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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Rosa Bonheur, pintora animalista del siglo XIX

Portrait de Marie-Rosalie dite Rosa Bonheur, 1857 - Édouard Louis Dubufe - Dominio Público

Portrait de Marie-Rosalie dite Rosa Bonheur, 1857 – Édouard Louis Dubufe – Dominio Público

A Marie-Rosalie Bonheur, que adoptó la firma artística de Rosa Bonheur y vivió 77 años, entre 1822 y 1899, le interesaban más los animales que los humanos y las mujeres más que los hombres —era una discreta lesbiana—. Fue la más famosa pintora de los primeros tres cuartos del siglo XIX y logró, en un tiempo en que la condición de artista serio todavía estaba reservada a los hombres, superar el amateurismo que se adjudicaba a las mujeres, con imbécil paternalismo, porque pintando se entretenían.

En el retrato que en 1857 le hizo Édouard Louis Dubufe —autor también de la más lograda imagen de Eugenia de Montijo, la española de palidez transparente que fue mujer de Napoleón II y, por tanto, emperatriz consorte de Francia—, la pintora animalista aparece recostada en un hermoso toro que mira con espontaneidad al espectador, mientras la mujer, que sosteniene un lápiz en una mano y un cartapacio con papel de pintar en la otra, aparece vestida de sobrio negro y con la mirada perdida en no sabemos dónde. El cuadro la define: adusta pero sensible, soñadora pero con los pies en la tierra

En las fotos que se conservan de la artista se aprecia la misma disposición. No es difícil imaginarla consiguiendo todo aquello que se proponía.

Changement de pâturages - Rosa Bonheur, 1863 - Dominio público

Changement de pâturages – Rosa Bonheur, 1863 – Dominio público

Muletiers espagnols traversent les Pyrénées - Rosa Bonheur, 1875 - Dominio público

Muletiers espagnols traversent les Pyrénées – Rosa Bonheur, 1875 – Dominio público

 Sangliers dans la neige - Rosa Bonheur, c. 1870 - Dominio público

Sangliers dans la neige – Rosa Bonheur, c. 1870 – Dominio público

La familia Bonheur, originaria de Burdeos, era pródiga en artistas y creía en la doctrina del socialismo utópico del sansimonismo, que establecía la igualdad absoluta en deberes y derechos entre hombres y mujeres. Rosa, que empezó a dibujar animales a los 4 años, se negaba con tajante constancia a aprender cualquier otra materia en la escuela y solo empezó a leer y escribir, cumplidos los diez, cuando su madre inventó un método en el que cada letra del alfabeto estaba representada por un animal.

Tras ser expulsada de varios colegios, la familia entendió que Rosa solo podía dedicarse a pintar y, en concreto, a pintar animales. Comenzó copiando ilustraciones de libros, se atrevió luego a esbozar estudios de caballos, ovejas, vacas, cabras, conejos y otras especies domésticas y terminó por irse a diario a recorrer bosques y prados en busca de modelos en libertad.

A los 14 años, cuando los Bonheur se mudaron a París, la adolescente iba al Louvre siempre que podía y permanecía horas emulando al óleo los animales de sus artistas favoritos, Nicholas Poussin, Peter Paul Rubens. y el brillante y atormentado Théodore Géricault. Las copias de la chica eran tan buenas que empezó a venderlas y ayudar con los ingresos a la economía doméstica.

Bonheur no se conformaba con la perfección anatómica, la belleza brusca o reposada o la humanidad de los animales: quería entender la mecánica de los cuerpos. Visitaba los matadeos parisinos para estudiar las disecciones, practicarlas ella misma y hacer bocetos a lápiz y carboncillo de cada músculo, nervadura o hueso. Asitió como oyente a clases universitarias de anatomía y osteología veterinarias y se hizo amiga y colaboradora de los mejores especialistas franceses en zoología y anatomía comparada, Étienne Geoffroy Saint-Hilaire e Isidore Geoffroy Saint-Hilaire, padre e hijo —el segundo, uno de los padres de la teratología, el estudio anatómico de los deformes y anormales que eluden el patrón común—.

La foire du cheval - Rosa Bonheur, 1852-1855 - Dominio público

La foire du cheval – Rosa Bonheur, 1852-1855 – Dominio público

Quizá el cuadro más conocido de esta pintora de animales tenga un tema que no admitan hoy como correcto los con frecuencia integristas militantes del animalismo extremista. El enorme —6 metros de lago por 2,5 de ancho— La foire du cheval (La feria del caballo) muestra una captura de animales salvajes, con encierro y marcaje. Una ceremonia agropecuaria similar a las rapas das bestas que se celebran en Galicia durante los veranos.

Para asistir a este tipo de celebraciones Bonheur tuvo que pleitear con las autoridades que, primero, le prohibieron la entrada por ser mujer y después adujeron que sería peligroso para su integridad entrar con vestidos amplios en un curro donde los movimientos de los animales son violentos y nerviosos. La pintora consiguió finalmente en 1852 un permiso especial de la Policía para usar pantalones y pintar desde dentro el festival, pero debía abstenerse de hablar para que fuese poco llamativa su condición femenina.

La obra, pintada en un mercado de caballos que se celebraba en las afueras de París, tiene una composición dinámica y permite comprobar el dominio de la pintora al representar a su animal favorito. Completado en 1855, el óleo colocó a Bonheur en primera fila como la mejor pintora de animales de su tiempo. Fue invitada por la Reina Victoria a visitar Escocia, donde convivió y plasmó la vida de los pastores de las remotas Highlands.

 Col. William F. Cody (Buffalo Bill) - Rosa Bonheur, 1889 - Dominio público

Col. William F. Cody (Buffalo Bill) – Rosa Bonheur, 1889 – Dominio público

Otro posible motivo de escándalo para el animalismo de nuevo cuño —tan desnortado como para considerar, como he leído estos días, que los caballos no deben ser montados en ninguna circunstancia y que el ser humano debe pasear a su lado— es el retrato ecuestre de William F. Cody (1846-1917), más conocido como Buffallo Bill, explorador del Ejército de los EE UU y cazador de bisontes en su juventud, aunque luego renegó de las matanzas que llevaron a la práctica extinción de la especie. El personaje es uno de los pocos seres humanos que aparecen retratados como protagonistas en la obra pictórica de Bonheur, quien siempre dió preferencia a los animales.

Conservadora en sus planteamientos estéticos —era una clasicista que no se planteaba ningún riesgo de contaminación emocional en el tema o la ejecución—, Bonheur está ahora, al contrario que los animalistas que presiden cada batalla de su discutible ideario desde primera línea de atención mediática, bastante arrinconada.

José Ángel González

3 comentarios

  1. Dice ser Manuel García

    Sr. González, el sostener que a un animal no se le debe someter a una doma violenta, ni ponerle hierros en la boca, ni golpearlo con una fusta, no es estar desnortado, como alegremente califica Vd. Infórmese un poquito antes de, no ya opinar, sino directamente descalificar las opiniones ajenas. Al principio de su interesante artículo habla Vd. de imbécil paternalismo…no repita errores del pasado.

    19 Agosto 2016 | 11:19

  2. Sr. Dice ser Manuel Garcia: no he mencionado la doma, las carreras de caballos u otras variedades de competiciones hípicas. He leído a líderes animalistas considerar que la única forma ética de relación entre un ser humano y un caballo es caminar a su lado. En el post me refiero a ese desnorte: no tener en cuenta la monta de caballos, ni siquiera sin bridas, silla y correaje.

    19 Agosto 2016 | 11:32

  3. Dice ser Contestataria

    Yo no creo que vaya en contra del animalismo actual. Lo de la feria de los caballos salvajes, en principio, no tiene nada malo: se aparta a los potros, y la idea no es hacerles daño (aunque parece factible que se lo hagan). Lo de no montar caballos, puede ser un poco exagerado, pero hay cosas más graves contra las que pelear.

    19 Agosto 2016 | 12:56

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