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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Entradas etiquetadas como ‘arquitectura’

Metraje mudo de las Torres Gemelas en construcción

Con cerca de 3.000 muertos, los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron un signo de los tiempos, todo en ellos resultó tan megalómano como los poderosos edificios del neoyorquino World Trade Center. El 11-S se televisó y emitió a una hora conveniente, para que una buena parte del planeta pudiera incluso ver en directo cómo el segundo avión se estellaba contra la Torre Sur.

El fragmento de película que acompaña a este texto tiene un toque corporativo, sería frío y anodino, en todo caso anecdótico para quien conozca el lugar, si no fuera por la historia que hay detrás de las Torres Gemelas. En el film producido por Western Electric (compañía estadounidense de ingeniería eléctrica), la falta de sonido hace pensar que se trata de material bruto para un audiovisual industrial.

Ahora de dominio público y de visionado y descarga libre gracias al Internet Archive, el film documenta cómo se construyeron los colosos y cómo eran los primeros ocupantes. Desde el presente, podemos asociar cada segundo del metraje a la destrucción, el silencio —en otras circunstancias imparcial— contribuye a la incomodidad.

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Salvar tres ‘jormigonacos’ españoles, entre los objetivos de #SOSBRUTALISMO

Espai Verd - Valencia (Foto: Wikipedia)

Espai Verd – Valencia (Foto: Wikipedia)

La iniciativa #SOSBRUTALISMO quiere preservar al poligonerismo y reivindicar a su profeta en la tierra, el hormigón visto, en francés betón brut, de ahí el nombre del estilo, el material igualitario defendido por Le Corbusier.

El estilo, que todavía colea por una especie de milagro o brote colectivo de locura, está basado en una cadena de insensateces: aristas afiladas, planos inclinados, acabado rugoso y casi un sólo elemento constructivo: el durísimo —para la vista y las caídas— hormigón de las narices (rotas).

Los promotores del asunto han elaborado un fichero online de 700 horrendos edificios brutalistas. La web, entiendo que para compensar, es moderna, dinámica y placentera de ver.

No consta que en #SOSBRUTALISMO se hayan parado a pensar que algo esencialmente maligno debe residir en un estilo que gustaba al mismo tiempo a Franco, Honecker, Stroessner, Obiang y Nixon. No parece importar que todo dictador con suficiente sangre bajo las uñas como para merecer el título haya apostado por el brutalismo para alojar a los sometidos.

Están empeñados en salvar del deterioro a las construcciones de hormigón y organizar una “gran exposición brutalista” en 2017 en el museo de arquitectura DAM de Frankfurt, en Alemania, ese país donde el umbral de la buena educación es eructar en público.

Estiman que los edificios debe reunir tres características:

  1. Ser memorables como imagen.
  2. Tener una estructura clara.
  3. No haber sido restaurados con materiales distintos a los originales.

El de la foto que abre la entrada, esa construcción modular que quizá aún esté a la venta en Imaginarium como kit educativo para niños de 3 a 5 años, fue consumado en (¿debería usar la preposición contra?) Valencia  por Antonio Cortés Ferrando —que encima va de “arquitecto humanista, intelectual y espiritual”—.

Se llama Espai Verd. La traducción podría generar una metáfora biliar que no me atrevo a redactar para no parecer alemán. Es uno de los tres edificios señalados en España como objetivos a salvar por #SOSBRUTALISMO.
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La revista de arte y cultura ‘Polpettas’ busca pasar al papel

Portada del número cero de 'Polpettas' © Polpettas Mag

Portada del número cero de ‘Polpettas’ © Polpettas Mag

Hay muchos mundos que contar, muchas vidas, y un número indeterminado de creaciones, más o menos artísticas. Y detrás de todo esto, hay personas, personas que creen en lo que hacen, y hacen todo lo posible.

El enunciado declarativo pletórico de ilusión corresponde a las intenciones editoriales de Polpettas, una web con cierta veteranía (cuatro años en la red) que ahora se lanza a la azarosa aventura de la impresión física en papel. La promotora-directora de la publicación es la joven italiana residente en Madrid Margherita Visentini, nacida en Verona, licenciada por la universidad de Bolonia y amante del arte, la creación y los viajes —aunque a veces, según confiesa con humor, sean trayectos entre su casa y el supermercado—.

Mediante una campaña de crowfunding que culmina el 30 de octubre, Visentini quiere hacer tangible un sueño: editar en formato físico un número cero de la revista y, de tener éxito, convertir la publicación en bianual. Se trata de un compendio selectivo de los mejores artículos, entrevistas y reseñas de la web —dedicada a arquitectura, arte, diseño, ilustración, fotografía, vídeo y creación literaria— al que añadirán contenidos especiales para el número inaugural en papel. La editora desea que la revista se sitúe “a medio camino entre una colección de entrevistas y un libro de arte”.

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El ‘arquitecto creepy’ Hans Poelzig

"The Architect" [Hans Poelzig], 1929. Foto: August Sander - Tate Gallery

“The Architect” [Hans Poelzig], 1929. Foto: August Sander – Tate Gallery

Cuando el fotógrafo August Sander (1876-1964) puso en marcha el quimérico proyecto Antlitz der Zeit (El rostro de nuestro tiempo) —que sólo un alemán etnocentrista podría soñar— de catalogar a toda la raza humana haciendo retratos que tuviesen el valor de arquetipos —aquí, el panadero; allá el abogado; acullá el legislador, el bohemio, el desempleado, el capitán de las SS…— eligió como extracto del arquitecto a este señor  de gesto que parece un rictus, espejuelos intelectuales de montura redondeada de carey, grave elegancia en el atuendo, purito en la mano y arreglo capilar que predice al peinado beatle. Era Hans Poelzig (1869-1936).

La foto, que pertenece a los archivos de la Tate Gallery, fue tomada en 1929. Al retratista y el modelo les aguardaban tiempos aciagos.

Los nazis calificaron a Sander de “aberrante” y “degenerado”, retiraron sus libros de los puestos de venta e incautaron parte de sus negativos —casi todos los demás fueron destruidos en los bombardeos indiscriminados de los aliados sobre la población civil alemana y otros muchos, en el colmo de una cadena de desgracias, ardieron en un incendio accidental en 1946—. Uno de los hijos del retratista, el mejor de un país que nunca ha brillado como patria de fotógrafos sensibles, murió cumpliendo condena por militar en el socialismo. Sander, derrotado por la desgracia, se exilió en sí mismo, nunca más tocó una cámara y murió en el olvido en 1964.

Al hombre que según el fotógrafo del selbst representaba como ningún otro la figura del arquitecto —una palabra cuya etimología espanta: arch significa en griego quien tiene el mando— no le fue mejor. De ser una estrella en el diseño de edificios y un imprescindible de la cultura de Berlín, Poelzig pasó a figurar entre los muchos sospechosos que imaginaba la paranoia nazi. Le tranquilizó en un primer momento proceder de una saga nobiliaria prusiana, los Hanstein, aunque nació como bastardo del titular del condado, pero pronto se percató de que los nacionalsocialistas tampoco les caían bien los estirados viejos dragones de sangre azul y preferían al rudimentario alemán de acero wagneriano.

El arquitecto aceptó en 1933 sustituir como director del Vereinigte Staatsschulen für freie und angewandete Kunst (Escuela Estatal de Artes Aplicadas y Bellas Artes) al modernista Bruno Paul, descalabrado por el régimen porque le encontraron una pizca de ADN judío, pero sólo lo hizo, al menos eso dijo a sus íntimos, para ganar tiempo y organizar la huida de Alemania. Días antes de salir hacia Ankara, Poelzig murió de un ataque al corazón que le ahorró la inclemencia del exilio y el dolor de ver sus edificios derribados o abandonados.

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El Palacio de los Soviets y otros grandes edificios que nunca se constuyeron

Palacio de los Soviets. Proyecto de Boris Iofan, 1937 (Foto: dominio público)

Palacio de los Soviets. Proyecto de Boris Iofán, 1937 (Foto: dominio público)

Los avatares del nunca concluido Palacio de los Soviets de Moscú, que debía ser el monumento más alto del mundo —a Stalin le pareció poca cosa la altitud inicial de 260 metros y lo mando elevar a 495 (“no debe asustarnos el cielo, camaradas, ¡debemos conquistarlo!”, dijo en una reunión del jurado)—, son una juiciosa lección para los megalómanos y, por puro desarrollo lógico de la nada humilde aspiración, un fantasmal altar a la egolatría.

Lo comenzaron a construir en 1937 según un proyecto de Boris Iofán retocado amablemente por Stalin, que de arquitectura sabía menos que de buenos modales, sobre el terreno que ocupaba la Catedral del Cristo Salvador, el templo ortodoxo más grande del mundo, dinamitado por orden del poder comunista en diciembre de 1931. Cuando apenas habían avanzado las obras del nuevo palacio, los materiales, sobre todo las estructuras metálicas, fueron arrancadas en 1941 para ser reutilizadas en la fabricación de material bélico para la II Guerra Mundial.

El palacio con la inmensa figura de Lenin retando a los aviones como un King Kong marxista nunca fue terminado. En el terreno se construyó algo mucho más gozoso: una gran piscina al aire libre para solaz de los por otra parte necesitados habitantes de la URSS. La curia ortodoxa aprovechó la perestroika para recordar el “ultraje” del templo original, que fue reconstruido y consagrado de nuevo como catedral en 2000. Una nota de la época del ABC transpira la piadosa emotividad casi palpable a la que nos tiene acostumbrado el diario: Renace la Santa Rusia.

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Gaza, la cárcel más grande del planeta, y la arquitectura del asedio

Control militar israelí en la ciudad vieja de Hebrón-Cisjordania (Foto: Aljazeera)

Control militar israelí en la ciudad vieja de Hebrón-Cisjordania (Foto: Aljazeera)

La construcción de la violencia brota también con la arquitectura material de la dominación. A veces es el diseño urbano el que define y, desde luego, sistematiza, la violencia y la coacción. Sobre esta premisa —mire usted el paisaje de la ciudad que habita y extraiga conclusiones: vallas, paredes, cámaras de vigilancia, señales luminosas, adminículos añadidos al pavimento para restringir la velocidad, líneas pintadas sobre el suelo, provocadores mensajes coactivos, otros que fomentan la delación y la vigilancia desconfiada contra el vecino…—, nace una revista, The Funambulist, dedicada a la política del espacio y el cuerpo.

El número uno ya está a la venta en papel (12 euros) y en versión digital (6 en un archivo descargable en formato PDF). Es bilíngüe inglés-francés y algunos de los contenidos son de acceso gratuito en el blog de la publicación —embrión, desde hace cinco años, de la idea que ahora se reconvierte— y en Archipelago, el podcast asociado.

Tras la valiente empresa de hacernos reflexionar —verbo digno de medalla al mérito cívico en este tiempo de necedad— está Léopold Lambert, un arquitecto-agitador que en 2012 escribió el ensayo Weaponized Architecture. The Impossibility of Innocence (Arquitectura en armas, la imposibilidad de la inocencia). Copio un resumen de la pretensión del libro:

Un examen de la instrumentalización de la arquitectura como arma política (…) El proyecto propuesto dramatiza, a través de su arquitectura, la desobediencia palestina a la legislación colonial impuesta en su territorio legal. De hecho, el Estado de Israel es el ejecutor de aparatos coloniales, territoriales y arquitectónicos, que actúan directamente sobre la vida cotidiana de los palestinos.

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Un diminuto pueblo de papel construido en 365 días

Una de las construcciones de 'Paperholm' - Charles Young

Una de las construcciones de ‘Paperholm’ – Charles Young

Las 365 estructuras componen el pueblo de Paperholm, una inmaculada fantasía de papel que  el escocés Charles Young ha ido ampliando a construcción por día desde agosto de 2014, tan solo utilizando papel de 220 gramos (el empleado para las acuarelas) y pegamento y una humilde base de madera para cada ejemplar.

'Paperholm' - Charles Young

‘Paperholm’ – Charles Young

Espoleado por la necesidad de mantener su creatividad en forma, se comprometió a producir todo un complejo para su ciudad imaginaria. Al principio le exigió mucha dedicación, pero pronto se adaptó a la disciplina de abocetar, cortar y montar una pieza nada mas empezar el día. Había que darse prisa, la tarea podía durar entre 30 minutos y 3 horas y no quería arriesgarse a que el sol se fuera antes de que pudiera fotografiar la pieza con luz natural.

'Paperholm' - Charles Young

‘Paperholm’ – Charles Young

El archivo de Young se compone de edificios realistas que evocan con su perfecta sencillez a la Bauhaus o al estilo de arquitectos como el finlandés Alvar Aalto (1898-1976), pero también estructuras propias de un universo infantil de tiendas de campaña colgantes, viviendas con patas de ave o con forma de caballo. Algunas no sirven para nada, tienen mecanismos inútiles ideados sólo para el recreo visual.

No se ha dado el lujo de tomar atajos, en cada pequeño modelo se intuye la dedicación. La mayoría de las obras tienen un dinamismo que destaca con gifs animados: aspas de molino, árboles mecidos por el viento, carruseles, puertas de garajes, ascensores, veletas, brazos hidráulicos… Los movimientos leves y constantes contribuyen a que Paperholm parezca un lugar habitado, aunque nunca haya personas ni animales a la vista.

Helena Celdrán

'Paperholm' - Charles Young'Paperholm' - Charles Young

‘Paperholm’ – Charles Young

'Paperholm' - Charles Young

‘Paperholm’ – Charles Young

'Paperholm' - Charles Young

‘Paperholm’ – Charles Young

'Paperholm' - Charles Young

‘Paperholm’ – Charles Young

'Paperholm' - Charles Young

‘Paperholm’ – Charles Young

‘Smart Bricks’, Lego para construir casas reales

Se trata de aplicar el sistema de uno de los juegos de construcción más famosos de la historia a la edificación real de viviendas. El proyecto Smart Bricks (Ladrillos inteligentes) todavía está en proceso de hacerse realidad, pero se presenta como una alternativa que “cambiará el modo en que construimos casas, edificios, puentes y aceras”.

Las piezas son de un hormigón “de alta resistencia” y con propiedades aislantes que propician el ahorro energético tanto en invierno como en verano. Con ellas se forman estructuras similares a las que todos hemos creado alguna vez a partir de los coloridos ladrillos de Lego: los Smart Bricks se mantienen juntos con un potente adhesivo y a mayores se pueden asegurar con barras de acero que los atraviesan en su interior. Además, es posible crear en ellos espacios especiales para la electricidad y el agua y tienen ganchos en los que se pueden encajar piezas para los suelos y las paredes.

Prototipo de 'Smart Brick' - Foto: Kite Brick

Prototipo de ‘Smart Brick’ – Foto: Kite Bricks

Sus creadores ahora buscan financiación y de momento la iniciativa (pendiente de patente en los EE UU) sólo cuenta con prototipos del ladrillo y un vídeo con una animación virtual que recrea cómo sería el procedimiento, controlado por un robot. Ronnie Zohar, el fundador de la empresa a la que pertenece la idea, la israelí Kite Bricks, destaca que con el método se reducirían los costes en un 70% y el tiempo de la construcción en un 80% además de que supondría un menor gasto de energía, mayor limpieza y mucho menos ruido durante el tiempo que durara la obra.

Con un considerable ahorro del gasto general, los inventores de los “ladrillos inteligentes” ven la posibilidad de crear construcciones de bajo coste en todo el mundo, desde un poblado de “granjeros indios” a una localidad de “vinateros franceses”. Aclaran que el material se puede adaptar a las necesidades estéticas para respetar la arquitectura tradicional del lugar y que la aplicación del método no arrasaría con el paisaje ni anularía los gustos ni la identidad de los habitantes de las viviendas.

Helena Celdrán

Prototipo de ladrillo para 'Smart Bricks' - Foto: Kite Bricks

Prototipo de ladrillo para ‘Smart Bricks’ – Foto: Kite Bricks

Prototipo de ladrillo para 'Smart Bricks' - Foto: Kite Bricks

Prototipo de ladrillo para ‘Smart Bricks’ – Foto: Kite Bricks

‘In Orbit’, 10 días viviendo en una rueda

'In Orbit'

En la superficie interior y exterior de la rueda hay una silla, un escritorio, un mueble-cuarto de baño, una lámpara, una pequeña cajonera y una cama. Los creadores de In Orbit (En órbita) definen la instalación como “arquitectura performance y ahora exponen su obra en The Boiler, una sala de exposiciones propiedad de la galería Pierogi de Brooklyn (Nueva York). La particularidad reside en que además los autores pasan las 24 horas en la estructura.

Boceto del proyecto 'In Orbit'

Boceto del proyecto ‘In Orbit’

La acción artística se inauguró el día 28 de febrero y durará hasta el 9 de marzo. En la rueda de madera y acero de más de 7,5 metros de alto creada por ellos, los artistas Ward Shelley y Alex Schweder habitan por separado el interior y el exterior de la circunferencia con lo mínimo para realizar actividades básicas diarias. Para dormir, sentarse ante el escritorio o lavarse las manos deben ponerse de acuerdo para rotar la vivienda y lo ideal es que realicen la misma actividad al mismo tiempo. Cuando abandonen el hogar circular el 9 de marzo la estructura permanecerá en la galería hasta el 5 de abril para que la visiten los curiosos también tras el experimento.

Ambos artistas tratan en su obra la relación entre los espacios y las personas. Schweder ve esa conexión como “permeable”, la persona “percibe” el ambiente y se moldea a él, pero además altera ese ambiente para que “corresponda a su fantasía”. Conoció a Shelley en 2005 y desde entonces han realizado varias instalaciones en torno a los “efectos sociales de la arquitectura”.

Para Stability (Estabilidad)—una performance realizada en Seattle (EE UU) en 2009— ocuparon durante una semana una estructura de madera hecha por ellos en la que debían orquestar sus actividades para mantener el equilibrio de la pequeña vivienda. En Counterweight Roommate (Compañero de piso contrapeso)—realizada en Basilea (Suiza) en 2011— habitaron durante cinco días, atados con arneses, una construcción vertical en la que uno dependía por completo del movimiento opuesto del otro. “Cuando uno desea ir arriba a la cocina el otro debe bajar al baño”, especifica Shelley en su descripción del proyecto.

En In Orbit vuelven a necesitar la ayuda del compañero de piso, pero no parecen estresados: en el vídeo se aprecia cómo se coordinan con cautela, casi con aburrimiento, acostumbrados a convivir de la manera más incómoda posible.

Helena Celdrán

In Orbit - Ward Shelley and Alex Schweder

Planos arquitectónicos creados sólo para despistar

'Over Aalt', uno de los bocetos de 'Pointless Diagrams'

‘Over Aalt’, uno de los bocetos de ‘Pointless Diagrams’

Hasta el profesional más experimentado puede pasar horas intentando desentrañar la lógica de los dibujos, seguir las flechas, y las líneas discontinuas; imaginar dobleces y trayectorias: los planos, aunque aparentes, no tienen otro fin que el despiste.

Pointless Diagrams (Diagramas sin sentido) es el recién estrenado pasatiempo diario del estadounidense Josh Lewandowski (Minneapolis, 1983). “Empecé este blog porque, desde que tengo uso de razón, siempre he dibujado y garabateado bocetos en tres dimensiones con una incorregible carencia de significado“, explica el diseñador y arquitecto.

La inspiración para cada obra la busca en “la arquitectura, en el diseño de muebles, la ingeniería, la geometría, las cajas de cereales, las construcciones de Lego y el Telesketch“, un revoltijo de elementos que se traducen en imágenes que en un primer momento parecen realizables y serias, pero que en el fondo no son más que puro producto del constante garabateo.

En el fondo del disparate, la creciente colección se perfila como una serie de ejercicios que estimulan la creatividad, sirven de calentamiento y de motivación. Para la página web, Lewandowski se ha propuesto crear cada día uno de estos planos imposibles revelando caprichosas estructuras, construcciones sin principio ni fin, rampas sin un determinado final… Comenzó a dibujar el 7 de septiembre y planea continuar durante un año con el proyecto, siempre realizando los bocetos a tinta, “porque borrar es para cobardes”.

Helena Celdrán

Required Amenities for the Modern Dweling-ok

Headwaters

trifecta

Can't Stop

Not so Twin Towers