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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Archivo de la categoría ‘Francia’

[-10] para Montblanc: detalles que lo convierten en una carrera casi perfecta

¿Qué es eso que tanto se habla de que la organización del UTMB es prácticamente perfecta? ¿Es para tanto? ¿De verdad se acerca tanto a un Tour de Francia o a un Maratón de Nueva York de las carreras de montaña?

No emitiré juicio hasta que no lo vea con mis propios ojos de cordera agotada. Falta ver la logística, la resolución de conflictos cuando la meteorología o los inconvenientes del momento lo requieran, el trato al corredor, mil cosas.

Pero, para ir entrando en materia, os daré unas pistas del material que llega a mis manos. Una de las maneras de chequear el estado de salud de un evento o una empresa es ver cuánto se trabaja en las oficinas de comunicación de la carrera.

Todos recordamos nombres y eventos de lo contrario. Donde uno se entera de los cambios 48 horas antes, cancelaciones o modificaciones, o notas de prensa donde predomina la información menos relevante, las fotos con los políticos de la zona.

Pues bien, en las últimas dos semanas, las personas que movilizan el departamento de prensa del Ultra Trail del Mont Blanc han logrado lo que parecía imposible: la avalancha de información me ha sobrepasado. Han tenido el cuidado de mantenernos al día de (agarraos):

1. Resumen personalizado de horarios y alojamiento.

2. Invitación a probar una nueva línea de frontales Petzl con uno de los corredores más famosos del orbe montañero: Seb Chaigneau.

3. Recordatorio de que visitemos y cumplimentemos el espacio ‘salud para el corredor’, donde quedará grabada tu información de emergencia médica

4. Algunos nombres a seguir entre los 100 mejores que asistirán según la Asociación Internacional de pruebas trail (ITRA)

5. La Web tv en la que se podrá seguir cada una de las cinco carreras: en ultratrail.tv

6. Métodos de seguimiento LiveTrail® para facebook, twitter, vamos, de lo mejor en materia de seguimiento en línea en pruebas al aire libre. O por SMS para familiares y amigos.

7. Conferencias que se celebrarán en ese sarao fantástico donde las marcas quieren estar: el Salón del Ultra-Trail

Es una buena batería de asuntos, como veis. ¡Y en solo dos semanas! Espero que sirva como guía y que alguien pase a alguien el enlace de este post. De los detalles del buen trabajo se aprende y todo mejorará. Con esa metodología y medios no habrá burbuja que valga sino crecimiento de calidad.

Me queda una duda. Si cuidan así a los medios de comunicación, ¿cómo no cuidarán a los auténticos protagonistas de la aventura, los corredores?

© The North Face® Ultra-Trail du Mont-Blanc® – Clément Vaillant

Preparándonos para la ‘grande boucle’ de las carreras por montaña: UTMB


Fuente: The North Face Ultra Trail Mont Blanc

UTMB. Marca registrada. un concepto registrado. ¿Cómo, si no?

No en vano es más que un trail montañés. Es un ultra por todas las connotaciones que este prefijo latino tiene en la escala deportiva. La preparación y el detalle es impresionante. La movilización logística de dar la vuelta con siete mil personas corriendo y gateando alrededor del Mont Blanc, el Monte Bianco de los italianos que lo miran desde Courmayeur, es impresionante.

Courmayeur. Esta localidad será la partida de la aventura que os relataré. Está situada en la boca sur del tremendo túnel del Mont Blanc, donde se produjeron infaustos accidentes en el pasado. Desde su centro partiremos dos mil corredores de montaña para terminar lo que nuestros compañeros de la carrera grande dejarán empezado unas horas antes. En concreto, miles de duros corremontes habrán salido la tarde anterior desde Chamonix, en el lado norte, el francés. Más miles. Más enormidad.


Fuente: The North Face Ultra Trail Mont Blanc Website

Y es que todo suena grande. Todo es ultra. Desconozco si hay fans y tifosi violentos alrededor del concepto del Ultra Trail del Mont Blanc. Podrían generarse sin lugar a equivocarnos. Tú organiza una carrera de montaña. Aloja en unos valles alpinos a todo el mundo. Dótalo de una asistencia de tres ejércitos de tres países y de media docena de temblorosos comerciales de agencias aseguradoras, mirando todos al cielo para que el pronóstico de ‘la méteo’ sea de sol y buen tiempo.

Que el matrimonio Poletti y el enorme equipo a su cargo, los patrocinadores de todo color, la forma física que presentemos cada uno sea un engranaje y las incidencias no pasen de raspones. Y esguinces. Y las alucinaciones propias de llevar despierto noche y día mientras subes y bajas valles y cimas.

Mímalos, a los siete mil. Día y noche, sin excepción. Ah, esos voluntarios. Dedícales desde tu desagradecido puesto de director de carrera unas certeras y duras instrucciones para que ellos puedan transmitir únicamente una sonrisa a esa exhausta figura que llega en mitad de la niebla, de la oscuridad.

Fuente: The North Face Ultra Trail Mont Blanc Website

Bien es verdad que somos un medio de comunicación. Y que comunicaremos lo bueno, lo malo si lo hubiera y lo excelso, lo épico. Si seguís este blog sabréis que no soy de mucha épica. Esto es poner un pie y luego otro. Aún así, el goteo de detalles alucinantes sigue llegando a mi cuenta y llevo semanas anteponiendo esos mensajes a otros más inmediatos.

Es normal que os los refiera.

Recuerdo haber leído de un ‘asomado’ a este blog, “habláis bien de ellos porque nos invitan a correr por la cara”. Pero el trato me tiene sinceramente abrumado con esa perfección milimétrica de su departamento de Prensa. Tanto en información para la carrera, para alojamientos, la escalonada y paulatina inscripción y confirmación.

Sí señores y señoras y cabras del monte. El Ultra Trail del Mont Blanc demuestra una seriedad que otros eventos-masa ya quisieran. ¿O es que habéis olvidado el birrioso y cómico espectáculo de la organización de lo que queda del viejo Giro de Italia? ¿O las trampas al póker de las ligas profesionales que se sostienen con dinero público y escamotean la fiscalidad de los clubes de primer nivel?

Si fuera periodista de ciclismo tendría un referente a mano para cuestionar y contrastar todas estas impresiones: el Tour de Francia. ¿Es el UTMB la otra ‘grande boucle‘?

Si Cristiano hubiese corrido en París


Fuente: EFE

A las seis de la tarde del día de la noticia, una ráfaga múltiple de medios de comunicación (este incluido) consideran que la agencia de noticias EFE cumple satisfactoriamente con la labor. El etíope Kenenisa Bekele “logró este domingo superar la mejor marca del Maratón de París”, “dominó claramente la prueba e hizo los últimos kilómetros en solitario” e “hizo signos de que tenía dolor en una pierna“. How nice. Démonos con un canto en los dientes, aficionados a correr. Tenemos nuestra píldora, nuestra cuota en los medios generales.

Existen excepciones, lógicas. En algunas editoriales cuentan con material suficiente que irá al papel; mañana es Lunes, el día del crecimiento al peso de la sección de Deportes. Pero es tarde de domingo. En los años ochenta las tardes dejaban un grilleo de transistores con el carrusel de los deportes, los ceniceros llenos de cáscaras de pipas. Hoy el nuevo periodismo desaprovecha uno de los pocos pozos de tiempo para la lectura. Resumiendo, abrir las portadas digitales esta tarde, abril de dos mil catorce, es regresar a Pepe Domingo Castaño cantando gol en Anoeta y a las conexiones con la fórmula de Fernando Alonso y las flechas plateadas.

Tendremos que comprar la prensa de toda la vida. El papel lo soportará todo – con suerte.

Un español tipo, sin tiempo material para ahondar en la información que le brindan los medios, tiene dos o tres horas para sentarse cómodamente. Para leer. Dadle de leer. En la portada de su tableta no asoman más que gráficos interactivos sobre el GP de Bahrein o futbolistas abrazándose tras un golProbablemente pase el mes de abril y el maratón dejará de ser un tema de interés en nuestros diarios. O cubrirá áreas marginales de la información en caso de récord o fallecimiento. Habremos perdido un lector. No se trata de pescar un aficionado al correr sino de mantener un hábito de lectura.

Pero tras unos maratones por el mundo hay bastante más que un hobby de Abril. La palabra “marathon”arroja 319 millones de resultados en Google. Cracks entre los cracks, presente en cada portada, Cristiano Ronaldo presenta 289 millones. Treinta millones menos.

¿Qué hay detrás de correr como un tonto (me refiero a los maratonianos, no se ofendan los aficionados al soccer) para que el planeta sienta esa atracción y que, en la prensa, apenas tengamos unas ráfagas en un lateral? Si al lector de domingo le dejamos asomarse a la trastienda, a esa ‘parte de detrás’, contribuiremos a no empobrecer la noticia o la columna.

Escribía Mathew Ingram hace un par de meses sobre la wikipedificación del periodismo. Lo último es lo que se cuenta, resumido y estructurado, por encima del análisis detallado de un contexto. Hoy más que nunca, somos capaces de leer sobre la información contextual crucial para entender qué ha pasado. No tiene que ser una columna de siete mil palabras. Periodismo puede significar el tomar un cuchillo y entrometerse en el cuerpo de la noticia como en la mantequilla templada. Los lectores podéis — podemos — ver el arco completo de lo último pero también escoger la parte preferida de un hilo argumental. Incluso, con apps como Circa, recibir en nuestro dispositivo noticias relacionadas con ese hilo, periódicamente. Entender todo un poco más hasta intentar apreciarlo, amarlo.

En esta primera sesión de Abril, del mes de los corredores en medio mundo, una vez más que se pase una oportunidad: en dos fines de semana consecutivos tendremos cerca de ciento cincuenta mil personas que se lanzan a correr cuarenta y dos kilómetros en varios escenarios. París, Londres y Boston. Paremos un segundo; pongamos en contexto del individualismo occidental algo cercano a esa cifra. Un cuarto de millón de personas entresacadas de un espectro gigantesco de gente que corre, o corretea. Un cuarto de millón de personas que van a coincidir en una celebración que les ha costado meses de entrenamiento, de salir a correr por encima de su esquema semanal. Instalémonos en la magnitud, la misma que nos podría llevar a comprender cómo cientos de millones de niños dan patadas a un balón en cualquier rincón del mundo, comprender qué supone esa fiesta en ambos ámbitos, Europa y Norteamérica.

París y su prueba de esta matinal de domingo va más allá de si el plusmarquista de las pruebas en pista, esas pruebas que cuentan cada día con menos presencia en las televisiones del mundo, debuta o no sobre la distancia. Estamos quedándonos con un hecho marginal. Kenemisa Bekele, para los lectores de Abril, es otro nombre a añadir a la confusa nube. La semana que viene será otro nombre-estrella. Mo Farah, el somalí que cruzó África y Europa con diez años para iniciar una nueva vida en el Reino Unido, otro de los campeones de las pruebas oficiales, que se lanzará a por las victorias y los récords, en el maratón londinense.

Hay más. Hay más de cien mil historias como la de mi amigo Juan Carlos Antón y su feliz final maratoniano, el “más duro de todos”. De Juan y su segundo Boston o de Pedro, el maratoniano que se declara albañil del asfalto y que ve cómo tiene que correr por calles siempre vacías, porque siempre lleva a todos detrás hasta que un día es descolgado de un grupo con menos piedad aún y se convierte en un último, solitario. Historias como la de un trío de amigos que intentábamos saber dónde demonios quedaba el camping del Bois de Boulogne en el maratón del noventa y siete. En el que experimenté las primeras pinceladas de las pruebas masificadas de verdad, el primero en el que supe a qué olían veinticinco mil corredores, que supe sobre la caótica mala educación de aquellos corredores parisinos que cruzaban sin mirar y daban codazos para tomar un vaso de agua.

París aprovecha este primer fin de semana de sol radiante para subirse a la oleada alegre del running global. La sociedad parisina, posmoderna, que busca reinventarse con cada alcalde-emperador, acoge a los nuevos titanes anónimos, a sus retos o su mera escapada turística, que toman durante un domingo las avenidas que inventaron el urbanismo eviscerante del siglo XIX. Es el París de la Comuna obrera o las cargas de las fuerzas del orden del tercer imperio, de la resistencia de esa miseria urbana frente a los grandes bulevares proyectados por el protoespeculador Hausmann. Los hombres y mujeres de medio mundo se dejan querer en pantalón corto por los cantos de sirena de una salida teatralizada en los Campos Elíseos. Kenenisa Bekele, para la masa participante, pasa a ser un problema menor desde el momento en que uno descubre la pasión desatada entorno a los sistemas de inscripción en línea, la saturación colorista del teatro deportivo de ese fin de semana o la envergadura de recorrer de este a oeste el catálogo de estilo, lujo, tópicos cinematográficos e históricos de la ciudad.

Con mencionar los ganadores y potenciales plusmarquistas no sabremos nada de todo ello. O de Boston, la ciudad que más ha tenido que contar al mundo entorno a su maratón, a raíz de aquel ataque terrorista de ahora hace un año,  que lanza a las notas de prensa nombres como Ryan Hall (heredero del imperio simbólico de Alberto Salazar) o Denis Kimetto, récord de la prueba de Chicago. Los noticiarios mimetizaremos todo aquello y quedará, con fortuna, guardado. Pero es probable que se cruce alguna noticia que pinte fetén en un recuadro con foto, un récord de goles o un accidente de un monoplaza.  O el fallecimiento de un corredor después de correr junto a sus cincuenta mil colegas dorsalizados. En muchas ocasiones el enemigo acecha dentro de la misma redacción de deportes.

El periodista Jacobo Rivero gusta de comentar su pasión por la columna deportiva analítica. No es difícil sacarle el ejemplo de su espejo periodístico, ese New York Times que dedicó cinco páginas a un equipo de baloncesto que no había ganado un solo partido en años. El coautor de Del Juego al Estadio (Ed Clave Intelectual) estaría de acuerdo con que algo chirría en la disfuncionalidad de la contratación de Bekele, gancho para la publicidad y bolsa segura para el propietario de sus derechos de management e imagen, Global Sports Communications, y lo que le rentará a un segundo o tercer clasificado en meta por kilómetro agonizado. El plusmarquista etíope se levantó entre 200 y 250.000 euros por debutar en la prueba de los Campos Elíseos, según el artículo de Laurent Frétigné, mientras que un quinto puesto de Jackson Limo se paga a dos mil según la tabla de premios. Limo es un extraordinario galgo que pasó el medio maratón en el grupo de cabeza en el escandaloso tiempo de 1h02.

Aguantar a más de veinte kilómetros por hora con los mejores del mundo apenas le reportará poder seguir como atleta profesional. Si Cristiano Ronaldo o Zlatan (hablamos de números pero también de nombres) juegan seis partidos al mes y corren unos diez kilómetros por partido, sus sueldos declarados podrían rendirles unos veinte mil euros el kilómetro. Dinero suficiente con el que un maratoniano africano podría solucionar el futuro agrícola y educativo de su familia completa.

¿Qué podríamos leer – u ojear, con lo que nos conformamos con frecuencia – si estos chicos de oro corriesen dos kilómetros a veinte por hora? ¿Algún periodista se ha puesto a tres minutos por kilómetro antes de evaluar esa tarea de temas que le ofrecen en la pizarra de la redacción a diario? No estamos haciendo demagogia ni amarillismo fácil.

Entender las bases de esa locura colectiva del correr no es listar modas y tendencias, precios de zapatillas y posados en los photocalls de las pruebas. Si medio mundo occidental corre, compite o corretea, ahondemos en algunos de los cimientos de quienes organizan y participan. Sobran historias.

¿A algún lector le importa? Yo creo que sí.

Algunas cifras sobre el Ultra Trail del Mont Blanc 2014

Algunas cifras que deberíamos saber, con el objetivo de comprender qué hay detrás de esa apasionante atracción de la carrera de montaña más solicitada del planeta.

El The North Face Ultra trail del Mont Blanc mueve estos números. Y no ha hecho más que empezar.

1. Este año, más de 14.000 corredores han respondido a la llamada de las inscripciones. De todas ellas, habrá 7.500 que se plantarán en las líneas de salida de las 5 carreras representando 77 naciones, movilizando más de 2.000 voluntarios y desplazando 50.000 espectadores

2. En el total de las 5 pruebas : 52,1% de corredores extranjeros y 47,9% de corredores franceses Es el primer año en el que habrá más corredores extranjeros que franceses en las carreras del Ultra-Trail®
El top 5 de países sigue idéntico al de 2013. Tras Francia, viene España: 8,93 % ; Italia : 8,90% ; el Reino Unido: 6,22% ; Japón : 3,73%. Vienen a continuación Bélgica, Suiza, Alemania y los Estados Unidos.

En 2014: España ha pasado por delante de Italia, ¡y los japoneses han doblado a los belgas!

3. En todo este fregado habrá 77 naciones representadas. ¿Mundialización? ¿No es esta una de las premisas para ser incluido en el programa olímpico?

Entre estas 77 nacionalidades hay 3 pequeñas novedades: Brunei, Mauricio y San Marino.

4. Un plantel de élites de más de 300 dorsales. En concreto 317 corredores (mujeres y hombres) con el «potencial top 10» según los criterios de la International Trail Running Association.

5. Ellas. En 2014, las mujeres inscritas representan el 13,3% de los corredores, es decir, una progresión del 3% en relación a 2013. Están bien representadas en la OCC (más de la cuarta parte de los inscritos). El UTMB® es la carrera con menos representación, con sólo un 8,14% de mujeres.

6. Edades. ¡De 20 a 70 años y más!
Los de más de 70 años prefieren un recorrido menos largo: 10 inscritos en la OCC de los cuales 2 son mujeres y 4 en el UTMB® entre los cuales hay una mujer.
Los más jóvenes (categoría Espoir a partir de 20 años – edad mínima para inscribirse) prefieren también la OCC : 32 inscritos en la OCC contra 5 en el UTMB®.

7. En la prueba de iniciación, colapso ya desde su primera edición. La nueva carrera lanzada en esta edición 2014 ha visto un verdadero éxito y ha hecho necesario un sorteo: la organización ha recibido 2.443 solicitudes de inscripción para 1.000 plazas disponibles.

8. ¿Experiencia? Cada vez hay más corredores nuevos, entre los deportistas que vienen de otras disciplinas. La cantidad de participantes que vienen por primera vez al evento aumenta regularmente en la mayor parte de las carreras.

Todo esto completa un escalón más en esta ascensión imparable que invita a recorrer durante horas, subiendo y bajando, los contornos del macizo del monte blanco.

Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

La burbuja de las carreras de montaña

Diez de la mañana de un día de invierno cualquiera. Dos mil setecientos dorsales disponibles. Se agotan en diez minutos.

¿Dan roscón? ¿Prometen un puesto de trabajo bien remunerado? No. Es inscripción a los 101km de Ronda, que agotado todo en horas. No se trata de una familiar carrera de fin de año. Ni de los populares diez kilómetros de tu ciudad, esos en los que todo corredor tiene puesto en rojo en el calendario. Hablamos de una prueba de ciento un kilómetros, a pie. Trata de que, superada la barrera de correr, franqueada la línea suicida del maratón, una vez relativizado a Filípides, el personal se pega de tortas por un evento de más de diez horas de esfuerzo a pie.

Tampoco es un caso único. Este invierno se alcanzarán las listas de espera en pruebas que se disputarán en verano como el Gran Trail Peñalara, Europa entera pedirá un dorsal para las diferentes distancias -crueles todas- del Ultra Trail del Mont Blanc y faltarían todavía otras cinco mil plazas para atender a todos los peticionarios. Cuanto más largo, más duro y más vistoso, más apetecible.

¿Está viviendo el running de campo su explosión definitiva? ¿Es, en cambio, una traslación de la carretera y las calles a la montaña?

Hay alguna pista que indica que la tendencia no es la de una burbuja típica. No hay pruebas infladas o sobredimensionadas salvo algún ejemplo. Las organizaciones, tanto de carreras de ruta como de campo, sostienen más o menos razonablemente los recursos asignados a cada participante. Una burbuja es la exposición desmedida de una oferta a una demanda inexistente, más o menos. En este caso hay más demanda que oferta.

Sí hay un incremento de precios pero no es una progresión geométrica de los últimos años. Es un movimiento sostenido. Además se debe, en gran medida, a que ahora los costes reales de la prueba se repercuten en la inscripción, dado que las subvenciones públicas han remitido o no son tan elevadas.

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Fuente: Memphismadrid-Kataverno.com

Me parece más bien una especie de conquista alocada de nuevos formatos.

En Francia se pudo observar el mismo fenómeno durante los primeros años noventa. El hastío de algunos corredores frente a la eterna lucha en circuitos monótonos, la aparición de los trails y una madurez en el pelotón confluyeron. Generó una buena estampida de corredores experimentados y amantes del monte generaron el movimiento más poderoso de correr por las montañas en Europa. Superó incluso en importancia y volumen de las cifras a las que se movían en Estados Unidos.

Hablamos de una prisa desmedida por acudir al mayor número de pruebas posible. El aumento de corredores en general ha sido demasiado y no hay tantas carreras como se desean. De la ruta salen entusiasmados corredores hacia el campo. En las carreras populares se ha triplicado la participación en apenas cinco años. La consecuencia inmediata es que todo el pelotón intenta inscribirse a todas.

¿Inscribirse a más de una de esas barbaridades de quince horas corriendo por el campo? Sí. Y a más de cinco al año. El corremontes hispano circula desbocado. Yo creo que es más una burbuja emocional del corredor.

Además la sesera de los practicantes de esta variedad de correr, la del risco, la senda virada y los valles magníficos, está siendo bombardeada con el fenómeno Kilian. Es increíble lo que ha conseguido en los medios la presencia de un superclase que, de haber ocurrido en los años de los Fiz, Antón y compañía, habría pasado desapercibido. ¿Alguien recuerda el dominio del monte de Quico Soler? Pero Soler no llegó en el momento preciso y parece ser que Jornet sí. Y todo esto ha arrastrado aún más a corredores ansiosos de liberarse de peñasco en peñasco.

¿Supone todo esto que habrá carreras que no sobrevivan a la burbuja?

A la locura (burbuja) del corredor sobrevivirán las carreras que cedan a todas las exigencias del runner. Y éste es muy detallista. Exigente. A veces no hay quien nos soporte. Si esto se ha de hacer a costa de aumentar los precios, se romperá el equilibrio. O sea, aguantarán las que más capital manejen.

Se debería empezar a hablar de un capitalismo salvaje del ocio. Que siga el debate.

¿Podríamos soñar con una “sainte” a la española?

El pasado puente se celebró la Saintélyon. De Saint Etienne a Lyon de noche y en invierno. Por el campo.

Media docena de locos se inscribieron.

Mejor dicho, doce mil corredores. Que disputan el honor de cruzar de una a otra gran ciudad francesa a lo largo de más de noventa kilómetros, con natural disposición y alegre espíritu mientras el clima dice lo que dice.

El vídeo de la edición del pasado fin de semana, aquí.

Fuente: SayntéLyon.com

Uniendo París, Hamburgo y Rotterdam por relevos

Entre los eventos que pasan sin pena ni gloria para los medios de comunicación europeos hay uno con carácter. La RoPaRun (Rotterdam-Paris-Run). Tiene suficiente empaque para mencionar que este año ha recaudado cinco millones y medio de euros para la investigación contra el cáncer. Es un triángulo que lleva corredores y sus equipos de apoyo desde Hamburgo y París hasta Rotterdam.

La ROPARUN es una prueba por relevos que se inició en 1992. Entonces unía Rotterdam con París. Atravesando durante aproximadamente 520 kilómetros las tierras de las batallas contra el mar y las batallas entre los europeos. Desde el primer año la roparun demostró que era una cuestión de organización, espíritu de equipo y un mínimo de treinta horas corriendo entre los diferentes componentes. Los equipos tienen máximo ocho corredores que tendrán que repartirse más de sesenta kilómetros cada uno.

Con llegada desde 2004 en el mismo Coolsingel, la avenida central de Rotterdam donde se establece la meta del mundialmente conocido maratón, equipos e instituciones tienen como objetivo la combinación de la aventura deportiva y la consecución de un fin solidario. En 2004 se invertía el sentido de la prueba y la ruta adquiría la dirección Sur-Norte. Para 2004 el componente de charity se había acrecentado de manera exponencial, de los 40.000 euros hasta los 2,400.000 de esa edición.

La ampliación de la prueba de mediados de Mayo al territorio alemán y acogiendo así una segunda ruta supuso en 2013 el diseño de un recorrido alternativo. Así, durante 560km, se une Hamburgo con la ciudad del Maas.

¿Una idea para 2014?

Fotos: Roparun.nl+PhoToos.nl

 

Ultreia. Los límites del correr hasta allá y más lejos

El fabuloso conversador Bandoneón, que aquí entra de vez en cuando a comentar, me contaba un día que esto de correr era la sencilla reorganización de un juego antiguo como el hombre mismo. El quién llega antes hasta ese árbol.

Ir hasta el árbol y volver fue la semilla directa de las primeras apuestas. Los más atrevidos y con menos conocimiento optaron por ir y volver dos veces, seis, diez, o alargar hasta otro árbol, hasta el monte y regresar. De sopetón se encontraron con que no había manera de disfrutar del duelo, de aquel sufrimiento casi circense.

Con cierta capacidad de predecir el fracaso del formato, los griegos decidieron circunscribir el duelo a un estadio (unos 190 metros). La longitud estándar de la carrera. Sin querer, habían inventado el atletismo de la televisión, de Pistorius y de Usain Bolt. Le habían cercenado las alas cientos de años antes de que el dinero se las terminara de eliminar.

Pero unos pocos dementes pensaban que el doble estadio, díaulo, el dólico, era someterse a correr enjaulados. Ya en el siglo XVIII ya aparecen tipos a los que el duelo aficionado, la apuesta ciega y llena de vino, les tiraba más que a vosotros una ración de tortilla con pimientos.

En el XIX se había ido mucho más lejos de lo que se imaginaría el movimiento olímpico al final del siglo posterior. Una corriente del ser humano se había ido de madre. Por diversión muchas veces, pero también por constituir el modo más eficaz y antiguo de desplazamiento. Correos personales del inca, los chasqui, lacayos franceses que hacían de correo a pie (una de la primeras carreras a pie registradas se celebró en Reims en 1592 sobre 82km), o las apuestas en los valles vascos y sus corricolaris.

¿Sabías que en 1928 se hizo la primera carrera a pie atravesando por completo Norteamérica, desde Los Angeles a Nueva York, a lo largo de 3.100 millas?

Eran los idos del más allá. Correr hasta terminar la lógica del límite humano, y seguir. Los años ochenta redefinieron el mundo del correr. Se hizo un injusto borrón y cuenta nueva de toda la historia del desplazamiento a pie. Pero la popularidad de las carreras resurgió en EEUU muy por encima de todo lo corrido y recordado. En seguida se adoptó la palabra ultramaratón como todo lo que superara la mítica distancia del maratón. Obviamente, lo ultra sonaba a extremo. Inconscientemente, se habían olvidado las distancias gigantescas que el ser humano venía recorriendo durante siglos. Tardarían años en ser investigadas de nuevo y asomaría la nueva fascinación.

Pero ultra es un prefijo latino. Es más, el esquinazo occidental de Europa venía hablando lenguaje ultramaratoniano desde siglos atrás. Ultreia asoma en los párrafos del Codex Calixtinus, el libro escrito hacia a.d. 1140 que describe las jornadas del Camino de Santiago. Era el saludo entre los peregrinos de la gran aventura de la Europa Occidental.

Y es que, desde que caminamos erguidos,  nuestra historia parece vivir de redescubrir lo sepultado por el tiempo. En este caso era repetir las largas caminatas entre los footmen del ‘go-as-you-please’ del siglo XIX. Las apuestas en la plaza de Lekumberri y su mítica legua. La París-Estrasburgo de 1926.

¿Volvíamos a inventar algo que llevaba vivo desde que el hombre posee la curiosidad de ir hasta aquel árbol y más allá?

¿Aquel árbol que se ve o, parafraseando a Maurice Herzog, al árbol que cada uno tiene en su interior?

Si alguna vez has salido a correr sin mirar el reloj o sin preocuparte de la ruta, cuéntanoslo.

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Foto: King of the Peds.

Están locos estos galos

– “¿Los romanos, Obelix?”

¿Locos los romanos? Los que están de terapeuta son nuestros vecinos franceses.

Qué hace el personal de la tierra vecina abandonando los kilómetros bien marcados y tirándose al fango o a la campiña es un misterio insondable. Quizá sea el esprit de picnic o que los principios morales rousseaunianos se han mutado de los principios de posesión a los principios del gorrineo.

La Transbaie es un ejemplo. Kilómetros por las marismas del Somme en los que se chapotea, se hunde uno hasta los tobillos y se monda de risa.

La Transbaie. Qué holgorio. Pero es un ejemplo de correr para disfrutar. Como el archimencionado Marathon du Medoc. Posiblemente, el maratón más largo del mundo. ¿Está mal medido? No, es más largo por las eses frenéticas que se hacen de avituallamiento a avituallamiento.

¿Te apuntarías a un sarao en el que se toman estas fotos?

Sí. Es un avituallamiento. Con burdeos isotónico. Así se explica lo de las eses.

No tiene mucho que ver con la imagen de teóricos estirados dictando sentencia de muerte con la actitud que ha trascendido de las películas o de los viajes de nuestros emigrantes. Más bien tiene toda la pinta de una posición que quita hierro al trascendental hecho de correr (un maratón, en este caso). Vamos, que están contentos de hacer el gamba en un día de deporte al aire libre.

¿Nadie va a poner orden en este marasmo?

Lo poco que he rastreado en los foros de corredores y demás redes sociales francesas, no hay mucho purismo entre la sección routier. No he leído asunciones de que “os estáis riendo de los maratonianos de verdad” ni “dejadnos con nuestros tiempos que también os respetamos a vosotros con vuestros disfraces”. Lo habrá, pero hay un buen mercado para los corredores más recreativos, entre los que me incluyo.

Por si alguien tenía dudas de la variedad de chuflas que hacen los galos al programa olímpico, que aireó un barón francés del que quizá quieran alejarse, otro botón.

¿Y estos? ¿No tienen casa que andan de noche por ahí?

Es el Ultra Trail del Mont Blanc. No es una carrera por el campo. No es una ruta senderista de larga duración. No es una excusa para sacar el jugo a nuestros materiales ni nuestras piernas. Son casi ciento setenta kilómetros que se hacen en un tiempo máximo de dos días escasos. ¿Alguna promesa a la virgen o algo? Pero… ¿el monasterio de Lourdes no está en los Pirineos?

Rien de rien. Es que no hay manera de dar la vuelta al macizo entero del monte blanco por otro lado. ¿Para qué discutirlo? Más cuando el éxito del formato es tal que supuso un rebautismo de las carreras de/por montaña. Desde el empujón mediático de la prueba de Chamonix, existe una nueva categoría a la que nadie parece discutir su epistemología: el ultra-trail es el ultra-trail y no se da más vueltas. Más largo, más burro.

Lo dicen en Italia pero yerran como han errado con su presidente: “sono pazzi questi romani” (SPQR). En este caso los que “sono pazzi” son los mismos galos. Pero esto no se lo vas a explicar a René Goscinny y Albert Uderzo.

Ya. A saber esos dos qué maratones han corrido.

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Fotos: Courrier Picard; RunnersWorld; Pascal Tournaire