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Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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Muchos tiros y poca historia en la entretenida Mob City

De todo lo que se ha hecho sobre la mafia estadounidense, que ha abarcado desde los años 20 a la época actual, aún nos faltaba conocer los entresijos de los líderes criminales cuando ya se habían hecho un nombre y atesoraban el poder. En Boardwalk Empire nos cuentan el primer segmento, cuando los capos aún eran aspirantes a gánster. La que reflejó una posible etapa contemporánea no necesita presentación: Los Soprano.

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Pero esos años de auge, donde la brutalidad y la impunidad formaban parte de la rutina, no habían sido recogidos en una serie. El único testimonio que se asemejara fue El Padrino, con la repercusión que todos conocemos y que la llevó a ser mejor película de la historia. Aunque también sentó un precedente nada sano, pero a la vez necesario: estaba tan bien hecho que no íbamos a admitir cualquier cosa. Su factura era impecable, las interpretaciones eran incalificables (por buenas) y sus historias, inolvidables. Todo lo “in-” que se nos ocurra de forma mayestática vale para la trilogía de Coppola. Y si el ambiente sumerge, pero no llega a subyugar, no te acaba de convencer. Por una tontería así, se puede echar por tierra una serie. Aunque la idea sea buena y su ejecución correcta. Es lo que ocurre con Mob City.

Mob3La última creación de Frank Darabont tras su abrupta salida de The Walking Dead cuenta la lucha entre policías y mafiosos en Los Ángeles durante los años 40, esa década en la que mangoneaban lo que querían y mataban ídem. Los personajes son ilustres: Bugsy Siegel, Meyer Lansky o Mickey Cohen forman un tridente tan mortífero como el del Barça de Rijkaard. Y aunque parecen imparables, hubo policías que se atrevían y querían acabar con ellos.

Basada en el libro L.A. Noir: The Struggle for the Soul of America’s Most Seductive City, el agente protagonista es un excombatiente de la batalla de Guadalcanal llamado Joe Teague (Jon Bernthal, The Walking Dead). Su problema es que es un veleta entre la policía y la mafia por una serie de razones que si revelase sería un spoiler. Todo por su relación con el abogado mafioso y amigo suyo Ned Stax (Milo Ventimiglia, Heroes), que le hace algún encargo según le haga falta o no.Mob5

Mob City se centra en las acciones de represión que ejercen los sicarios de los gánster. O lo que es lo mismo: en el asesinato de cualquiera al que consideren chivato o traidor a la causa de hacer más dinero. No se adentra en el mundo de las concesiones ilegales, de las empresas pantalla o del juego. Directamente, apuesta por las refriegas entre policía y criminales, las luchas propias entre los últimos, y el asalto puro y duro con los tiros y las armas como protagonistas. Eso le resta algo de interés, ya que no profundiza ni aporta datos o historias sobre aquella época. Solo nombres.

Mob2Ese es el principal fallo de la serie: adolecer de falta de base histórica, con la que contextualizar y traer luz sobre una etapa tremendamente conflictiva pero que a la vez levanta pasiones. A eso se suma que el argumento sea tan estático, al centrarse en un único mafioso y en la persecución ideada por la policía para sacar de circulación a un criminal tan pernicioso.

Esa escasez de tramas y de historias paralelas desluce una ficción que es bastante entretenida y donde todos los actores interpretan a la perfección sus papeles. En este campo destacan Robert Knepper (Prison Break) y Jeffrey DeMunn (The Walking Dead), que están estupendos. Pero es insustancial. Entretiene, claro, pero no es de gran calidad. Y no es mala, ni mucho menos, ya que al menos tiene la capacidad de hacerte pasar un rato enganchado a ella. Aunque lo que no logra es que te conviertas en un adicto a sus tramas.Mob6

Que solo sean seis capítulos de algo más de 40 minutos cada uno (o tres de hora y media, como se ha dispuesto) supone otro atractivo en Mob City, ya que se ve rápido. Aunque la elegancia no sea tan asombrosa como en otras de su competencia.

Por qué nos interesan las épocas de asesinatos masivos o las historias de mafiosos no tiene explicación aparente; supongo que para intentar evitar que algo así se repita en el futuro. O por la erótica del poder.