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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Exposición en línea sobre la grandeza de la antigua ciudad de Palmira

The Legacy of Ancient Palmyra - The Getty Research Institute

The Legacy of Ancient Palmyra – The Getty Research Institute

Cruce de caminos de las caravanas que surcaban en las dos sentidos la Ruta de la Seda, no solamente un camino para el comercio entre Asia y Europa, sino una de las primeras autopistas de la información sobre conocimientos, prodigios y saberes, la antigua ciudad de Palmira era llamada en árabe Tadmor, traducción del arameo palmira, “ciudad de los árboles de dátil”. De ningún lugar con esa etimología —cuya belleza está presente también en el idioma sirio, donde el nombre se asocia con la palabra Tedmurtā, “milagro maravilloso”— se puede esperar cosa distinta al deslumbramiento, por mucho que al acercar la mirada del satélite las coordenadas desprendan la tristeza de la muerte y el fuego.

Para trasladarnos a un tiempo ajeno a la miseria actual —la Guerra de Siria (activa desde 2011, con casi 500.000 muertos y 4,8 millones de desplazados o huídos del horror) ha convertido la vieja ciudad en poco más que una cantera y sus alredores en una necrópolis donde solo quedan brasas— podemos, es un pobre consuelo, viajar virtualmente a The Legacy of Ancient Palmyra (El legado de la antigua Palmira), una subyugante exposición en línea que acaba de lanzar el Getty Research Institute.

Arriba: View of the Ruins of Palmyra, G. Hofstede van Essen, 1693. Allard Pierson Museum. Courtesy of the University of Amsterdam. Abajo: - Panorama of Palmyra, Nicholas Hanhart after Emily Anne Beaufort Smythe. From 'Egyptian Sepulchres and Syrian Shrines'. London, 1862 The Getty Research Institute

Arriba: View of the Ruins of Palmyra, G. Hofstede van Essen, 1693. Allard Pierson Museum. Courtesy of the University of Amsterdam. Abajo: Panorama of Palmyra, Nicholas Hanhart after Emily Anne Beaufort Smythe. From ‘Egyptian Sepulchres and Syrian Shrines’. London, 1862. The Getty Research Institute

Durante siglos, los artistas y exploradores han documentado las ruinas de Palmira, un lugar de esos que parecen un magneto con propensión para atraer la fantasía y el embeleso. Fundada en algún momemto del segundo milenio antes de nuestra era en la aridez del desirto sirio —los restos de una primitiva cadena volcánica que derivaron en 500.000 kilómetros cuadrados de arena y roca—, los primeros pobladores buscaron la protección del oasis que marcó el destino del lugar y prolongó el embrujo hasta los tiempos modernos, pese a que la ciudad antigua quedó abandonada por la pujanza de la nueva Palmira, a 500 metros de la original.

El lugar, es casi innecesario apuntarlo, congrega extremos: apenas caen 132 milímetros de lluvia al año, las temperaturas alcanzan máximas de 40º y el enclave habitado más cercano está a 28 kilómetros —Arak, apenas una mancha en la nada: 111 habitantes—. La capital siria Damasco dista 215 kilómetros hacia el suroeste y el Éufrates, el río en cuyas riberas nacieron algunas de las primeras culturas, 180 hacia el noreste.

Los promotores de la web señalan que “arqueólogos e historiadores del arte se han dedicado a desentrañar y preservar la fascinante y única historia y el significado cultural de Palmira”. Desde su apogeo, entre mediados del siglo II y finales del III, la ciudad fue una “metrópolis rica” y “un centro multiétnico de la cultura y el comercio”, añaden.

'Queen Zenobia Addressing Her Soldiers', Giovanni Battista Tiepolo, 1725–1730. National Gallery of Art, Washington, DC - Courtesy National Gallery of Art, Washington, DC

‘Queen Zenobia Addressing Her Soldiers’, Giovanni Battista Tiepolo, 1725–1730. National Gallery of Art, Washington, DC – Courtesy National Gallery of Art, Washington, DC

Zenobia's Palace, Lepagelet and François-Denis Née after Louis-François Cassas. From 'Voyage pittoresque de la Syrie, de la Phoénicie, de la Palestine, et de la Basse Egypte' (Paris, ca. 1799). The Getty Research Institute

Zenobia’s Palace, Lepagelet and François-Denis Née after Louis-François Cassas. From ‘Voyage pittoresque de la Syrie, de la Phoénicie, de la Palestine, et de la Basse Egypte’ (Paris, ca. 1799). The Getty Research Institute

La exposición, con piezas las colecciones del Getty Research Institute y de museos y bibliotecas de todo el mundo, explora la historia temprana de la villa, su influencia de largo alcance y momentos de gloria como el breve pero cautivador Imperio de Palmira, que, entre los años 260 y 273, se alzó contra el poder romano y conquistó las provincias de Siria-Palestina, Egipto y algunas zonas del sureste de Asia Menor. La líder de esta extrañeza histórica fue Septimia Bathzabbai Zainib, coronada como la Reina Zenobia.

El personaje, que tiene rasgos mitológicos pero es certeramente histórico, fortificó y embelleció Palmira, capital del imperio, con una avenida de 1,2 kilómetros custodiada por columnas corintias de más de quince metros de altura y promovió la construcción de una profusa estatuaria de casi 200 héroes y de benefactores, exigiendo a todos los nobles que participaran en el esfuerzo. La ciudad contaba entonces con una población que casi alcanzaba los 200.000 habitantes, estaba rodeada por una muralla de 21 kilómetros de circunferencia, tenía hermosos templos —entre ellos destacaba el dedicado al Sol—, monumentos, un teatro, un ágora, jardines y edificios públicos.

Cuando Roma solucionó los problemas internos que habían impedido que el imperio se las viese con Zenobia, el emperador Aureliano derrotó al ejército de la reina y a ella la envió como rehén a Roma en 272. A partir de este momento, no existe unanimidad histórica sobre el destino de la mujer: algunos la hacen morir de enfermedad, huelga de hambre o ajusticiamiento por decapitación y otros sostienen que cayó tan bien al emperador que fue liberada y vivió en una lujosa villa cerca de Roma como figura de alta estima social.

Cuatro bustos funerarios encontrados en las excavaciones de Palmira. The J. Paul Getty Museum at the Getty Villa

Cuatro bustos funerarios encontrados en las excavaciones de Palmira. The J. Paul Getty Museum at the Getty Villa

La escultura funeraria de los varios cementerios de Palmira está compuesta por 3.000 bustos de tradición grecorromana en el estilo, pero a menudo con vestuario y joyería asirios. Las cuatro necrópolis, todas de los tres primeros siglos de nuestra era, estaban a un kilómetros del centro urbano, en un paisaje desolado con torreones macizos. El complejo es conocido como el Valle de las tumbas y fue erigido en los tres primeros siglos de esta era. Algunos de los cementerios tenían hasta 500 cuerpos.

Los bustos funerarios son quizá el más notable testimonio de la riqueza de una “vibrante sociedad” situada en una “encrucijada de caminos“, poblada sobre todo por amoritas, arameos y árabes y dueña de un dialecto propio, el palmireno, derivado del tronco de los idiomas semitas.

The Legacy of Ancient Palmyra está dividida en tres grandes secciones: La antigua Palmira, que incluye las primeras fotos que llegaron a Europa de los restos de la ciudad, tomadas por los franceses Louis-François Cassas y Louis Vignes; El redescubrimiento, que narra los viajes de los exploradores y artistas del siglo XIX atraídos por las narraciones sobre la belleza de la ciudad del desierto, y Palmira hoy, que traza una línea de tiempo sobre las excavaciones arqueológicas, comenzadas en 1902 por Alemania. La web ofrece además un apartado de recursos históricos, didácticos e información.

“La devastación desencadenada en Siria obliga a una interpretación renovada de las primeras imágenes y fotografías de este extraordinario lugar del patrimonio mundial”, dice el comisario de la muestra, Frances Terpak. La destrucción de los últimos años de algunos de los templos hace que “tengan más importancia” los “documentos culturales” que presentan la “grandeza y legado perdurable” de Palmira.

Declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y considerada en grave peligro por la guerra civil siria y las demoliciones cometidas por los yihadistas del Estado Islámico, que decapitó en la ciudad al patriarca de los arqueogos locales y atentó, al parecer, contra el Templo de Bel, la más preciada de las ruinas de Palmira, la ciudad de los árboles de dátil está ahora en manos de las tropas leales al autócrata Al-Ásad, ayudadas en la conquista por los tanques enviados por Putin.

¿Motivos para estar tranquilos sobre el futuro de Palmira? Por mi parte, no demasiados.

Jose Ángel González

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Daniel L.

    vamos a echarle la culpa a los yihadistas, a Al-Asad (que se está resistiendo mucho y al final acabará como gadaffi) y a Putin, aunque sepamos que los que mueven los hilos de todo esto son los sionistas.
    En este post con tantos datos no veo por ningún sitio la profecía talmúdica que dice: “La futura destrucción de Palmira será un día de regocijo para Israel”.

    13 Marzo 2017 | 14:40

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