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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Cuando Scorsese interpretó a Van Gogh para Kurosawa

En Crows (Cuervos), uno de los ocho episodios de Dreams, la película póstuma de Akira Kurosawa (1910-1998), Vincent Van Gogh intenta captar la esencia del paisaje nada llamativo de un campo de cereal recién segado en la casi ardiente campiña estival francesa.

Un estudiante japonés que admira al pintor y que ha llegado al pasado gracias al poder de los sueños, recibe unos cuantos consejos del artista sobre la ferocidad conveniente para cualquier pintor para ver la realidad e interiorizarla.

  • Los paisajes que parecen un cuadro no llegan a cuadros.
  • Si miras con cuidado, toda naturaleza tiene su belleza. Cuando aparece esa belleza natural me pierdo en ella.
  • Luego, como en un sueño, el paisaje se pinta a sí mismo para mí.
  • Consumo este paisaje, lo devoro completamente.
  • Trabajo, me esclavizo, me conduzco como si fuera una locomotora.

La última imagen que vemos es la del cuadro que en holandés se titula Korenvelden onder dreigende luchten met kraaien, Maizales bajo un amenazador cielo con cuervos. Según casi todas las biografías del pintor fue la última obra que pintó antes de morir.

En el corto de Kurosawa, Van Gogh se aleja del espectador y se pierde tras una elevación del terreno, por un camino que no parece tener destino específico. En ese momento el óleo es invadido por una bandada de cuervos. De acuerdo con los historiadores especialmente estructuralistas, las aves son símbolos de la muerte cercana y la resurrección posible.

Kurosawa (izquierda) con Scorsese caractyerizado como Van Gogh. Foto: cinearchive.org

Kurosawa (izquierda) con Scorsese caracterizado como Van Gogh. Foto: cinearchive.org

Si se han tomado unos minutos para ver el vídeo que abre la entrada quizá hayan notado que el actor que interpreta a Van Gogh habla inglés con acento de la neoyorquina Little Italy. Es lógico: se trata de uno de los hijos predilectos del barrio: nada menos que Martin Scorsese, gran director, dueño de una cultura cinematográfica infinita, estricto compositor de películas que parecen una sucesión de cuadros y gran valedor de Kurosawa en los EE UU y en especial en el muy lego mundo de Hollywood, donde el director japonés empezó a sonar cuando ya había firmado una decena de obras maestras.

Mientras la industria lo consideraba un cineasta demasiado distinto para llegar al gran público —el jump cut, el corte en mitad de la acción y las transiciones por wipe eran pecados mortales para los cánones de Hollywood, que empezaban a enfermar del montaje epiléptico sin más sentido que la descarga de alto voltaje para retener a los espectadores—.

Sólo la última gran generación de directores estadounidenses reclamó para Kurosawa la importancia debida: Scorsese, George Lucas, que inspiró Star Wars en en The Hidden Fortress (1958) y Francis Ford Coppola, que ayudaron al japonés en la financiación del grandioso largometraje Kagemusha(1980), que diez años antes la Fox había anulado, con fulminante despido del director.

No es extraño que Kurosawa y Scorsese hayan coincidido en un episodio sobre un pintor apasionado como Van Gogh. Ambos cineastas concurren en la forma de ver el cine como fusión de disciplinas y entrega sentimental absoluta. El japonés señaló:

Considero el cine como una concentración de artes. Es un trabajo complejo que reúne elementos de la pintura y la literatura… Uno no puede hablar de cine sin hablar de literatura, de teatro, de pintura y de música… Muchas artes se convierten en una sola. Pese a todo, una película es una película.

Scorsese también es un purista:

El cine empieza con una relación apasionada, casi física, entre el celuloide y los artistas, artesanos y técnicos que lo manejan y manipulan hasta saber, como solo un amante puede saberlo, cada pulgada del cuerpo de la amada. No importa a dónde se dirija el cine, pero no podemos perder de vista esa intención.

Ambos conceden una importancia capital a los bosquejos previos en papel de lo que será la película. Los story boards de Scorsese, dibujados siempre a mano por él mismo, sin software por medio, tienen fama de estar meditados con un detalle que parece sacramental. Es ejemplar el de Taxi Driver (1976):

El caso de Kurosawa es todavía más radical. Gran parte de las escenas y planos clave de sus películas eran pintadas previamente por el director, que había estudiado Bellas Artes y quería dedicarse al arte plástico cuando el cine se cruzó por casualidad en su camino.

Tras abandonar la pintura tuvo que refrescar sus habilidades porque necesitaba hacer ver a los productores, incapaces de entender la épica del japonés y su estricta rigidez formal, a qué se refería y cómo deseaba resolver la narrativa.

Los dibujos que siguen, yuxtapuestos con el plano en las películas, muestran que también era un gran pintor.

Jose Ángel González

Akira Kurosawa, "Ran"

Akira Kurosawa, “Ran”

Akira Kurosawa, "Dreams"

Akira Kurosawa, “Dreams”

Akira Kurosawa - "Rhapsody in August"

Akira Kurosawa – “Rhapsody in August”

Akira Kurosawa, "Dreams"

Akira Kurosawa, “Dreams”

Akira Kurosawa, "Kagemusha"

Akira Kurosawa, “Kagemusha”

Akira Kurosawa, "Dreams"

Akira Kurosawa, “Dreams”

1 comentario

  1. Dice ser davmar

    De póstuma nada, Los sueños son una cima del arte de Kurosawa, y aún le quedaría energía y tiempo para dirigir y estrenar en vida Rapsodia en Agosto y Madadayo, verdaderos regalos al séptimo arte. Y el rodaje del que el director nipón fue apartado por la Fox fue Tora Tora Tora!, que fue una de las razones de su intento de suicidio, hasta que remontó el vuelo vital y creativa mente con Dersu Uzala.

    10 Marzo 2016 | 16:10

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