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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Las adolescentes pavorosas de Lise Sarfati

© Lise Sarfati

Sloane #32 Oakland © Lise Sarfati

Asia #33, North Hollywood  © Lise Sarfat

Asia #33, North Hollywood © Lise Sarfati

Eva-Claire #2, Austin © Lise Sarfati

Eva-Claire #2, Austin © Lise Sarfati

Sloane #30, Oakland © Lise Sarfati

Sloane #30, Oakland © Lise Sarfati

Cuatro adolescentes para cuatro films inexistentes aunque posibles: cuatro muchachas congeladas y víctimas de la inacción, pasmadas, figuras de cera, casi inmateriales. Nada sabemos de ellas excepto el nombre de la urbanización en la que residen.

Sabemos también, por supuesto, que no son tan simples como podríamos deducir precipitadamente en un encuentro cara a cara en el que se mostrarían turbadas y nerviosas.

La fotógrafa Lise Sarfati (1958) busca en el extrarradio de las sobrecogedoras áreas metropolitanas de los EE UU a chicas solitarias a las que introduce en un mundo que no por real es menos ajeno para ellas, víctimas de las numerosas encrucijadas previas a la edad adulta.

La retratista prefiere los suburbios porque son páramos de almas sin compañía y la soledad le permite una excusa para entrar en conversación con las modelos a las que selecciona previamente mediante el infalible método del merodeo.

No le cuesta demasiado convencerlas para que entren en el juego de participar en los semicoreografiados montajes que confecciona con ayuda de las modelos: lo que muestran, después de todo, es parte de su vida y sólo necesitan el impulso para representarlo. Sarfati, que lleva retratando jóvencillos desde hace casi treinta años, ya conoce el material: gracia angelical, diabólica inseguridad y sensualidad en pleno desarrollo.

“Me gusta acercarme y mostrar a las jóvenes. Es una excusa para volver a acercarme a mí misma cuando tenía su edad”, dice en una entrevista la fotógrafa francesa, convencida de que la mímesis puede conseguir el milagro de la perpetua adolescencia.

Los retratos, añade, son la prolongación de sus sueños cinematográficos —las películas de Robert Bresson, que obligaba a la repetición constante de la filmación de cada escena para conseguir evitar toda carga sentimental y convertirla en una escenificación pura— y literarios —adora la novela Ferdydurke, donde el gran Witold Gombrowicz extendió un mapa sobre el “fervor por la inmadurez”—.

Hay algo de aterrador en los retratos de Sarfati, quien no ha podido sacudirse uno de los recuerdos más morbosos de la infancia: cuando su madre la llevaba a visitar ancianas internadas en asilos o centros de cuidados paliativos. Aunque aquellas giras por las antesalas de la muerte tenían un propósito noble —acercar a la cría a lo inevitable y hacer compañía a las mujeres agotadas y solas—, algo del pavor ante el abismo retuvo la fotógrafa.

Desinteresada de los adultos, se ha dedicado a censar a chicas impávidas a las que caza con la sensibilidad de un insecto en busca de alimento. Sabe que son porosas, que todavía son capaces de quitarse de encima el pegamento unificador de la ciudadanía, la civilización, la clase, el género, la corrección…, sabe que pueden mostrar el miedo o el vacío primordiales.

Uno de los soliloquios del protagonista de la novela de Gombrowicz que cité más arriba sobre el peligro de que la individualidad se pierda bajo la acrimonia de la madurez puede describir estos retratos de teenagers de inusual severidad:

Entonces me iluminó de repente este pensamiento sencillo y santo: que yo no tenía que ser ni maduro ni inmaduro, sino así como soy…, que debía manifestarme y expresarme en mi forma propia y soberbiamente soberana, sin tener en cuenta nada que no fuera mi propia realidad interna. ¡Ah, crear la forma propia! ¡Expresarse! ¡Expresar tanto lo que ya está en mí claro y maduro, como lo que todavía está turbio, fermentando!; ¡que mi forma nazca de mí, que no me sea hecha por nadie.

“Busco a las muchachas que me interesan, necesito verme en ellas, saber que tienen algo que enseñarme sobre mí misma, aunque sea dramático y terrible“, asegura Sarfati, buscadora de un contrapeso para los cuidados paliativos que a todos nos aguardan.

Jose Ángel González

Sloane #34 Oakland © Lise Sarfati

Sloane #34 Oakland © Lise Sarfati

© Lise Sarfati

© Lise Sarfati

© Lise Sarfati

© Lise Sarfati

© Lise Sarfati

© Lise Sarfati

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