país del mundo. El aspirante debe mandar tres páginas de material escrito propio, un currículo y dos párrafos contando por qué está interesado en mudarse a Detroit. Por supuesto, existen requisitos para evitar engaños y comportamientos abusivos: Write-A-House se encarga del 80% de las reformas y deja a su nuevo dueño el 20% restante además del pago del seguro y de los impuestos de la propiedad.

En los dos primeros años de residencia, se espera que el nuevo vecino se involucre en eventos culturales locales, que escriban de vez en cuando en el blog de la organización, que use la vivienda como primera residencia y “sea un propietario residente y ciudadano literario responsable”.

Transcurrido ese tiempo, el autor se convertirá en el dueño de la casa y no tendrá compromisos sociales, pero se confía en la buena voluntad del beneficiado por el programa y en su intención de quedarse en un ambiente acogedor y afín a sus inquietudes. Si el propietario decide vender el inmueble en los siguientes cinco años, la única posible compradora será la organización, que lo adquirirá por la misma suma que el escritor haya invertido en terminar y mejorar la vivienda.

Las reformas las llevan a cabo jóvenes de Detroit. Conocedora del problema del desempleo juvenil —en el area metropolitana, el índice de paro en personas de 16 a 21 años es del 30%, el más alto del país en un area urbana. En la ciudad es de más del 60%— Write-A-House se ha asociado con Young Detroit Builders, una organización sin ánimo de lucro que proporciona programas y cursos de carpintería y construcción para instruir a jóvenes.

Helena Celdrán

Write-A-House- Peach House

“12 zapatos para 12 amantes”, arte sobre relaciones fallidas

13 diciembre 2013

'La roca', zapato nº 12, dedicado a Alice - Sebastian Errazuriz

Alice sabía que estaríamos juntos mucho antes de que yo lo supiera.
También sabía que al final romperíamos, aunque yo siempre quise creer lo contrario.
Ninguno de nosotros supo que sería tan corto.
La quería tanto.
Siempre la querré.

La historia, apenas el boceto de una experiencia, es la última de una serie de 12. En cada narración (en tono amargo, humorístico, melancólico, misterioso…), el artista residente en Nueva York Sebastián Errazuriz (Chile, 1977) relata una relación sentimental fallida. Adjuntos al relato, un par de zapatos de tacón ilustran el calzado imaginario de la amante, a la que ha cambiado el nombre para preservar su intimidad. A Alice le corresponde ser La roca y el autor crea para ella un pedregoso y contundente zapato en el que ni siquiera se distingue el tacón.

En 12 SHOES for 12 LOVERS (12 ZAPATOS para 12 AMANTES) Errazuriz modifica o esculpe cada par de modo que hacen referencia al carácter de la mujer, a la ruptura de la pareja o a una experiencia común: el zapato número 10 —verde y con un soldado de juguete en la puntera— es de Barbara, cuyo padre era coronel. El zapato número 6 —rojo, como chorreando sangre— representa a la escandalosa Caroline, que arrastró al artista a montar un número en la boda de un familiar. Dorado y con una figura masculina a modo de tacón, el zapato número 3 representa a Alison, demasiado obsesionada con tener un novio rico como para aceptar que el artista no tuviera una boyante cuenta corriente.

“Cuando empecé con este proceso nunca me imaginé dónde terminaría. Ha sido infinitamente más complejo, revelador y difícil de lo que pensaba”, declara el autor, que ha sido testigo de cómo la iniciativa artística se convertía con rapidez en una colección de confesiones íntimas ahora disponibles en la pantalla de ordenador de cualquiera que entre en la página web del proyecto.

Helena Celdrán

Shoe 9 - 'Hot Bitch' - Sebastian Errazuriz

Shoe 9 – ‘Hot Bitch’ – Sebastian Errazuriz

Shoe 3 - 'Gold Digger' - Sebastian Errazuriz

Shoe 3 – ‘Gold Digger’ – Sebastian Errazuriz

Shoe 9 - 'The Boss' - Sebastian Errazuriz

Shoe 9 – ‘The Boss’ – Sebastian Errazuriz

Shoe 10 - 'GI Jane' - Sebastian Errazuriz

Shoe 10 – ‘GI Jane’ – Sebastian Errazuriz

Shoe 7 - 'The Virgin' - Sebastian Errazuriz

Shoe 7 – ‘The Virgin’ – Sebastian Errazuriz

Shoe 2 - 'Cry Baby' - Sebastian Errazuriz

Shoe 2 – ‘Cry Baby’ – Sebastian Errazuriz

Aparatos que parecen recuperados de una excavación arqueológica

06 diciembre 2013
'Mobile Phone', la primera entrega de la serie 'Future Relics'

‘Mobile Phone’, la primera entrega de la serie ‘Future Relics’

Grietas, superficies más que melladas, carcasas ennegrecidas… El experimento visual del estadounidense Daniel Arsham (Cleveland-Ohio, 1980) nos recuerda que todo lo que se remonte a hace unas décadas adopta en nuestra mente la forma de una reliquia milenaria.

'Rollieflex', 2013 - Daniel Arsham

‘Rollieflex’, 2013 – Daniel Arsham

El artista lleva desde finales de 2012 ampliando una serie de esculturas —hechas de una mezcla de cemento, cristales diminutos y a veces pequeños pedazos de acero— que representan aparatos del siglo XX como si fueran antigüedades de varios centenares de años encontradas en excavaciones arqueológicas. “Busco algo con lo que la gente tenga algún tipo de relación, que pueda recordar, pero ya no usen“, comenta en una entrevista.

La lúgubre colección, como superviviente de un desastre que dejó sepultados a los aparatos, sirve de reflexión sobre el frenético ritmo al que avanza la tecnología: ninguno de los objetos es tan antiguo para tener la pátina de deterioro que exhiben las cabinas telefónicas, la cámara de cine o el modesto radiocasete de una pletina.

Con motivo de la feria de arte contemporáneo Art Basel inaugurada ayer en Miami (EE UU) amplía su proyecto anunciando una nueva serie de objetos. Para iniciar Future Relic (Reliquia futura) se ha decidido por esculpir un teléfono móvil rectangular y voluminoso. Para contextualizar la obra ha presentado un vídeo de 10 minutos en el que realiza una narrativa teatral mostrando el hipotético descubrimiento arqueológico del objeto.

Como signos de progreso o de un futuro que llega demasiado deprisa, los trabajos de Arsham son consecuencia de nuestro creciente apremio por deshacernos de los aparatos anticuados para sustituirlos por otros que serán ‘ruinas’ en cuanto pestañeemos.

Helena Celdrán

'Payphones', 2013 - Daniel Arsham

‘Payphones’, 2013 – Daniel Arsham

'Boombox', 2013 - Daniel Arsham

‘Boombox’, 2013 – Daniel Arsham

'Movie Camera', 2013 - Daniel Arsham

‘Movie Camera’, 2013 – Daniel Arsham

'Bolex', 2013 - Daniel Arsham

‘Bolex’, 2013 – Daniel Arsham

'Eroded Camera', 2012 - Daniel Arsham

‘Eroded Camera’, 2012 – Daniel Arsham

El italiano de 83 años que fabrica barcos alados

29 noviembre 2013


A los 83 años sigue cultivando la ilusión de ver volar a las frágiles y hermosas naves que invaden su despacho. Pesan entre 20 y 50 gramos, están hechas con finas piezas de madera de balsa (la más ligera que se conoce) y papel ultrafino y efectúan un elegante vuelo con gomas elásticas especialmente encargadas a Japón.

Luigi Prina (Milán, 1930), arquitecto desde hace 56 años, siempre fue un apasionado de la literatura y de la aeronáutica. En una entrevista cuenta que cuando tenía 16 años ganó un premio nacional de aeromodelismo y que cuando fue a recoger el trofeo le preguntaron por qué no había ido su padre a buscarlo, pensando que la refinada obra era producto del esfuerzo de un adulto. Cuando contestó que él era el ganador, los organizadores se sintieron molestos por haber premiado a un adolescente.

Luigi Prina - © 2013 Gianluca Giannone

Luigi Prina – © 2013 Gianluca Giannone

Sus embarcaciones voladoras tienen un halo de invento renacentista y la mayoría están relacionadas con un mito o una imagen literaria. Prina se ha inspirado en Argo —la nave de Jasón y los Argonautas—, la nave con la que Ulises consigue llegar a Ítaca, la embarcación en la que el héroe troyano Eneas efectúa sus largos viajes, los experimentos aeronáuticos iniciados por Leonardo da Vinci, la siniestra leyenda del holandés errante…

No fue hasta hace 20 años cuando fabricó su primer barco alado. De galeones a veleros y barquichuelas de pescadores, desde entonces ha hecho 200. La inspiración le llegó en una de sus conversaciones con el pintor y poeta veneciano Eugenio Tomiolo (1911-2003), aficionado a la construcción de pequeñas embarcaciones.

Prina apostó con él a que conseguiría hacer volar las réplicas y creó un primer modelo. El vuelo inaugural fue en el estudio de Tomiolo, que había pintado un cielo azul con nubes en el techo. “Cuando lo vi algunos años después, lo primero que me dijo fue ‘¿Sabes que esas nubes se movían?’, dice en una corta pero hermosa entrevista en vídeo grabada por el fotógrafo italiano Gianluca Giannone para la página web Blinking City.

Helena Celdrán