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Nuestro cuerpo es como una máquina. Hay que engrasarla, revisarla, meterle un buen carburante... Sólo tenemos una, y nunca es tarde para empezar a cuidarla

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“Se vive más cuando se come menos”

“Se vive más cuando se come menos”. Me ha llamado la atención esta frase que dijo el profesor José María Peinado, del departamento de bioquímica y biología molecular de la Universidad de Málaga, el pasado mes de diciembre en la IV Jornada Andaluza de Nutrición del Instituto Tomás Pascual Sanz para la nutrición y la salud.

En su ponencia sobre el envejecimiento cerebral y las enfermedades neurodegenerativas: Influencia de la nutrición, el profesor Peinado destacó que, además de las influencias genéticas, existen factores ambientales como pueden ser los medicamentos, los pesticidas, los malos hábitos o la incorrecta nutrición, que repercuten directamente en este tipo de patologías.

Para Peinado, el índice de supervivencia es mayor cuando ingerimos menos calorías o consumimos antioxidantes y guardamos una correcta dieta mediterránea.

Por lo tanto, y viendo que muchos de vosotros, cuando os hablo de alimentos hipercalóricos que aportan pocos nutrientes al organismo (bollos, pizzas y hamburguesas, refrescos con gas, chucherías, chocolatinas…) os limitáis a personalizar si os engordan o no pero, en realidad, eso es lo menos importante.

Lo importante es que nuestro cuerpo esté bien alimentado, porque es nuestra gasolina, lo que le hace funcionar y, si le echamos un mal carburante, inapropiado para nuestro sistema, este acabará por resentirse en forma de enfermedades.

En otro post os hablaré de la dieta mediterránea, tan nuestra y tan olvidada como valorada en los últimos años.

Danos tu opinión ¿Tu eres de los que cuida estar bien alimentado o de los que opinan, como un amigo mío, que lo importante es darse de joven todo los gustos posibles y, si de mayor estás fastidiado o te mueres antes…. que te quiten lo “bailao”?

Bollos, patatas fritas, gominolas ¿qué nos aporta su consumo?

En el día a día hay un montón de tentaciones en forma de máquina del trabajo: bollos, patatas fritas de los sabores más variopintos (chorizo, leña…), gominolas, tartas, sándwiches con mahonesa a pegotones…

Yo he de reconocer que, desde hace unos meses, caigo menos en la tentación, porque mi empresa tuvo la genial idea de traer un montón de fruta todos los martes y, durante el resto de la semana, podemos coger mandarinas, uvas, manzanas, plátanos, cerezas… según la temporada. Y encima gratis.

Lo que nos llevamos al estómago es mucho más importante de lo que a veces pensamos y, si bien es cierto que por tomar esos productos que hemos dicho más arriba, de vez en cuando, no pasa nada, no hay nada peor que acostumbrarse a “matar el gusanillo” con ellos.

Por eso hoy que es viernes, que uno baja la guardia, que está agotado después de una semana de intenso trabajo, que puede opinar que se merece un caprichito… te quiero recordar que:

– Un bollo de chocolate tiene entre 400 y 500 calorías por 100 gr, muchos hidratos de carbono (entre el 49% y el 62%), mucha grasa (16%-30%) y, sin embargo, pocas proteínas (entre el 4% y el 8%).

– Las patatas fritas o chips, que coges una y no dejarás ninguna, tienen entre un 30 y un 40% de grasas y casi un 50% de hidratos de carbono. Además, suelen tener un alto contenido de sal.

-Respecto a las chocolatinas, una de esas que lo llevan todo: chocolate, toffee, un poquito de galleta… ummmmm. Pues esa delicia tiene cerca de 600 calorías por 100 gramos, un 12,3% de proteínas, un 44% de grasas (que es una burrada) y un 40% de hidratos de carbono.

Las gominolas, esas que cuando éramos pequeños soñábamos con comprarnos por kilos cuando fuéramos mayores y ganáramos un sueldo de verdad (y doy fe que algunos compañeros casi liquidan la mensualidad en este tipo de caprichos… exagerando un poco, claro), tienen en los hidratos de carbono sencillos su base (entre un 70 y un 80% del producto es glucosa, sacarosa y/o fructosa), tiene entre un 1,5 y un 7% de proteínas, menos de un 1% de grasas y en torno al 12% de agua. Además, 100 gramos de gominolas aportan entre 320 a380 calorías.

Pero lo peor de todas estas cosas es que, nutricionalmente, no nos aportan nada. Sin embargo, si has decidido un día darte el capricho, no te tortures pensando en lo que vas a engordar o lo que vas a tardar en quemar sus calorías… simplemente disfrútalo.

En próximos post te propondremos los alimentos más adecuados para tomar entre comidas.

Pero hoy dinos ¿te cuesta mucho resistirte a estas tentaciones? ¿Cómo compensas su consumo?