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Amberes, la ciudad de los diamantes

18 enero 2012

Un viaje no es lo mismo si no estás acompañado por otros viajeros y amigos. Y eso es lo que pretendo hacer también con este blog, dar un espacio donde otros viajeros cuenten sus experiencias. En este caso se trata de Analía Plaza, una viajera incansable a la que le gusta patearse las ciudades europeas y de las que saca todo el provecho posible a base de robarle tiempo al sueño. Nos conocimos precisamente porque en uno de mis viajes ella me propuso algunos rincones que visitar en Amberes, ciudad de la que os habla con detalle en este post. Analía, tu túrno:

Analía Plaza, viajera:

Gracias Pedro, pues vamos a ello. Bélgica es un país pequeño (aunque bastante complicado) y precisamente por pequeño se ha puesto  de moda turísticamente. Con cuatro ciudades bonitas y a poca distancia entre ellas, es fácil vender la idea de “te ves un país entero en una semana”. Y aunque generalmente el orden de prioridades va de Brujas a Bruselas, luego Gante y luego Amberes, si queda tiempo, siempre he defendido que Amberes es la verdadera joya del país y que nadie que viaje a Bélgica debería perdérsela.

El año pasado viví allí gracias a una beca Erasmus y me entristecía ver a grupos de turistas españoles llegando a Amberes en plan última hora para ver la plaza del mercado (la Grote Markt que, por otro lado, es igual que cualquier Grote Markt belga) y volverse a su hotel en Bruselas sin haber degustado nada más de la ciudad. Por eso, por si alguien tiene pensado ir, este elogio (personal) de Amberes.

Amberes mola

Partimos de la base de que Bélgica es un país reciente (se unificó del todo en 1830) y, por su influencia francesa por un lado y holandesa por otro (y alemana por el tercero y europea en general en Bruselas ), su identidad cultural es complicada. Les preguntas a los belgas qué había allí antes de la UE y les cuesta dar una respuesta convincente. Una investigadora nos dio en la Universidad una charla sobre ‘food studies’ (en Bélgica se están llevando a cabo bastantes estudios sobre comida e identidad cultural) en la que contaba cómo, hasta hace no muchos años, todo lo que tenía Bélgica culinariamente era importado de Francia. Así, tuvieron que potenciar productos como las patatas fritas (dicen que fueron ellos quienes las inventaron) y los mejillones para construirse un estatus gastronómico propio (la cerveza, otro de sus puntos fuertes, sí es real). Hay bastantes estudios y teorías diferentes y no seré yo quien me ponga a ahora mismo a hacer ciencia sobre ello, pero tal y como lo contó tenía bastante sentido. Sobre todo, conociendo un poco el país.

El caso es que dentro de toda esta indefinición belga está Amberes. Los que viven en Amberes se sienten realmente orgullosos de su ciudad. Recurro como siempre a lo que pone su guía Use-It: “Danos una oportunidad. Probablemente, pensabas en Amberes como una parada corta entre Amsterdam y París… pero somos mucho más divertidos (…). Refiérete a Amberes como LA CIUDAD (como no hay otra en Bélgica). ¿Por qué? Estamos orgullosos de dónde vivimos. Muchas veces decimos que el resto de Bélgica es simplemente aparcamiento para nosotros. Nos consideran snobs. Tienen envidia, pero, ¿qué le vamos a hacer?”.

Las tres patas de Amberes

Si ya te he convencido para que vayas a Amberes (bien dentro de un viaje a Flandes, bien de escapada de fin de semana), puedes seguir leyendo sobre los tres elementos sobre los que se vertebra la ciudad y los sitios que, creo, no deben faltar en una visita.

La moda. París, Londes, Milán, ¿Amberes? La ciudad cuenta con una prestigiosa Escuela Superior de Moda de la que salieron en su momento los ‘seis de Amberes’, y que han dejado una huella importante. De la Grote Markt al barrio Zuid encontrarás un montón de tiendas no convencionales: diseñadores emergentes, espacios multiusos (me gustaba el Ra13), segunda mano (me gustaba visitar Episode y comprar en Think Twice). La calle clave es Kammenstraat, pero lo mejor es pasear y callejear por todo el barrio. El museo de la moda organiza también exposiciones muy interesantes. Cuando yo estuve, vi una de sombreros de Stephen Jones. Espectacular.

Los diamantes. Parte de la industria de Amberes está basada en el diamante. “¿Sabías que Amberes concentra el 85% de la producción mundial de diamantes en bruto? ¿Que Amberes tiene 4 bolsas, más de 1.500 empresas, 350 talleres y varias escuelas donde se enseña el arte de pulir diamantes?”, explica Flandes.net. También resumen el origen: “en Amberes se encuentra una de las comunidades judías más importantes de Europa. Y fueron precisamente los judíos quienes iniciaron aquí el negocio de los diamantes, actualmente de gran importancia”. Como no me gustan los diamantes (de momento), esto me lleva a otra de las importantes patas de la ciudad: la multiculturalidad. Además del imprescindible barrio judío (empieza en la estación y termina en el Stadspark), hay un barrio chino, una zona marroquí (Carnotstraat), una plaza (Sint-Jansplein) tomada por los portugueses y, la plaza de la Estación, como punto de encuentro de unos, otros, belgas y viajeros que llegan en tren.

El puerto. El puerto. El puerto. Gantes y Brujas tienen canales. Son muy románticos pero a mí me terminaron aburriendo. Amberes tiene un enorme río (el Escalda) y un puerto donde he pasado algunas de las tardes más geniales de mi vida. Todo el día con que en Madrid no hay mar y yo decía: tampoco es para tanto. MENTIRA. Tener puerto, poder escaparte allí las tardes de primavera, oler a mar, que a tu alrededor haya gente tocando la guitarra, el paisaje industrial de la refinería de fondo… Incluso, entrando por la parte norte de la ciudad, lo suyo es adentrarse en el que fuera típico barrio marinero que hoy en día es barrio rojo (era un barrio de marineros y prostitutas y los vecinos, aprovechando algunos vacíos legales, encontraron la solución al problema; es muy parecido al barrio rojo de Amsterdam). Es también la zona trendy de la ciudad, gracias a la apertura del museo MAS (un poco el Guggenheim belga) y de muchos restaurantes y bares apañados por la zona. Lo mejor: comprar una cerveza y sentarse en la plataforma. Que sea cerveza belga. Hablaremos de ella en otra ocasión.

Hasta entonces, si os interesa seguir descubriendo qué ver en Amberes, o conocer más detalles curiosos de la ciudad será un placer ayudaros. Gracias Pedro, buen viaje! :D