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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Cuando Springsteen se viste de secundario

Bruce Springsteen

Bruce Springsteen

Bruce Springsteen seguramente sienta vergüenza de la foto, tomada hace ya unas décadas, cuando estaba lejos de la categoría de bardo de mármol, cronista cósmico y dios del rock-estadio.

Ni la carrera del cantante-compositor-guitarrista, ni la influencia de su obra tienen cabida en Top Secret, la sección que los lunes dedicamos a lugares u obras poco iluminadas por los focos de la fama, sobre todo ahora que tiene a punto nuevo disco y gira mundial, con paradas en España.

Quizá sí rebose sentido, en cambio, hablar de algunas de sus muchas intervenciones en la sombra de la segunda fila. Al igual que le sobra abnegación para esos conciertos-maratón que nadie más es capaz de superar, Springsteen ha sido un músico dado a la cooperación.

Desprendido y, pese a su estátus de ídolo, sin pedir nada a cambio, por el simple gozo del trabajo mutuo, el músico que ha vendido, sólo en los EE UU, casi 65 millones de discos (en el ranking de la patronal de las discográficas está entre los Rolling Stones y Madonna), nunca ha dudado en vestirse de secundario, echar un cable a los colegas o dar un empujón a los necesitados.

Springsteen aparece -cantando, tocando la guitarra o produciendo- en un buen número de trabajos ajenos en los que su nombre aparece en minúsculas o ni siquiera aparece.

Además de algún disco colectivo y benéfico, el músico de Freehold (el barrio de Nueva Jersey donde pasó la infancia, adolescencia y primera juventud), puede rastrearse en piezas de, por ejemplo, Gary U.S. Bonds, al que ayudó a salir del olvido y la pobreza en los años ochenta produciendo, componiendo, tocando y cantando en canciones como la inolvidable Jolé Blon; Rossane Cash; Joe Ely; John Fogerty; Joe Grushecky; Emmylou Harris; Jesse Malin; Elliott Murphy; John Prine; Warren Zevon y, por supuesto, en discos de las aventuras paralelas de los integrantes de la E Street Band (Steve Van Zandt, Nils Lofgren, Patti Scialfa y el llorado Clarence Clemmons).

Dejo fuera de la relación, que no pretende ser total, las tres apariciones secundarias de Springsteen que prefiero personalmente. Ahí van.

El tándem no resulta sensato a primera vista: Springsteen, el rocker consecuente, y Donna Summer, la disco-queen más frívola. Sin embargo, Protection (1982) -compuesta por el primero pensando en la segunda- funciona a las perfección.

No es, como los grandes temas del músico (Thunder Road, Badlands…), un épico tránsito existencial por las contradicciones y grietas del sueño americano, sino un mero capricho machacón y bailable, pero el ritmo es infeccioso y Summer canta con la apasionada precisión de siempre. Springsteen toca la guitarra y hace la voz secundaria -aunque en la mezcla del productor Quincy Jones apenas se le escucha-.

El Boss grabó la pieza con su grupo, pero no consigue la efervescencia de la versión disco-rock.

En 1980 Springsteen se camufló para ponerse al servicio de uno de sus más admirados coetáneos, el inglés Graham Parker (“canta y compone tan bien que resulta intimidante”, ha declarado sobre él).

En dos de las canciones del álbum The Up Scalator, el estadounidense puso la segunda voz. Una de ellas, la más springstiniana, es Endless Night, donde ambos narradores de la soledad urbana se engarzan en una desesperada oda eléctrica.

Pongo final a esta somera trilogía con la aparición más fantasmal de todas las de Springsteen.

En 1977 puso voz a uno de los movimientos de la tristísima y bella minisinfonía Stree Hassle de Lou Reed. Por problemas contractuales y de litigios con su mánager de entonces, Springsteen ni siquiera aparece citado en los créditos del disco.

Entre los minutos 9:02 y 9:30 de la canción, la voz grave del Boss recita:

Well hey, man, that’s just a lie
It’s a lie she tells her friends
‘Cause the real song, the real song
Where she won’t even admit to herself
The beatin’ in her heart
It’s a song lots of people know
It’s a painful song
A little sad truth
But life’s full of sad songs
A penny for a wish
But wishin’ won’t make you a soldier
With a pretty kiss for a pretty face
Can’t have its way
Y’know tramps like us, we were born to pay

Tiene especial sentido la última estrofa (los vagabundos como nosotros estamos hechos para pagar), subversión cínica de una de las frases-bandera de Springsteen, los vagabundos como nosotros estamos hechos para correr, del himno Born to Run.

Ánxel Grove

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