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Nuestro cuerpo es como una máquina. Hay que engrasarla, revisarla, meterle un buen carburante... Sólo tenemos una, y nunca es tarde para empezar a cuidarla

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Los dolores de espalda

El dolor de espalda es uno de los males de nuestra era. Yo siempre echo la culpa del mío al ordenador (especialmente al ratón), aunque reconozco que no siempre tengo la mejor postura, que a veces hago el bruto cargando las bolsas de la compra de más, que con frecuencia me relajo en los ejercicios que me puso el fisio para suavizar mi hiperlordosis

En El web de la espalda (un site que os recomiendo) dan las siguientes como causas del dolor de espalda: “Antiguamente se creía que el dolor aparecía porque existía alguna alteración de la estructura de la columna vertebral, como la escoliosis o la hernia discal. Eso es un error. El dolor aparece por un mecanismo neurológico que implica la activación de los nervios que transmiten el dolor y el desencadenamiento de la contractura muscular y la inflamación. A veces, también puede conllevar la compresión de la raíz nerviosa. Ese mecanismo puede desencadenarse por una alteración de la estructura de la columna vertebral […] pero en la mayoría de los casos no se puede llegar a averiguar la causa inicial que lo desencadena, y se atribuye a dolor por contractura o sobrecarga muscular”.

(Sobre etas líenas, Tres tahitianos, de Paul Gauguin)

El que más o el que menos ha sufrido alguna vez una contractura muscular, así que sabréis de qué os hablo (y si no lo sabéis, desconocéis lo afortunados que sois).

Las contracturas musculares se producen porque los músculos se contraen de forma involuntaria y persistente y, aunque no suelen ser graves, sí que provocan dolor de distintos grados y, según la zona en la que se produzcan, pueden resultar especialmente dolorosas y provocar mareos, náuseas…

Algunas de las causas que pueden provocar las contracturas son las temperaturas extremas (yo tengo un especial potenciador de contracturas en el trabajo, justo tras mi espalda: el aire acondicionado, que hace que en verano tenga que llevar chaqueta en el trabajo), la acción de ciertos fármacos o la acumulación local de ácidos láctico, ocasionada por esfuerzos inusuales.

¿Sufres con frecuencia contracturas? ¿Te duele la espalda? ¿Haces algo para evitar su dolor?

La posición del cuerpo en Pilates

Cuando practicamos Pilates, es fundamental estar concentrado y llevar la respiración al ritmo que marca el ejercicio, lo que nos ayuda a lograr un control absoluto de nuestro cuerpo.

El Pilates trabaja sustentando el cuerpo en tres pilares:

1. El centro del cuerpo o power house (llamado así por Joseph Pilates, por ser el centro energético de nuestro cuerpo), constituido por todos los músculos que circundan el cuerpo desde debajo de la cintura hasta el final de la pelvis, y su eje es el transverso central, que es algo así como una faja que rodea toda la zona lumbar y abdominal.

2. El dorsal ancho, que es el músculo más grande, ancho y fuerte de todo el tronco, y se localiza en la zona posterior al brazo, partiendo desde debajo de la axila.

3. La línea media es una línea imaginaria que atraviesa todo el cuerpo, y en el Pilates se refiere a la sujeción central del cuerpo desde los músculos aductores.

Ejercitando estos tres puntos se puede controlar la postura corporal.

El trabajo de Pilates busca siempre una posición neutra. En los ejercicios de suelo se consigue presionando los músculos abdominales hacia el interior para mantener la zona lumbar en una línea ni excesivamente arqueada ni totalmente plana. Algunos monitores lo expresan diciendo que hay que meter el ombligo, clavarlo en el suelo.

Se debe lograr una curvatura leve hacia arriba, que deje espacio suficiente como para poder deslizar la mano entre la zona lumbar y el suelo.

Sucede lo mismo de pie. En este caso, las piernas permanecerán ligeramente separadas, al ancho de las caderas, y se estirará bien la columna, como si alguien nos tirara de la parte superior de la cabeza hacia arriba, y con los hombros relajados y rectos (no echados hacia delante).

En Pilates se practica una respiración intercostal. Al inspirar se separan un poco las costillas y al espirar (que suele coincidir con el momento de mayor intensidad del ejercicio), se cierran primero las costillas al tiempo que se mete el ombligo hacia la columna..

Es importante también no forzar el cuello, ni subir los hombros, mantener una postura lo más relajada posible…