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El 'happy place' de las series de televisión

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Día 1 de mi vida después de ‘Por trece razones’

Por trece razonesClay está sentado en un banco, apoyado en la pared del gimnasio, durante el baile del instituto, cuando su amigo Jeff se acerca y le anima a sacar a Hannah a la pista. Ella, como él, espera sentada, en la pared de enfrente, al otro lado del lugar. Al ritmo de The Night We Met, de Lord Huron, un tema que él luego describirá como su canción (la de ellos), se reúnen a mitad del camino y comienzan a bailar, con una confianza digna de los sueños. Cuando están a punto de besarse, ella se aleja y sus venas comienzan a sangrar. Hannah está muerta, se ha suicidado. Es efectivamente un sueño, más bien una pesadilla, la escena que abre el quinto episodio de Por trece razones, y tal vez la que mejor condensa lo importante de la última serie de Netflix. A partir de ahí, la ficción no irá necesariamente a mejor, sino que se volverá más oscura y más trágica. Pero de ese momento, que juega de forma preciosa con lo entrañable del primer amor y lo desolador de la primera pérdida, no me podré olvidar.

Me resulta un tanto difícil alabar por Por trece razones, que narra el suicidio de una joven y las consecuencias que tiene en su grupo de amigos, a través de trece casetes, porque no es una gran serie. Es algo larga y redundante (en Netflix esto ya es una máxima), es incluso morbosa y manipuladora por momentos, pero también es una gran experiencia. Hay quien dice que gustará más a los adolescentes que a los adultos; creo que lo hacen porque suponemos a los jóvenes más susceptibles al melodrama y menos a la sofisticación, en lo que a lo audiovisual se refiere, no porque los que ya no somos el público objetivo de la teen fiction no suframos esa incertidumbre de vez en cuando. Si el género coming of age (un término con el que hemos legitimado eso de producto adolescente, véase Boyhooyd) es un clásico del cine y la televisión es porque sus conflictos nos acompañan siempre: la necesidad de encajar, la soledad ante el cambio y la sensación de que todo lo podemos vivir (de nuevo) por primera vez.

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