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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

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¿Correr? Eso es de cobardes

Animado por haber estado repasando los comentarios a favor y en contra de mi penúltimo post (ya sabéis, el de la dureza del correr por la montaña), le dí una pensadita a esta exposición pública del correr.

“Es una moda estúpida. Ya estás mayor para hacer el tonto por el campo”
“Correr tanto para que luego te retires, eres un mierda”
“Un pico y una pala os daba yo”

Es un ramillete que muchas veces se ha popularizado en ese global “Correr es de cobardes”. Frase que ha provocado respuestas, adhesiones en mitad de una ronda de vinos, títulos de libros y hasta de formas de ver las cosas.

Habría mucho que lidiar, si es mejor cobarde vivo que valiente descuidado. O si deberíamos dedicarnos a correr y tomarlo como un íntimo proceso espiritual o subirse al lobby runnero hasta modificar los cimientos del mundo.

¿Qué pienso yo de todo esto? Cobarde es escudarse en un alias para insultar pero asumo los riesgos de ser portada en algunos momentos en este diario. A partir de ese instante debo enfrentarme a las consecuencias. Internet es así.

Pero (ay, los peros), salen puntos y más puntos a favor de si salir a corretear. Más, con la que cae. Metámosle mano al solomillo con espíritu de magacín de verano. Cuatro contra cuatro.

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Exacto. Superficialidad, inconsistencia y liviana tontez. Es verano.

Correr no es de cobardes:

  1. Quita los sofocos del día a día. Alguien que se enfrenta con el deporte a las ganas de coger un arma y liarse a tiros es un valiente.
  2. ¿Cobardes? No te han visto llegar por los pelos a rescatar a tu pequeño de la piscina de bolas, raudo como Usain Bolt. Ni aguantar duro e impenitente las ocho horas de paseo por las compras de Navidad.
  3. Puedes decir que tu velocidad media de trote es mayor que la de un atasco en las arterias de tu ciudad. Además, ahorras humos a ese cielo marrón-gris que respiran hasta tus enemigos.
  4. Bueno. Salvo que tengas enemigos con respiración anaerobia. En ese caso, vigila con qué microorganismos te juntas. Claro que, en este caso, serías todavía menos cobarde.

Correr es de cobardes:

  1. Sales a correr por no mirar a los ojos a la pila de ropa de planchar.
  2. Correr para llegar a tiempo a que no te cierren la tienda de referencia mientras haces pereza para bajar a por verdura. Y eso que tu chino (también de referencia) abre hasta las 23h.
  3. Quítate ese plástico que recubre tu lorza mientras corres o te deshidratarás sin adelgazar. Afronta tu realidad delante de tu espejo y repite conmigo y en voz alta “Necesito un cambio estructural de hábitos alimentarios”
  4. Es el cuarto viaje de familia que organizas aprovechando que hay una carrera en… Aparca el tema y disfruta de un hotel playero con setenta horas diarias de actividades familiares. Apechuga, que dijiste lo de “en la salud y en la enfermedad”.

Correr: La industria yanqui echa cuentas

Hace unas semanas ya salió el informe global que elabora la ‘Outdoor Industry’ norteamericana. Es decir: la industria del ocio y tiempo libre. Es interesante saber cosas de una sociedad. De la propia es ideal aunque conduce muchas ocasiones a la frustración.

Mitiguemos, entonces, los daños mirando a otro lado. Asunto en el que somos especialistas en España.

Veamos las cifras del informe anual del sector que consideras tu favorito. El informe se colgó en una web abierta y al alcance de todos. En esencia,

Un número record de norteamericanos participaron al menos en una actividad reglada al aire libre en 2013. Casi un 50% de los estadounidenses mayores de seis años lo hicieron, contabilizando 142.6 millones de participantes.

Corre, camina o gatea.

Este es un blog de correr. Veamos cómo nos va en las variedades de calle, parque, campo o risco asesino.
De 6 a 24 años, correr en sus mil acepciones fue el más popular de los ejercicios al aire libre. Un 29.3% (23.8 millones de participantes) superó a la combinación de bicicleta, BTT, BMX por más de cinco puntos porcentuales y cuatro millones de jóvenes.

En España correr tiene un cariz más maduro, como sabréis, además de cifras de mujeres participando en carreras merodeando el 25-30% de media. En EEUU, por sexos, un 50% para cada uno.

El número varía tomando a los adultos mayores de 25 años pero correr (o corretear) sigue siendo la preferencia número uno. El 16.2% de los adultos, 33.8 millones de participantes, por delante del sorprendente entretenimiento de la pesca (que se llevó un 14.8%).

En algunas ocasiones he citado matices en cuanto a grupos raciales en los estudios norteamericanos sobre el running dichoso. La reacción de muchos lectores no fue totalmente positiva, pero si somos una sociedad multicultural tenemos que entender cuales son los gustos de nuestros conciudadanos. Otra cosa es que nos la cojamos con papel de fumar. En 2013, de cada 100 jóvenes de 6 a 24 años que practicaban ‘esto’ en Estados Unidos, el 68% era parte de la américa blanca, con apenas un 11% entre afroamericanos y un 10% en hispanos (siendo estos la principal lanzadera demográfica del país). Quizá correr no sea tan entretenido fuera de algunos ámbitos sociales. Es algo para curiosear e incluso preguntar a los propios implicados. Aconsejo el artículo Why is Running so White?

Y es que la actividad deportiva es más que sentarnos después de un trote a tomar una cerveza y comentar la jugada. La industria, como fantásticamente explica Sergio Fernández en sus entradas denominadas €uros, mueve cifras mareantes. La entidad con la que abríamos este post resume en sus anuarios cuatro líneas.

La actividad al aire libre sostiene en EEUU 6.1 millones de puestos de trabajo directos. Al año se gastan 646.000 millones de dólares en deporte al aire libre, de los cuales cuarenta mil millones van a tasas federales y otros cuarenta mil a impuestos locales.

¿Nos hacemos ahora una idea del alcance de esta tontada del correr? No es extraño que suframos y contribuyamos a esta fiebre. Hay que ser un consumidor muy sensato y saber qué nos beneficia para que un ejercicio sencillo como trotar no nos coma ni nos convierta en cazadores de tendencias.

De todos modos, ¿quién tiene la potestad de impedir que cada uno haga el bobo como mejor le parezca?

Sé libre. Corre. O no. Pero no te lo pienses mucho, como dice Chema. Te podría comer la industria y perderías la capacidad de decisión que nos hizo famosos como especie.

Dejad paso. Este sí que corre. Y corre mucho

Aclarando términos. Hoy se incorpora a los blogs de 20Minutos Chema Martinez. Sí, ese. El que corre.

Digamos que el que corre como se debe correr. Por si alguno creíais que del correr solamente se podía hablar de manera socarrona y relacionado eternamente con la buena vida, el comer, el vino y el parar bajo un pino a tomar la sombra, chiquillos, chiquitinas, no. Digamos que correr, correr, es lo que ha hecho toda la vida el héroe de Villaviciosa de Odón. Aquí, el abajo firmante, se desplaza algo más deprisa que caminando.

Y es que a 20Minutos ha llegado el correr con mayúsculas. Un pedazo de campeón al que tendrán, sugerencia suya, que ponerle un ordenador y una mesa en la Casa de Campo madrileña.

Cuenta esto con pequeños problemas que seguro que este diario solventará de manera veloz.

1. Costará convencerle para que mantenga la boca cerrada. No porque sea un polémico guerrillero sino porque va siempre sonriendo. Corre y sonríe. Su eslogan ‘no pienses, corre’ es casi más ‘no pienses en qué cara poner, ríe’. A veces esa risa, ese gesto, coño, ¡da rabia! En todas las fotos en que uno sale asoma un gesto de angustia o cansancio. Pero Chema va siempre medio comiéndose el viento medio descacharrado de la risa.

2. Este diario tendrá que establecer dos turnos para que tengamos listos los posts. O, si deciden cerrar la edición bloguera y salir a tomarse unas cañas cuando Chema y los jóvenes terminen y entreguen el material, que sepan que otros escribimos más lento. Si les pillo con la tercera ronda de cervezas prometo robarles las tapas de la cuarta.

3. Os compararéis con sus ritmos y pensaréis que no corréis una castaña. Pero es que Chema es meta-humano. Tiene mitad de humano y mitad de gacela. Nosotros tenemos mitad de humano y mitad de culo silla de oficina, o asiento de furgoneta de reparto o mitad de cuarto de ir sirviendo mesas. Sería deseable que 20Minutos lanzara una campaña contra los excesos de velocidad en los parques. No sea que os volváis locos.

Comprendedle, es un muchachuelo del 71. Va a toda prisa. Para sus carnes magras el viento es eso que le seca el sudor a veinte por hora.

Solamente nos queda darle la bienvenida. Mirad, por ahí va, a todo trapo. Ay, los mozos.

Fútbol. Hala, ya lo he dicho.

No voy a escribir sobre qué me parece que el mundo esté aguantando la respiración ante la Copa del Mundo de Brasil 2014. Ya lo ha dicho por mí Issac Rosa en su artículo. No seré el coñazo antifútbol.

Cuando veraneábamos en aquellos ochenta del Valle Amblés, yo jugaba bastante al fútbol. El ser ya un atleta escolar me había regalado mi primer estirón (os recuerdo que empecé a correr para dejar de ser un niño de diez años con evidente sobrepeso). En los partidos en el pueblo agrupábamos los bandos en el simplista ‘los de Madrid’ contra ‘los del pueblo’. La verdad es que, al ser niños del baby boom, aquello permitía que salieran suficientes unidades como para partidos enteros de fútbol en campo grande.

Y en el campo grande que el pueblo tiene en las eras, lindando con unos pivotes de granito, aquella banda izquierda era dominio de Luis. Corría y recuperaba con suficiencia en medio de una adolescencia en la que los primeros alcoholes eran sintetizados por la edad. Correr me daba fondo como para subir, centrar y bajar a dar una amable tarascada a Ismael, otro amigo al que le encomendaban subir por su carril. Suyo o mío, no estaba muy claro.

Pero aquello era un juego. Entonces, jugábamos.

Lo que ahora entumece y ha convertido a la sociedad en imbéciles teledirigidos es un negocio.

Qué queréis que os diga. Me estomaga.

Se ha escrito mucho sobre la pureza de que te guste correr. Lo de ser aficionado al deporte más solitario y duro, sencillamente, no tiene sentido. Nadie es aficionado al ‘running’ sino que se abrocha un par de cordones y arranca a trotar.

Por contra, hay más gente aficionada a la pulsión de ver -incluso de hablar de ello sin verlo- esa mezcla de drama televisado y deporte llamada ‘el fútbol de los huevos’. Que ni siquiera se parece a ver chicos jugar en un patio de colegio. O entretenerse dando patadas a un balón desinflado en un pasto. Ni se parece a ese arranque puro de una niña a dar un puntapié a una pelota antes de que le enseñen que las chicas y el fútbol están destinadas a pelearse.

Porque esto va de eso mismo. No de sudarla un rato con doce compadres y de beber un trago fresco de agua o cerveza. Esto va de que las masas se agrupan en bandos religiosos. Se comulga con la camiseta, se idolatra a los jugadores que presumiblemente sientan cien veces menos la camiseta que un impago de su salario.

Y, creedme, si convertís el correr en algo parecido, os lo cargaréis. Corred. Es algo que un futbolero no entenderá porque le está costando, incluso, ponerse a dar patadas al cuero.

 

Corriendo por Beatriz

Cuento, entre los mejores amigos que esto de correr me ha tirado en cara, una panda ecléctica y tripera que tienen su base deportiva y personal en La Mancha. Son los imprescindibles de Corriendoporelcampo. Todo lo que tienen de grandes oradores lo tienen de grandes de todo lo demás. De corazón sin control, de humor sin medida y de hambre y sed sin posibilidad de aplacamiento.

Qué le vamos a hacer. La genética nos dota de cosas buenas y de otras, simplemente, “cosas”.

 

El hecho es que también irán a correr y gatear y arrastrarse, en esta justa proporción, a la prueba más mencionada en los círculos de corredores campestres. Sí, los chicos del CxC estarán en Chamonix intentando llegar en tiempo de que les atiendan en meta del Ultra Trail de Mont Blanc.

Allí nos encontraremos, entre ese marasmo de montañeros afilados y de expertos ultrafondistas. Los CxC (y yo, en cierta medida, al estar más cercano a su filosofía que a las otras) aportaremos cierto contrapunto. A decir verdad, todo esto les cogió un tanto de trasquilón porque se presentaron al sorteo de plazas esperando no ser escogidos y acumular meses de experiencia para, sí, apostar fuerte en 2015.

Pero la mala suerte les fue esquiva y les tocó. El no saber hacer las cosas a medias tiene consecuencias como esas. Así pues, empezaron a pensar en cómo hacer que tanto correr y tanto contarlo tuviera una aplicación práctica. Y se les cruzó la historia de Beatriz.

Bea.

Beatriz Peláez Díazy aquí paso el teclado a los amigos del CxC– tiene seis añitos (cumplirá siete el próximo 15 de octubre) y vive en Poblete (Ciudad Real). Beatriz no puede correr. Tiene atrofia muscular espinal tipo III, una enfermedad degenerativa que afecta a su sistema nervioso central, a sus motoneuronas, provocándole una progresiva debilidad y degeneración muscular.

Su sistema respiratorio y su musculatura se van atrofiando poco a poco. Como consecuencia de ello, Beatriz irá perdiendo capacidad para andar, moverse, comer o respirar.

Y mis amigos han pensado en “vender” los 168 kilómetros que recorrerían  cada uno de los tres integrantes del club el próximo mes de agosto en el Ultra Trail del Mont Blanc. Con ello, para que todo lo obtenido por ello se destine íntegramente a hacerle a Beatriz la vida un poco más fácil.

¿Quieres conocer algo más de este proyecto solidario? ¿Sientes insana curiosidad por conocer cómo relatan sus aventuras de corredores por el campo? Entra en su web y pasa un rato imaginándotelos ahí, al lado, cerveza o plato de migas en mano.

 

Un día, sencillamente, las piernas no van

Ese día parece que las piernas han decidido declararse en huelga. No van. Sales a correr y, en un momento, que pueden ser diez segundos o cien metros o doscientos, nada. Y tiras de corazón, al que sometes un poco más y decide que hasta ahí has llegado.

Nada va.

En algunas ocasiones le hemos echado la culpa a los cambios estacionales, a la variación de la luz y ese estado mohíno que nos invade. O empezar a correr con los fríos que dificultan el calentamiento de los músculos. O los primeros calores que aplatanan y deshidratan. También se habla de la incidencia de las alergias, asmas o de otros patógenos, antibióticos que exprimen hasta el último hálito de un corredor, cien factores.

Ya. Pero ayer podía correr sin tanto problema.
Ha sido un ‘ploff’ repentino.
¿Qué hago?

Ahí el drama. Ahora, ¿qué hago?

¡Qué hago! ¿Se termina mi carrera de corredor hasta que no llegue el invierno? ¿Voy al médico? ¿Voy al neurólogo? ¿Cómo voy a parar de correr si es lo que mejor me sienta?

El corredor se convierte en un Woody Allen a la búsqueda de un coach, de un experto corredor, de un bloguero-curandero o de lo que sea. Y la espiral puede terminar, efectivamente, generando algo más estructural. Una dolencia psicosomática o un trastorno somatoforme: cuando una persona percibe el estrés puede generar respuestas emocionales y de conducta que derivan en dolencias físicas. Con que no seamos burros. La generación de pensamientos negativos no ayudará mucho. Así que, como primer paso, no te tortures.

¿Y si no es eso? ¿Y si vivo feliz, mi entorno me apoya y quiere, y únicamente me preocupo de hacer el bien? Los síntomas son que, simplemente, no voy.

En este momento declaramos inaugurada la ronda de Junio de consejos del abuelo corredor.

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1. Ponte a pensar en otra cosa.

No he dicho “busca otra carrera más adelante en internet, que a esa seguro que ya llegas en mejor forma si acomodas ligeramente el entrenamiento del mes que viene”. He dicho “ponte a pensar en otra cosa” ¿Hay otra cosa aparte del correr?

Sí. Repasa el jardín, haz limpieza en los armarios, comparte un ciclo de teatro con tu pareja o lleva libros que no uses a la biblioteca o asociación benéfica de tu barrio. Hay otras cosas. Os diré una más: cuando han pasado dos días o tres sin pensar en correr, superado el síndrome de abstinencia que tu cuerpo sufre pidiendo su dosis de endorfinas, recuperas el cerebro. Y, acto seguido, él se encarga de ir reparando tu físico.

2. Esconde la báscula.

Yes. Esa báscula a la que presentamos nuestros respetos a diario, porque lo dicen endocrinos, planes de entrenamiento o revistas especializadas. Sin darte cuenta, subes a ella a diario como examen de conciencia. Si aparece medio kilo más, algo estás haciendo mal. Si aparece medio kilo menos, será una ventaja competitiva en tus entrenamientos. Es un grave error.

Estas semanas previas se ha caído un cinco que vivía cómodamente instalado en mi pesada casi diaria. Casi de puntillas sobre el cuatro ha venido a vivir conmigo un tres. Ahí una de las razones de cierto cansancio de los últimos días y de que hayan asomado sobrecargas y molestias generalizadas.

Es hora de parar y levantar el pistón. En un mes, saliendo a correr de manera habitual, kilo y medio en mi asquerosa carcasa suponen una pérdida de masa muscular, en depósitos de grasa y de líquido. Por lo tanto, a darme un descanso de dos cosas, porque la temporada es larga, es eterna: fuera palizas durante una o dos semanas, fuera la báscula. En un par de semanas os prometo contar mi regreso al cinco.

3. Esas meriendas-cena, esos gazpachos.

Habitantes deportistas del hemisferio norte, cuidado con las comidas de verano. El calor, los cambios de horario y picar y llenar con cerveza fresca las comidas normales son un pequeño lujo. No podemos permitirnos muchos lujos a no ser que -de nuevo- paremos de correr un poco.

Cuando empezaba a salir a hacer grandes kilometrajes, con el cuerpo aún tierno y sin varear (imaginaos la de años que hace que me libré de ir al instituto la mañana siguiente) sufrí la gran pájara. En un entrenamiento de domingo de veinticinco kilómetros, pasada hora y media tenía hambre, se me nublaba la vista y tuve que regresar caminando durante casi nueve. La mañana del lunes, en la curva de azúcar de una analítica, seguía con los depósitos vacíos. Y os prometo por los huesos faciales de Chema Martínez que el domingo llegué a casa, comí, merendé, cené y vuelta a empezar.

Pero era mayo. Hicimos una merienda-cena el sábado demasiado ligera y demasiado temprano y, cuando salí a correr esas dos horas llevaba casi doce horas sin ingerir sólido. Los corredores, aunque apenas trotemos media hora, necesitamos mantener un nivel de ingesta calórica básica por muy burros que nos pongamos queriendo entrar en esas bermudas o ese bañador.

Ya sabes por dónde atajar una buena parte de los síntomas que no son específicamente de agotamiento por sobreentrenamiento. Éstos últimos merecen el paso por un entrenador y un fisioterapeuta.

Además de dejar de correr una temporada, animalito mío.

Algo que quizá no te contaron antes de empezar a correr

Correr duele.

Lo sabes. Sé que lo sabes y por eso me paro un momento. Para recalcarlo.

Habrás entrado a este mundo de pequeño, desde el atletismo escolar. Probablemente, si no, seas uno más de los que han descubierto que el modo de vida [escalofríos] del tipo deportista del siglo XXI es fastuoso, te realiza y llena como persona. O, es posible, seas una convencida estajanovista de la vida sana y añadas el trote moderno a tus esfuerzos por alcanzar la plenitud.

Porque te van a doler tendones, músculos, paredes cardíacas y diez partes más de tu cuerpo. Si la naturaleza nos hubiera querido corriendo ad aeternum nos habría extirpado el cerebro. Corremos mientras éste, el jefe, mantiene el estímulo químico que tolera el dolor.

Ya, pero…

Este no es un ejercicio complicado. Es tosco y no necesita grandes parámetros técnicos o estratégicos. Es fácil si el objetivo es ir ganando kilometritos a la vida sedentaria. Es, coronando la cesta de navidad de la cosmogonía deportiva, agradecido como pocos, recompensando con rapidez tus progresos.

Pero un día duelen más las piernas en mitad de una ventisca o bajo un chaparrón. Los pinchazos de un pie duran semanas y no, como desearíamos, minutos. Si nos pasamos, duele. Si salimos cortos de bagaje y queremos apurar distancia o méritos, duele por partida doble. Podemos entrenar como bestias. Podemos alimentarnos como recomendarían cien Nutricionistas clonados al efecto. Y, por un raro mecanismo de martirio voluntario, aplicamos esa preparación para que todo nos duela un poco más. En ocasiones, toneladas de sufrimiento encaminadas a que, el día de la carrera, “disfrutemos sufriendo”.

El camino más rápido para quemarse o romperse.

Y mira que tenemos defensores del sufrir natural, del dolor sin aditivos, de la conversión del dolor de correr en un reto, de la superación. Le hemos añadido un sin fin de mecanismos de conmiseración. Están esos halagos a la recompensa de la ducha, del sentirse bien. La literatura de la endorfina sitúa el placer inmediatamente después del dolor.

Pero te diré una cosa, joven amigo. Del dolor, pero también del fisioterapeuta o del quirófano. Sólo aviso.

¿Es tan duro esto?

Yo creo que sí. Y es necesario que nadie se lleve a engaño. O abandonarán el correr por el próximo y más moderado deporte que surja.

Leo en ocasiones que el deporte se lleva a extremos innecesarios. “Pero cómo meten esas etapas por el frío y la nieve a los pobres ciclistas”, se suele leer. Ya. Es que han optado por la bicicleta de carretera y han querido ser profesionales de ello. Las reglas de ese juego están escritas desde 1900. Las reglas de correr se dejaron a un lado en cuanto logramos inventar un medio de locomoción más rápido. Correr quedó para las fiestas, las apuestas entre los tipos más duros de la zona.

Los demás, miraban.

Al igual que descubrimos con nuestros ojos las extraordinarias gestas que deportistas pueden hacer sobre una bicicleta, raquetas de nieve, bastones o cuerdas y piolets, viene un momento en que no paramos a analizar lo siguiente: el estado natural del género homo, el de estar en movimiento, se alterna con periodos de parada. La evolución ha hecho que nos adaptemos antes de reventar o ser devorados.

Por decirlo de otra manera, la mejor medicina para cuando correr duele es dejar de correr. Es muy posible que sea uno de las últimas trazas de inteligencia que le queden al ser humano.

Firmado, un abuelo cascarrabias.

Los chefs corredores

Guisar un diseño previo, pensar, resistir durante horas en un entorno sofocante, entrenar duramente para contener las ganas de rendirse. ¿Un plan de deportista de élite? No. Es la descripción de la jornada habitual de un cocinero.

Si añades que unos cuantos cocineros han alcanzado la categoría de chef y su responsabilidad se multiplica por diez, y que a las jornadas maratonianas de una cocina hay que añadir una notoriedad pública, ¿te extraña que solamente les quede tiempo para calzarse unas zapatillas?

 

 

Pues cada vez es más frecuente. Estos lobos solitarios de lo más alto de la pirámide de la cosa culinaria son, muchos, corredores. No sé por qué tenía que extrañarnos. Desde este lado de la mesa vemos pasar por delante de nuestras narices, qué sé yo, aceites estupendos para untar panes de naranja, de pasas, capuccinos de verduras o las archifamosas maravillas de carnes, pescados o espeluznantes arroces (ay, el de atún rojo, remolacha y aire de parmesano de Jesús Almagro). Al otro lado de la mesa, más bien en la cocina, un equipo que dirige un tipo que corre para soltar el estrés, para no volverse loco. Otro probablemente corra porque es lo único que le permite disfrutar de la ciudad. David Muñoz (propietario de Diverxo, entre los mejores según la guía Michelin) iba corriendo desde el barrio hasta el restaurante. La excusa de perder peso o de probar nuevas sensaciones llevan a conocidos cocineros como el madrileño Paco Roncero (el gobernante de los timones sobre el Casino de Madrid) o al archifamoso Gordon Ramsay (el iniciador de Pesadilla en la Cocina en su versión anglosajona) a meterse entre pecho y espalda kilómetros sin parar.

 

¿Hay un punto de celebrity running?

Quizá sí. Correr está de moda, como todo el mundo empieza a notar. Pero también hay un mucho de masoquismo perfeccionista. Es posible que la búsqueda última del plato ‘diez’, sometida bajo un rigor casi científico, sea lo que mueve a estos seres de chaqueta preferentemente blanca.

El corredor echado a perder -como quien os escribe- tendrá más o menos miramientos en inscribirse a una carrera o salir a correr solo por el campo. El cocinero es un animal del detalle, de la perfección. Cuando corre, corre con mayúsculas. Y esto no está ni bien ni mal. Es así.

Para un cocinero no solamente se trata de ofrecer un gusto sino un aspecto, una sorpresa a quien está repiqueteando nervioso con el pie en el suelo de la sala. Mirando de reojo a esos bacalaos confitados o los lomos de venado a los anisados, uno entiende parte de la pasión que estos artistas ponen en todo. ¿Quiere decir esto que yo nunca aplicaré esa obsesión en mis platos? Pues puede que sea también muy cierto. En ningún sitio dice que me queden energías para intentar la perfección a las cazuelas. Pero aquí estamos echando un rato.

¿Seguimos? Gracias.

Entonces, ¿no comen macarrones con tomate? ¿Se hinchan a taboulée con aire de mango?

Ni de coña. Si algo no son estos bestias de la cocina es idiotas. Echadle un ojo. Un corredor que se tira en plancha a por las tres horas y media como David Muñoz en el exigente recorrido de Madrid se aprieta un arroz con carrilleras.

El desparramo dialéctico de las nuevas cocinas amenaza en todos los frentes de la vida. Y nos lo hemos creído. Hemos asimilado que la cocina es vapor, es concepto. Lo mismo que al correr por el campo se le han adherido setenta etiquetas (trail, freestyle, ultra trail running, etc) y a un hecho tan cotidiano como alimentarnos le han salido bandos y facciones a ambos extremos del espectro conocido, al cocinar para estar listo para correr también. Si David Muñoz hace arroz con carrilleras antes de su maratón quizá tengamos que parar a entender qué nos está explicando.

Sí, en el correr hay mucha cosa energética y hasta cierta espiritualidad. Recientemente el dueño de DiverXo declaraba que “el deporte me aporta salud mental. Sin él, con todo lo que nos está pasando, sería imposible mantener la cordura. Tanta exigencia, tanta intensidad, tanto estrés… todo es tan bestia que sin el deporte no podría mantenerme”.

Aún así y conocedores de todo ello, estos superdotados de los sentidos también gastan hidratos a partir de las dos horas de carrera. Se acalambran si les faltan sales. Dejan de lado una profesión y unos conceptos con los que investigan a diario. Es su trabajo. Conocer las reacciones del cerebro humano frente a todas las posibilidades que dan unos productos que sirven para comer. Que mi esposa me pille mirando al infinito y secándome los ojos porque hay un helado de uva garnacha, una carne, escuchar a mis hijos, que me derroten por los sentidos, no tiene que ver con que el deporte necesita una alimentación sana, sólida.

Os dejo con esta amalgama de pensamientos. Viene un bizcocho-tiramisú de naranja, perfecto.

Mañana podré correr durante horas. Los de las barritas sustitutivas os lo perdéis.

La TrailWalker solidaria llega a Madrid

¿Sabes que el Oxfam Intermón Trailwalker en Madrid, uno de los eventos deportivos solidarios del mundo contra la pobreza, llega a la sierra de Madrid? Tras las conocidas ediciones de Girona, el 5 y 6 de julio se celebra la primera cita fuera de ese entorno.

¿Qué pinta tiene?

La mejor de las posibles, como podrás comprobar en este vídeo de la misma.


Fuente: oxfam/Trailwalker

¿En qué consiste el Trailwalker?

En este reto los equipos tienen que conseguir un mínimo de 1.500 euros para apoyar a los más de 400 proyectos de Oxfam Intermón en todo el mundo. Después tendrán que recorrer a pie 100 km en un máximo de 32 horas. Puede parecer complicado, pero los 777 equipos que han participado en las tres ediciones anteriores avalan el éxito de la unión entre deporte y solidaridad en nuestro país.

En mente os aparecerán varias pruebas que ya se mueven en las distancias de cien kilómetros y modalidades por equipos. Sin ir más lejos más de trescientos cincuenta equipos llenaron la Vía Verde de Girona el pasado 26 y 27 de abril. Y el proyecto se extiende.

OXFAM/Trailwaker quiere repetir ese éxito el 5 y 6 de julio en la Sierra de Guadarrama y el Valle del Lozoya (Madrid). La inscripción estará abierta hasta el 15 de junio. Toda la información necesaria está en los siguientes enlaces. Probablemente piensas que necesites un poco más de tiempo, y que de aquí a un mes te sea complicado afrontar el proyecto completo pero ¿por qué no te lo planteas?

Si no es en la sierra de Guadarrama, a buen seguro la próxima edición primaveral te encajará a la perfección.

El calendario MUNDIAL de todos los OI-TW de 2014:

24 -26 de enero de 2014: Oxfam India (Bangalore)

5-6 de abril de 2014: Oxfam Nueva Zelanda

26-27 de abril de 2014: Oxfam Intermón (España, Girona)

2-4 de mayo de 2014: Oxfam Australia (Melbourne)

16-18 de mayo de 2014: Oxfam Japón

17-18 de mayo de 2014: Oxfam Francia

31 de mayo y 1 de junio de 2014: Oxfam Gran Bretaña (Norte)

7 de junio de 2014: Oxfam Irlanda

20-22 de junio de 2014: Oxfam Australia (Brisbane)

Nuevo: 5-6 de julio de 2014: Oxfam Intermón (Espaňa, Madrid)

26 – 27 de julio de 2014: Oxfam Gran Bretaña (Sur)

29-31 de agosto de 2014: (por confirmar): Oxfam Australia (Sydney)

30-31 de agosto de 2014: Oxfam en Bélgica

10-12 de octubre de 2014 (por confirmar): Oxfam Australia (Perth)

14-16 de noviembre de 2014: Oxfam Hong Kong

15 – 17 de noviembre de 2014: Oxfam India (Bombai)

 

 

(Otra) Carta a corredora

[Fuente: Carrera de la Mujer]

Hace poco me encargaron unas líneas para otra corredora como tú. Quizá fuiste una de las treinta mil afortunadas que corrían la semana pasada la Carrera de la Mujer de Madrid. Quizá no. Lo mismo tenías lío en casa o preferiste entrenar para otro evento.

Sea como sea, si necesitas unas palabras para encontrarle el sentido a esto de correr, tuyas son.

Iniciar una existencia como corredor es zambullirse en insospechados momentos. Son adictivos, aunque ¡ojo! sólo a largo plazo.

Correr durante treinta años me ha llevado a acumular argumentos para calzarme unas zapatillas y salir a quemar tensiones, recargar las baterías o simplemente echar un tras otro. Todo esto es tan cierto como la mayoría de los leit motiv utilizados para que seas una más de esa legión de corredoras. Pero enumerar diez líneas de inspiración para una corredora es mucho más complicado que dar por válidas esas buenas razones.

El tiempo normaliza el hecho de trotar, por mucho que lo vistamos de épica o de logro o moda draconiana. Verás que es algo tramposo. No consigue anticiparte el momento en que todo es normal. Lo hace de modo inesperado. Correr juega contigo.

Correr se te insinúa como una tabla salvadora, como un bálsamo perfumado. También confirma, en sus primeras sesiones, que la crudeza del dolor no es una mentira. Es un anuncio sutil. Lo que ocurre es que las posibilidades de confirmarte en ese estado, de convivir con el cansancio, asoman y desaparecen por capricho. Te preguntas si todo era tan enrevesado. Leyendo algunas pautas y pronósticos sobre cómo encarar tu nueva existencia dentro del ‘running’ todo se presentaba como evidente. Motivarte conduciría al placer del correr. El placer se agotaría y se tornaría en un sufrimiento sensual. El éxtasis llegaría a ser dominado cuando sublimases tu experiencia en una lejana línea de meta.

Sin embargo, las cosas del correr van enseñando a que te empapes de giros inesperados, y termines apreciando cada uno de ellos. E.M.Foster cuenta en su maravillosa novela “Una Habitación con Vistas” que un viajero puede verse sorprendido en sus planes y acudir a Italia a estudiar a Giotto o conocer la corrupción Papal, pero regresar recordando sólo el cielo azul y los hombres y mujeres que viven bajo él. Es una excelente imagen de las frustrantes satisfacciones que encontrarás corriendo.

Estos párrafos están incluidos en una recopilación de pensamientos sobre el correr. Fueron editados para el 261Women’s Marathon. Es una prueba que conmemora el capricho del comportamiento humano pero también su determinación.

No cabe duda. La historia que nos dejó K.Switzer viene de un cúmulo de momentos inesperados. Podíamos pensar que muchos dueños absolutos de esos círculos de poder de nuestros días actuarían igual que aquel juez del maratón de Boston: el dominio legitima la decisión drástica. Pero el árbitro escoge un insospechado camino, el de la ira. La relevancia de las tres fotos que recorrieron el mundo tras 1967 es en cierto modo una concatenación de casualidades. La celebración de unas series 261WM me sorprendió por su ataque al corazón del establishment del correr.

Termine tu próxima salida a correr como termine, sea larga, corta, intensa o suave, a buen seguro te seguirá sorprendiendo. Lo hará porque es un ejemplo más de la falta de control que tenemos sobre las sensaciones, que surgen como una cadena loca, inmediatamente posteriores a la decisión de calzarnos unas zapatillas.

¿Te gusta ser sorprendida? Has escogido uno de los entretenimientos más irreverentes. El resto lo pondrán tus ganas.

 

[Agradezco a Javier Carmona y a www.261wm.com la recuperación de este texto]