BLOGS
Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Renacen las canciones perdidas en el Cadillac donde murió Hank Williams

Una página de los cuadernos de Hank Williams

Una página de los cuadernos de Hank Williams

Algunas vidas parecen escritas por un guionista bien pagado. Algunas muertes, por un dios.

Cada elemento es legendario en la muerte de Hiram King Williams, a quien conocemos con el alias artístico de Hank Williams.

El momento: algún instante de la primera madrugada del año 1953. Nadie ha podido determinar la hora exacta. Los héroes se han ganado el derecho a la imprecisión.

La edad: tenía 29 años. Tiempo suficiente para abrir la música country como una mano y extenderla en muchos dedos.

El lugar: el asiento trasero de un Cadillac descapotable (lo exhiben en un museo) en una gasolinera de Oak Hill, Colina del Roble (Virginia Occidental). Un cruce de caminos en el medio de la nada. El color del automóvil no podía ser otro: azul pálido.

La causa: la autopsia, realizada por un médico ruso que apenas hablaba inglés, estableció que murió por un fallo cardíaco, pero no menciona los agentes causales. Williams, que padecía de espina bífida oculta, era adicto a los analgésicos -morfina e hidrato de cloral incluidos- para evitar el dolor. Los mezclaba con grandes cantidades de alcohol. Se había convertido en un bronquista: la autopsia reveló una contusión en un brazo y varios hematomas recientes en la ingle, donde lo habían pateado en una pelea de bar.

La obra: es el padre fundacional del rock. Sin Williams no hubiesen existido Elvis Presley, Johnny Cash y todo lo que vino después.

La última canción que grabó: I’ll Never Get Out of This World Alive, Nunca saldré vivo de este mundo.

El concierto al que no llegó

El concierto al que no llegó

Las últimas palabras: Williams iba camino de un concierto en Canton (Ohio). Tenía pensado llegar en avión, pero había intensas nevadas y decidió ir por carretera. Como no podía conducir por el dolor y la ingesta de alcohol y drogas, pagó 400 dólares a un estudiante de instituto de 17 años para que lo llevase. El chaval, Charles Carr, fue la última persona en escuchar a Williams. Habían parado en un bar a comer algo. Carr bajó y preguntó al pasajero qué le apetecía. “No quiero nada. Cena tú”, fueron las palabras finales.

El concierto de nunca: cuando comenzó el concierto de Canton y un locutor anunció que Williams había muerto la madrugada anterior el público se mofó creyendo que se trataba de otra de las espantadas del cantante, que llevaba dos años incumpliendo contratos con excusas peregrinas. Cuando los demás artistas salieron a escena para cantar juntos I Saw the Light, los asistentes se percataron de que esta vez iba en serio. Todos se unieron a la canción.

Las pertenencias: en el maletero del Cadillac había una guitarra. En el suelo del asiento posterior, varias latas de cerveza. Al lado del cadáver, un maletín de cuero con un cuaderno rayado en el que estaban escritas las letras de una docena de nuevas canciones.

Durante décadas, el contenido del cuaderno fue un misterio (por eso merece este Top Secret). Ahora se revela a través del disco The Lost Notebooks of Hank Williams, que sale a la venta el cuatro de octubre.

"The Lost Notebooks of Hank Williams"

"The Lost Notebooks of Hank Williams"

Trece músicos participan en el proyecto, financiado por Egyptian Records, la editorial discográfica montada por Bob Dylan.

Todos los involucrados son deudores de la franqueza profunda de Williams y su capacidad para cantar con sencillez sobre el valle de lágrimas de la vida en la tierra.

Aunque durante años se especuló que The Lost Notebooks of Hank Williams sería un disco personal de Dylan, que idolatra a Williams, el elenco se ha abierto a otros músicos, entre los que también figuran Jack White, Norah Jones, Levon Helm, Lucinda Williams, Merle Haggard y Sheryl Crow.

Con las letras y algunas anotaciones formales de Williams, cada participante compuso la música de las canciones, proyectándolas en un juego hipotético y marcado por el respeto.

La idea es similar a la que ejecutaron con primor entre 1998 y 2000 Wilco y Billy Bragg con los dos volúmenes (Mermaid Avenue y Mermaid Avenue II). Eran las canciones de las cuales otro pionero, Woody Guthrie, sólo pudo escribir las letras antes de morir.

Hank Williams, con sombrero, y su grupo, los Drifting Cowboys

Hank Williams, con sombrero, y su grupo, los Drifting Cowboys

Hank Williams, aldeano nacido en una cabaña de troncos de Mount Olive-Alabama, tocaba con la guitarra que le había regalado, cuando cumplió ocho años, su mamá. Pese a lo que digan la historia y las fotos, siempre tocó con esa guitarra.

Esperaba morir con la cabeza bien amoblada (bajo un sombrero Stetson no hay fantasmas), esperaba el último Cadillac azul (en un Cadillac no viajas, te trasladas) para beber de la petaca el último trago de Wild Turkey (el whisky que sabe a labios de primera novia): sabía la fecha, el uno de enero (ese día no te mueres, escapas).

Sobre su pasmosa vida y no menos notable muerte todavía se debate con fruición extremista: la última hamburguesa, la última copa, la última gasolinera, el último condado…

Algunos concluyen que en el fondo del alma americana hay una oscuridad en suspenso, esperando con fiebre de loba. La tesis la expone el gran Greil Marcus en The shape of things to come. Prophecy and the American voice, un libro que alguien debería de una vez traducir al español:

“América es un lugar y una historia, construidos con exuberancia y sospecha, crimen y liberación, linchamientos y fugas. Sus mayores testamentos son de portentos y alertas, alusiones bíblicas que pierden todas sus certezas en el aire americano”.

No he escuchado The Lost Notebooks of Hank Williams. Es probable que se trate de un buen disco. Poco importa que, en mi opinión, las canciones debieran haberse quedado en el maletín de cuero, en el asiento trasero de un Cadillac de pálida tristeza, al lado del cadáver, al fin en paz, sin sufrimiento, de un muchacho de 29 años con cara de hombre mayor.

Hank -incluso el nombre parece el de un niño montañés jugando en la maleza, donde las guitarras no tienen seis cuerdas porque cada tallo es a la vez cuerda y nudo- supo llevar como nadie al terreno de la canción existencial la única conclusión que importa: la enfermedad es siempre el amor.

Ánxel Grove

4 comentarios

  1. Dice ser cyn

    http://cynsalvador.blogspot.com/

    Es muy interesante este blog…

    19 Septiembre 2011 | 08:04

  2. Dice ser patalustiza

    A estas alturas no sé que interés tiene resucitar estas piezas nunca musicadas de Williams. Lo que hicieron Bragg y Wilco con la obra de Guthrie no pasó de ser mas que un ejercicio de imaginación sin ninguna chispa ni interés y supongo que con esto pasará lo mismo.
    Me parece más excitante el trabajo de gente como The The sobre la obra de Hank que esta gente pueda hacer

    19 Septiembre 2011 | 21:37

  3. Dice ser Ojolince

    Muy buenas noches!
    Fantástico artículo y fantástico reportaje, como apasionado de Hank Williams estaba esperando un avance de las canciones de este disco. Todo lo que rodea al gran Hank es una maravilla, y este disco creo que también lo va a ser, menudo regalo para su reciente cumpleaños el 17 de septiembre.
    Muchas gracias.

    19 Septiembre 2011 | 21:39

  4. Dice ser Johnny

    Ya es hora de que alguno abra la caja de pandora,cobardes!!!. Haber si nos sorprende de nuevo el viejo Hank. La mejor noticia sin lugar a dudas. Muchas gracias Ojolince

    19 Septiembre 2011 | 22:07

Los comentarios están cerrados.