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La vida tiene mil detalles. Ninguno permanece… por suerte o por desgracia.

Tren de la sexualidad

Juan Antonio Reig Plà

Juan Antonio Reig Plà, obispo de Alcalá.

Que le destituyan de una vez o que pongan ya un monumento en la plaza de Cervantes al obispo de Alcalá.

Que levanten una tremenda escultura en homenaje al máximo exponente de la ignominia a este cura de Guinness, hombre-récord de barbaridades, que no de cerveza… supongo.

La última ocurrencia del ínclito Juan Antonio Reig Plà ha acabado en los tribunales, por comparar el Tren de la Libertad (en el que miles de mujeres se manifestaron en contra de la reforma de la ley del aborto) con los trenes nazis de Auschwitz.

Los demandantes piden en la querella que se retracte públicamente, que pague una indemnización simbólica que iría destinada a una asociación de planificación familiar y que acuda a una clase de educación sexual.

Sí, señor obispo, aproveche esta oportunidad y vaya a esos cursos. Todavía está usted a tiempo de coger el tren de la información sexual real, ese que viaja por calles e institutos y no ese otro que traquetea en despachos con crucifijo en la pared.

3 comentarios

  1. Dice ser Alicante Gusta

    Solamente ver la cara del personaje ese me repugna, no me vale lo que diga ni sus disculpas…. si es que lo hace alguna vez

    http://alicantegusta.com/servicios-profesionales.html

    20 octubre 2014 | 08:23

  2. Dice ser Carla

    Que deje de una vez de preocuparse tanto por la sexualidad de los demás y comience a mirarse el porque de esa obsesión. Entre tanto sería conveniente que los medios se hicieran eco de los expertos en sexualidad en lugar de estos iluminados.

    Carla
    http://www.lasbolaschinas.com

    20 octubre 2014 | 09:08

  3. “Muchos políticos católicos como Ana Botella o Ruíz-Gallardón alardean de que “el nuestro es un Estado laico, no confesional” como clara muestra de la confusión que al respecto propician con su falso laicismo y que sólo la realidad clarifica, al confirmar con los hechos que España no es laica ni tampoco confesional. Intentaré explicar porqué a largo de este artículo.

    Si, conceptualmente, un estado aconfesional es aquél que no reconoce como oficial a ninguna religión y un estado laico el que aboga por la independencia de cualquier confesión religiosa, nada de ello se da en nuestro país donde la omnipresencia del catolicismo en actos institucionales lo convierte de facto en la religión oficial del Estado.

    Con un sesgo algo retorcido, hay quienes afirman que España es un país con tendencia a la separación Iglesia-Estado y neutralidad ante las religiones tomando como referencia el artículo 16 de la Constitución donde se menciona las “relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. A este respecto, Jaime Bonet (profesor de Derecho Eclesiástico) dice que a España se la podría considerar como un país laico con “separación mitigada” entre Iglesia y Estado al tener que “cooperar” con las religiones.

    Lo que sí queda claro es que, ni socialistas ni populares han querido nunca replantearse la relación Iglesia-Estado pese a que ese mismo artículo 16 de la Constitución diga también que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, una contundente declaración de principios pese a la cual es posible que en España, una ministra de empleo pida ayuda a la Virgen para salir de la crisis o un ministro de Interior le conceda a otra virgen (María Santísima del Amor) la más alta medalla al mérito policial, esperpento digno de un país de opereta y de unos ministros que, aunque tengan derecho a profesar sus creencias, también tienen la obligación de no hacer ostentación de las mismas en actos oficiales.

    De esto se colige que España nunca será laica ni aconfesional mientras se sigan celebrando misas en los funerales de Estado y otros actos institucionales tanto civiles como militares. Tampoco lo será mientras la Iglesia Católica disponga de una “x” en la declaración de la renta y no la haya para cada religión o, aun mejor para ninguna, pues ningún impuesto debería sufragar gastos religiosos.

    Tampoco España será laica ni aconfesional mientras la Iglesia Católica (y otras confesiones) estén exentas de pagar el IBI, mientras se siga enseñando religión en las escuelas públicas en lugar de hacerlo en locales religiosos o mientras haya crucifijos (o se expongan motivos religiosos como belenes) en edificios públicos cuya presencia pueda afectar a la libertad de los fieles de otras creencias o quienes no profesan fe religiosa alguna.

    Ya por último, España no será laica ni aconfesional mientras el Estado siga otorgando indultos a presos con motivo de la festividad de Semana Santa, y lo que es más grave, indultos no concedidos tras el estudio de sesudos juristas sino a propuesta de los miembros de las cofradías de penitentes que deciden que presos del ámbito de su provincia deben quedar en libertad.

    Es un hecho que la separación Iglesia-Estado seguirá siendo un tema irresoluble mientras España se comporte como una democracia frágil y asentada sobre el estigma de ser un país de pandereta, curas y caciques que, al amparo de la tradición, mantiene vigentes ciertas prácticas contrarias a la libertad, la dignidad y hasta la cordura”.

    por Alberto Soler Montagud | Médico y escritor
    nuevatribuna.es | 16 Abril 2014

    26 octubre 2014 | 02:00

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