Archivo de agosto, 2011

Araki, Gaga y el efecto tampón

31 agosto 2011
Lady Gaga por Araki

Lady Gaga por Araki

Nobuyoshi Araki es un fotógrafo japonés con una imagen de marca más notable que su obra. Cuelga en suspensión a sus modelos, atadas previamente según las artes del shibari. Se vende bajo un seudónimo, Arākī

Stefani Joanne Angelina Germanotta es una cantante estadounidense con una imagen de marca más notable que su obra. Canta malas canciones, pero las trafica con las artes de la mercadotecnia. Se vende bajo un seudónimo, Lady Gaga.

Que estos dos elementos se hayan cruzado era inevitable. El pop se fagocita, Japón es trendy sin discusión posible y el escándalo se vende cada día más barato.

Hace dos años, el fotógrafo hizo un editorial de moda con Mamá Monstruo para la edición japonesa de la revista Vogue. Era muy soft y bien educado. Araki sólo aprieta los nudos cuando le pagan, lo cual podría leerse en su sentido shibari: a Araki sólo se pone duro cuando le pagan.

Lady Gaga por Araki

Lady Gaga por Araki

Este verano comenzaron a circular por el pozo negro y anónimo de internet (sientes la coz, pero no te enteras de quién te la ha dado) unas cuantas Polaroid de las sesiones. Las publicaron algunas webs de famoseo, como Daily Fill, cuyo elenco perpetuo es una exhibición de atrocidades: Bieber, Fox, West, Knowles y sus compañías, sean de placenta o de cama.

Las fotos -pésimas, sin gracia, ni siquiera masturbatorias- han sido comidilla, santo y seña, trending topic y demás maneras 2.0 de decir que han ultimado una buena caja.

No podemos olvidar -ni ese derecho nos consienten: el dulce placer del olvido-, que Lady Gaga es muy atrevida. Cuando no hay vídeoclip, filete de cadera. Cuando no hay carne, twitteo feminista. Cuando no hay twitteo, un episodio de los Simpson; cuando no hay dibujo animado entreguista (quien os ha visto y quién os ve, familia amarilla) unas fotos de hace dos años. La táctica es arrinconarte y mantenerte sin respiro.

Lady Gaga por Araki

Lady Gaga por Araki

La Polaroid de la derecha de este último par ha sido especialmente comentada, meneada, trajinada y repartida en eso que llaman la comunidad de usuarios de internet (además de la sed de justicia social y de reconocer que el Barcelona le da mil vueltas jugando al fútbol a los niñatos de Serrano de Mourinho, ¿qué demonios tenemos en común usted y yo, yo y un congoleño, un congoleño y un peruano para que nos metan en la misma comunidad?).

La foto, he leído, muestra el sexo de Stefani Joanne Angelina Germanotta. He aumentado el grado de miopía intentándolo, lo juro, he llevado el efecto lupa hasta el extremo de sus posibilidades y sigo sin ver otra cosa que un efecto-tampón (perdón por las alusiones: se llama así) de Photoshop aplicado sobre esa zona de nadie que la señora Gaga, con todo el derecho, hurta a la visión del mundo.

¿Por qué traigo estas seis mezquinas Polaroid a Xpo, la sección de fotografía de todos los jueves en este blog? ¿Admitimos como respuesta válida: porque la basura merece la difusión para ser reconocida como basura?

Ánxel Grove

El hombre que tocaba la música “que no está”

30 agosto 2011
"La mano de Miles Davis" - Irving Penn

"La mano de Miles Davis" - Irving Penn

La mano izquierda del Mago Oscuro, el Príncipe del Silencio, el reventador, el gran enigma.

La mano izquierda de Miles Davis, el músico más devastador del siglo XX, inventor de varios estilos que luego despedazó. Debes romper lo nuevo antes de que lo entiendan.

Dentro de unas semanas, el 28 de septiembre, se cumplen veinte años de su muerte. Cualquier excusa es razonable para volver a Miles. Esta veintena, por ejemplo.

1. Podía leer cualquier partitura, pero no estaba interesado en notaciones, dogmas y formulismos. Algunos de los consejos a los músicos con los que deseaba volar parecen normas dictadas por un roshi zen: “No temas a los errores, no existen”; “tío, no hace falta que hagas eso”; “aquí haz lo que quieras”; “esto es cuadrado”; “toca en el color de la canción”; “no toques lo que está, toca lo que no está”; “no toques lo que sabes, toca lo que no sabes”.

2. Tal como había detonado el bebop con The Birth of the Cool (1950) y el cool con Kind of Blue (1959), volvió a desmembrarlo todo en In a Silent Way (1969), donde maridó el funk con el rock y el jazz. En Agharta (1975) hizo algo tan nuevo que todavía no tiene nombre.

3. Algunos le consideran el personaje más influyente del siglo XX. Por encima de Lenin y Hitler. Al primero se parecía en el pragmatismo como líder y al segundo en el carácter fanático.

4. Sexy. Se las llevaba de calle y le gustaban blancas y, siempre que fuese posible, francesas (“sacan la lengua al hablar, son deliciosas”). Estuvo liado con Juliette Gréco y Jeanne Moreau cuando trabajó en París en la banda sonora de Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958). La música es mucho mejor que el film.

La Policía se pasa con Miles (25 de agosto de 1959)

La Policía se pasa con Miles (25 de agosto de 1959)

5. Un agente de policía (blanco) le partió la cabeza a porrazos una noche de agosto de 1959 frente al mítico club Birdland, en Nueva York. El agente se mosqueó porque Miles, que ayudaba a una chica (blanca) a subir a un taxi, no hizo caso a sus órdenes de salir de la calzada. “Soy Miles Davis. Trabajo aquí”, dijo. Tras apalearlo, lo detuvieron y llevaron a comisaría. Él demandó a la Policía por malos tratos y ellos le retiraron el carnet sindical. Estuvo varios años sin poder tocar en Nueva York. “No voy a aguantar la mierda de nadie porque sea mierda blanca”, declaró el músico.

6. La pregunta no es quién tocó con Miles, sino quién no ha tocado con Miles. Entre sus colaboradores: Gerry Mulligan, John Coltrane, Cannonball Adderley, George Coleman, Wayne Shorter, Dave Liebman, Branford Marsalis, Kenny Garrett, J. J. Johnson, Horace Silver, Red Garland, Wynton Kelly, Bill Evans, Herbie Hancock, Joe Zawinul, Chick Corea, Keith Jarrett, John McLaughlin, Pete Cosey, John Scofield, Paul Chambers, Ron Carter, Dave Holland, Marcus Miller, Darryl Jones, Elvin Jones, Philly Joe Jones, Jimmy Cobb, Tony Williams, Billy Cobham, Jack DeJohnette… Sería posible escuchar una canción al día de Miles y su tribu durante dos décadas sin repetir ninguna pieza.

8. Durante muchos años tocó de espaldas al público. Cuando le preguntaron por qué, dijo: “Nadie se molesta por ver la espalda del director de una orquesta sinfónica”.

Miles, 1970

Miles, 1970

9. Fue el primer músico de jazz en tocar en conciertos de rock. En 1970 apareció en el Festival de la Isla de Wight, donde le colocaron de día, como a un segundón. Interpretó una salvaje improvisación de casi una hora que dejó a la altura del jardín de infancia al resto del cartel (Jimi Hendrix, The Doors, The Who, Jethro Tull, Joni Mitchell…). Alguien le preguntó a Miles el título de la pieza. Respondió: “Llámala cualquier cosa“.

10. Se dice (y él nunca lo negó) que entre 1951 y 1952 fue proxeneta de tres prostitutas.

11. Consumió heroína, cocaína y píldoras para dormir durante muchos años. Fumaba unas cuatro cajetillas de cigarrillos al día. También le daba duro al alcohol. Su bebida favorita era el brandy. “Lo peor de todo son los cigarrillos. Me costó menos dejar la coca que el tabaco”, dijo.

12. En 1972, de camino a visitar al dealer, se estrelló al volante de su Lamborghini. Fracturas en ambos tobillos.

13. Padeció de úlceras sangrantes de estómago (Agartha está grabado en plena crisis), insomnio, pólipos en las cuerdas vocales, diabetes, artitris (tuvieron que reemplazarle parte de una cadera), bursitis, anemia y depresión.

14. A los 17 años fue fichado por Charlie Parker para formar parte de su quinteto. Era la estrella juvenil del bop.

Miles Davis, 8 años

Miles Davis, 8 años

15. Su padre, un dentista de Alton, Illinois, quería que el crío, cuyo nombre de nacimiento fue Miles Dewey Davis III, aprendiese piano. Miles se empeñó en la trompeta.

16. Su relación más duradera de pareja fue con la actriz Cycely Tyson. Se casaron en 1981 y se divorciaron siete años después. Había estado casado antes con la bailarina Frances Taylor y la cantante Betty Mabry. Fue un marido en extremo celoso y apenas se relacionó con sus cuatro hijos.

17. En 1982, durante una convalecencia -había sufrido un ataque que le dejó paralizada una mano-, empezó a pintar en papeles y servilletas. Se le daba bien y la afición desembocó en una carrera paralela como pintor, con exposiciones y un gran reconocimiento público.

18. En julio de 1991, en París, Miles hizo lo que había prometido no hacer nunca: volver atrás y ejercer la nostalgia. Tocó con algunos de sus ex protegidos (Hancock, Corea, Zawinul, McLaughlin…) una recreación sinfónica de Sketches of Spain, que había grabado en 1960.

19. Actuó por última vez en agosto en Los Ángeles. Fue internado con vómitos de sangre en un hospital privado de Santa Mónica. Pesaba sólo 37 kilos. Tuvo un ataque cardíaco del que despertó para decir: “No quiero morir”. Se intentó arrancar los respiradores mecánicos y entró en un coma del que no salió. El parte de defunción señaló como causas de la muerte: neumonía y fallos cardíaco y respiratorio.

 

20. Las anteriores 19 entradas son innecesarias. Olvídenlas y limítense a esta grabación, realizada en abril de 1959. Los cinco ángeles con traje y corbata son John Coltrane (saxo tenor), Wynton Kelly (piano), Paul Chambers (contrabajo), Jimmy Cobb (batería) y Miles Davis (trompeta). Lo que interpretan cambió el rumbo de la música para siempre. Los especialistas dicen que inauguró el jazz modal, algo así como la libertad melódica y sin estructuras flamenca o turca llevada a la América africana. El estilo convirtió al improvisador en el verdadero compositor e hizo del jazz algo flotante y elástico, de discreta y apasionada elegancia. Díganlo despacio, recen las cinco letras (M-I-L-E-S). Prolonguen la ese final en un siseo. Eso es el paraíso. No acepten otro.

Ánxel Grove

Extraterrestres y criaturas gigantes que cambian el curso de la historia

30 agosto 2011

“Un vitoreo sonoro de los ciudadanos y trabajadores se pudo escuchar el 24 de mayo de 1883 cuando el puente colgante del East River (o puente de Brooklyn, como se le conoce) fue finalmente abierto al tráfico. La construcción ha durado 13 años y se ha visto amenazada por numerosos obstáculos, incluyendo la muerte del arquitecto principal, John Roebling, el aeroembolismo de los cajones hidráulicos y los ataques casi diarios de Rosie, el Monstruo del East River“.

El artista estadounidense Matthew Buchholz es un reinventor del pasado. En su colección de ilustraciones manipuladas a las que llama Alternate Histories (Historias alternativas) hay mapas, grabados de colores acuarelados y fotos coloreadas de papel amarillento con edificios que han cambiado.

Los delirantes añadidos son a veces sutiles y hay que detenerse a mirar la escena para descubrirlos: ataques de criaturas gigantes con ansias de arrasar ciudades, platillos volantes que lanzan rayos, tentáculos, robots…

The Great fire at Chicago - Matthew Buchholz

The Great fire at Chicago - Matthew Buchholz

Bajo cada ilustración, con una tipografía anticuada, Buchholz les añade un texto explicativo con lenguaje enciclopédico -a a veces algo arcaico- e inventa sucesos históricos que mezclan paisajes reales con fantasías de ciencia ficción de serie B.

El resultado es un relato confuso por su seriedad, que por un momento podemos permitirnos creer por lo lejano del suceso y por lo real de la explicación. Por si quieren iniciarse en el experimento de creer lo increíble, ahí va el auténtico origen del Gran incendio de Chicago:

“El fuego comenzó el domingo ocho de octubre por la tarde y continuó hasta el martes 10, consumiendo la zona de negocios, edificios públicos, almacenes de comercio interestelar, oficinas de periódicos, almacenes de ferrocarriles y extendiéndose cinco millas cuadradas. El incendio lo orginaron unos extraterrestres que, sintiéndose estafados por una transacción comercial, subieron al cielo en sus naves espaciales y emplearon su Rayo Destructor. El comercio interestelar ha sido suspendido”.

Helena Celdrán

El hombre que inventó a Raymond Carver

29 agosto 2011
Gordon Lish (Hewlett, Nueva York, 1934)

Gordon Lish (Hewlett, Nueva York, 1934)

Alguna de las muchas potenciales versiones que pueden redactarse sobre cada peripecia humana considerará a Gordón Lish un mezquino, un censor, el hombre que se atrevió a manipular los manuscritos de Raymond Carver (1938-1988).

Pero la verdad es otra y es de una belleza casi insoportable.

Lish fue el carveriano. Se atrevió, en su condición de editor y amigo, a recomponer los cuentos torpes de Carver, reducirlos, cambiarles el final, depurarlos de adjetivos y sentimentalismo, lograr que fuesen esenciales, abiertos, crudos, ejemplares en técnica y fondo como reconocieron durante años los lectores y los departamentos de literatura de las universidades.

Pero no era a Carver a quien leíamos. Era a Lish.

Alessandro Baricco lo ha contado con detalle, comparando ambas versiones una vez que se dieron a conocer los manuscritos originales.

The New Yorker publicó (en inglés) el original editado por Lish de uno de los cuentos más aclamados de Carver, De qué hablamos cuando hablamos del amor. Revisar el documento de trabajo sólo permite una conclusión: el segundo no sabía escribir finales, abusaba de las palabras y no tenía ni la más remota idea de la tensión emocional. No era, ni por asomo, el escritor de prosa destilada de la soledad y el suburbio. No era el nuevo Chejov.

En el artículo Carver no era carveriano, Edmundo Paz Soldán resume: “Lo carveriano es en buena medida una creación de Lish. Carver no era un minimalista; sus personajes no eran lacónicos, y sus silencios no lo eran tanto; había desolación, pero también una mirada sentimental que Lish eliminó sin compasión”.

Es decir, nos vendieron a un escritor que había sido inventado por otro. A Borges le hubiese encantado esta parábola del hombre y sus múltiples sombras.

Hoy quiero recomendar al otro Gordon Lish, el que firma con su propio nombre.

"Perú" y "Epígrafe"

"Perú" y "Epígrafe"

A pesar de que se trata de un escritor de ficción reconocido desde los años ochenta, en el mercado español no había nada suyo. Tuvo que llegar una editorial independiente, Periférica, para traernos a este autor cuyas obras no dejan prisioneros, no consienten la apatía.

Primero fue Perú, una torva narración sobre un niño que mata a otro niño.

Este año llegó Epígrafe, donde Gordon Lish inventa a un personaje, llamado Gordon Lish, que se dedica a escribir en estado de catarsis una serie de epístolas mortificantes tras la muerte de su mujer.

Ambas novelas son de lo mejor de la literatura estadounidense de los últimos cincuenta años. Empiecen a leer y, pueden creerme, terminarán agarrotados, enganchados al libro como a una placenta. No se sale de Perú o Epígrafe siendo la misma persona.

Lish merece bastante más crédito como novelista que por ser el inventor del minimalismo carveriano.

Ánxel Grove

Cuando los soldaditos de plástico vuelven de la guerra

26 agosto 2011
Uno de los soldados de 'Casualties of War'

Uno de los soldados de la serie 'Casualties of War'

Casi siempre de un plástico barato, pero resistente, de un ya clásico verde oscuro. Se venden casi al kilo, en cubos que contienen puñados de ellos, a un precio ridículo.

Ideales para las batallitas, en posturas polivalentes, incluso pueden funcionar de arma arrojadiza. Nunca un juguete representó mejor la carne de cañón que esos soldaditos.

Comenzaron a fabricarse tal y como los conocemos en Estados Unidos, en el año 1938. Eran hombres valerosos, con uniformes y armamento de la II Guerra Mundial, que al término del conflicto se congelaron en el tiempo.

Nadie modificó los diseños. Las nuevas figuritas siguieron naciendo de los mismos moldes, luchando en una eterna guerra de mediados del siglo XX. Parecían proceder de la nada, no tener otra misión en la vida que combatir.

'Casualties of War' - Dorothy

'Casualties of War' - Dorothy

El estudio de diseño Dorothy, en la ciudad inglesa de Manchester ejercita la fantasía trágica en Casualties of War (Víctimas de la guerra), una colección de soldaditos verdes que refleja los traumas del combatiente que vuelve a casa con las secuelas físicas y psicológicas del que ha vivido el infierno del conflicto, de la carne de cañón.

La inspiración no fue otra que la vida real. En 2009 el Colorado Springs Gazette publicó bajo el título de Casualties of War una serie de reportajes que seguía la vida de los componentes de un batallón tras volver de la guerra de Iraq.  Participaron en reyertas, en palizas, en violaciones, comenzaron a conducir borrachos, drogarse, pegar a sus mujeres

Apuñalamientos, secuestros y suicidios producían un reguero de sucesos que tenían como protagonistas a seres humanos que habían sobrevivido, pero no sabían cómo sobrevivir.

El New York Times también arrojó datos escalofriantes en octubre de 2010, cuando publicó una investigación centrada en California que revelaba que entre 2005 y 2008 habían muerto más veteranos menores de 35 que soldados en las guerras de Irakq y Afganistán. En esa cuenta sólo entran los que han pedido ayuda al Department of Veterans Affairs (la unidad administrativa dedicada a los asuntos de los veteranos de guerra).

La amputación, la violencia doméstica, la mendicidad, el suicidio… El estudio británico no creó las figuritas para venderlas, sino como un ejercicio de creatividad y denuncia.

Sus creadores han confesado recientemente que los soldaditos “generan un gran interés entre las asociaciones de veteranos de Estados Unidos y Canadá, que se han conmovido por nuestras pequeñas esculturas, pequeñas pero poderosas”.

Helena Celdrán

Las húmedas fotos inapropiadas de Victor Cobo

25 agosto 2011
Víctor Cobo

Víctor Cobo

Emerge del negro. Implacable: el cuello alzado de bestia, el pellejo de los senos castigados, desmembrada, hembra que sufre o clama.

¿Han pagado por su celo? ¿Es la humedad sincera?¿Tiene fiebre o finge el fuego?

No tienes derecho a hacerte algunas preguntas. Mejor cállate. Tú nunca te acercarías, gallina. Ni siquiera quieres ver. Eres demasiado letrado para tan escaso verbo. Aquí mezclamos saliva y hollín. Es el único cóctel posible.

Víctor Cobo (1971) no es un testigo imparcial: bebe del vaso sucio de la noche, fuma la piel-cenicero, comparte el grito del orgasmo.

Víctor Cobo

Víctor Cobo

Algunos fotógrafos tocan la puerta con modales de prosélitos, aguardan a que abran, saludan, juegan al intercambio… Ceremonias inútiles cuando has llegado al callejón de las lenguas cortadas. Nadie tiene demasido que decir en estas fotos donde todo se reduce al hambre espesa de la piel.

“Las imágenes que recolecto son tanto sobre mí mismo como sobre las personas retratadas. Son una exploración de viajes reales e imaginarios que implican no sólo un desplazamiento físico, sino también pasadizos psicológicos y emocionales“, explica Cobo.

Las palabras del fotógrafo son meditadamente tibias, nos alejan de la verdad escénica y criminal de Down in the Hole, la serie de Cobo sobre la “frontera abierta” de la ciudad de San Francisco (EE UU) y sus menos jubilosas facetas: drogas, sexo, orín, desperdicios, el vinagre de las lágrimas y la sal de las falsas sonrisas.

Víctor Cobo

Víctor Cobo

La serie se titula como una muy conocida canción: Tiene el fuego y la furia / Bajo sus órdenes / Pero no debes tener miedo / Porque si vamos de la mano de Cristo / Estaremos a salvo / Del trueno de Satán.

Algunas canciones son actas notariales.

Acabo de leer una reseña sobre las fotos donde se equipara a Cobo a una “versión contemporánea de Baudelaire“, hocicando calles en busca de una intriga.

No estoy de acuerdo con la comparación. Cuando el autor de Las flores del mal se entregaba al vicio, no era capaz de sacarle partido y terminaba sufriendo otra de las múltiples formas del tedio, la virtud que Europa ha convertido en ciencia.

En el gesto penitente de la muchacha inclinada hacia delante que, con los ojos cerrados, y la carne abierta, demanda todo, es decir, cualquier futuro, hay una única promesa: “no habrá aburrimiento posible entre nosotros”.

Cobo me remite a Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont, muerto a los 24 años después de encargar a la imprenta diez copias de Los cantos de Maldoror.

Víctor Cobo

Víctor Cobo

Las muchachas demandantes de Cobo conocen las consignas de Ducasse: “Tenle vendados los ojos mientras tú desgarras su carne palpitante; y después de haber oído por largas horas sus gritos sublimes, similares a los estertores penetrantes que lanzan en una batalla las gargantas de los heridos en agonía, te apartarás de pronto como un alud, y te precipitarás desde la habitación vecina, simulando acudir en su ayuda”.

Al igual que Ducasse, el fotógrafo es un desterrado: creció en el norte del estado de California pero su sangre es española.

Al igual que Ducasse, optó por renegar del academicismo: robaba las cámaras de su padrastro para practicar con los amigos la parranda teatral del travestismo y la crueldad.

Víctor Cobo

Víctor Cobo

Al igual que Ducasse, fue castigado por el dulce delito de la perversión: en 1999 le despidieron de su primer trabajo por llevar encima fotos inapropiadas que tomaba en las calles de San Francisco durante el break para comer.

No se equivoquen: Cobo no es un retratista de burdel a la manera de Susan Meiselas, que no es capaz de dejarse llevar por su parte animal y antepone razón a intuición.

El autor de Down in the Hole es un adicto al point and shoot a la manera de Moriyama: hizo muchas de estas fotos con cámaras de uso rápido. Pensar es perder.

A Cobo gustan el aislamiento, los recuerdos, los sueños y, está claro, la sexualidad…

No se comporta con la apática idiotez amanerada de los retratistas del eterno femenino. Está demasiado implicado y es demasiado curioso para permanecer en la contemplación y quiere, por curiosidad y riesgo, entrar en la acción.

Víctor Cobo

Víctor Cobo

Sus fotos rebotan: es él quien espera al otro lado del pasillo subterráneo, de paredes pintadas con sudor, que va a recorrer la mujer del otro extremo. Avanzará, como el fotógrafo-coreógrafo le ha ordenado, con las manos a la espalda. Un asalto y una entrega.

En algún lugar he leído a Cobo afirmar su compromiso con “renegados, marginales y supervivientes”.

No era necesario que lo explicase. Las fotos, húmedas y locuaces, habían hablado antes.

También chillan las de otro de sus reportajes, Americam Dreams, donde retrata otra forma de prostitución: el camino hacia los EE UU de los inmigrantes centroamericanos.

Víctor Cobo

Víctor Cobo

En la última foto de esta selección la mujer ha sido envuelta en film plástico alimentario.

No es una variante del sushi corporal (nyotaimori), pero se le acerca en devoción fetichista.

La foto está casi vacía: el cuerpo apretado por la tensión obstinada del plástico, los pies de otras personas que parecen esperar o tal vez sólo observan con curiosidad, un suelo que retiene demasiadas historias similares como para dar importancia a una ceremonia más…

Cobo espera y dispara.

Es uno de esos fotógrafos (y cada vez hay menos) que saben que las fotos, como las estrategias y acaso la vida, han de ser inapropiadas o no ser.

Ánxel Grove

“Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”

24 agosto 2011
Groucho, Chico y Harpo en 'Un día en las carreras' (1937)

Groucho, Chico y Harpo en 'Un día en las carreras' (1937)

“Actúan como gente normal y se comportan como nosotros deberíamos si las regulaciones sociales no lo impidieran”, dijo de los Hermanos Marx un crítico francés tras ver Plumas de caballo (Norman Z. McLeod, 1932).

Creaban situaciones de delicioso caos que rezumaban espontaineidad aunque el diálogo estuviera escrito. No existirá nunca un camarote como el de Groucho, Chico y Harpo: el núcleo de un grupo de comediantes que fueron en la década de los años treinta los niños mimados de Hollywood.

Groucho era el líder, estrafalario y emblemático, atractivo y absurdo, de la troupe familiar. Niño inseguro, hombre desconfiado, cruel con las mujeres, insomne, ingenioso hasta el punto de no saber cuándo dejar de ser su propio personaje…

Hoy dedicamos un Cotilleando a… al hombre que se fusionó con un bigote maquillado, unas cejotas, unas gafas y un puro, al humorista, actor, escritor y generador de frases que no dejaban títere con cabeza: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en cualquier parte, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar los remedios equivocados”.

El camarote de los Hermanos Marx

El camarote de los Hermanos Marx (Una noche en la ópera, 1935)

1. “Debo confesar que nací a una edad muy temprana”. De padres alemanes de origen judío, Julius Henry Marx nació el 2 de octubre de 1890 en Nueva York tras Leonard (Chico) y Adolph (Harpo). Después nacieron Milton (Gummo) y Herbert (Zeppo). Los dos últimos se dedicaron al espectáculo durante poco tiempo. Los hermanos mayores y los menores hacían piña. Julius, más feo y menos gracioso que ellos, pasaba desapercibido y sentía que sobraba. Envidiaba tanto la amistad de sus hermanos que su madre Minnie lo llamaba der Eifersüchtige (en alemán, el celoso).

2. “A mi madre le encantaban los niños. Hubiera dado lo que fuera por que yo hubiera sido uno”. Los hermanos Marx comenzaron a actuar por los vodeviles de Nueva York animados por su madre, Minnie Schoenberg, que llevaba la voz cantante en casa y quería que sus hijos se dedicaran al espectáculo. Minnie tenía un hermano (Al Shean) que era actor de vodevil y ella misma fue la mánager de los Hermanos Marx en sus comienzos. Tras el éxito de estas representaciones, pasaron a actuar en Broadway. Después llegaron las películas con la Paramount y la Metro Goldwin Mayer: Pistoleros de agua dulce (Norman Z. McLeod, 1931), Plumas de caballo, Sopa de ganso (Leo McCarey, 1933), Una noche en la ópera (Sam Wood, 1935), Un día en las carreras (Sam Wood, 1937)…

Groucho con Marilyn Monroe en 'Love Happy' (1949)

Groucho con Marilyn Monroe en 'Love Happy' (1949)

3. “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”. Cuanto más avanzaba su carrera, más le costaba a Julius separar el personaje del hombre. Por una parte quería ser familiar y responsable, afrontar el espectáculo como un negocio y un trabajo igual que cualquier otro. Pero su falta de confianza en otras personas que no fueran sus hermanos le dificultaba relacionarse con el mundo si no era con el chiste constante de Groucho.

4. “A mí me casó un juez. Debí pedir que también hubiera un jurado”. Contrajo matrimonio tres veces, siempre con mujeres hermosas y más jóvenes que él. Su primera esposa fue Ruth Johnson, actriz y bailarina que salía con Zeppo (el menor de los Marx) cuando Groucho se fijó en ella. Ruth se había criado fuera de Nueva York, era poco sofisticada y fácil de complacer. La poca confianza en sí mismo hizo que aquella chica rubia fuera ideal. Él la dominó y la intimidó en los 22 años que duró el matrimonio, en un ansia de demostrar que él siempre estaría por encima de una mujer. Esta reveladora  película doméstica  muestra al cómico con su mujer y sus dos hijos, comportándose a ratos como Julius y a ratos como Groucho y racionando el dinero a Ruth, quien tenía que consultar a su marido hasta el último gasto, por pequeño que fuera.

Groucho en 'Los Hermanos Marx en el Oeste' (1940)

Groucho en 'Los Hermanos Marx en el Oeste' (1940)

5. “¿Le importa si no fumo?”. Durante la ley seca Groucho y sus hermanos frecuentaban bares clandestinos más por el placer de burlar la ley que por emborracharse: Harpo no bebía por problemas de riñón, Chico prefería el juego a la bebida (tuvo problemas económicos por culpa de las apuestas) y a él, que nunca le había interesado demasiado el alcohol hasta la prohibición, se le pasó pronto. Sin embargo su mujer Ruth comenzó a buscar en el whisky el consuelo y la autoestima que no le proporcionaba su marido.

6. “Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción”. En su vejez, confesó a su biógrafo y amigo Hector Arce que odiaba el mote que llevaba utilizando 60 años. Fue el monologuista Art Fisher quien bautizó a los hermanos Marx durante una partida de poquer, basándose en la tira cómica Hawkshaw el detective, cuyos personajes tenían nombres terminados en la letra o.

7. “Tardé tanto en escribir la reseña que nunca llegué a leer el libro”. Era amigo del escritor William Peter Blatty, autor del libro El Exorcista. Cuando se rodó la película en 1973 Groucho iba a aparecer fugazmente al comienzo de la historia, pero al final el cameo no fue posible por incompatibilidad de agendas.

Grouch presentando el concurso 'You bet your life'

Grouch presentando el concurso 'You bet your life'

8. Concursante: “Esta no es mi mujer”. Groucho: “A mí no me venga con sus problemas”.
En los años cincuenta, presentó un programa de televisión de gran éxito: You bet your life (Apueste por su vida), un concurso en que primaba sobre el juego la interacción entre el cómico y los concursantes, que siempre eran un hombre y una mujer.

9. “¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí”.
Murió en agosto de 1977 por una neumonía. La noticia quedó eclipsada por otra muerte: Elvis Presley había fallecido tres días antes. Juliu Henry Marx fue cremado y sus cenizas están en el cementerio Eden Memorial de Los Ángeles.

10. “Perdonen que no me levante” fue el epitafio que sugirió entre bromas en una entrevista, pero la leyenda de que esa es la frase que adorna la tumba es falsa. En el mausoleo sólo figura el nombre artístico de Julius, una estrella de David y los años de su nacimiento y muerte.

 Helena Celdrán

La sensualidad y la repulsión de la boca

23 agosto 2011
'Lick Line #39' - Julia Randall

'Lick Line #39' - Julia Randall

Están fuera del contexto del rostro, posan con muecas, con la pronunciación acrobática de un nuevo sonido, con la fiereza que implica enseñar los dientes…

Masticar, salivar, articular, seducir. Julia Randall (Nueva York-EE.UU, 1968) se rinde a la sofisticación de la boca humana.

Lenguas, labios y dientes componen el corpus de su idioma artístico. La destreza y precisión de su técnica a lápiz, limpia y detallista, le permite “hacer un acercamiento humorístico”, estudiar cómo la boca pasa del mundo natural al fetiche.

En la colección de influencias que rondan su cabeza cuando dibuja, flotan imágenes de inventos surrealistas, ideas dadaistas  y colores cálidos y sombríos de objetos decorativos franceses del rococó dieciochesco.

Presumo que Randall piensa a menudo en el broche de rubíes y perlas de Dalí, en el sofá de labios, en la sensualidad de  las volutas (que podrían ser lenguas) de un mueble o un reloj de salón recargado.

El conjunto de ilustraciones que hoy protagonizan la sección de Obsesiones pertenece a una serie que la autora llama Lick Line (algo así como Línea de lamer).

En cada dibujo los labios se fruncen, las lenguas sobresalen, “hacen señas a quien las mira con ánimo de que alguien se acerque a ellas”.

Cada día producimos unos 1,7 litros de saliva, otra de las protagonistas de la obra de esta artista exploradora de las cavidades bucales.

En uno de estos estudios de expresividad, le saca partido al líquido con unos labios en forma de “o” que producen una burbuja con borden flanqueados por otras burbujas más pequeñas. Impresiona el detalle con que Randall añade a las babas el reflejo de una ventana, convirtiendo la boca en un ojo irritado. “Devuelven la imagen del lugar que ocupa el voyeur“, explica la artista, jugando siempre a unir repulsión y sensualidad.

Helena Celdrán

Una peregrina sin megáfonos

21 agosto 2011
Egeria

Egeria

Ahora que el santísimo carrusel se ha detenido, la Santa Esperanza ha vuelto al bordado de su tupida tela de araña y los gendarmes se ocupan, como dicta el dogma de la sagrada democracia, de seguir apaleando a los de siempre, traigo a la sección Top Secret del blog -dedicada a personajes en semi penumbra- a una peregrina que, a diferencia de Benedicto XVI y sus hordas de cachorros, no necesitaba megafonía.

Una peregrina que practicó la condición básica de toda búsqueda, el silencio.

Egeria, que éste parece ser, según dicen los historiados, el nombre más justo (algunos cronistas la llaman también Eteria, Etheria, Echeria o Eucheria), fue mil años antes de Marco Polo la primera cronista viajera: cruzó el mundo conocido aquejada de la dermis enrojecida de los ansiosos de lejanía.

Vivió en la segunda mitad del siglo IV, una edad trémula: acababan de envenenar al presbítero alejandrino Arrio, discutidor de la esencia divina del Dios Hijo, a quien Arrio y su doctrina, el arrianismo, consideraban creado por Dios Padre a partir de la nada, negando la consustancialidad de ambos.

Decía Arrio que el Verbo, aún antes de la creación, había sido engendrado por Dios, una afirmación de gravísimas consecuencias ya que afectaba a la esencia misma de la obra de la redención: si Jesucristo, el Verbo de Dios, no era Dios verdadero, su muerte careció de eficacia salvadora y no es cierta la redención del pecado del hombre.

Arrio de Alejandría

Arrio de Alejandría

Arrio, de origen libio, era un bardo y un gran propagandista: componía pequeños manuales, oraciones y letrillas para el mar, el molino, el camino…

Sus sermones eran cantados y tenían un deje funk de seductora modernidad. Nada que ver con la palabra-apocalipsis del via crucis madrileño:

Nos persiguen porque decimos
que el Hijo tiene comienzo
pero que Dios es sin comienzo

Por esto nos persiguen
porque decimos que es de la nada
que es de la sin sustancia

El que no tiene comienzo hizo al Hijo
y se lo ofreció a Sí mismo como Hijo
y lo adoptó entonces como Hijo

Diré claramente cómo ve el Hijo al Invisible
por aquel poder por el cual ve Dios
a su propia consustancia

Espíritu, Poder, Sabiduría,
Verdad, Imagen, Palabra
Resplandor y Luz

A Arrio le acusaron de amaneramiento (ya ven como algunas estulticias semánticas viajan a través de los siglos); de practicar artes adivinatorias aprendidas de los taumaturgos del desierto egipcio; de reptar en forma de lagarto; de dominar el arte de los fuegos de refugio; de beber sangre de bestias a través del hueso vacío de un aguila de cabeza blanca; de embrujar a sus enemigos mediante ceremoniales en los que, desnudo, masticaba uñas de la víctima; de cantar…

Finalmente, en 336, sus detractores le envenaron mientras tomaba un baño, en la víspera del día en que iba a ser readmitido en la comunión de la Iglesia.

Unos años antes del asesinato de Arrio el primer concilio universal de la iglesia católica, el de Nicea, aprobó el credo:

A quienes digan, pues, que hubo cuando el Hijo de Dios no existía, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son, o que fue formado de otra substancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o variable, a éstos anatematiza la iglesia católica.

Es decir, el concilio eliminó la intuición de Dios, a quien desde entonces las altas jerarquías de la Iglesia Católica prefieren que imaginemos como a un gendarme omnipresente, omnisciente y omnipotente .

El Imperio Romano en los tiempos de Egeria

El Imperio Romano en los tiempos de Egeria

Los tiempos de Egeria eran agitados: el Imperio Romano estaba a punto de derrumbarse por la presión de los bárbaros del norte, gente que vestía pieles animales, despreciaba la lengua escrita y veneraba a deidades húmedas e impenetrables que habitaban los bosques negros de Germania.

Ni siquiera el muy oportuno descubrimiento de la cruz de Jesucristo, desenterrada del monte Gólgota en 326, puso orden en un mundo donde moraba el hongo.

La patrística cristiana atribuye el hallazgo de la cruz a Santa Helena, una humilde posadera (stabularia) que dio a luz a Constatino el Grande, César de Occidente desde 308.

Ya anciana y magnetizada por Jerusalén, Helena excavó algunos de los santos lugares, erigió iglesias y termas y embelleció la Gruta Sagrada.

Egeria inició su viaje (itinerarium, dicen los manuscritos con un hermoso giro léxico) en el “extremo litoral del mar océano occidental”, en el año 381.

Era gallega, quizá del Bierzo. Es decir, gallega sin género de duda, porque, como los embutidos de cerdo y la pasión por las castañas atestiguan, las tierras del Bierzo, en la franja occidental de León, pertenecen a Galicia y fueron anexionadas a Castilla por meras razones imperiales y de unidad territorial.

El manuscrito viajero de Egeria, en forma de diario epistolar escrito para sus “hermanas” de fe, fue descubierto por casualidad en 1884 por un erudito italiano, Gian Carlo Gamurrino, que ponía orden en una biblioteca italiana de Arezzo [hay una excelente edición crítica en castellano en la Biblioteca de Autores Cristianos].

El códice, escrito en bajo latín, describía una “peregrinatio” hacia algunos lugares bíblicos de una viajera a quien los investigadores tardaron en poner nombre: en 1903 fue asignado a Egeria, una dama de la Gallaecia, acaso emparentada con el emperador Teodosio, oriundo de Coca (Segovia).

Egeria

Egeria

Egeria viajó a la tierra bíblica entre 381 y 384: atravesó Europa por la Vía Domitia hasta Roma, siguió por la Capadocia y las montañas del Tauro hasta Antioquía y embarcó para navegar hacia Sycania (la actual Haifa), puerta de entrada a Tierra Santa.

Los casi tres años que Egeria permaneció en Palestina los dedicó a una gira mística nada típica: prefirió la Tebaida de los ermitaños ascéticos a los grandes templos cristianos, el sepulcro de San Juan a los martyria de los patriarcas…

Finalmente subió hasta el Yébel Musa, el Monte de Dios o Sinaí, en cuya cumbre una pequeña capilla veneraba la zarza ardiente de Moisés. La capilla era mantenida por monjes anacoretas, desnudos y vegetarianos y había sido erigido y fundada por Santa Helena.

Quizá Egeria estaba relacionada con una colectividad priscilianista: escribe a una comunidad religiosa de mujeres; utilizaba textos apócrifos, entre ellos la correspondencia entre Jesús y Abgar; observa y anota las costumbres de ayuno de Palestina; tiene especial interés en los monjes ascéticos y visita a miembros de la secta de los apostólicos, que agrupaba a hombres y mujeres…

Prisciliano, también gallego, fue un proto hippie radical (vegetariano, nudista, abstemio, místico y gnóstico). Le ejecutaron (decapitación) con seis de sus fieles por orden de un tribunal sumarísimo de la curia en 385. Fue el primer religioso católico ajusticiado por la Iglesia por herejía.

Detalle de un fresco en el posible templo priscilianista de Santa Eulalia de Bóveda (Lugo)

Detalle de un fresco en el posible templo priscilianista de Santa Eulalia de Bóveda (Lugo)

En el juicio le acusaron de depravación herética por orar en desnudez, permitir el conciliábulo con mujeres (“se cierran solos con mujercillas, entre coitos y abrazos les cantan los versos virgilianos”), practicar danzas nocturnas de sentido astral, realizar ejercicios tántricos tras largas vigilias, ponderar el ayuno, conseguir que los campesinos obtuvieran buenas cosechas mediante la consagración de los frutos al sol y a la luna, utilizar artes adivinatorias y piedras de abraxas, recomendar la lectura de los evangelios apócrifos, proponer una idea poética de dios.

Prisciliano está enterrado en la catedral de Santiago y es venerado como patrón de España, aunque bajo la identidad sombría, consentida por la iglesia católica, de un apóstol imposible.

Uno de los más bellos templos de la península, Santa Eulalia de Bóveda, en los placenteros robledales cercanos a la ciudad de Lugo, podría haber sido uno de los lugares de culto de los priscilianistas.

En su Himno a Jesús, Prisciliano escribió:

Quiero desatar y quiero ser desatado.
Quiero salvar y quiero ser salvado.
Quiero ser engendrado.
Quiero cantar; cantad todos.
Quiero llorar: golpead vuestros pechos.
Quiero adornar y quiero ser adornado.
Soy lámpara para ti, que me ves.
Soy puerta para ti, que llamas a ella.
Tú ves lo que hago. No lo menciones
La palabra engañó a todos, pero yo no fui
completamente engañado.

En Madrid, la semana pasada, a Prisciliano le habrían apaleado los gendarmes.

Ánxel Grove

Ovillos de lana para hacer grafitis

19 agosto 2011
Crochet en un arbol

Crochet en un arbol

Árboles abrigados, una boca de incendios convertida en E.T, estatuas modificadas, una emblemática cabina de teléfonos forrada contra el frío de Londres…

Hace unos cinco años -no se sabe con exactitud cuándo ni dónde- comenzó a crecer una nueva forma de arte callejero a la que ahora llaman el Yarn Bombing (bombardeo de hilo)  o Guerrilla Knitting (ganchillo de guerrilla).

Muchos ovillos de lana y técnicas trabajosas como el punto o el tricotado servían de protesta a los artistas de las grandes ciudades europeas y estadounidenses, rodeados de deshumanización y frialdad urbanas. Demandaban un poco de calidez y un ambiente un poco más acogedor en los lugares públicos.

Estatua de Rocky en Philadelphia

Estatua de Rocky en Philadelphia

Me agradan la inventiva y la intención traviesa de los bombardeos textiles. Me gusta que  no sean etiquetables como vandalismo y no exista el deterioro, que no haya manera legal de frenarlos. Pero tras ver unos cuantos ejemplos de aparcamientos de bici multicolor y animalitos colgando de verjas la cosa se me antoja ñoña y algo inocua de más.

El ejemplo que traigo a la sección de Artefactos es un paso más en esta espiral de nudos y trenzados. Técnicamente no es lo mismo que las manifestaciones callejeras de lana trabajada, porque no hay agujas de por medio.

Lo que hacen Hot Tea -artistas de Minneapolis (EE.UU)- se aleja del osito en la farola y los calentadores en las pantorrillas de una escultura.

Utilizan el hilo y la lana como lienzo para el espray: “Creamos una superficie alternativa usando la arquitectura que ya existe”, dice con un escueto comunicado en su página web.

El vídeo que muestra la creación de Wildlife (su proyecto más reciente), es una prueba de que la paciencia es un valor en auge.

Dos barras metálicas flanquean un callejón abandonado de puertas tapiadas y vegetación en el suelo. Uno de los componentes de Hot Tea une los dos postes con el hilo de varios ovillos de difentes colores. Comienza temprano por la mañana y termina por la noche, con una plantilla que muestra la silueta de un hombre colgado de arriba, a punto de caer en las fauces de un cocodrilo.

Si los grafiteros y plantilleros buscan la pared, ellos necesitan el hueco vacío para construir una. Crean un arte callejero frágil y no destructivo, pero al fin y al cabo aparatoso. Vean y me cuentan.

Helena Celdrán