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Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

Camino a los Emmy: las series

La auténtica razón de ser de los Emmy protagoniza el post de hoy. Y es que esta edición es de las más disputadas. En años anteriores, al menos, se podía barruntar quién iba a ganar. Algo que no sucede en esta edición de los premios. En drama, la hegemonía de Mad Men, destronada el año pasado por Homeland, sentó las bases para un nuevo ciclo liderado por la serie de espías de Showtime. Pero nadie se atreve a asegurar que esto será así, dado el alto nivel de las aspirantes. En cuanto a las comedias, Modern Family sigue a la cabeza de las apuestas. Y ni aún así está claro su éxito el próximo domingo.

Haciendo honor a mi desabrido carácter, no veo por ahora las comedias nominadas (salvo The Big Bang Theory). Así que me centraré en los dramas. Seis series que están en boga. Cinco americanas y una británica. Vistas por millones de personas. Y cuyo entretenimiento es indiscutible; aunque echemos de menos en la lista a Boardwalk Empire.

HomelandHomeland. Nadie creía que el año pasado pudiese acabar con el dominio de los publicistas de Madison Avenue, a la que la etiqueta del “culto” no le sienta demasiado bien: es mucho más que eso. Pero lo hizo. Y aplastó al resto tras la victoria de sus dos actores protagonistas, dando inicio a un posible ciclo en el que la intriga y las conspiraciones sustituían a la sofisticación y las historias cotidianas en las preferencias del jurado. Su segunda entrega ha sido muy valiente. Los guionistas se han atrevido con tramas que en otras series serían de finales de cuarta temporada, no de cuarto capítulo de segunda. También ha sido interesante, con momentos en los que Brody, Carrie o Saul caían en espirales de destrucción inesperadas. Muy correcta en su argumento, además de sorprendente y explosiva, sobre todo por su último capítulo (tenía que hacer la broma, sí). ¿Pero tan heavy como sus doce primeros episodios de 2011? No lo creo así. Fue la mejor noticia en este mundillo de hace dos años, pero cuando te acostumbras a algo empiezas a minusvalorarlo.

Breaking Bad. En su penúltima incursión en los premios, parece que la criatura de Vince Gilligan deberá esperar otro año para Breakingalcanzar el ansiado reconocimiento de los Emmy. Sus dos actores protagonistas, Bryan Cranston y Aaron Paul, ya han resultado premiados en dos ocasiones cada uno. Pero el galardón por excelencia se les lleva escapando desde su primera nominación por culpa de Mad Men; y el año pasado, encima, se toparon con Homeland. Ahora, concurriendo con la primera parte de su temporada de despedida, muchos no entenderán que se quede a las puertas. Sus seguidores no pararon de flipar con cada episodio que emitió AMC, algo que siguen haciendo con la segunda parte de este verano, donde para muchos se ha emitido el mejor capítulo de la historia de la ficción, Ozzymandias. Yo soy de los que no he llegado aún hasta ese punto de la historia, a pesar de que me estoy dando prisa para llegar al día para su capítulo final del 29 de septiembre. Y con lo poco que he visto tengo claro que su mayor legado no estará en una dictadura de premios y reconocimientos, sino en que ha cambiado por completo nuestras expectativas en cuanto a series de televisión. Porque pone el listón tan alto que los guionistas del futuro tendrán que esforzarse mucho para satisfacer al público.

HouseHouse of Cards. Destrozó todas las quinielas de nominaciones. Estaba claro que entraría en éstas tras su espectacular primera temporada, con un Kevin Spacey ídem. El quid está en si ha logrado atrapar tanto al jurado como hizo Homeland hace dos años. Y yo creo que sí lo ha conseguido. La inteligencia de Frank Underwood, la rebeldía de su mujer Claire y las filtraciones periodísticas son redondas y la dotan de ritmo; pero si a todo esto le añadimos las conspiraciones y la perfidia del taimado Underwood es fácil definirla como obra maestra. Y si a esto le sumas nombres como el de David Fincher, a la vez que un reparto solvente, estás muy cerca de la piedra rosetta seriéfila. Unas cotas de calidad que tienen toda la pinta de seguir aumentando. Ganará.

Game of Thrones. Está nominada porque es la más vista en todo el mundo. Porque engancha y es una adaptación brillante. Sin Juegoolvidar que es de las pocas series corales en las que todos los personajes resultan imprescindibles. O eso nos hace creer George RR Martin, que se va cargando a aquel que menos te esperas en el momento menos propicio. Pero no tiene ninguna opción, aun con bestialidades como el capítulo 9 de la tercera temporada, The Rains of Castamere; la masacre de la boda roja pasará a la historia de los mejores minutos televisivos. Sinceramente, a GOT NO le hacen falta reconocimientos en forma de estatuillas: todos sabemos que es tremenda . Su presencia aquí es una muestra de respeto a lo bien hecha que está, e incluso una concesión a los espectadores. Parece complicado que salga en algún momento de las nominadas durante los próximos años.

MadMad Men. Se presenta con la que ha sido su mejor temporada hasta la fecha, quizá la más comercial de todas. Es decir, la más digerible para muchos que tras ver un par de capítulos la acusan de aburrida. Prefiero apostar por definirla como elegante e incomprendida; e incluso inteligente, al ser una de esas series que te hacen sentirte inteligente por poder seguirla sin problema. Su handicap es que ya ha perdido la estela de Homeland y House of Cards en la carrera para el premio. Y es que el pescado parece estar tan vendido que ya ni se cuenta con ella de antemano, como ocurría años atrás cuando Matthew Weiner acababa subiendo al escenario a pesar de los rumores del fin de su etapa.

Downton Abbey. Repite su nominación del año pasado, algo reclamado por toda la crítica internacional y sus millones de espectadores en todo el mundo. Lord Grantham, su familia y sus sirvientes conforman la ficción Downtonperfecta para seguir en familia. Una consecuencia de abarcar todos los géneros posibles, desde el drama emotivo al humor clasista y cautivador. El peso que ha ido ganando Maggie Smith, que al principio era la secundaria que ponía las chanzas, no le ha causado más que buenas noticias. Algo muy necesario en una tercera temporada que ha cargado con los hechos más trágicos que les ha tocado a vivir a los Crawley. Su victoria debe pagarse por 20 a 1, como poco, ya que sus posibilidades son escasas. Y eso que Julian Fellowes no para de dar en la tecla correcta.

1 comentario

  1. Dice ser 23minutos

    Joder, a mí estos dos actores me parecen malísimos, en serio. Unos paquetes.

    Esa serie tiene toda la chicha en los actores secundarios. Hacen unos grandes papeles, que son los que tienen la serie a buen nivel. Si fuera por estos dos sería una patata todo.

    21 septiembre 2013 | 14:47

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