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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Entradas etiquetadas como ‘lunch break’

Correr en Lunes es…

Se ha terminado la semana y ¡arranca otra!. Te levantas sin tiempo. Arreglarte, desayuno, tuyo y de los demás, si te toca. Es posible que tengas que ocuparte de preparar bolsas de trabajo, escolares o demás tareas.

#¡YaesLunes!

Eso. De nuevo y gracias a Dios, como decía el otro. Como dice mi amigo el @arquitectador, vecino de blogs, no tenéis ninguna gracia tuiteando.

Y como muchos de nosotros, probablemente tengas programada una salida a correr. Normalmente las obligaciones de los corredores con el comienzo de semana dependen si:

(a) Están siguiendo un plan de entrenamiento determinado
(b) Acaban de comenzar con esto del correr
(c) Adoran el trote bajo cualquier circunstancia, libres como los pájaros.

Si no te importa, vamos a dejarte a un lado si eres atleta profesional. Para tí es como para todos, hay que correr sí o sí.

Si estás metido hasta las cejas en un plan de entrenamiento los lunes son maravillosos días de descarga (si el tute te lo diste el Domingo) o de transición (si tu rodaje largo tocó el sábado). Salvo que vivas en un entorno donde las carreras las organizan los Sábados, el Lunes toca contar batallitas, soltar dolores varios o acudir a fisioterapia, masajista u osteópata.

Los corredores ocasionales o los principiantes miran al Lunes como jornada de descanso. Al igual que el caso anterior, son fáciles de encajar en la agenda semanal. Quizá seas un corredor de fin de semana y hoy sea una mañana en la que camines como robocop. No te preocupes. Entrar en esa 38 o mantener el tipo para el resto de la semana tienen estas pequeñas contrapartidas.

Los apasionados del running, que son cada día más, correrán sea Lunes de Pascua o Jueves del Día del Juicio Final.

Pero ¿con qué cara? y… ¿a qué hora?

A muchos os cuesta reanudar los ritmos de madrugar, preparar esa corbata o escoger los zapatos que peguen con el vestido. El Lunes está más cargado que de costumbre. Si es jornada escolar, tus chicos necesitan diez minutos más de activación y se te queda corta la matinal, si eres de los que corre antes de ir a trabajar.

Si esperas a la tarde, es posible que encuentres en la cocina alguna nota con una lista de cosas para comprar. O un post-it con recordatorios, ajenos si pertenecen a la esfera familiar o de la pareja, o propios si eres de los que se colocan ‘buenos propósitos’ en los imanes de la nevera.

Y es que la vida en la ciudad está llena de connotaciones y extras siempre asociados a los Lunes. Como más la población mundial tiende a concentrarse en áreas urbanas, un día el mundo oirá un grito a coro: ” ¡A correr, que es Lunes!”.

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Foto: 20minutos

¿Por qué los corredores se desviven por la pasta?

Dos de fetuccine, seis pizzas, una lasaña de cuatro pisos y una cortina para la puerta de casa hecha con macarrones, por favor

¿Es que vas a reflotar la deuda de la empresa Barilla tu solo?

Pasta, pasta, la comida de la pasta. La Pasta Party. Hoy se vive uno de esos ejemplos de locura colectiva porque mañana se disputa una prueba de maratón: la Rock’nRoll Maratón de Madrid. Se come, cena y algunos desayunarán pasta porque en las teorías se observa la verdad ineludible de la carga de hidratos.

Los hidratos de carbono (mejor, glúcidos) son la gasolina del músculo. El músculo del corredor de fondo necesita una base energética y los glúcidos son macromoléculas compuestas por las formas primarias de almacenamiento que conocemos con los habituales nombres de glucosa, glucógeno y almidón.

¿Dónde encontrarlos?

Los glúcidos no. Esto es fácil. Los alimentos más ricos en estas macromoléculas son las legumbres, el arroz y la pasta. En general los alimentos que contienen almidón, elaborados con harinas de maíz, trigo y en general de todos los cereales.

¿Dónde encontrar a los corredores? Esta noche si sales a dar una vuelta por Madrid posiblemente veas a mucha gente, con chándal o ropa deportiva, ocupando las mesas de las pizzerías o restaurantes italianos. A mediodía la concentración de corredores y acompañantes en la Casa de Campo madrileña era superior a si hubieran repartido calcetines de atletismo gratis. En Nueva York el pasta party es una fiesta mundial. Un año nos dieron un sublime plato de arroz en el maratón de Valencia, costumbre que se mantiene en la actualidad. Y ahí es donde estamos todos. Carbohidratándonos, a pesar de las esperas, estar de pie, las colas y la ración correspondiente.

¿Compensa? Es un ritual. Sobre los rituales no se discute.

Si no, estaremos en casao en ese coqueto apartamento que hemos alquilado, haciendo bajar las reservas de pasta federales y de las tiendas, saliendo de bolsas de plástico, ya sean espirales, circulares, alargadas o precocinadas. Todas tienen en común una cosa: nos darán la seguridad que, al menos en teoría, nuestros depósitos de energía estarán hasta arriba la mañana siguiente.

La del maratón.

¿Puedes dejar un momento el tenedor y los tallarines y contestar cual es tu pasta favorita antes de la carrera?

 

¿Qué cocino para estar en forma? Un deportista, un gourmet

Un corredor recién llegado a casa es una bomba de relojería. Salvo superdotados que ya vienen pidiendo alubias con morro desde el momento del calentamiento, traemos poco hambre. Pero ¡ay luego! Lo normal es que pasen unos minutos mientras el estómago se relaja y, pasado el rato, el cerebro vuelva a las funciones básicas.

Comer, personalmente, me encanta. Y el guisar. Cocinar es un placer que me proporciona un resultado casi inmediato (sí, comer).

Aunque es cierto que no todos llevamos el tripeo tan anclado al ADN. Unos se mantienen con un sandwich y otros menú de polígono industrial; unos inhalan pasta porque lo han leído y mamado en su clan deportista, otros cenan un vaso de leche y unos cereales.

Como tercera pata está el cajón de sastre del entorno social: la cuestión del tiempo, la monoparentalidad, la soltería, la educación en los años de ‘macarronescontomate’, los apasionados del Nutricionista, de Sergio Fernández, o de Jamie Oliver. Tenemos hasta chefs corredores como Paco Roncero.

Abreviando.

¿Qué tipo de corredor-comedor eres?

(a) ¡apartarse humanos que me como lo que me pongáis a menos de un metro¡

(b) yo vivo en una comida de la pasta maratoniana eterna

(c) me como lo que me ponga mi mujer

(d) soy un microorganismo alcalófilo, me alimento lamiendo extremos de baterías y pilas AAA

Pues bien. Teniendo en cuenta la falta de tiempo, entrenamiento y maña a los fogones y hasta temple para ver cómo se reduce una salsa, esta es la propuesta de hoy: hidratos, restos de guisos anteriores que todos tenemos en la nevera, alcohol (el anti inflamatorio natural) y jamón del bueno.

Aparta, Gordon Ramsey. Que viene un “risotto Joselito versión runners”. Básicamente lo que los un amigo mío de Murcia llamaría arró pringoso de estudiante con prisas.

Tiempo de elaboración: 30 minutos
Dificultad: apta para el más muñones
Ingredientes:
Dos tazones de arroz bomba
3/4 de litro de caldo del estofado que sobró anteanoche (o de tetrabrik, caldo de carne, en su defecto)
un vaso de cava (o una cerveza a medias)
un puerro (o puerro o puerro, no hay opciones)
50gr de jamón
20gr queso viejo
1 diente de ajo

En una sartén honda, sofreir bien el puerro. Añadir el ajo picado.
Rehogamos el arroz para que vaya cogiendo aceitillo. Añadimos la mitad del jamón troceado muy pequeño.
Echamos el cava y dejamos 3 minutos para que el arroz vaya chupando.
En dos o tres tandas, lentamente, añadimos el caldo. Removiendo y a fuego lento. Echamos el resto del jamón picado.
En aproximadamente 18 minutos tuve listo el invento meloso. Pero depende de cómo sea el recipiente y de cómo vayais moviendo el risotto.
Rallar el queso encima de la misma sartén. Si eres un miembro del Frente Anti Queso Rallado Sobre Todos los Platos (FAQRSOTP), elude este último paso.

Y a la mesa. Espectacular con un buen vinazo (en mi caso Juan Gil, monastrell). Pero el reciclado de un caldazo de estofado (con algunos tropezones) lo requiere. Además, cuento con la aprobación teórica del especialista Víctor de la Serna.

Sorry, vegetarianos: Siempre podéis sustituir el jamón por – por ejemplo – brécol en láminas a la parrilla.

¿Cual es vuestro recuperador natural de las fuerzas perdidas?

¡A los fogones! (Qué mala rima tiene esto)

¿De dónde saco el tiempo para correr?

Pongamos que vosotros y yo tenemos un pacto no escrito. Tácito. Yo propongo la idiotez de saltar sobre un par de zapatillas/deportivas/trainers/huarache/tenis y vosotros miráis a vuestra espalda, después a vuestros pies y, finalmente, por la ventana más cercana que tengáis. Ayer (o esta misma mañana, por si estás repasando los posts de este recién creado blog) quedamos en un empate técnico que deberíamos deshacer. Está bien, deshagamoslo.

– “Hoy, solo hoy, has ganado, bloguero. Si mi cuñado sale a corretear como un lechón o como un springbok, no seré menos e intentaré moverme al sabroso ritmo que indiquen mis anquilosadas piernas y mi deteriorado sistema vascular. Pero ¿de dónde saco yo tiempo para esto?”

Ahora tengo bola de set. No vais a quedaros quietos. Quiero que volquéis toda vuestra ira en los comentarios. No hemos habilitado una línea caliente de comentarios para darnos bálsamo de “qué buenos somos” o “si no fuera por los runners, el planeta languidecería”. Estoy acostumbrado a leer o escuchar cosas de todo tipo. Venga, suéltate.

– “¡No tengo tiempo, mis hijos me reclaman atención absoluta!” – dale.

– “¡La reputa, pero si apenas tengo tiempo para mirarme si llevo idéntico color de calcetines!”

Ok. Una cosa ¿De dónde sacas tiempo para tuitear? ¿Y para desmoronarte sobre la butaca del teatro?

Pues esto es lo mismo. Hay que organizar las prioridades de la semana. Teniendo en cuenta que tu ejercicio no va a ser prioridad uno, pero sí que necesita un hueco.

¿Eres un early bird? ¿Te gusta liberar tareas lo más rápido posible? Es más que probable que tu latitud y horas de luz natural sean tu peor enemigo. Sobre todo cuando los inviernos llegan y lees todo ese correo basura que acude a tu mailbox, anunciando vacaciones en lugares más cálidos. No te rindas. Hay materiales y métodos de despertar de la cama brutales, y a las 6am SIEMPRE encontrarás un grupo.

Es una verdad axiomática. No importa qué pronto estés dispuesto a levantarte, siempre hay alguien que corre a esa hora. Mi experiencia en años me ha llevado a levantarme para estar a las 5.50am dando zancadas por la ciudad o el campo.

¿Soltero? ¿Has llegado a un acuerdo con tu pareja? ¿Puedes salir a última hora, después de cenar, sin que tu estómago te aborrezca? A esa hora se desarrolla una frenética actividad deportiva. Mozos, chicas, veteranos, restos de serie, varones a punto de caducar, cuadrillas paramilitarizadas de señoras mayores, supervivientes de la dieta yo-yo, saluda, pide permiso para arrimarte y trota.

Si es muy de noche, procura siempre llevar elementos reflectantes (muchos están impresos en calzado deportivo y ropa), del mismo modo que deberás hacerlo si eres madrugador.

¿Jornada partida? ¿Te alimentas de bizcocho mientras trabajas y puedes aprovechar la hora de comer? En ese tramo horario en que los demás degluten y sestean, comen cocido y arroz con leche, o toman un sandwich en las escaleras del Lower East Side o le limpian los estantes a los supemercados de la zona, puedes acomodar un trote ligero que despeje tu cabeza y te de cuerda para la sesión de tarde.

O en fin de semana, como complemento a otras actividades físicas.

O una vez al mes.

O una vez en la vida.

O, qué menos, una vez en la vida de otro. Alquila tu ser incorpóreo y regresa para correr, si es preciso, de entre los muertos. Pero echa un pie detrás del otro de una maldita vez, PRUEBA y nos cuentas.

[Próximo post: SAN SILVESTRE…]

(Competitors run during the Gay Pride High Heels race in Madrid). Autor: Agencia GTRES.