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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

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Un día, sencillamente, las piernas no van

Ese día parece que las piernas han decidido declararse en huelga. No van. Sales a correr y, en un momento, que pueden ser diez segundos o cien metros o doscientos, nada. Y tiras de corazón, al que sometes un poco más y decide que hasta ahí has llegado.

Nada va.

En algunas ocasiones le hemos echado la culpa a los cambios estacionales, a la variación de la luz y ese estado mohíno que nos invade. O empezar a correr con los fríos que dificultan el calentamiento de los músculos. O los primeros calores que aplatanan y deshidratan. También se habla de la incidencia de las alergias, asmas o de otros patógenos, antibióticos que exprimen hasta el último hálito de un corredor, cien factores.

Ya. Pero ayer podía correr sin tanto problema.
Ha sido un ‘ploff’ repentino.
¿Qué hago?

Ahí el drama. Ahora, ¿qué hago?

¡Qué hago! ¿Se termina mi carrera de corredor hasta que no llegue el invierno? ¿Voy al médico? ¿Voy al neurólogo? ¿Cómo voy a parar de correr si es lo que mejor me sienta?

El corredor se convierte en un Woody Allen a la búsqueda de un coach, de un experto corredor, de un bloguero-curandero o de lo que sea. Y la espiral puede terminar, efectivamente, generando algo más estructural. Una dolencia psicosomática o un trastorno somatoforme: cuando una persona percibe el estrés puede generar respuestas emocionales y de conducta que derivan en dolencias físicas. Con que no seamos burros. La generación de pensamientos negativos no ayudará mucho. Así que, como primer paso, no te tortures.

¿Y si no es eso? ¿Y si vivo feliz, mi entorno me apoya y quiere, y únicamente me preocupo de hacer el bien? Los síntomas son que, simplemente, no voy.

En este momento declaramos inaugurada la ronda de Junio de consejos del abuelo corredor.

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1. Ponte a pensar en otra cosa.

No he dicho “busca otra carrera más adelante en internet, que a esa seguro que ya llegas en mejor forma si acomodas ligeramente el entrenamiento del mes que viene”. He dicho “ponte a pensar en otra cosa” ¿Hay otra cosa aparte del correr?

Sí. Repasa el jardín, haz limpieza en los armarios, comparte un ciclo de teatro con tu pareja o lleva libros que no uses a la biblioteca o asociación benéfica de tu barrio. Hay otras cosas. Os diré una más: cuando han pasado dos días o tres sin pensar en correr, superado el síndrome de abstinencia que tu cuerpo sufre pidiendo su dosis de endorfinas, recuperas el cerebro. Y, acto seguido, él se encarga de ir reparando tu físico.

2. Esconde la báscula.

Yes. Esa báscula a la que presentamos nuestros respetos a diario, porque lo dicen endocrinos, planes de entrenamiento o revistas especializadas. Sin darte cuenta, subes a ella a diario como examen de conciencia. Si aparece medio kilo más, algo estás haciendo mal. Si aparece medio kilo menos, será una ventaja competitiva en tus entrenamientos. Es un grave error.

Estas semanas previas se ha caído un cinco que vivía cómodamente instalado en mi pesada casi diaria. Casi de puntillas sobre el cuatro ha venido a vivir conmigo un tres. Ahí una de las razones de cierto cansancio de los últimos días y de que hayan asomado sobrecargas y molestias generalizadas.

Es hora de parar y levantar el pistón. En un mes, saliendo a correr de manera habitual, kilo y medio en mi asquerosa carcasa suponen una pérdida de masa muscular, en depósitos de grasa y de líquido. Por lo tanto, a darme un descanso de dos cosas, porque la temporada es larga, es eterna: fuera palizas durante una o dos semanas, fuera la báscula. En un par de semanas os prometo contar mi regreso al cinco.

3. Esas meriendas-cena, esos gazpachos.

Habitantes deportistas del hemisferio norte, cuidado con las comidas de verano. El calor, los cambios de horario y picar y llenar con cerveza fresca las comidas normales son un pequeño lujo. No podemos permitirnos muchos lujos a no ser que -de nuevo- paremos de correr un poco.

Cuando empezaba a salir a hacer grandes kilometrajes, con el cuerpo aún tierno y sin varear (imaginaos la de años que hace que me libré de ir al instituto la mañana siguiente) sufrí la gran pájara. En un entrenamiento de domingo de veinticinco kilómetros, pasada hora y media tenía hambre, se me nublaba la vista y tuve que regresar caminando durante casi nueve. La mañana del lunes, en la curva de azúcar de una analítica, seguía con los depósitos vacíos. Y os prometo por los huesos faciales de Chema Martínez que el domingo llegué a casa, comí, merendé, cené y vuelta a empezar.

Pero era mayo. Hicimos una merienda-cena el sábado demasiado ligera y demasiado temprano y, cuando salí a correr esas dos horas llevaba casi doce horas sin ingerir sólido. Los corredores, aunque apenas trotemos media hora, necesitamos mantener un nivel de ingesta calórica básica por muy burros que nos pongamos queriendo entrar en esas bermudas o ese bañador.

Ya sabes por dónde atajar una buena parte de los síntomas que no son específicamente de agotamiento por sobreentrenamiento. Éstos últimos merecen el paso por un entrenador y un fisioterapeuta.

Además de dejar de correr una temporada, animalito mío.

La sopa de ajo de la madre de un corredor

Pan del día anterior, ajo, una pizca de pimentón y unos trozos de jamón, caldo de cocido y huevo desliado. Cuatro cucharas y un camarero que sale a correr por el monte con camisas a cuadros.

Es inevitable pensar en las tendencias y en la super especialización del mundo del corredor. Acto seguido, acostumbro a dejar de lado esos pensamientos y coger una de las cucharas y reponer los líquidos perdidos. Mientras las prensas del mundo exprimen sin remedio todas las campañas tecnológicas, esas que nos permiten correr más, más lejos y -sobre todo- más bellos, Gabi se disculpa porque agotaron los judiones.

Uno es que que va pidiendo una cazuela de judiones cuando se nota que ya ha caminado y corrido todo lo corrible. Es Ley de vida y con ella tienen que convivir los míos. Siempre he dicho que la cocina castellana de cuchara templa el cuerpo. Y, como la castellana, otras muchas.

Sales y líquidos perdidos, grasa perdida por los minutos y horas en movimiento, temperatura si se da el caso de tener que recuperarla… pero en la generación de los setenta, decir “sopas de ajo” era mirar aquellos perolos que desayunaban nuestros abuelos mientras los urbanitas pedíamos colacao.

Y que nos colaran la leche.

Han pasado dos décadas y ahora somos maduritos a los que el deporte intensivo nos ha vuelto a entrar la necesidad de comer bien. Los del gremio venimos de estar cinco horas en carrera o de revolcar nuestra bicicleta por barrizales y sembrados y algunos han declarado la guerra a los suplementos artificiales.

Creo que quedan en sitios como este Asador donde se cocinan sopas de ajo que levantan un muerto.

Señores, Gabi. A la puerta de su Asador de Ángel. En Cercedilla (c/Pontezuelas).

Los chefs corredores

Guisar un diseño previo, pensar, resistir durante horas en un entorno sofocante, entrenar duramente para contener las ganas de rendirse. ¿Un plan de deportista de élite? No. Es la descripción de la jornada habitual de un cocinero.

Si añades que unos cuantos cocineros han alcanzado la categoría de chef y su responsabilidad se multiplica por diez, y que a las jornadas maratonianas de una cocina hay que añadir una notoriedad pública, ¿te extraña que solamente les quede tiempo para calzarse unas zapatillas?

 

 

Pues cada vez es más frecuente. Estos lobos solitarios de lo más alto de la pirámide de la cosa culinaria son, muchos, corredores. No sé por qué tenía que extrañarnos. Desde este lado de la mesa vemos pasar por delante de nuestras narices, qué sé yo, aceites estupendos para untar panes de naranja, de pasas, capuccinos de verduras o las archifamosas maravillas de carnes, pescados o espeluznantes arroces (ay, el de atún rojo, remolacha y aire de parmesano de Jesús Almagro). Al otro lado de la mesa, más bien en la cocina, un equipo que dirige un tipo que corre para soltar el estrés, para no volverse loco. Otro probablemente corra porque es lo único que le permite disfrutar de la ciudad. David Muñoz (propietario de Diverxo, entre los mejores según la guía Michelin) iba corriendo desde el barrio hasta el restaurante. La excusa de perder peso o de probar nuevas sensaciones llevan a conocidos cocineros como el madrileño Paco Roncero (el gobernante de los timones sobre el Casino de Madrid) o al archifamoso Gordon Ramsay (el iniciador de Pesadilla en la Cocina en su versión anglosajona) a meterse entre pecho y espalda kilómetros sin parar.

 

¿Hay un punto de celebrity running?

Quizá sí. Correr está de moda, como todo el mundo empieza a notar. Pero también hay un mucho de masoquismo perfeccionista. Es posible que la búsqueda última del plato ‘diez’, sometida bajo un rigor casi científico, sea lo que mueve a estos seres de chaqueta preferentemente blanca.

El corredor echado a perder -como quien os escribe- tendrá más o menos miramientos en inscribirse a una carrera o salir a correr solo por el campo. El cocinero es un animal del detalle, de la perfección. Cuando corre, corre con mayúsculas. Y esto no está ni bien ni mal. Es así.

Para un cocinero no solamente se trata de ofrecer un gusto sino un aspecto, una sorpresa a quien está repiqueteando nervioso con el pie en el suelo de la sala. Mirando de reojo a esos bacalaos confitados o los lomos de venado a los anisados, uno entiende parte de la pasión que estos artistas ponen en todo. ¿Quiere decir esto que yo nunca aplicaré esa obsesión en mis platos? Pues puede que sea también muy cierto. En ningún sitio dice que me queden energías para intentar la perfección a las cazuelas. Pero aquí estamos echando un rato.

¿Seguimos? Gracias.

Entonces, ¿no comen macarrones con tomate? ¿Se hinchan a taboulée con aire de mango?

Ni de coña. Si algo no son estos bestias de la cocina es idiotas. Echadle un ojo. Un corredor que se tira en plancha a por las tres horas y media como David Muñoz en el exigente recorrido de Madrid se aprieta un arroz con carrilleras.

El desparramo dialéctico de las nuevas cocinas amenaza en todos los frentes de la vida. Y nos lo hemos creído. Hemos asimilado que la cocina es vapor, es concepto. Lo mismo que al correr por el campo se le han adherido setenta etiquetas (trail, freestyle, ultra trail running, etc) y a un hecho tan cotidiano como alimentarnos le han salido bandos y facciones a ambos extremos del espectro conocido, al cocinar para estar listo para correr también. Si David Muñoz hace arroz con carrilleras antes de su maratón quizá tengamos que parar a entender qué nos está explicando.

Sí, en el correr hay mucha cosa energética y hasta cierta espiritualidad. Recientemente el dueño de DiverXo declaraba que “el deporte me aporta salud mental. Sin él, con todo lo que nos está pasando, sería imposible mantener la cordura. Tanta exigencia, tanta intensidad, tanto estrés… todo es tan bestia que sin el deporte no podría mantenerme”.

Aún así y conocedores de todo ello, estos superdotados de los sentidos también gastan hidratos a partir de las dos horas de carrera. Se acalambran si les faltan sales. Dejan de lado una profesión y unos conceptos con los que investigan a diario. Es su trabajo. Conocer las reacciones del cerebro humano frente a todas las posibilidades que dan unos productos que sirven para comer. Que mi esposa me pille mirando al infinito y secándome los ojos porque hay un helado de uva garnacha, una carne, escuchar a mis hijos, que me derroten por los sentidos, no tiene que ver con que el deporte necesita una alimentación sana, sólida.

Os dejo con esta amalgama de pensamientos. Viene un bizcocho-tiramisú de naranja, perfecto.

Mañana podré correr durante horas. Los de las barritas sustitutivas os lo perdéis.

Corredor: Libros que te enseñarán a comer

Libros que te enseñan a comer, en caso que esta sea la auténtica preocupación de tu vida. Luego detallaré qué quiero decir con esto. Por motivos evidentes han llegado a mis manos algunos libros en los últimos meses. Alguna editorial y autores han considerado que en este blog se habla de lo que rodea al corredor. Y tengo un ramillete de lomos (soy de los del papel) con palabras combinadas en efectos con mucho gancho editorial: dieta, comer, correr, inteligente, runners.

En un tebeo de Mortadelo y Filemón, precisamente, se decía que un exagerado boxeador tenía un gancho en el que se podían colgar veinte morcillas. Algo parecido me sugiere el repunte de lo que se escribe: un gancho editorial grande que hay que aprovechar. Pero luego hay que rellenarlo después con.

Patatas con. Y sopa de. En efecto. Porque posteriormente hay que llenar las páginas con información útil. Siendo el objetivo no el atleta de élite sino la difusión general entre los corredores del pelotón, toca meterse en harina. Veamos cómo.

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Hace meses pude leer a conciencia La Dieta Inteligente para Runners. Es un buen punto de partida que me llevó a buscar a conciencia y encontrar, Comer y Correr. Dos libros diferentes en presencia y tono.

La Dieta Inteligente para Runners basa en dar herramientas para planificar la ingesta nutricional en el caso que te dediques con más o menos pasión a hacer un deporte. El equipo de Alimmenta, radicado en Barcelona y bajo la supervisión de un nutrido (huy) equipo de nutricionistas, desmenuza y esquematiza el cómo hacerlo. La información parece bastante sensata aunque imagino que el enfoque editorial ha forzado a Juana M González y autoras a meter mucha presión runner. Elemento al que conocen, visto el resultado.

El corredor moderno, ese pez de fácil pesca.

Es un libro diseñado para actuar como manual, con mucha información esquematizada, tablas y guías. Recuerda las hojas grapadas en los corchos de la cocina o esa inmensa pila de notas adheridas con imanes a la nevera. Resumiendo, si tienes ganas de estudiar como si fuera una oposición o si no tienes bastantes quebraderos de cabeza, aquí viene uno. Eso sí, empaquetado con una buena factura por De Vecchi Ediciones. Casi un cuadernillo que podría llevarse en el metro o a compartir en el maletero del coche, camino de ese entrenamiento.

Comer y correr, obra de dos especialistas como Julio Basulto y Juanjo Cáceres, de factura más ácida, científica y con cierto aire a “desmontando leyendas urbanas”, incide en algo complementario. La simple denominación de programación específica para cualquier gremio hace olvidar que la alimentación variada y sana es suficiente para vivir más y mejor. Una segunda pasada de este concepto nos hace ver que no es tan complementario a la planificación de La Dieta sino, quizá, el punto desde el que deberíamos comenzar.

El problema quizá sería qué hacer entonces con todos los negocios y profesiones que han ido creciendo alrededor del qué y como comer para correr. La transición hacia la lógica supondría romper con las necesidades falsas. Crear un requerimiento como el de qué hacer un siete de marzo de dos mil catorce si te quedas sin cobertura de teléfono móvil.

De su pág.157 cae como una maza ese título de sección “¿Cómo embaucar al corredor? Haciéndole creer que es tonto”. Basulto y Cáceres ponen una carga de profundidad tal en los mitos de la alimentación que me llevó a un estado hipnótico perverso: todo es tan artificial que la misma lectura de qué comer para correr me supone un hastío. Estamos animando a miles de personas, millones, a que se calcen unas zapatillas y salgan a correr. No estamos formando astronautas ni especialistas en nanoalimentos.

Es correr y ya. Todo esto, todo lo demás, le viene grande. Al mismo tiempo, ambos libros me ponen frente a una lacra de la lectura específica de un deporte. Escribimos demasiado sobre ello. Todos.

¿Ha de ser todo tan complicado? ¿Somos tan incapaces de comer con lógica y tiempo para luego salir a correr, simplemente, bien alimentados? Al final, la lectura de estos ejemplares lleva a pensar que un corredor es algo parecido a un neurótico personaje de las series sobre Nueva York. Alguien con una tendencia suicida a buscar más problemas conceptuales de los que ya arrastra. O quizá es que no tiene establecido el rango de cuales son los prioritarios y convierte lo que rodea su mundo de “runner” en lo único.

Cuando tenemos dificultades para encajar nuestro yo en un entorno laboral, financiero, social y familiar agresivo, ponemos nuestra atención en si estamos en una situación normocalórica o si la ingesta de vitaminas compensará el plan sub 45 minutos en diez kilómetros. En otras palabras, contamos las calorías ingeridas y las consumidas entrenando sin pensar que el estrés o la insatisfacción nos podrían llevar a una lesión o una crisis de ansiedad.

Post data: Ruego a quien me lea que no me facilite más literatura científica sobre el mundo del corredor con tiempo libre y preocupaciones del primer mundo. O un día escribiré algo inconveniente y tendremos una bronca.

¡A beber a la Casa de Campo!

Normalmente se ha gritado al corredor que se fuera a tomar por culo del medio de la ciudad. Estos extremos urdían una barricada moral de domingo por la mañana. Era la ciudad del coche para bajar a comprar el pan. El coche para atravesar Bravo Murillo camino del bar. “Iros a correr a la cá campo”. Afortunadamente tenemos que creer que nos hemos liberado de todo aquello. Es un síntoma de un cambio.

Esta digresión no hace sino justificar el título del post. En realidad, a lo que voy, es a ampliar el espectro de los modos de disfrutar de la moda del correr. Por que ya es oficialmente una moda. Así lo atestigua la profusión de reportajes en los últimos meses en toda la prensa de información general.

Pues bien. Añadid al espectro del que os hablo el del “corredor cañista”. O el “drinking runner” o el “beer runner”. O de sus más inventivas variaciones ya sea en modalidad real academia española de la lengua, o en la anglófila y gafapasta.

Y es que me acaba de llegar un emotivo paquete que contiene una camiseta lanzada por un grupo de corredores asociados al gremio de cerveceros españoles. Los beer runners. Corto y pego.

que los deportistas, tanto profesionales como aficionados, salgan a practicar ejercicio y disfruten, después, de la cerveza y las tapas como recompensa al esfuerzo. De este modo se pone en valor el componente socializador propio del deporte en grupo, apoyándonos a su vez en una costumbre arraigada que también se practica en grupo: ir de cañas.

Sea cierta o primigenia, lo cierto es que la motivación que llevó a un club de corredores de Filadelfia, Fishtown BeerRunners, a tomarla fue descubrir el estudio realizado del CSIC que revelaba que la cerveza puede contribuir a la recuperación de la hidratación del deportista después de la actividad física. Ocurría en 2007 y rápidamente el cerveceo encontró en las redes sociales una compañera ideal para la expansión. Posteriormente es Cerveceros de España quien le da impulso en España. Así que ya sabéis.

¡Qué originales los de Phillie!

Ya en 2005 los corredores del Axe Valley (Reino Unido) celebraron la Midsummer Madness Pub Run. Aproximadamente 14 kilómetros con avituallamientos en los pubs de la zona. Dorsal sencillo, una pinta. Dorsal doble, dos pintas. Como reza su historiografía:

The objective was not to race but to enjoy a summer social run with ‘refreshments’ along the way! Fancy dress was optional!

Carreras en las fiestas de los pueblos ha habido siempre. La línea (pintada) de meta suele coincidir con algún punto de las casetas de los bares en la feria, de las atracciones o simplemente patrocinada por el pub de turno. Servidor tuvo a bien correr una “drunk mile” en un lugar ilegal y secreto de Inglaterra, con incierto resultado. Asumo que fui tercero pero las referencias son borrosas.

No es apología del alcoholismo ni del deporte gamberro. La socialización que parece que hemos descubierto ahora con los facebook y twitter ha existido siempre. Cuando volvíamos de correr el medio maratón de Coslada en 1991 caían no menos de dos rondas de cerveza o vino en aquellas peel sessions con Mario, Goyo y otros corredores del -hoy- C.Menorca C.A.P. Alcobendas.

Tampoco es que recomendemos lo contrario. Cada uno que haga lo que le salga del cimbel. Pero es necesario saber que esa mezcla de sustancias refrescantes y “energetizadores” es, históricamente, una de las lacras del deporte. Cuando en la London to Brighton de 1906 los corredores recibían una ayudita de caldo de carne marca Oxo, no se cita que los estupefacientes acompañaban en general al deporte de larga duración. Luego se nos mueren los ídolos y no sabemos si decepcionarnos o elevarlos a la categoría de mito. Aunque normalmente nos embarcamos en la idiocia ciega.

Somos mayores y esto es un hobby. Dejad que los profesionales se metan en berenjenales con médicos. Nosotros tenemos que aportar el tinte sutil y delicado a esta moda correril.

Soy más de vino, pero Prost!

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Con las manos en la mesa y los pies en el asfalto

Las manos en la mesa. La cabeza a pájaros, y los pies metidos en zapatillas. De asfalto o de lo que sea. Va de libros (los que odiéis leer, podéis salir de aquí).

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He leído recientemente Con las Manos en la Mesa, de Juan Revenga. El Nutricionista, colaborador de este diario y experto en echarnos a la cara lo mal que comemos. Editó con la 1001 Ediciones un libro lleno de pistas.

¿Sirve alguna de ellas para los corredores?

Sí. Estos tipos que gastan miles de kilocalorías, que aprovechan la parada de comer en el trabajo para salir a entrenar y que miden (medimos) la forma física en los ángulos que se forman en los rasgos faciales. A más flaco, más en forma. A más cara de hambre, mejores prestaciones. Dí que sí.

Entresaco algunos hábitos de la recopilación del Nutricionista. Reflexionemos en voz alta sobre si nos tocan o no.

  1. Los deportistas comemos más alimentos que la población general, para reponer el esfuerzo extra de nuestros. Así que no necesitamos suplementos vitamínicos.
  2. Consumos proteicos de 6 y 7 gramos de peso corporal y día exceden la capacidad de los riñones (2gr/kg/día); los dineros de los botes de batidos van directamente al wáter.
  3. Ningún alimento engorda. Engordan los seres vivos.
  4. Gastamos menos energía que nuestros abuelos. Y tenemos un catálogo de alimentos casi infinito.

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Muchos son un signo de la sociedad en general. ¿Aplica el corredor a su alimentación una mínima pizca de sensatez de esa sociedad de dementes?

Quién sabe.

Aquí el compañero Nutricionista en un encuentro digital.

 

Me comería un bisonte

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-“Con patatas y seis flanes”

Es la enternecedora frase con la que se quita la ropa y encamina sus pasos a la ducha. El corredor muy probablemente venga de correr durante bastantes kilómetros.

-“Y dos bandejas de lasaña y una ración de oreja”

¿Es normal ese hambre sin control?

¿Tantas calorías se han gastado en ese maratón?

El gasto energético es un multiplicación de tiempo y kilómetros por calorías consumidas. Calor y agua son los resultados de las ecuaciones químicas de nuestro cuerpo. En las referencias habituales se habla de que un corredor, puesto en condiciones de calor y kilometraje largo, podría estar perdiendo hasta tres litros de agua y sales diluidas. Es el límite de lo razonable, puesto en términos de un experto. Quizá un litro sería ya demasiado si estás dando tus primeros pasos. Por eso es tan importante la hidratación.

Pero eso debería conducir a ter más sed. Este corredor hace dos o tres días que dejó de tener sed y ahora está canino.

-“Y una fuente de papas con mojo y medio cochinillo”

Después de un largo esfuerzo, entrenamiento o competición, es evidente que el cuerpo está recuperando. Uno de los síntomas que asustan a propios y extraños es que, subidos en una báscula, al terminar esa larga carrera, ¡pesamos uno kilo menos que dos días antes! Y en plena ingesta de todo.

Pero es que, al terminar ese ultra trail donde la teoría marca que hemos consumido hasta 8.000 kcal, ¡pesamos un kilo más que en la salida! ¿Dónde está el problema?

-“Y una tarta de cinco pisos”

Va de sesos.

Hay varias explicaciones a estas variaciones aparentemente tan raras. Quizá os puedan servir y os veáis reflejados en alguno de estos puntos.

Cuando sudamos durante muchas horas se pierde una enorme cantidad de sales. La pérdida (hiponatrenia) durante, un ejemplo, la Madrid-Segovia o la Hiru Haundiak/Tres Grandes, hace que repongamos agua en cantidades industriales. Al llegar al déficit de sodio en las células comienza a entrar agua por las membranas que la recubren. Tanto de modo intracelular como extracelular, se produce una retención de líquidos. Si hemos trotado y caminado durante 18 horas, notaremos cierta hinchazón. Y ganaremos peso.

El límite son dos o tres litros, a partir de los cuales se manifiesta una patología seria. Pero ‘pesamos más’.

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El responsable de que todo eso se esté llevando a cabo es el cerebro. Y está acostumbrado a operar de mil maneras. Durante el ejercicio físico de larga duración puede atender las señales de fatiga, analizarlas y descartarlas. Tanto que puede hasta ser inducido a ignorarlas (así funciona la cafeína, por ejemplo, con el sistema nervioso central). En cualquier caso la función del cerebro es mantenerse alerta. Como hemos visto antes, para evitar la peligrosa pérdida de sodio y potasio, que puede venir por tres mecanismos biológicos independientes.

Y es muy posible que esas alertas hayan saltado. El corredor que ahora se comería unas brochetas de rinoceronte ha estado dos, tres, cinco y -por qué no- hasta doce horas caminando y corriendo. Y las temperaturas le han marcado otra alerta. Si la hidratación y la pérdida de sales ha sido muy grande, las lucecitas rojas habrán saltado como chispas.

¿Y si el cerebro se puso en “modo supervivencia” pidiendo que comiéramos de todo y gastáramos menos durante la carrera? Podría ser una explicación del aumento de peso. Extraña, sobre todo, porque los estudios se hartan de demostrar que un maratón o un ironman te hace perder unos dos kilos.

Al finalizar, ¿se “fiaría” el cerebro de nuestro amigo de que sí, que todo ha terminado? ¿Deja pasar unas horas hasta que sus niveles se relajan? ¿Es en ese momento en que ya deberíamos parar de comer como limas?

Todas estas preguntas se abren al fascinante mundo del funcionamiento del cerebro. Sin ir más lejos, recientemente se ha desvelado (Matsui et al, J Physiol 590.3 (2012) pp 607–616) cómo, al igual que los depósitos de glucógeno -la gasolina- de los músculos, después de un ejercicio prolongado, las fuentes de energía para las neuronas (astrocitos) podrían recargarse para acometer un esfuerzo similar. Dicho de otro modo, igual que un corredor entrena a los músculos para llenarse o supercompensar con más glucógeno después de un largo entrenamiento, podría ser que el cerebro usara los mismos mecanismos de supercompensación que los cuádriceps o los gemelos.

Al menos, con ratas, funciona.

-“Y un yogur de beber. De los grandes”

Al menos, con las ratas.

La vuelta al cole de un corredor

La Frontera cantaba aquello de “chirría el casco de mi viejo galeón”. El Capitán Akhab se refería sin duda a ese retorno a salir a correr después del parón veraniego. Rodillas que retiemblan, medios kilos extra en abdomen, pecho y muslo, ya sabes.

Pero es que Akhab es muy viejo. En su época se paraba en verano. O Akhab pensó que el calor del verano era demasiado extremo para seguir con ese hobby recién iniciado con la primavera. Pero no. Ahora está el trail, la montaña, la pasión por llevar el GPS a las vacaciones y subir nuevas rutas playero-costeras a wikiloc…

Aunque sigue siendo cierto que por varios motivos Septiembre supone una especie de vuelta al cole. Retomamos la actividad.

Veamos qué es lo que nos chirriará.

1. La psicología de los nuevos propósitos.

Septiembre. El mes de los coleccionables, del final de la ropa de verano, los regresos de las fiestas locales y en el que, por fin, se puede dormir a gusto echándose una sabanita extra por encima. Con la primavera llega la ‘operación bikini’ del running. En septiembre llega la ‘operación ropa de trabajo’. Claro, una vez sacamos de nuestra cabeza la tercera cuesta del año, la de los libros de texto.

Algo ha pasado en nuestro cuerpo después de las parrillas, barbacoa, cervecita con limón y diversos ‘grandes momentos de la historia de la humanidad’ leyendo bajo esa higuera o domando al león con siestas que se podrían medir en eras geológicas.

2. Asumámoslo. Sí. Hemos ganado peso.

En el peor momento. Al volver a nuestra urbe -asumimos que el 80% de los lectores de este blog siguen las tendencias de urbanización de Europa Occidental- nos damos cuenta de una cosa: el resto del grupo de trote o colegas de entrenamientos no ha parado. Están negros como tizones. Secos como la mojama. Sus gemelos son dos perniles de conejo de monte. Y nos va a costar un par de semanas quitar ese lastre que tan simpáticamente nos quedaba con la ropa de verano. Dos semanas en las que nos quedaremos en el primer acelerón o la primera cuesta. Al bloc de notas: “el verano que viene no paro”.

Ante esto, tengamos paciencia sin límite. Correr intentando recuperar todo lo perdido será un billete para las lesiones. El peso extra cargará los tendones más. De ahí deriva la mayoría de las lesiones por sobrecarga.

3. Las marcas deportivas sacan catálogo nuevo.

Bueno. El catálogo viejo no está tan mal. Las rebajas de verano son un cesto donde aún podemos pescar. Pares sueltos antes de que lleguen esas preciosidades y esa ropa y esos complementos.

“Hay que afrontar el invierno bien equipados”, pensamos muchos. ¿Y eso? ¿Eres un personaje de Juego de Tronos? ¿Te van a atacar los habitantes del otro lado del muro?

Pero es cierto. Tantos días rebuscando en los cajones para encontrar la camiseta más fina o el pantalón más liviano, tanto calor pasado. El primer día que un corredor ve los cortavientos de Salomon o los guantes finos de Raidlight, se da cuenta que así no puede sobrevivir.

4. Y es que tenemos un año más.

Darse cuenta de esto nos hará vivir más tranquilos el retorno al correr. Interioriza que este año puede que no recuperes tan rápido. También podría ser que ya no progreses más en tus tiempos.

Al final mucho de todo este blabla se reduce a la ecuación “Cuanto quiero arriesgar a correr ahora para poder seguir corriendo durante toda la vida”.

¿Qué? ¿Te va a costar más este año?

 

Correr en Lunes es…

Se ha terminado la semana y ¡arranca otra!. Te levantas sin tiempo. Arreglarte, desayuno, tuyo y de los demás, si te toca. Es posible que tengas que ocuparte de preparar bolsas de trabajo, escolares o demás tareas.

#¡YaesLunes!

Eso. De nuevo y gracias a Dios, como decía el otro. Como dice mi amigo el @arquitectador, vecino de blogs, no tenéis ninguna gracia tuiteando.

Y como muchos de nosotros, probablemente tengas programada una salida a correr. Normalmente las obligaciones de los corredores con el comienzo de semana dependen si:

(a) Están siguiendo un plan de entrenamiento determinado
(b) Acaban de comenzar con esto del correr
(c) Adoran el trote bajo cualquier circunstancia, libres como los pájaros.

Si no te importa, vamos a dejarte a un lado si eres atleta profesional. Para tí es como para todos, hay que correr sí o sí.

Si estás metido hasta las cejas en un plan de entrenamiento los lunes son maravillosos días de descarga (si el tute te lo diste el Domingo) o de transición (si tu rodaje largo tocó el sábado). Salvo que vivas en un entorno donde las carreras las organizan los Sábados, el Lunes toca contar batallitas, soltar dolores varios o acudir a fisioterapia, masajista u osteópata.

Los corredores ocasionales o los principiantes miran al Lunes como jornada de descanso. Al igual que el caso anterior, son fáciles de encajar en la agenda semanal. Quizá seas un corredor de fin de semana y hoy sea una mañana en la que camines como robocop. No te preocupes. Entrar en esa 38 o mantener el tipo para el resto de la semana tienen estas pequeñas contrapartidas.

Los apasionados del running, que son cada día más, correrán sea Lunes de Pascua o Jueves del Día del Juicio Final.

Pero ¿con qué cara? y… ¿a qué hora?

A muchos os cuesta reanudar los ritmos de madrugar, preparar esa corbata o escoger los zapatos que peguen con el vestido. El Lunes está más cargado que de costumbre. Si es jornada escolar, tus chicos necesitan diez minutos más de activación y se te queda corta la matinal, si eres de los que corre antes de ir a trabajar.

Si esperas a la tarde, es posible que encuentres en la cocina alguna nota con una lista de cosas para comprar. O un post-it con recordatorios, ajenos si pertenecen a la esfera familiar o de la pareja, o propios si eres de los que se colocan ‘buenos propósitos’ en los imanes de la nevera.

Y es que la vida en la ciudad está llena de connotaciones y extras siempre asociados a los Lunes. Como más la población mundial tiende a concentrarse en áreas urbanas, un día el mundo oirá un grito a coro: ” ¡A correr, que es Lunes!”.

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Foto: 20minutos

Correr y las ‘operaciones biquini’

Llega el verano. Atropelladamente, con prisa. Y las prisas, como se dice, no son buenas nada más que para los ladrones y los toreros malos. Para adelgazar no hay nada peor que tener prisa. Pero salir a correr las semanas inmediatamente antes de las vacaciones playeras es muy utilizado. Por que llega la operación biquini. (o bikini, que la RAE admite ambas)

¿Hacemos bien? Hombre, empezar a  correr siempre es sano. Teniendo en cuenta dos o tres principios básicos ayudará a que nos sintamos mejor. También, que es a lo que vamos, a perder algún kilo de los que nos sobra. O sea, que sí. Corredores pata negra, asumidlo: se nos unirá un contingente temporal con el único objeto de perder una talla.

No es mi culpa. Estoy rodeado de estímulos para que lo haga.

Claro. Adelgazar es un mercado. Muchos lo llaman ‘periodismo-salud’. En las últimas meses ha sido más que evidente que ha aparecido una buena batería de artículos sobre el running en medios poco habituales. En las portadas de salud o generales de diarios han aparecido artículos hablando sobre cuan de moda está. El Huff dice esto de “la droga saludable”, habla de los beneficios del correr y diversos testimonios aparecen contando lo que al fin y a la postre mueve a muchos: dedicar un rato a la semana, dos o tres o seis, a correr unos kilómetros. El País titulaba lo de ‘correr está de moda y es saludable‘, y como una alegre oleada en pantalón corto se escurrían los sesos en ABC con mini-vídeos.

Y la primavera multiplica las noticias porque los corredores ocasionales aparecen como las setas. Es fácil, barato y rápido de cogerle el truco, sí, pero durante Mayo y Junio la cosa va de perder esos kilos.

Incluso en las revistas especializadas hay un mensaje subyacente: correr… te ayudará a perder unos gramos. En las redes sociales se reproducen los mensajes en pos de esos gramos. Sólo en los últimos tres días, a todo color y con imágenes a todo color…

 

 

Vale. Que no me ciegue por los cantos de sirena. Pero ¿qué consejos sigo, entonces?

¿Me animo a este hobby y de paso pierdo unos gramos sudando o mejor me encierro en una sauna o en un atasco en la M40?

1. Abrigarte más no te hará perder más peso. Estás en la antesala del verano. Colócate dos capas más o un chubasquero y sudarás más. Perderás más sales. Bordearás la línea del colapso por hipertermia y la sanidad, recuérdalo, la pagamos entre todos. Pero la combustión de grasas se logra trotando más días durante más minutos.

2. Si eres constante el premio estará más cerca. O sea, correr no es un remedio inmediato. Ten en cuenta que el cuerpo no reacciona hasta pasadas unas cuantas sesiones. Cuando eres capaz de correr más de media hora seguida se desencadenan más mecanismos metabólicos. Digamos que el cuerpo ‘sabe quemar calorías’ pero necesita que se lo recordemos, especialmente después de una vida sedentaria. Recuerda que acabas de empezar a correr como remedio a tus excesos.

3. Tendrás más sed. Bebe agua para calmar la sed. Es natural, has comenzado un ejercicio en plena primavera. No la mitigues con ‘la cervecita’ o con ‘el zumito’. Recuerda que quieres perder calorías, usándolas. No las repongas alegremente. Corres el riesgo de ingerir más de las que has quemado. Un zumo o una bebida azucarada y con gas está plagado de azúcares añadidos que significan calorías directas. Más aún con los siropes de jarabe de maíz que se usan actualmente en muchas bebidas.

4. Aprovecha las horas más frescas del día. Evita el calor. Sí. Quieres el calor para sudar, pero por ahí no van los tiros. El mismo calor excesivo te echará atrás o te mandará a Urgencias. Si quieres que correr sea efectivo, hazlo en condiciones más favorables. Justo antes o después de desayunar, con el cuerpo aún fresco, estarás más preparado para el ejercicio. La diferencia de temperatura con la parte central del día puede ser de hasta veinte grados.

5. Como resumen, recuerda abonarte a la paciencia y afrontar de manera optimista este nuevo hábito. Esto tiene pocos secretos y sí muchas maneras de darse de morros con el fracaso.

No es zen. Es que te voy contando lo que llevo visto en más de treinta años corriendo.

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