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Solo un capítulo más Solo un capítulo más

Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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Una guerra de horarios con muchas ‘víctimas’ y un solo ganador

Quizá fuiste uno de los que anoche no quería hacer otra cosa que ver la tele tranquilamente para acabar el día. Tu intención era disfrutar de lo mejor de la noche, algo que te entretuviese lo necesario y te permitiese relajarte antes de irte a la cama. Seguro que habría algo que destacaría por encima de la oferta del resto, por lo que sería fácil decidirte. Ayer martes tuviste buena y mala suerte. Había series y programas interesantes y que cuentan con mucha audiencia. Pero en todas las cadenas. A lo mejor ayer no lo sabías, pero anoche fuiste víctimas de la enésima batalla en la guerra de horarios televisiva. Y en la que, como siempre, solo pudo haber un ganador.1

Hace unos días, la lucha iba a estar entre dos espacios. El estreno de Allí abajo, la nueva comedia de Antena 3 protagonizada por María León que explota la manida relación entre vascos y andaluces, y Aquí paz y después gloria, eso que emite Telecinco con Antonio Resines. Estaba claro que iba a ser una noche interesante de cara a las audiencias. Para animarla aún más se metió por medio TVE, que entró anunciando que estrenaba la nueva temporada de Máster Chef, su programa más exitoso. De repente, las dos grandes privadas lo pasaron a tener muy crudo para ser líderes. Por eso una de ellas, Telecinco, decidió contraatacar con el cuchillo en los dientes: pasó a emitir un especial de El Príncipe, su serie franquicia, que era un avance de la nueva temporada que se estrenará pronto.

2Resultado: un espectador con una parrilla aparentemente atractiva y que solo puede ver una de las opciones. Quedándose sin poder disfrutar o sufrir lo que le ofrecen las otras cadenas. Y es que puede que no tenga tiempo, ganas o medios para recuperar en Internet lo emitido esa noche. Si le gusta Máster Chef y quería ver el estreno de Allí Abajo, está fastidiado. Lo mismo si le apetecía ver qué pasará en El Príncipe pero tenía interés por los nuevos cocineros de La 1. Al final, se priva al espectador, que en teoría es lo más importante, de lo mejor que se tiene.

Entiendo por qué se producen las guerras de horarios. Esto es un negocio, hay que ganar dinero y lo más fácil es hacerlo quitándole espectadores a tu competencia. Pero me resulta imposible compartirlas. Es un maltrato al que está esperando ver su programa, y que puede provocar desafección con la cadena o la televisión. Especialmente si se trata de perfiles que no tienen Internet o pasan del mismo para ver la tele. Ya sabemos que cada vez son menos, pero tampoco se tiene en cuenta otro perfil. Ese del que opta por ver lo español en la tele y lo de fuera en Internet. Vamos, el que pasa de los MiTele, Atresplayer y demás.3

Las cadenas no esconden que su interés está en llevarse más pasta, y que el espectador es contingente, pero no imprescindible. Sobre todo si eres el que más audiencia tiene. Lo malo es cuando pierdes esta batalla, el programa no funciona y tienes que retirarlo. Con las pérdidas de todo tipo que eso conlleva. A lo mejor ahí se arrepienten.

Pero, ¿tenemos razón para quejarnos de esto? Para ello he pedido a dos colegas que siguen mucho la televisión que cuenten qué les parece este fenómeno. El primero es Álvaro Onieva, de AgenTV, que compara lo de anoche con un gran partido de fútbol:

A veces, la televisión es la guerra. Y para los que la seguimos de cerca, hablando de ella y criticándola, batallas como la de anoche nos dan la vida. Era como un Madrid-Barça, salvo porque tienes que esperar al día siguiente para conocer los resultados. No es tan divertido, claro, para el espectador medio que, tal vez, deba elegir ver una cosa y perderse otra (aunque mejor que sobren buenas opciones a que falten) o para las productoras implicadas, aunque éstas ya deberían conocer las reglas del juego. Morir o matar. Ninguna noche se puede (o no se debería) dejar sin un producto que dé la talla y le ponga las cosas difíciles a la competencia. Cada noche hay que dar el todo e intentar cazar a cuantos más espectadores puedas. Y la audiencia, que no desespere, siempre puede recurrir al día siguiente al episodio en la web para ponerse al día.

También opina Elsa Aguado, de Vertele, que recomienda lo inevitable: resignarse.

La televisión española no tiene alergias primaverales y ha salido a la calle a lucirse: suma al ‘súper lunes’ el martes bélico del ‘todos contra todos’. No sorprende, las cadenas se sienten fuertes, porque en realidad no han arriesgado tanto. Han apostado por productos y temáticas al alza, como son la cocina o la ficción. Antena 3 acierta queriendo seguir con su firma de “la cadena de las series” por encima de la especialista en programas Telecinco, mientras que TVE quiso disparar con Máster Chef’ una de sus únicas balas seguras, en la progresiva pérdida de audiencia de la pública. En la guerra de audiencias siempre tiene que haber perdedores, pero la buena noticia es que al menos tenemos material donde elegir. Como los días no pueden durar 48 horas, el espectador español va camino de asemejarse cada vez más al americano, que tira de grabador y del ‘a la carta’. Verlo todo en estos tiempos de abundancia es imposible, así que mejor resignarse, y tomar aspirinas.

Podríamos resumir todo lo anterior en una expresión muy socorrida: estamos jodidos. Si nos gusta la tele o queremos descubrir las apuestas de las cadenas, es así. Es absurdo indignarse porque quieran ganar tener más beneficios haciendo la puñeta al del otro canal. Solo queda esperar que estos combates de prime time no abunden. Y si lo de ayer te molestó, asúmelo. No queda otra.

El Ministerio del Tiempo: un viaje emocionante a la calidad televisiva

Siempre me he quejado de que España no había alumbrado una gran serie desde Crematorio. Una que se diferenciase del resto, que no guardase relación alguna con lo que ya estábamos cansados de ver. Lo vulgar y absurdo había tocado fondo y arrastrado a la ficción española hasta el mismo pozo. Y cada estreno no lograba ni escalar un metro. Hasta que ha llegado El Ministerio del Tiempo, que ha traído luz a las series españolas. Y a la televisión en general.

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El argumento de un ministerio secreto que realiza viajes en el tiempo para evitar que se cambie nuestro pasado con el fin de impedir una catástrofe o cambios problemáticos en el futuro es original y brillante. Las misiones de la nueva brigada formada por un enfermero con nada que perder, un soldado de los tercios de Flandes y una pionera en estudiar junto a los hombres no tienen más misterio. Se inician de la forma más simple y se resuelven igual. Lo que engancha es lo que pasa entre la introducción y el desenlace. Que no es poco. Y que merece reconocimiento.

5La razón por la que esta ficción merece elogios es sencilla: su calidad. Pero, como podría decir Ferrán Adriá, ¿qué es la calidad? Existen distintas categorías. Y puede resumirse de forma compendiosa.

Entre los aspectos que hacen grande a El Ministerio del Tiempo están las píldoras inteligentes de actualidad, tan habituales en las series americanas y tan prostituidas en las españolas al emplearlas como gracieta metida con calzador. Aquí se habla de whatsapp, internet, política, idiosincrasia española (“improvisemos”), fútbol, etc. Y nunca resulta forzado. Hasta las palabrotas encajan.4

Esto último demuestra el gran trabajo de guión que existe. Todo está atado. Los diálogos están bien estructurados, son dinámicos y entretenidos. La mayoría, además, son divertidos. Pero lo que los potencia aún más son sus detalles. Meter letras de Leño en una conversación a versos con Lope de Vega solo está al alcance de los más ingeniosos. También están los sentimentales, como ese “Curro Jiménez” de Rodolfo Sancho al inventarse un nombre para que no le pillen. O la puerta 58 del funcionario que recuerda con nostalgia el doblete del Atleti. Un autohomenaje de Pablo Olivares, uno de los guionistas, que entraba por esta misma cuando iba al Vicente Calderón a ver a su equipo.

3Pero lo mejor del guión es su amplitud. Hay recursos de todas las épocas. Bromas del siglo XV y del XIX. Del XX y del XVII. Y las que quedan por aparecer. Porque no es fácil encajar en unos diálogos todo lo característico de un año concreto, ya sea 1470 o 1996. La investigación y documentación que hay detrás es evidente. Diría que inédita en este país, dado que las series históricas de aquí se han caracterizado por pisotear el rigor. Menos Isabel, que casualmente también es hija de Pablo y Javier Olivares.

La ambición de querer abarcar tanto provoca que los fallos sean inevitables. La minucia se magnifica en una serie que se atreve con la historia. Hay que tenerlo en cuenta, y señalarlo. Pero son tan pocos los errores y tantos los aciertos que los primeros pasan a ser una anécdota. No tener techo y aspirar a mejorar siempre es positivo. Aunque eso implique algún desliz que otro.2

Tampoco hay que olvidar lo técnico e interpretativo. En lo primero no hay nada que reprochar, pero sí que pulir. Los efectos especiales no desentonan, pero a veces se notan demasiado. Una presencia que también tienen los actores, en este caso para bien. Nacho Fresneda y Rodolfo Sancho están muy bien. Su “problema” es Aura Garrido, que está inmensa. Su Amelia ya ha sido bautizada como la Hermione de la serie. Detrás de su personaje fuerte e inteligente hay mucha inocencia. Si no, ¿de qué iba a caer tan fácilmente ante Lope de Vega?

6Con todo lo anterior, podría parecer que El Ministerio del Tiempo ya ofrece lo suficiente. Pues hay algo más: su mensaje. Es precioso. Poder vivir lo que para uno es imposible. A mí también me encantaría volver atrás para varios momentos. El concierto de Queen en Wembley del 86, por ejemplo. O la boda de mis abuelos. Todos tenemos una espina clavada. Una escala más en este viaje maravilloso a la calidad.

Por cierto: que TVE se gaste nuestro dinero en esto está muy bien. Tiene pasta de sobra para invertir en calidad. Y esa es su función. La mala gestión y la manipulación informativa seguirán ahí, pero series como El Ministerio del Tiempo demuestran que es posible otra televisión. Y es que una serie que va a incluir un personaje de un viajero en el tiempo protagonizado por el inmortal Jordi Hurtado tiene que ser tan buena como un servicio de habitaciones: por cojones.

Víctor Ros: la demostración de que otra ficción española es posible

Supimos de la existencia de Víctor Ros hace casi un año, cuando TVE anunció que iba a adaptar las novelas de Jerónimo Tristante en una miniserie protagonizada por Carles Francino. Las historias de detectives de siglos pasados me apasionan, y he visto todas las series del género que han caído en mis manos. Esta, la de un chaval que roba para que él y su madre puedan comer, y que acaba bajo la tutela de un policía que se da cuenta de que es listo y que le convierte en detective, me resultó atractiva al instante. Por eso entró en mi lista de prioridades y he esperado impaciente su estreno. Y tengo que decir que la espera ha merecido la pena. Además, ha servido para demostrar que otra ficción nacional, la que no tiene por qué ser para todos los públicos, es posible en España.2

Ya que la mayor parte de Víctor Ros es buena, empezaré por lo malo: el efectismo. Esos efectos digitales, en ocasiones de estilo de cómic, no me convencen y no me gustan. Tampoco el montaje de “efecto frenadol” a la hora de mostrar un flashback y regresar al relato actual del capítulo. Lo mismo me ocurre con parte de la iluminación. Como bien apuntaron en el programa especial posterior, la España de la etapa en la que están basadas las novelas (finales del XIX) y las propias comisarias eran lugares siniestros y lóbregos. Quizá la serie debería ser más oscura en sus escenarios interiores, ya que el ambiente de las calles está más logrado.

3Por suerte, lo anterior no es representativo de lo que ha mostrado la serie en un solo capítulo. Está bien hilada, la historia es atractiva, la mayoría de actores hace bien su papel (no todos) y provoca ganas de ver más. Esto último es un gran logro, ya que muestra una capacidad para el cliffhanger y por mantener vivo el interés por la trama. Algo que es mérito de los guionistas, que han sabido adaptar el misterio que rodea a las novelas de Tristante. Unos libros que están muy presentes, ya que lo mejor que se puede decir de Víctor Ros es que te da ganas de profundizar y leer las novelas en las que está basada. Y eso lo consiguen pocas.

¿Qué ha hecho la serie de TVE para convencer de esta manera a alguien que había perdido la esperanza en las series españolas? Currárselo. Fichar bien en todas las áreas. Sus guionistas son muy buenos, y han estado a la altura para adaptar una historia tan buena como la del detective. Sería el caso contrario al de los responsables de guión de Alatriste, vamos. Aunque también hay que tener en cuenta el impacto de la cadena en el resultado final: si la cadena pública ha metido mano, lo ha hecho bien; Telecinco, por contra, lo ha hecho todo mal con su carísima serie.1

Los buenos fichajes de Víctor Ros permiten esconder algo más las carencias de algunos actores. Lo malo es cuando estos son protagonistas. Que Megan Montaner es mala actriz no lo vamos a descubrir ahora. El problema es que comparte escena con grandes actores como Tito Valverde, y es en ese momento cuando queda retratada. La que podría parecer que también lo hace mal es Esmeralda Moya, porque su sobreactuación se ve desde China. Pero al menos está creíble, como Carles Francino. Cuesta encontrar una serie española en la que la mayoría del elenco te haga creerte lo que estás viendo. Esta no lo consigue del todo, ya que algunas interpretaciones me parecen demasiado simples. Pero esto no afecta de manera determinante, por suerte, al resultado final. Siempre se puede mejorar.

4Casi todo parece bueno en Víctor Ros, y la expectativa es que los otros cinco episodios sean tan buenos o mejores que el primero que ya hemos visto. La historia, por lo poco que he leído sobre lo que creó Jerónimo Tristante, se vuelve más interesante e intrigante.

Pero hay un aspecto aún más positivo, y es el estilo detectivesco. Lo clava. Lo que provoca que me haya recordado en algún momento a Endeavour (sobre todo en los minutos finales de resolver el crimen) y a Ripper Street. Ambas son series británicas excelentes. Víctor Ros va por el mismo camino, y es española. La perfecta demostración de que aquí, si se ponen los medios y se da trabajo a los buenos, también se puede hacer buena ficción.

¿Por qué se publicó que el caballo de Águila Roja había muerto?

El caballo que monta David Janer en Águila Roja está vivo. En perfectas condiciones. Siendo cuidado como se merece. El pobre animal que ha aparecido muerto por, presuntamente, culpa de un sinvergüenza, es uno que participó hace tres o cuatro años en el rodaje de la serie de TVE. Pero tuvo un papel secundario y no fue montado por ninguno de los protagonistas. Ante todo esto, muchos os preguntaréis, ¿por qué se publicó en los medios que había muerto ese caballo precioso que monta el protagonista?

Todo empieza en un tuit de la Guardia Civil.

1El instituto armado amplió lo anterior en una nota de prensa, donde comunicaba que habían acusado a una persona en Cáceres “por un supuesto delito de maltrato animal”. La razón: varios de los caballos de este ser “se encontraban en condiciones de desnutrición extrema“. Pero en uno de los subtítulos del comunicado se decía esto: “El equino muerto localizado con el nombre “Cervantino”, había participado en las series de televisión “Tierra de Lobos” y “Águila Roja””.

Los agentes supieron de las malas condiciones en las que vivían los animales del acusado gracias a una denuncia. Y lo que encontraron es indignante: en la finca había “unos quince caballos en deficiente estado de carnes y deshidratación, por falta de alimentos y agua”.

Todo lo anterior es denunciable, pero el que redactó la nota incidió en lo de las series en las que supuestamente había participado el equino. Lo hizo de esta manera: “Tras realizar gestiones sobre la identidad del animal equino muerto (…) se constata que se trataba de un caballo de nombre “Cervantino”, el cual había participado cuando era propiedad de otras personas, en el rodaje de distintas series televisivas, como “Águila Roja” y “Tierra de Lobos” entre otras, siendo montura habitual de los protagonistas de estas series”. Es decir, que lo montaban los personajes principales de estas series, según la Guardia Civil.3

Europa Press lanzó un teletipo sobre el tema, titulado “Hallado el cadáver de ‘Cervantino’, uno de los caballos de ‘Tierra de lobos’ y ‘Águila Roja’“. En su primer párrafo, contaba lo mismo que las autoridades: que era el que utilizaban los protagonistas. Los medios que decidieron publicar la noticia lo hicieron en base a la información de Europa Press, titulando por lo más sorprendente, que era que el animal formó parte de dos series de éxito.

Todo esto empezó el martes por la mañana. Horas después, la historia empezó a venirse abajo. Los que decidieron llamar a la productora de Águila Roja, Globomedia, pudieron enterarse de que los caballos principales de la serie están perfectamente. Y fuentes de la productora confirman que Cervantino participó en la serie, sí, pero que años atrás y de una manera testimonial. La propia serie lo desmintió así:

La productora de Tierra de Lobos, Boomerang, también aclaró que a Cervantino no lo utilizaron sus protagonistas. También participó en el rodaje años atrás, es cierto. Pero lo montó un actor secundario, y en pocas ocasiones, según fuentes de la compañía. El diario El País fue de los primeros en desmontar el bulo.

2Tras esto, los periodistas empezaron a llamar a la Guardia Civil. Sus responsables de comunicación se lavan las manos. A pesar de que mintieron en parte de lo que comunicaron: que el caballo era el de Gonzalo de Montalvo en la serie del ninja en el siglo de Oro y de los personajes principales de la ficción que emitió Telecinco.

Por tanto, hay que ser precisos. El animal al que han matado de forma cruel (de hambre) es otro. Pero no es el de los protagonistas de estas dos series.

Los periodistas fallamos en no contrastar, desde luego. Pero no veo necesario que una institución como la Guardia Civil tenga que dedicarse a poner detalles como estos para llamar más la atención de sus comunicados.

 

Por si a alguien le interesa este tema sobre animales en rodajes: “Ningún animal sufrió daños durante el rodaje (salvo los que murieron a golpes, ahogados o empalados)”.

Águila Roja: la inverosímil historia de un ninja en el Siglo de Oro español

1Las tonterías en forma de ficción por capítulos se mantienen fuertes en la televisión. El público se ha vuelto más exigente y cada vez exige historias más trabajadas, es cierto. Pero el ‘dramedia’ que perpetran los cuatro creadores/productores de siempre continúa triunfando. Las cancelaciones de Vive Cantando Ciega a Citas y el fracaso de payasadas como Hermanos indican que aún hay esperanza de que el modelo se reinvente. Lo peor son las bobadas consolidadas, que venden una idea “alternativa” y a pesar de no tener nivel triunfan. Es el caso de Águila Roja, que es líder de audiencia, pero que solo por su argumento debería ser quemada en una pira: cuenta la historia, atención, de un NINJA en el Siglo de Oro. Decir que es inverosímil es quedarse corto.3

Vi su estreno en febrero de 2009, y me tragué casi entera su primera temporada. Con los años la fui dejando por motivos obvios, y últimamente le he prestado más atención para ver si me sugería algo distinto tras siete entregas de capítulos. O si, por contra, seguía como siempre. Ganó la segunda opción. Sigue siendo la misma de la que me hablaban con indignación algunos amigos historiadores y filólogos, que no se podían explicar cómo un producto así había convencido al público.

Además del perfil del héroe, las interpretaciones en Águila Roja también contribuyen al despropósito. Salvo a Javier Gutiérrez (Satur) porque sabe meterse en cualquier papel y su capacidad para adaptarse a todo la tienen muy pocos actores.

4Tampoco se quedan atrás las tramas, que ya resultan forzadas y carecen de lógica al estar cerrada la idea principal con la que empezó la serie. Porque lo más interesante era que Gonzalo de Montalvo (David Janer) descubriese quién mató a su esposa para vengarse por ello. Todo lo que ha pasado después de dejar claro lo que ocurrió no lo he entendido. Ni sé cómo pueden estirarla tanto.

Pero más vergonzoso es que en algo basado en el siglo XVII te puedas encontrar de repente con gladiadores, por poner el ejemplo más evidente. Que a pesar de esa bofetada al rigor te vendan la serie como una clase de historia. Una vez más, no se trata de que esté confundiendo ficción con realidad. Es que lo que buscan aquí es hacer creer al espectador que en el Siglo de Oro se podrían haber dado ciertas situaciones que cualquiera que haya leído un libro sabe que son mentira.

Todavía me río cuando recuerdo a Francis Lorenzo decir que Águila Roja es “una de las mejores series del mundo”. Aunque lo mejor de todo es cuando lanzaron un libro sobre la época de la serie y aseguraron que estaba dirigido a los aficionados a la historia. 2

Soy muy fan de la ficción de superhéroes. Me encantan las de justicieros que se dedican a poner firme a todo el que se le pone por delante, ya sea de manera desinteresada o persiguiendo un fin concreto. Lo único que suelo exigir es que tengan algo de sentido. Si van a permitirse todo tipo de licencias, que lo que ofrezcan sea ficción pura y dura. Que nunca esté revestida de hechos históricos. Y si se trata de un personaje que vive en un contexto de siglos atrás, que todo lo que ocurra sea plausible y encaje con la realidad. Vamos, que sean un poco coherentes. Todo lo contrario que hace Águila Roja. Porque lo único que tiene de histórica está en sus aspectos técnicos: a pesar de estar en 2014, parecen del siglo pasado. Otro ejemplo de chonismo técnico, entre el bullet-time y la iluminación de after.

El innecesario regreso de Verano Azul

Hemos hablado en muchas ocasiones de la preocupante situación de la ficción española. A pesar de que las series patrias llevan muchos años en esta etapa, no deja de ser llamativo que no hayan hecho nada para cambiar, sino que han seguido haciendo lo mismo y potenciando esos rasgos que provocan que la calidad brille por su ausencia. Porque el problema es ese, el poco nivel que muestran los episodios de esos ‘dramedias’ descabezados en los que no sabes muy bien qué estás viendo al no ser capaces de aunar las características del drama y la comedia bajo una misma propuesta. Ya sabemos de sobra que las audiencias funcionan de maravilla, con el manido “cumple su función” y la poca exigencia de gran parte del público.13

El siguiente paso de la decadencia en las producciones hechas en nuestro país ha sido recuperar lo emitido hace 30 años. Esas series que de haberse estrenado en la actualidad no se habrían comido ni un mendrugo de pan, y que explotan la nostalgia para incitar al público a volver a verlas. Por eso TVE ha recuperado para estos meses de vacaciones Verano Azul. Y sigo sin entenderlo.

Comprendo que a nuestra televisión pública, esa que en dos años ha quedado reducida a cenizas tras la llegada del PP al Gobierno, le sale muy barato rescatar del archivo una ficción que tan buenos resultados le dio hace más de 30 años. Verano Azul solo necesitó 19 episodios y dos años para ser una de las inolvidables.

15Todo el mundo sabe (ojo, spoiler que nadie se espera) que muere Chanquete, que algunos de sus actores luego les fue bien en algunas series de los 90 y comienzos del nuevo siglo, además de que nuestros padres, abuelos y hermanos mayores le profesan un cariño indiscutible. Incluso le admito que tiene momentos inolvidables como el “no nos moverán”. Pero su vuelta ahora era simplemente innecesaria. Los que la adoran ya la conocen de sobra, y con la oferta de la actualidad parece poco probable que se paren otra vez con ella. Quizá el público objetivo sean nuestros abuelos. En fin.

Viendo Verano Azul en este 2014 lo que tampoco entiendo es cuáles son los puntos fuertes de una serie tan pobre de recursos, con actuaciones limitadas, y con un argumento que roza el absurdo. En 1981 tendría su sentido, y por eso hay que alabar y respetar mucho lo que hizo Antonio Mercero entonces. Pero, ¿qué favor se le hace al recuperarla tres décadas después a la propia ficción y a su creador? ¿Es que esperan conseguir atraer a los que nacimos a partir de finales de los 80? Lo dudo mucho. Más bien lo que hacen es perjudicarla por reponerla en un momento tan triste para la televisión pública.12

Me temo que la idea forma parte de la estrategia de los actuales responsables de TVE, que parece se han contagiado de los inexistentes conocimientos de televisión del presidente de la corporación RTVE: regresar al pasado. Su objetivo es recuperar lo que se emitía años atrás en lugar de arriesgar con otro formatos en los que se podría buscar no gastar mucho. Por eso nos vuelven a colar galas de José Luis Moreno presentadas por Ana Obregón, programas como Informe Semanal parecen de la época de Alfredo Urdaci (hay que repetirlo más: condenado en firme por manipulación informativa) y ofrecen como apuestas espacios de ‘telecaridad’ tan vergonzosos como Entre Todosque hasta ha sido denunciado por la Fiscalía.

14Verano Azul es una serie muy mala para la actualidad pero que resultó muy agradable en los años de su estreno e incluso una década después, durante esos 90 en la que muchos la vimos siendo niños. Y puede que su recuerdo se vea empañado por una decisión errada en el tiempo, en el que todo lo asociado a TVE acaba mancillado por el desmantelamiento que están llevando a cabo de la misma a través de los programas basura y unos informativos que cuentan con denuncias constantes de sus trabajadores por lo sesgados que son.

Habría sido muy fácil encargar una serie veraniega que intentase salir del corsé de la Marca España televisiva. O que incluso fuese del perfil que lamentablemente triunfa en España (al menos sería una novedad en el nombre). Pero en esta TVE, que se niega a invertir cuando lo que más le funciona es aquello en lo que se la juega (como Master Chef Mr. Selfridge), es imposible aspirar a la calidad. Y es que Verano Azul adolece de simplismo, y solo sirve para exaltar ciertas reminiscencias.

¿Se le está yendo de las manos a Cuéntame?

OJO: Spoilers

Decíamos hace casi un mes, cuando Antonio Alcantará le puso los cuernos a toda España tras engañar a Merche con otra, que Cuéntame seguía siendo capaz de dar giros a sus tramas tras 13 años de emisión. Y que eso tenía mucho mérito, dado que muy pocas se pueden permitir ofrecer al espectador vuelcos tan exagerados y que suponen que todas las premisas en las que se ha basado la serie sean sustituidas por otras. También es cierto que Cuéntame había sido bastante plana hasta hace un par de años, cuando parece que los guionistas decidieron echar el resto usando a los personajes para ello.descarga

Quizá por esto parece que sus responsables se han entregado definitivamente a la locura, y sus decisiones ya están provocando auténticos traumas en el espectador. De hecho, hasta mis excompañeros de piso que no faltan a la cita todos los jueves con la serie de TVE se callaron tras ver lo que estaba ocurriendo. Porque la muerte de Eugenio ha sido un auténtico varapalo para todos los seguidores de la ficción, y será muy interesante ver cómo repercute en el resto de personajes.

La muerte del mítico sacerdote, que dejó de serlo por entregarse a esa tontería que en la Iglesia llaman “los vicios de la carne”, no se la esperaba nadie. Más por ser él que por las circunstancias. Quizá el efecto hubiese sido el mismo con otro, y dada la carrerilla que ha cogido la serie igual podemos experimentar eso mismo muy pronto.

AntonioPero, ¿todos estos giros pueden resultar contraproducentes a la larga? ¿No supondrán un peligro para las ideas y para esa día a día de los Alcantará y sus vecinos? Porque lo poco gusta, pero lo mucho cansa, y aglutinar en tan solo una temporada escenas y tramas impactantes puede provocar que en el futuro no sepas por dónde tirar.

Ayer leí hasta que esto que le pasó a Eugenio fue incluso gratuito. Que no tenía sentido que muriese de esta manera y en ese momento. Y puede ser que los que sostengan eso tengan razón. ¿A qué responde que se dé esa situación ahora?

Cuéntame ya ha demostrado que por muchos años que lleve es capaz de reinventarse, de ofrecer algo nuevo con cada nueva entrega. Pero yo tendría cuidado con pecar de exceso o pasarme de transgresor con un producto que lleva más de una década de emisión, y más si todo lo impactante sucede en una sola temporada. Porque a lo mejor en sucesivas no gustas tanto por no ofrecer tramas tan truculentas.

Cuéntame le pone los cuernos a toda España

Siempre hablamos del desgaste de las series como algo inexorable. Es imposible mantener la frescura y ser capaz de ofrecer giros con el paso de los años, aun manteniendo cierta calidad en el conjunto de la ficción. Hasta que llega una serie española como Cuéntame y se cisca en todo lo preestablecido.Antonio

Si visteis anoche y la semana pasada la serie que narra la vida de los Alcantará estaréis como yo: en shock. Antonio (Imanol Arias) le puso los cuernos a Merche (Ana Duato) en el capítulo anterior. Y en el de este jueves ella le ha echado de casa. En la temporada NÚMERO 15. Tras más de 250 capítulos. Un giro completamente inesperado y que nadie podía predecir. Más que nada porque todos creíamos que Merche y Antonio eran de esas parejas indelebles. Por las redes sociales ya se ha bautizado a esto como el “Chanquete ha muerto” de nuestra generación. Y quizá no les falta razón.

Que Antonio se cuele por una mujer madura muy atractiva como Paz (Ariadna Gil) entraría dentro de lo normal en cualquier otra serie. Aquí no. Esto era impensable, ni de broma se le podía pasar a alguien por la cabeza una infidelidad en Cuéntame. Pero lo han hecho, y de la mejor forma. El acierto no puede ser más flagrante, visto el trauma que ha generado entre los espectadores, e incluso entre la sociedad de este país.

MercheEl éxito de los responsables de la serie, que se merecen tener trabajo para el resto de su vida para que nos puedan traer historias tan geniales como ésta, ha estado en los detalles y en no permitir que se vislumbrase lo que iba a ocurrir hasta el último segundo. También la elección de que sean los auténticos protagonistas los que se vean en semejante entuerto. No sé a vosotros, pero a mí se me pusieron los pelos de punta cuando Merche le pregunta entre lágrimas si su amante y él están enamorados. Esa escena ya es inmortal.

Pero lo mejor de todo es el contexto elegido para situar este auténtico drama nacional. Disponer que todo ocurra en los prolegómenos y posterior génesis del Felipismo resulta fascinante. Un hecho histórico como la llegada del PSOE de Felipe González al poder sumado a otro que ya es historia de la televisión y de este país. Además de haber tenido esta idea justo cuando en la época que viven los protagonistas se acaba de aprobar la Ley del divorcio. De verdad que no se puede hacer mejor.

Los cuernos de Antonio a Merche me han dado la puntilla en cuanto a las ficciones sobre infidelidades. Todo porque acabo de ver The 7.39, de la cual hablaremos próximamente. A los que tuvieseis la duda o la tentación de engañar a vuestras parejas, avisados estáis gracias a las series: puedes pasarlo bien un rato a cambio de perder toda una vida. Antonio Alcántara ya se está arrepintiendo. Allá vosotros.Paz

Ya dijeron los obispos hace unos años, durante el Gobierno de Zapatero, que los socialistas querían acabar con la familia tradicional. En Cuéntame acaban de llegar al poder y ya se ha roto el considerado como el matrimonio más sólido de España (espero que se capte la ironía). No me atrevo a decir qué va a pasar con Antonio. Si sus guionistas son capaces de dar semejante vuelta a la trama tras 13 años de emisión, miedo me da lo que se les pueda ocurrir en el futuro.

Dado que pocos os acordaréis, os lo recuerdo. Imanol Arias ha hecho de fucker en varias películas. Recordad Todos los hombres sois iguales.

 

Como cada post de Cuéntame: va por vosotros, Moncloa 5.

¿Son malas las series españolas?

La situación de la ficción nacional es más que preocupante. No es normal que en dos meses que llevamos de 2014 todas las que se hayan estrenado tengan una retahíla de carencias que les restan toda la calidad, con la consecuente dificultad para soportarlas. Además de su duración interminable, con episodios que en muchos casos superan la hora y media en temporadas de trece capítulos.

1 Han sido cuatro los grandes estrenos en este inicio de año: Bienvenidos al Lolita, El Príncipe, B&B Velvet (El Corazón del Océano no se merece ni estar en esta lista). Una ya ha sido retirada de la parrilla, otra va por el mismo camino, y el resto están contando con un gran respaldo por parte de la audiencia. Eso no significa nada, que ya sabemos que en este país nos gusta la telebasura al máximo y regalamos share a Sálvame y otros programas del estilo. Desde mi punto de vista, que entiendo la ficción como un entretenimiento que te debe sugerir algo, ya sea alegría, empatía o angustia, en España eso no se consigue. Y quizá ni se busque.
Cuando pongo a parir a una serie nacional me dicen siempre que es una cuestión personal, de gustos, y que debería defender más a nuestra ficción por el simple hecho de estar hecha aquí. Bueno, lo siento, pero soy poco chauvinista (eso para empezar). Segundo, sí, los gustos son subjetivos; pero la calidad no (esto lo aprendí gracias a un lector), y hay algunas series que no me han gustado pero que están muy bien hechas, y si no reconociese su calidad sería imbécil. Lo mismo con las de aquí: no me suelen gustar el 90%, pero si estuviesen bien hechas o las interpretaciones de los actores fueran buenas, lo diría.

Cor4No me vale la excusa de que en España todas las series tienen que ser “para toda la familia”, porque si se hacen especializadas “no se verían” al no poder verlas “todos juntos a la hora de la cena”. Menuda hipocresía. Eso lo debió decir algún día un directivo de Globomedia, y por eso se empeñan en hacer las mismas bobadas siempre. Sea quien sea el que lo dijese, su discurso caló y muchos se lo creyeron. Pero Internet lo refuta por completo; Breaking Bad Juego de Tronos no son para toda la familia. Ni The Walking DeadY miles de españoles las siguen. Incluso los que tienen familia.

Pero es que eso no pasa: ni los actores, ni el montaje, ni las tramas, ni los escenarios… Estas cuatro características, por mencionar unas pocas, suelen ser en las que más fallan los que hacen series en España. No puede ser que con la cantidad de intérpretes que tenemos, un gran porcentaje de ellos en el paro, se coja a los de siempre por su fama y no por su buen hacer ante la cámara. Tampoco debería admitirse que las escenas se atropellen entre sí y no tengan ningún nexo, o que la historia sea predecible y de poca enjundia. Ni que se noten los cromas.

Y por supuesto, habría que darle una vuelta a la duración de los episodios. No es normal sobrepasar los 90 minutos. Aquí nos han engañado y nos han mal acostumbrado, y con esa duración es fácil perderse. Aparte de que muchas escenas son superfluas. El año pasado tampoco fue excesivamente bueno. Tuvimos una que se salió de la norma habitual de mediocridad, que fue El Tiempo entre Costuras. No recuerdo ninguna más. Y sin embargo, seguiré escribiendo de ficción española, porque muchos de los que me leéis las seguís.5

Dado que mi postura está más que clara, he vuelto a pedir a amigos y profesionales que me contasen si a su parecer las series españolas son malas, o si en esa burra estamos solo unos pocos. El primero de ellos es Alberto Rey, del blog Asesino en serie de El Mundo, que me inspiró para este post tras uno muy interesante que escribió en el que anunciaba que hablaría cada vez menos de series españolas. ¿Son malas a su juicio? Esta es su respuesta:

Como Jessica Rabbit, las series españolas no son malas, las dibujaron así. Allá por los noventa, con la llegada de la televisión privada a nuestro país y de la obsesión por el share, se generó y popularizó un modelo de serie en España que perdura hasta hoy. Y lo que te rondaré morena. A mí las series españolas pueden parecerme largas, ñoñas, repetitivas y técnicamente mediocres, pero el mercado manda y se las lleva tragando desde hace veinte años. Y la televisión, antes que un arte, es un negocio. Un millón de espectadores valen más que un crítico de televisión. Es lo justo. El consumo de ficción televisiva española es altísimo. El sector quizá no esté pasando por su mejor momento, pero no será por falta de demanda. El espectador (y más el espectador medio, la famosa “señora de Cuenca”) quiere series españolas. De hecho, quiere ESAS series españolas. Y nuestras cadenas se las dan encantadas. Que lo hagan a costa de la calidad, la evolución o el compromiso con algo más allá del vil metal… ésa es otra historia. Que las televisiones públicas entren en ese mismo juego, también. A mí sí me parece que series españolas son malas. Por eso no las veo. Ojo con estas dos últimas frases, porque son más importantes de lo que parecen.

También he solicitado a mi compañero Isra Álvarez, en su condición de observador catódico de 20minutos, su opinión al respecto:

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Las series españolas no son malas, son como pueden ser. En España, con solo 47 millones de habitantes (de los que menos de la mitad ven la tele cada noche en prime time) y una cultura seriéfila bastante restringida, las cadenas no pueden permitirse el lujo de hacer series para minorías: no son rentables y por lo general no se hace tele para perder dinero. Así, la industria española se centra en crear ficciones con todos los ingredientes que saben que engancharán a la gente y a cuantos más tipos de gente mejor. Ingredientes que desvirtúan cualquier historia o intento de hacer algo que merezca la pena. En España se han hecho muy buenas series, pero casi nadie las recuerda, porque casi nadie las vio.

Una amiga de este blog, Mar Guerrero (Series a la parrilla), que además es estudiante de doctorado en la Universidad Pompeu Fabra con una tesis sobre narrativa transmedia y fan fictionpone el foco en otro aspecto del tema que nos ocupa. Esto es un fragmento de su texto, que podéis leer al completo aquí:

Contamos con una configuración demencial de los bloques publicitarios que afecta a la duración y ritmo de los capítulos, y por otro, existe una reticencia en los productores y cadenas a entender al espectador español como alguien capaz de apreciar otros tipo de series más allá del modelo Globomedia de “vamos a hacer que salga hasta el perro de la familia en pantalla”. Tampoco debemos olvidar que todo esto no hace más que alimentar esquemas mentales en donde la ficción televisiva es percibida como algo por debajo de la ficción cinematográfica, o un mero trampolín, sobre todo, por parte de los actores y sus mentores. Es sintomático que nuestra televisión no alumbre más jóvenes talentos que sean solventes frente a las cámaras.

Miriam Lagoa, de En Terra de Series, abunda en la famosa “señora de Cuenca”:b33

A las series españolas actuales les obligan a ser regulares, en el mejor de los casos. Hay talento y hay buenas ideas en busca de una oportunidad pero mientras las cadenas de televisión se empeñen en hacer series que gusten a toda la familia, incluida la señora de Cuenca, con fórmulas saturadas de tópicos y que tengan que estirar por obligación los capítulos por encima de los 70 minutos, la ficción española seguirá llegando con 20 años de retraso. 

Y por último, el amigo periodista de 20minutos y escritor David Yagüe (que acaba de sacar novela, por cierto), lamenta la situación de la ficción patria:

Como en botica, en las series españolas hay de todo. Sin embargo, la ficción televisiva española es ‘mala’, en gran parte porque quiere: cualquier buena idea, cuente con medios y buenos actores, acaba convertida, por norma general, en un contenedor para todos los públicos que hace imposible mantener un tono, una coherencia y una cierta profundidad. Es una pena, porque potencial hay y no sé si el problema está en las cadenas, en el público o en las productoras.

¿Qué opináis vosotros? El debate queda abierto.

Vicente Ferrer, una hagiografía aburrida y de buena factura

Apostar por un biopic o película biográfica tiene sus riesgos. Se puede caer en el peloteo o la difamación con facilidad, en la hagiografía o el insulto a un legado, o simplemente en retratar de forma excesiva, para bien o para mal, a un personaje. Es inevitable, ya que normalmente (y desafortunadamente) solo se cuenta una versión de la vida del protagonista de la serie o película. Ferrer1

Pocos proyectos se molestan en contar con varias visiones a la hora de ponerse manos a la obra. La vida de Vicente Ferrer no iba a ser menos. Aun con la excusa de que es imposible ponerle pegas a un hombre que dedicó su vida a enseñar a miles de indios cómo mejorar las suyas, que fue capaz de renunciar a la orden jesuita por llevar a cabo su proyecto de sacar de la miseria a desconocidos,  resulta excesivo que una película para televisión se haga en base a los designios de una parte.

Ferrer5El biopic sobre los últimos 30 años de vida de Vicente Ferrer que emitió este jueves TVE es aburrido y de muy buena calidad. ¿Cómo se explica esta aparente contradicción? Es sencillo: lo que cuenta es la vida arriesgada pero carente de acción de un hombre bueno.  Su día a día hasta formar una fundación que es un ejemplo en todo el mundo gracias a su empeño y al de su mujer. El relato también se detiene en los obstáculos que el español radicado en la India tuvo que soportar por parte de las autoridades del país y en las luchas que ha de afrontar contra su propia gente. Y ya está. No se le puede pedir más emoción o entretenimiento. Es imposible.

Como contrapartida al aburrimiento, te permite descubrir cómo se forjó el éxito de alguien que llegó a la India cargado de fe, no necesariamente religiosa, para buscar un bienestar y un futuro para personas que por el simple hecho de nacer en una parte concreta del mundo carecen de las oportunidades que otros sí tienen en cualquier otro punto del globo. La tv movie, en definitiva, te enseña cómo fue un personaje cargado de bonhomía. Te ofrece su filosofía de vida, cargada de enseñanzas en las que destacan la justicia y la equidad. Porque eso no lo discute nadie: Vicente Ferrer es un tipo al que hay que admirar por lo que hizo.Ferrer4

El problema está en que no queda bien que la semilla la haya plantado la misma que ha regado en exclusiva para obtener el fruto: Anna Ferrer, viuda del protagonista. O al menos a mí me lo parece. Está en su derecho, claro está, de manejar todo a su antojo para que se cuente como ella considera la vida del que fue su marido. Faltaría más. Pero en términos televisivos, o simplemente de buen gusto, echa para atrás algo basado en las órdenes de alguien concreto y que es a todas luces partidaria de aquel sobre el que se va a realizar la producción. Da igual si vamos a contar cómo fueron las andanzas de un personaje ejemplar como Ferrer o las de uno deleznable como Mario Conde, por citar alguno.

Ferrer2Esto no ha impedido a Imanol Arias hacer un buen papel, ayudado de una caracterización sublime y que se merece todos los elogios. Se le ve sobreactuado, como suele ser habitual si le sacas de Cuéntamepero está creíble, y eso es lo que importa. El resto del reparto tampoco se queda atrás. Ya sea con un magistral Josep Maria Pou (padre Font), que solo sabe hacerlo bien, o una correcta Aida Folch (Anna Ferrer), basta para calificar de acierto la elección del elenco. Pero son los actores y figurantes indios los que le otorgan ese plus de realismo para que nos acabemos de creer lo que vemos. Su naturalidad es la que te hace sumergirte en la trama durante los 104 minutos de duración. Lo mismo ocurre con las localizaciones, con el acierto de rodar en Anantapur, allí donde Ferrer desarrolló su obra.

Lo que desluce, además de que no es entretenida, es la adaptación desde una sola óptica.

Vicente Ferrer iba a seguir siendo igual de bondadoso y querido aunque otras partes que cuestionaban su hacer o actitud hubiesen tenido una participación más clara en este biopic. Aunque también es cierto que si no al dar un paso en cualquier dirección no se cuenta con Anna Ferrer, no habríamos podido ver en televisión esta biografía repleta de lecciones. Ferrer3

La más importante de todas las que nos enseña la película es que Vicente Ferrer creía en la solidaridad, y no en la limosna. Porque no son lo mismo.

Con la limosna lo único que se consigue es mantener la desigualdad entre el que tiene y el que no. La solidaridad consiste en disponer los medios para que los que han tenido peor suerte por una razón u otra puedan reiniciar una vida por medio de su propio trabajo y esfuerzo. Ferrer lo sabía, pero la Iglesia a la que estuvo ligado parece que no se quiere dar cuenta ni en 2014.

Al menos su historia ha servido para enseñar a algunos esa diferencia perentoria. La paradoja es que el preestreno de la película biográfica sobre alguien que rechazaba la caridad lo presentó Toñi Moreno.

 

BONUS: Anoche la HBO hizo varios anuncios. Dos especialmente significativos. El bueno: Juego de Tronos regresará el 6 de abril. El malo: la quinta temporada de Boardwalk Empire, la que se estrenará en septiembre, será la última.