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Videojuegos, gadgets, curiosidades, archiperres y otras paranoias digitales

Archivo de Mayo, 2007

Google, el ojo que todo lo ve

Hasta hace poco tiempo, Google era simplemente una empresa genial que apostaba por las aplicaciones gratuitas a través de internet. A la creación y éxito absoluto de su buscador frente a sus competidores le han seguido un sinfín de aplicaciones que permiten hacer casi de todo de forma gratuita. Mediante desarrollo propio o adquisición de sitios ajenos, el buscador ha logrado convertirse en un gigante al que muy pocos pueden soñar con eclipsar.

Google es la compañía que más y mejor ha sabido comprender a los usuarios de internet. Millones de personas utilizan buena parte de sus servicios: realizan sus búsquedas internas con Google Desktop, reciben sus correos en GMail, hablan con sus amigos a través de GTalk, anotan sus citas en Google Calendar, etc. Es fácil, de calidad y sobre todo gratuito.

Pero Google adquiere paso a paso, lentamente, desde hace tiempo, una importancia vital en los usos cotidianos de millones de internautas. Y hasta ahí no hay nada malo. El problema que siempre se plantea es qué pasará si la compañía decide hacer un uso no del todo ético de los datos de sus usuarios. Google podría saberlo todo si tuviera algún interés en ello: qué páginas visitas, en cuáles permaneces más tiempo, si compras a través de la Red y qué compras, etc.

La adquisición de la compañía de publicidad online DoubleClick sumada a la creación del iGoogle que, como ha dicho el presidente de Google, pretende ayudar a sus usuarios a organizar sus vidas y a decidir qué hacer con su tiempo libre, asusta un poco. ¿Qué pasará si la ahora compañía de publicidad de Google decide utilizar los datos que le facilitan los propios usuarios a través de la utilización de sus servicios?

Pretender mejorar la vida a los usuarios es aceptable, pero sólo si se les pide permiso antes y se especifica claramente la forma.

Derecho a no celebrar el día del orgullo friki el día que me dicen que tengo que hacerlo

Me molestan los las etiquetas de “día de…”, los días en los que hay que celebrar, conmemorar. Y los que más me molestan son “el día de internet” y “el día del orgullo friki”, quizás porque son los que más cerca me tocan. Lo del día de internet ya lo expliqué en su momento, así que prefiero centrarme en el “día del orgullo friki”.

Dicen que soy friki porque me gustan los shooters y soy una fémina, porque me gustan los videojuegos en general y espero con avidez a que salga una consola nueva, porque mi gata se llama Leia, porque no sólo sé lo que es el software libre sino que además me parece el futuro, porque me siento cómoda hablando de todo ello y además me suelo escapar al festival Sitges a ver películas como Paprika, cuya chapa no regalaría a nadie en el mundo.

Aún así, varios puntos del manifiesto friki de 2006 son una patraña insultante que no transmite ni por asomo el conocimiento alternativo que demuestran las personas a las que se aplica comúnmente el denostado término friki. Esperemos que algunos de esos puntos se mejoren en el manifiesto que se ha elaborado para este año, tal y como se ha anunciado. Mientras eso no cambie, “el día del orgullo friki” sólo será útil para alimentar el estereotipo y elaborar titulares como el que se ha podido ver hoy en la contraportada del diario Qué:

Terror en el taxi

Nunca me pongo el cinturón cuando cojo un taxi, lo reconozco. Pero hoy lo he hecho. Nadie me lo ha impuesto en ese momento, salvo el terror que me ha provocado un uso indebido del GPS.

Ayer tomé un taxi en Madrid para realizar un recorrido bastante breve a una calle poco conocida. El taxista no conocía la ubicación exacta y, ya en marcha, procedió a introducirla en el sistema GPS portátil. Llevaba el GPS colocado a la izquierda, pero no era zurdo, lo que le impedía mover el volante con soltura a la vez que buscaba la dirección.

Su poca pericia a la hora de utilizarlo, sumado al caótico tráfico de Madrid, provocó en mí una sensación cercana al terror. Recordé entonces la casi amenaza de la DGT, en la que se advertía sobre el uso del navegador en los automóviles. Por el momento, el organismo de Tráfico sólo ha recomendado que se utilice con el vehículo detenido, aunque esta recomendación podría convertirse en prohibición (como los sistemas de manos libres con auricular) si se observa que los conductores lo utilizan en marcha.

Los usuarios están en contra de que se prohíban los GPS, y yo también, sobre todo porque bien utilizados son muy útiles. Pero actitudes como la del taxista de ayer no contribuyen a dar una buena imagen. Y si además el sistema se utiliza sin sonido, se están perdiendo más de un 50% de las prestaciones que incluye. No es necesario llegar a la prohibición. En casos como éste, basta con leerse el manual de instrucciones y tener un poco de sentido común.

Xbox 360 busca talentos musicales

Microsoft lanzó a principios de mes un concurso llamado Xbox Soundtracks, que tiene como objetivo premiar a las mejores bandas sonoras inspiradas en juegos de Xbox.

Desde el pasado 9 de mayo los interesados en concursar están enviando sus composiciones en MP3 a través de la página del concurso, en la que todos podremos votar a partir del 6 de junio cuáles son los mejores temas. Es un concurso internacional, pero el ganador de cada país que lo organiza grabará una maqueta con la discográfica Universal.

Los Scissor Sisters ya han creado una canción de ‘Halo Wars’ para animar el concurso, aunque se puede elegir cualquier título.

Si ya te has presentado a los crueles castings de ‘Factor X’ sin éxito, tienes hasta el 31 de este mes para enviar tu maqueta a este concurso. Desde Microsoft se afirma que una idea y unas pequeñas nociones de composición son suficientes.

Día de Internet, ¿qué celebramos?

Se supone que hoy celebramos el Día de Internet. No sé muy bien qué supone este festejo: su creación, su desarrollo, sus posibilidades o que España ocupe el puesto 17 de los 25 países miembros de la UE por detrás de Malta. Quizás estemos celebrando que tenemos una de las peores bandas anchas de Europa en relación calidad-precio, no sé.

Me comentan que lo que se celebra es el auge de la ‘cultura de internet’, y entonces me encuentro con noticias como esta: un juez ha admitido que desconoce cuál es el significado de la palabra ‘website’. La noticia es muy triste, más teniendo en cuenta que el magistrado es británico y ya tenía la mitad del trabajo hecho.

El analfabeto digital participaba en un juicio de tres hombres acusados de incitar al terrorismo a través de internet. Según ha declarado, “el problema es que no entiendo el lenguaje, no comprendo realmente lo que es un website”. Y no, su problema no es no saber qué es un website. Su problema es que no se haya molestado en informarse. Podía haberlo mirado en la Wikipedia, en Yahoo Answers, en el oráculo Google, etc. Claro que no sabrá que estas páginas existen y, en el caso de haber dado con ellas, tampoco habría entendido la definición.

En fin, celebremos …

Tutorías de adicción a los videojuegos

El candidato del PP al Ayuntamiento de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha anunciado algunas propuestas en educación. Entre ellas se encuentra un Plan de Adicciones que contempla lo que en su partido consideran que son las “nuevas dependencias” que padecen los menores: internet, los videojuegos y los teléfonos móviles.

Muchos padres respirarán tranquilos ante este anuncio pre-electoral de Gallardón: otro asunto más que se supone les enseñarán en la escuela y un tema menos del que no deben preocuparse en casa.

La propuesta de Gallardón pretende que desde la escuela y los institutos se enseñe a los niños en el uso responsable de estas nuevas tecnologías. Y eso está muy bien, pero dirigir recursos públicos a paliar supuestas “adicciones tecnológicas” cuando el nivel educativo de los jóvenes españoles (tanto de los que juegan o no a videojuegos o de los que hablan o no por el móvil) es uno de los más bajos de Europa puede parecer un despropósito.

Hace unos meses resultó más o menos graciosa la noticia de que Bill Gates había limitado el tiempo que pasaban sus hijos frente a internet, pero la verdad es que eso es parte de la educación de los padres, que no puede pretender suplirse con lecciones de los profesores ni con propuestas electorales.

Para los aficionados a los videojuegos, el aspecto más triste de este anuncio (además del oportunismo) es que por desgracia una vez más se vuelve a asociar en los informativos la palabra juegos con adicción, una mentira mil veces repetida que ya muchos consideran una verdad. Internet, los videojuegos y los teléfonos móviles en sí no son adictivos, al menos, no más que ver la televisión. Plantear el tema de las “nuevas adicciones” puede generar una imagen de vanguardia en determinados grupos sociales. Quizás sólo sea eso lo que se pretende.

Ni portátiles de 100 ni de 10 dólares

El proyecto ‘Un portátil para cada niño’ (One Laptop Per Children), que trata de llevar ordenadores portátiles de bajo coste a países en vías de desarrollo, lleva varios años gestándose. Se trata de un propósito que ha sido tan criticado como alabado. De hecho, Bill Gates se burló en su momento de él afirmando que nadie querría unos portátiles con pantalla pequeña y sin disco duro, obviando que el fin último de estos ordenadores es facilitar las comunicaciones en aquellos países que más lo necesitan.

El precio de estos ordenadores para los gobiernos que soliciten será de 100 dólares, aunque para conseguir ese precio se necesitaba de un pedido de 3 millones de portátiles. El proyecto parecía ir viento en popa con países como Brasil, Argentina, Uruguay, Nigeria, Libia, Pakistán y Tailandia involucrados en él. No obstante, recientemente la India ha anunciado que está desarrollando sus propios ordenadores portátiles de 10 dólares. El fin es el mismo que el del proyecto ‘Un portátil para cada niño’, con la diferencia de que los ordenadores cuestan una décima parte. Sin embargo, esto puede provocar que al final no se haga realidad ni una iniciativa ni la otra.

La India ya rechazó el proyecto de los ordenadores de 100 dólares y a cambio ha anunciado que tiene desarrollados dos modelos con un coste de 47 dólares que pretenden reducir a 10 en cuanto empiece a crecer la demanda. Nadie puede restarle valor a la iniciativa de la India, sin duda arriesgada e innovadora, pero su proyecto (al que aún estiman unos dos años de desarrollo) puede acarrear problemas graves para el desarrollo de la iniciativa pionera. Perú ya ha anunciado que se suma a Negroponte pero parece difícil que muchos más lo hagan con una competencia que puede llegar a costar la décima parte.

Sea como fuere, uno de los dos proyectos no sobrevivirá. Lo más triste de esta historia es que puede suceder que muchos países se esperen a que la iniciativa de la India vea la luz, que el proyecto de Negroponte se diluya y que dentro de dos años (o más) ésta no reciba los suficientes pedidos como para ofrecer ese precio. Entonces no habrá portátiles de 100, 47 ni 10 dólares, y más de una gran compañía sonreirá para sus adentros. La competencia siempre es buena, pero en este caso el fin que, no lo olvidemos, es comunicar con ordenadores a gente que no puede acceder de otra forma a estos sistemas, debería estar por encima de las luchas internacionales.