BLOGS
Solo un capítulo más Solo un capítulo más

Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

Archivo de la categoría ‘Chiringuito de Pepe’

‘Chiringuito de Pepe’ o la casta en las series españolas

Desde la irrupción de Podemos en la escena política todo el mundo se ha familiarizado con el término “casta”. Soy de los que crecí convencido de que la casta contaba con una única acepción ‘libre’: la que se refería al valor y a sacar fuerzas de donde no las hay. Todo porque desde pequeño escuchaba la palabrita en boca de los narradores del fútbol en la radio, sobre todo para referirse a jugadores como Míchel Salgado. “Qué casta tiene el ‘malulo'”, decía Manolo Lama en cada partido del Real Madrid de los ‘galácticos’ por no expresarse de otra manera más gruesa. Qué tiempos aquellos.15

Tras este ejemplo de lo mal que hablan algunos narradores, hay que precisar que Pablo Iglesias y su gente optan por otro sentido para el término: el de referirse de una forma despectiva a la gente que lleva décadas pegada al poder. Los que “están en la poltrona desde ni se sabe”, como dicen en Podemos. Que lo usen en cada dos frases que sueltan ha provocado que nos lo acabemos tomando a guasa cuando lo dicen, usándolo hasta para juegos de chupito: “Ha dicho casta: chupito”, y así todo el rato. Pero en el fondo tienen toda la razón del mundo. Sobre todo en eso de que la casta está por todas partes. También en las series de televisión españolas.

56El último ejemplo de la casta televisiva de este país es Chiringuito de Pepe. ¿La razón? Porque es lo que nos llevan ofreciendo toda la vida, y es responsabilidad de los creadores de siempre. Mismo perro con distinto collar. La misma ficción de desayunos, comidas o cenas familiares, con chascarrillos de bar de carretera, con momentos de comedia que no casan con los de drama en esa amalgama llamada dramedia. Series en las que todo es exagerado y donde nada es plausible por lo absurdo que es todo lo que muestran.

La casta televisiva, como decía antes, también es la de los mismos creadores, productoras y cadenas que imponen el mismo argumento vestido de las maneras que sea necesario. Ya sea un cocinero famoso que descubre que su padre tiene un chiringuito arruinado y que tiene que ir a ayudarle, o una familia que trabaja en una revista de moda, o el de una pareja que se casa metiendo en la misma casa a los hijos de ambos. Todo vale, mientras la famosa ‘señora de Cuenca’ esté contenta. Para qué arriesgar.14

Chiringuito de Pepe tiene todos los defectos de las que la han precedido en la parrilla. Menuda casualidad que al final del primer episodio se junten todos los personajes para comer juntos, ¿eh? ¿Dónde hemos visto eso? O que uno de los personajes amenace con marcharse de la vida del resto ante las nuevas normas que impone el recién llegado. Muy novedoso. También es inaudito que quede claro que los dos protagonistas se van a liar desde el primer momento en qué se ven. No hay ni espacio para que se conozcan: están predestinados.

12Seguramente muchos dirán eso de “pues hace reír”. Por supuesto. Yo me he reído viendo los dos episodios que se han emitido hasta ahora. Pero por lo ridículo de las bromas y los chistes de baratillo, no por el humor de calidad de Jesús Bonilla o Javivi. Es imposible que no se te escape una carcajada con las tonterías que hacen y dicen los personajes. Los despropósitos tienen ese poder.

Telecinco ha vuelto a hacer lo mismo, y ha conseguido el objetivo: Chiringuito de Pepe es lo más visto de los lunes en solo dos semanas. Aunque sea previsible (Dafne Fernández no tardó ni 20 minutos del primer episodio en aparecer en bikini), repetitiva y proyecte un dislate detrás de otro, es líder y se ha convertido en el “cumple su función” de este verano. 16

Dije el otro día que había que quemar la tierra en la ficción nacional. Las nuevas y viejas generaciones de guionistas, esos que quieren hacer algo distinto, tienen que echar a los que les impiden ofrecer otro tipo de ideas al público. A esa casta que no permite que se emita otra cosa que lo mismo de siempre para agradar a la “señora de Cuenca”.

Son ellos, junto a la audiencia, los que tienen que darles un buen lavado de cabeza. Porque las series españolas y sus responsables actuales no son solo casta: también son caspa.