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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Imprimen en libro el ‘atlas obscuro’, la guía de antiturismo

Cubierta de 'Atlas Obscura'

Cubierta de ‘Atlas Obscura’

Desde 2009 Atlas Obscura se ha ganado una reputación merecida como compendio de lugares que deben ser visitados allá donde vayas si deseas algo más que el compendio de fechas, nombres y eventos que suele ofrecer el turismo tradicional y las empresas que lo explotan. El sitio web, fundado sin demasiada ambición por Joshua Foer y Dylan Thuras, tiene el mérito de que no se deja llevar por el número de visitantes, el encanto masivo o el tienes-que-ir-a que te han chivado tus amigos. Prefiere lo raro, misterioso, anticuado, chocante o temible.

Pese a que cada vez, dada la saturación de información, no siempre correcta ni adecuada, pero, en cualquier caso, demasiada, es más complejo ofrecer algo que sea de verdad novedoso, aún mantienen las intenciones iniciales:

En una época en la que todo parece haber sido explorado y no hay nada nuevo, tenemos una forma diferente de ver el mundo. Si estás en busca de ciudades en miniatura, flores de cristal, libros encuadernados en piel humana, agujeros de los que surgen llamas, gigantescas iglesias, pagodas construidas con huesos en equilibrio o casas enteramente de papel, Atlas Obscura es el lugar dónde encontrarlos.

Lugares como la isla japonesa de Tashirojima, donde el número de gatos supera al de humanos y los perros, por supuesto, tienen vedada la entrada; el mágico y alucinado jardín italiano de Bomarzo, el llamado Parco dei Monstri (Parque de los Monstruos), construido por un noble en el siglo XVI y memorable escenario para una novela de Manuel Mujica Láinez; las escabrosas catacumbas de París, un osario subterráneo y con centenares de kilómetros de pasillos con los restos de entre seis y siete millones de personas, donde en 2004 la Policía descubrió por casualidad un salón de cine, un bar perfectamente pertrechado y una nota que decía: “No intentéis encontrarnos”…

De esta calaña es el turismo que propone Atlas Obscura, que se ha convertido en una protocomunidad virtual en la que se aceptan añadidos propuestos por los usuarios —antes de entrar en el índice son comprobados por el equipo de la web, aseguran—, recibe cinco millones de visitantes únicos al mes y ofrece datos, localización, fotos y mapas de 10.000 lugares, entre ellos un centenar largo en España —desde algunos imaginables, el Valle de los Caídos, por ejemplo, hasta otros que  apenas son conocidos, como los restos incorruptos de Santa Minia, una martir adolescente que descansa en una pequeña iglesia en los alrededores de Santiago de Compostela—.

Instalados en una antigua fábrica de lápices —los chicos creen que los lugares tienen alma, está claro— en el barrio neoyorquino de Brooklyn, Atlas Obscura se edita ahora en una versión impresa de 480 páginas. Incluye 700 lugares elegidos a partir de los más curiosos de la web. El libro cuesta 32,99 euros desde Europa y pretende, según los editores, Foer y Thuras, ser “menos efímero” que la web y permitir una consulta reposada antes de aventurarse en un viaje y trazar la ruta.

La web, que se acerca con peligro al campo de acción de otras guías en línea para turistas —en España, por ejemplo, se reseñan lugares maravillosos pero masivos como Las Médulas, la antigua mina de oro romana explotada por el expeditivo método de oradar una montaña canalizando corrientes de agua hacia el interior, o la Sagrada Familia, que aparece como el lugar de más interés de una presunta “Barcelona oculta”—, sigue siendo un recurso valioso: permite buscar por lugares en un mapa interactivo, incluye un calendario de eventos en todo el mundo, ha añadido una sección de artículos y, claro, dispone de todos los apéndices digitales que son requeridos en el escenario digital: Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest

Le falta, me parece, permitir la verdadera desaparición del viajero, su fusión con el paisaje, única forma de vivir la experiencia del desplazamiento sin que seas parte de un rebaño. Creo que seguiré confiando en desplegar un mapa (de papel) y buscar un área con escasa o nula densidad de población. Ese es mi destino.

Jose Ángel González

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