BLOGS Deportes
Runstorming Runstorming

Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Archivo de la categoría ‘carreras populares’

¿Cómo se prepara la logística de un ultra trail?

¿Sientes curiosidad por ese amigo tuyo que te habla de los ultras? ¿Quieres saber cómo dejamos todo preparado? ¿Qué llevar en una de estas carreras más allá del asfalto, del maratón y de la sensatez? ¿Qué dejar a mano por si las moscas? Pues sigue leyendo.

Pasado mañana estaremos en la salida de una de las pruebas de más calado entre las tremendas ultras del territorio español. Aunque hay diferentes distancias, seremos de la nómina del Gran Trail de Peñalara. Resumiendo, intentar dar la vuelta entera a los macizos de Peñalara-Siete Picos en menos de treinta horas.

Sí, una barbaridad.

¿Cómo afrontar todo esto?

Faltan dos días y todo ha comenzado. En realidad ha comenzado días antes con la planificación de qué comer y beber (de aquella manera, ojo, esto no es el blog de Chema). Hidratos, legumbres, derivados de harinas, líquido, más líquido, lo típico pero en cantidades exageradas.

Lo que no puedes determinar es si el plan de dormir bien se cumplirá. Es más que previsible que los nervios te vayan comiendo y no duermas una mierda. No es la situación ideal porque estaremos una noche en danza, corriendo por la montaña. Pero no viajaremos, ni estaremos en el hotel de concentración como nuestro equipo de fútbol. La cosa empeora si además vives cerca y trabajas esa semana. Empalmarás los nervios con la jornada laboral y con las -mínimo- veinte horas de prueba. Sin siesta por medio. ¿Quién dijo miedo?

IMG_20140625_103230

En la sede de la RSEA Peñalara se oían, a partes iguales, comentarios jocosos respecto de la paliza, encuentros entre amigos y la famosa discusión sobre el material idóneo:

¿Qué meto, virgen de los desesperados?

Correremos sujetos a un material obligatorio. Es por nuestra seguridad. Manta térmica de supervivencia, silbato, un sistema de hidratación, una reserva alimentaria, gorra, linterna-frontal, móvil y un chubasquero o cortavientos de manga larga. El asunto es el siguiente: con el mercado de material para running en plena ebullición y cientos de internautas dando su opinión con más o menos tino (y siempre buena voluntad), las dudas son constantes. Una variación podría suponer unos gramos más o menos y esto es como la cuadratura del círculo. A quién hacer caso. Veamos las posibilidades que nos mantienen entretenidos los días previos a la carrera.

¿Aseguramos en comodidad y protección, meto un poco más de alimento a costa de llevar 700 gramos extra?

Acostumbrados como estamos a las matemáticas, la locura es inmediata. Si calculamos aproximadamente un kilo más de peso x 800 zancadas/km x 110 kilómetros es un acumulado de, digamos, 110 toneladas-impacto que se lleva nuestro sistema locomotor: las piernas.

Contrario sensu, la ligereza nos llevaría a ahorrar trillones de minigramitos pero nos podríamos encontrar bajo un fuerte viento a más de 2.200 metros de altitud y quedarnos helados. Recordaremos que se discurrirá, de noche, por La Maliciosa, que supera esa cifra. También por los Claveles y Peñalara, la cima absoluta de la sierra de Guadarrama, con más de 2.400 metros.

Es un equilibrio que nos lleva a mal vivir y pendientes de ese amigo fiel o ese funesto contrincante, según nos vaya el frío o el calor. sí, hablamos de las predicciones meteorológicas. “La página de la aemet”, como se conoce por todos lados.

Os confesaré que aborrezco el calor. No he dicho, ojo, que aborrezca todavía los países donde hace calor. Mi sistema térmico, la circulación de mi torrente sanguíneo y una capa de vello negro y gris me hacen semejante a un lobo con cara de cabreado. Pero que vive mejor cuando cae el invierno.

Y estas pruebas tienen un patrón climático fijo. Se comienzan a disputar con el mes de mayo y terminan cuando septiembre dice adiós. Vamos, en lo mejor para mí.

Este año parece que tendremos una suerte loca. Carlor suave y viento fresco en las cumbres.

Esta semana desquiciante habrá sido una locura para elegir vestido camino del trabajo o de unas copas. Pues imagina para nosotros, que ya no corremos bien equipados sino que nos hemos convertido en unos ciclotímicos indecisos. ¡Me pongo la naranja! ¡No, la blanca! ¡no, que esa me roza la tetilla! ¡La naranja, esa no roza! ¡No, mantengamos el minimalismo!

Yo aseguraré con la magnífica camiseta de Trailxtrem, la tienda de mi buen amigo Jorge Gil. Los pantalones que más comodidad me han ofrecido los machaqué bien en primavera. En los pies, alternaré pares con buen acolchado. Salomon, cuyo material pruebo un poco a mi manera, me ofrece garantías con las SLab SoftGround así que esa será mi equipación completa de parranda… digo de combate. Unos calcetines de compresión y arreando. En la mochila tendrá que ir lo demás, no escatimaré en lonchas de embutido porque la reposición de sales es imprescindible.

Recordad que no estaré pugnando por arañar minutos ni gramos. Mi objetivo es llegar dentro de las treinta horas y contar todo a partir de la semana que viene.

De momento, el dorsal está recogido. y, la pulsera identificativa, en su sitio. Es la que nos dan para repatriar los cadáveres. Como para perderla…

IMG_20140625_153621

La TrailWalker solidaria llega a Madrid

¿Sabes que el Oxfam Intermón Trailwalker en Madrid, uno de los eventos deportivos solidarios del mundo contra la pobreza, llega a la sierra de Madrid? Tras las conocidas ediciones de Girona, el 5 y 6 de julio se celebra la primera cita fuera de ese entorno.

¿Qué pinta tiene?

La mejor de las posibles, como podrás comprobar en este vídeo de la misma.


Fuente: oxfam/Trailwalker

¿En qué consiste el Trailwalker?

En este reto los equipos tienen que conseguir un mínimo de 1.500 euros para apoyar a los más de 400 proyectos de Oxfam Intermón en todo el mundo. Después tendrán que recorrer a pie 100 km en un máximo de 32 horas. Puede parecer complicado, pero los 777 equipos que han participado en las tres ediciones anteriores avalan el éxito de la unión entre deporte y solidaridad en nuestro país.

En mente os aparecerán varias pruebas que ya se mueven en las distancias de cien kilómetros y modalidades por equipos. Sin ir más lejos más de trescientos cincuenta equipos llenaron la Vía Verde de Girona el pasado 26 y 27 de abril. Y el proyecto se extiende.

OXFAM/Trailwaker quiere repetir ese éxito el 5 y 6 de julio en la Sierra de Guadarrama y el Valle del Lozoya (Madrid). La inscripción estará abierta hasta el 15 de junio. Toda la información necesaria está en los siguientes enlaces. Probablemente piensas que necesites un poco más de tiempo, y que de aquí a un mes te sea complicado afrontar el proyecto completo pero ¿por qué no te lo planteas?

Si no es en la sierra de Guadarrama, a buen seguro la próxima edición primaveral te encajará a la perfección.

El calendario MUNDIAL de todos los OI-TW de 2014:

24 -26 de enero de 2014: Oxfam India (Bangalore)

5-6 de abril de 2014: Oxfam Nueva Zelanda

26-27 de abril de 2014: Oxfam Intermón (España, Girona)

2-4 de mayo de 2014: Oxfam Australia (Melbourne)

16-18 de mayo de 2014: Oxfam Japón

17-18 de mayo de 2014: Oxfam Francia

31 de mayo y 1 de junio de 2014: Oxfam Gran Bretaña (Norte)

7 de junio de 2014: Oxfam Irlanda

20-22 de junio de 2014: Oxfam Australia (Brisbane)

Nuevo: 5-6 de julio de 2014: Oxfam Intermón (Espaňa, Madrid)

26 – 27 de julio de 2014: Oxfam Gran Bretaña (Sur)

29-31 de agosto de 2014: (por confirmar): Oxfam Australia (Sydney)

30-31 de agosto de 2014: Oxfam en Bélgica

10-12 de octubre de 2014 (por confirmar): Oxfam Australia (Perth)

14-16 de noviembre de 2014: Oxfam Hong Kong

15 – 17 de noviembre de 2014: Oxfam India (Bombai)

 

 

¿Mo?

-Todos estos años posponiendo la búsqueda de un dorsal en el maratón de Londres y ahora te entrevisto, precisamente, por tu participación.
-Lo que necesites, cuenta conmigo.
-Resolvamos primero lo de este post, Nimo.

El próximo domingo la premiada televisión pública británica montará un dispositivo digno de los eventos reales de los Windsor. Desde las ocho y media de la mañana, hora local, las veintiséis millas y cuarto por las que serpentea el Maratón de Londres estarán cubiertas por reporteros apostados a pie de carrera, escenarios donde las celebridades y los corredores solidarios paran y dejan unas palabras, y así será hasta las dos de la tarde.

London Marathon 2013 Men's field (6)
Fuente: Paul Wilkinson / Wikicommons

Contarán y asistirán al paso de los corredores que flotan a veinte kilómetros por hora, esa formación de caza, irregular pero compacta de tibiales finos, de talones que suben hasta el glúteo y de dientes blancos rodeados de un rostro oscuro, en ocasiones de un ébano violeta, dependiendo de la intensidad del frío o de la humedad londinense. Los poros de la piel de esas máquinas de galopar se erizarán con la primera hora británica, bajo el roce de unas camisetas de tirantes mínimas. El atletismo de gran fondo, la élite del maratón mundial, que volará por un pasillo donde los patrocinadores dejarán un dinero y un colorido al que no estamos acostumbrados en otras latitudes. Esos amarillos limón tan agrestes a los que son aficionados los sistemas de señalización y anuncio en el Reino Unido, o quizá naranjas potentes con los logos y emblemas de la tercera revolución industrial del correr. Se deslizarán a través de todo ese “run“, “go“, “dream” anunciados. El salario de los directores de campaña de unos cuantos gigantes irá en ello.

La inexpugnable BBC completará otra de las grandes sesiones de periodismo deportivo. Desde ese ático de lujo que es Internet desde hace semanas se anuncia: ‘Mo’s marathon‘. Ellos también medirán el éxito del atletismo británico con el baremo de su estrella mundial. Incrustado en ese grupo de cabeza o liderándolo valientemente. Mohamed Farah plantea la respuesta de la maquinaria británica frente al ‘aislado continente’. París tuvo a Bekele, Londres a Farah.

Y después de que pase la estela de seda, ese viento imperceptible que dejarán tras de sí los cuerpos de cincuenta kilos, se escuchará un silencio que comprime el pecho de los que asisten en primera fila. Es la resaca que deja la adrenalina. Durará unos segundos o unos minutos, dependiendo si se desea vivir en el margen de la carrera en Woolwich o si haces tiempo por los viejos muelles de la burbuja inmobiliaria, veinte kilómetros más adelante. No muchos, pero el silencio opresor persistirá.

La razón de todo esto es que, detrás de ese grupo de cabeza, llegan los anónimos entre los anónimos. Tengo la suerte de poder conversar con uno de ellos, el santiagués Pedro Nimo, y uno descubre que en el gran circo de Londres han olvidado la piedad.

-Pedro, ¿Qué debes llevar metido en la cabeza para correr así de solo?
-Tras un invierno especialmente crudo y duro me siento fuerte a nivel mental y creo poder ser capaz de afrontar solo los 42kms, otra cosa es cuanto afectará esto a mi marca, pero es que ya no se piensa en los europeos en estas grandes pruebas…

Correr solo cuarenta y dos kilómetros. Nadar contra ese silencio por Woolwich Church St no es agradable. Los tiempos modernos han convertido la vieja zona de almacenes de la orilla sur del Támesis en una condenación de doble calzada por la que los corredores que hagan más de 2h10 transitarán solos. A su derecha, las nuevas torres donde tantos promotores han ganado dinero, con el olor pesado del río.

Pero los anónimos entre los anónimos no pueden ni relajar la vista. Porque los corredores de la élite europea, excepción hecha del participante Farah, son unos invitados de piedra en la más cruel de las fiestas deportivas. Tipos duros, profesionales de nivel local. Han de ser conscientes de que su gigantesco talento está un escalón por debajo de la raza dominante, de la tiranía del este africano. Deportistas como Nimo son profesionales que no pueden parar a tuitear su paso por el London Bridge. No son ni espectadores de lujo. Les toca agachar la cabeza y no mirar al vacío delante de uno.

¿Cómo mentalizarse para competir absolutamente solo en un evento que no está organizado para corredores del nivel de uno? Darse cuenta de que ni siquiera se forma parte de la gran fiesta de los casi cincuenta mil corredores populares. Hotel, desplazamiento, nervios, correr al límite en pos de una – quizá – buena posición final con un rendimiento económico.

¿Existe el espacio para la queja? ¿Por qué se ha escogido este camino todavía más duro?

Los especialistas de atletismo de la BBC hablarán de los criminales entrenamientos de los maratonianos de Kenia o Etiopía. Pero no es exclusivo de los brillantes seres humanos que corren en pantalla, ni mucho menos. No se habla de trabajar en un negocio horas después de pegarse en ese chocolate que forma el suelo del cross en invierno, del trabajo cuando baja la niebla o cuando tu mentor deportivo programa series diez series de un kilómetro con un día de perros. Nimo, el chico del Peleteiro que corre con esas dubitativas Skechers, da una y mil vueltas a su entrenamiento para poder ver menos asfalto por delante de sí. Aunque es casi imposible.

Se define como un albañil del correr. Siempre a pie de obra. Calentamientos de hasta doce kilómetros para después continuar con las series, asegura. Atrévete a serlo, reza su patrocinador (Dare2b). ¡Ja!, si ellos supieran. Correrá con el máximo de ilusiones en un maratón de Londres 2014 en el que no aparecerá más que por los tiempos de paso de las alfombras del chip. Por delante, la función continúa, ajena a esta frustración aceptada e interiorizada.

Pelear por ser el mejor de los de detrás. Con el que tan pocas cosas se tienen en común.

En ese detrás llegarán la algarabía y el colorido de las fotos. Gente común, excepcionalmente común, que sacan unos ratos de su tiempo para cumplir con más o menos rigidez con esa rutina, con esa pasión. Los que caminan durante el tramo de la Torre de Londres por el mero hecho de amortizar más los minutos únicos que pasarán por su lado. Algunos no volverán a Londres en mucho tiempo. Les está demasiado lejos, o coleccionan carreras y no les gusta repetir. Quizá haya quien, pasados cuatro meses, esté gravemente lesionado o haya dejado el mundo del maratón.

Quizá el gran valor de los otros campeones en el anonimato del gran evento sea el poder hablar de esa fortaleza ciega.

-¿Si tuvieras que convencer a un padre preocupado por la educación de sus hijos, lo usarías como imagen?
-Es una lección que no se imparte en ningún aula. Aporta una confianza y fuerza increíble para afrontar el más complicado de los maratones, el de la vida.
-¿Valdría para un grupo de empresarios o políticos?
-Les recomendaría probasen a correr maratones a distintos ritmos e intensidades, con el objetivo de que aprendiesen a valorar los distintos niveles de exigencia y lo frustrante que puede llegar a ser, pedir a un ser humano mucho más de lo que realmente puede dar.

Lo dice uno de los que tiene que pelear como los mismos africanos para apenas verles en la zona de salida. Podemos seguir desgranando palabras sobre el maratón de Londres. También podemos quedarnos con los teletipos del Domingo por la tarde y, mientras, seguir charlando con Pedro sobre la existencia humana.

Para ello tendríamos que apartar la vista de esta pantalla.

Si Cristiano hubiese corrido en París


Fuente: EFE

A las seis de la tarde del día de la noticia, una ráfaga múltiple de medios de comunicación (este incluido) consideran que la agencia de noticias EFE cumple satisfactoriamente con la labor. El etíope Kenenisa Bekele “logró este domingo superar la mejor marca del Maratón de París”, “dominó claramente la prueba e hizo los últimos kilómetros en solitario” e “hizo signos de que tenía dolor en una pierna“. How nice. Démonos con un canto en los dientes, aficionados a correr. Tenemos nuestra píldora, nuestra cuota en los medios generales.

Existen excepciones, lógicas. En algunas editoriales cuentan con material suficiente que irá al papel; mañana es Lunes, el día del crecimiento al peso de la sección de Deportes. Pero es tarde de domingo. En los años ochenta las tardes dejaban un grilleo de transistores con el carrusel de los deportes, los ceniceros llenos de cáscaras de pipas. Hoy el nuevo periodismo desaprovecha uno de los pocos pozos de tiempo para la lectura. Resumiendo, abrir las portadas digitales esta tarde, abril de dos mil catorce, es regresar a Pepe Domingo Castaño cantando gol en Anoeta y a las conexiones con la fórmula de Fernando Alonso y las flechas plateadas.

Tendremos que comprar la prensa de toda la vida. El papel lo soportará todo – con suerte.

Un español tipo, sin tiempo material para ahondar en la información que le brindan los medios, tiene dos o tres horas para sentarse cómodamente. Para leer. Dadle de leer. En la portada de su tableta no asoman más que gráficos interactivos sobre el GP de Bahrein o futbolistas abrazándose tras un golProbablemente pase el mes de abril y el maratón dejará de ser un tema de interés en nuestros diarios. O cubrirá áreas marginales de la información en caso de récord o fallecimiento. Habremos perdido un lector. No se trata de pescar un aficionado al correr sino de mantener un hábito de lectura.

Pero tras unos maratones por el mundo hay bastante más que un hobby de Abril. La palabra “marathon”arroja 319 millones de resultados en Google. Cracks entre los cracks, presente en cada portada, Cristiano Ronaldo presenta 289 millones. Treinta millones menos.

¿Qué hay detrás de correr como un tonto (me refiero a los maratonianos, no se ofendan los aficionados al soccer) para que el planeta sienta esa atracción y que, en la prensa, apenas tengamos unas ráfagas en un lateral? Si al lector de domingo le dejamos asomarse a la trastienda, a esa ‘parte de detrás’, contribuiremos a no empobrecer la noticia o la columna.

Escribía Mathew Ingram hace un par de meses sobre la wikipedificación del periodismo. Lo último es lo que se cuenta, resumido y estructurado, por encima del análisis detallado de un contexto. Hoy más que nunca, somos capaces de leer sobre la información contextual crucial para entender qué ha pasado. No tiene que ser una columna de siete mil palabras. Periodismo puede significar el tomar un cuchillo y entrometerse en el cuerpo de la noticia como en la mantequilla templada. Los lectores podéis — podemos — ver el arco completo de lo último pero también escoger la parte preferida de un hilo argumental. Incluso, con apps como Circa, recibir en nuestro dispositivo noticias relacionadas con ese hilo, periódicamente. Entender todo un poco más hasta intentar apreciarlo, amarlo.

En esta primera sesión de Abril, del mes de los corredores en medio mundo, una vez más que se pase una oportunidad: en dos fines de semana consecutivos tendremos cerca de ciento cincuenta mil personas que se lanzan a correr cuarenta y dos kilómetros en varios escenarios. París, Londres y Boston. Paremos un segundo; pongamos en contexto del individualismo occidental algo cercano a esa cifra. Un cuarto de millón de personas entresacadas de un espectro gigantesco de gente que corre, o corretea. Un cuarto de millón de personas que van a coincidir en una celebración que les ha costado meses de entrenamiento, de salir a correr por encima de su esquema semanal. Instalémonos en la magnitud, la misma que nos podría llevar a comprender cómo cientos de millones de niños dan patadas a un balón en cualquier rincón del mundo, comprender qué supone esa fiesta en ambos ámbitos, Europa y Norteamérica.

París y su prueba de esta matinal de domingo va más allá de si el plusmarquista de las pruebas en pista, esas pruebas que cuentan cada día con menos presencia en las televisiones del mundo, debuta o no sobre la distancia. Estamos quedándonos con un hecho marginal. Kenemisa Bekele, para los lectores de Abril, es otro nombre a añadir a la confusa nube. La semana que viene será otro nombre-estrella. Mo Farah, el somalí que cruzó África y Europa con diez años para iniciar una nueva vida en el Reino Unido, otro de los campeones de las pruebas oficiales, que se lanzará a por las victorias y los récords, en el maratón londinense.

Hay más. Hay más de cien mil historias como la de mi amigo Juan Carlos Antón y su feliz final maratoniano, el “más duro de todos”. De Juan y su segundo Boston o de Pedro, el maratoniano que se declara albañil del asfalto y que ve cómo tiene que correr por calles siempre vacías, porque siempre lleva a todos detrás hasta que un día es descolgado de un grupo con menos piedad aún y se convierte en un último, solitario. Historias como la de un trío de amigos que intentábamos saber dónde demonios quedaba el camping del Bois de Boulogne en el maratón del noventa y siete. En el que experimenté las primeras pinceladas de las pruebas masificadas de verdad, el primero en el que supe a qué olían veinticinco mil corredores, que supe sobre la caótica mala educación de aquellos corredores parisinos que cruzaban sin mirar y daban codazos para tomar un vaso de agua.

París aprovecha este primer fin de semana de sol radiante para subirse a la oleada alegre del running global. La sociedad parisina, posmoderna, que busca reinventarse con cada alcalde-emperador, acoge a los nuevos titanes anónimos, a sus retos o su mera escapada turística, que toman durante un domingo las avenidas que inventaron el urbanismo eviscerante del siglo XIX. Es el París de la Comuna obrera o las cargas de las fuerzas del orden del tercer imperio, de la resistencia de esa miseria urbana frente a los grandes bulevares proyectados por el protoespeculador Hausmann. Los hombres y mujeres de medio mundo se dejan querer en pantalón corto por los cantos de sirena de una salida teatralizada en los Campos Elíseos. Kenenisa Bekele, para la masa participante, pasa a ser un problema menor desde el momento en que uno descubre la pasión desatada entorno a los sistemas de inscripción en línea, la saturación colorista del teatro deportivo de ese fin de semana o la envergadura de recorrer de este a oeste el catálogo de estilo, lujo, tópicos cinematográficos e históricos de la ciudad.

Con mencionar los ganadores y potenciales plusmarquistas no sabremos nada de todo ello. O de Boston, la ciudad que más ha tenido que contar al mundo entorno a su maratón, a raíz de aquel ataque terrorista de ahora hace un año,  que lanza a las notas de prensa nombres como Ryan Hall (heredero del imperio simbólico de Alberto Salazar) o Denis Kimetto, récord de la prueba de Chicago. Los noticiarios mimetizaremos todo aquello y quedará, con fortuna, guardado. Pero es probable que se cruce alguna noticia que pinte fetén en un recuadro con foto, un récord de goles o un accidente de un monoplaza.  O el fallecimiento de un corredor después de correr junto a sus cincuenta mil colegas dorsalizados. En muchas ocasiones el enemigo acecha dentro de la misma redacción de deportes.

El periodista Jacobo Rivero gusta de comentar su pasión por la columna deportiva analítica. No es difícil sacarle el ejemplo de su espejo periodístico, ese New York Times que dedicó cinco páginas a un equipo de baloncesto que no había ganado un solo partido en años. El coautor de Del Juego al Estadio (Ed Clave Intelectual) estaría de acuerdo con que algo chirría en la disfuncionalidad de la contratación de Bekele, gancho para la publicidad y bolsa segura para el propietario de sus derechos de management e imagen, Global Sports Communications, y lo que le rentará a un segundo o tercer clasificado en meta por kilómetro agonizado. El plusmarquista etíope se levantó entre 200 y 250.000 euros por debutar en la prueba de los Campos Elíseos, según el artículo de Laurent Frétigné, mientras que un quinto puesto de Jackson Limo se paga a dos mil según la tabla de premios. Limo es un extraordinario galgo que pasó el medio maratón en el grupo de cabeza en el escandaloso tiempo de 1h02.

Aguantar a más de veinte kilómetros por hora con los mejores del mundo apenas le reportará poder seguir como atleta profesional. Si Cristiano Ronaldo o Zlatan (hablamos de números pero también de nombres) juegan seis partidos al mes y corren unos diez kilómetros por partido, sus sueldos declarados podrían rendirles unos veinte mil euros el kilómetro. Dinero suficiente con el que un maratoniano africano podría solucionar el futuro agrícola y educativo de su familia completa.

¿Qué podríamos leer – u ojear, con lo que nos conformamos con frecuencia – si estos chicos de oro corriesen dos kilómetros a veinte por hora? ¿Algún periodista se ha puesto a tres minutos por kilómetro antes de evaluar esa tarea de temas que le ofrecen en la pizarra de la redacción a diario? No estamos haciendo demagogia ni amarillismo fácil.

Entender las bases de esa locura colectiva del correr no es listar modas y tendencias, precios de zapatillas y posados en los photocalls de las pruebas. Si medio mundo occidental corre, compite o corretea, ahondemos en algunos de los cimientos de quienes organizan y participan. Sobran historias.

¿A algún lector le importa? Yo creo que sí.

¿Sabes qué son las no-carreras?

Todo el mundo sabrá que múltiples tamaños de prueba son organizados cada año por un sinfín de entidades. Pruebas de cinco a trescientos kilómetros, por etapas a través de las montañas más demenciales o en un parque de tu barrio. Son las carreras populares, como se denominan desde que los últimos años setenta vieron florecer los clubes pioneros y sus enormes ganas de llenar la calle de aficionados a correr.

Pero me apetece hablar de una categoría de eventos a los que llamo no-carreras. No son entrenamientos per se, es un evento reglado pero que vive de las ventajas de la sociedad de la hipertextualización. Ya sabes: convoco, cuelgo en una URL y lanzo a las redes para que los clics hagan el resto.

En sociología existen los no-lugares. Marc Augé los sacó a la luz en un trabajo sobre lugares que no llegaban a alcanzar esa categoría por su carácter de espacios transitorios. Una habitación de hotel, un supermercado o una autovía. Pues hoy día son cada día más las agrupaciones casi-regladas de corredores (y bikers, senderistas, etc) que cuentan con una convocatoria pública y que, sin embargo, quedan fuera de la definición de carrera. Son transitorias por su moderada probabilidad de que se celebren o no.

¿Es esto siquiera importante?

Que se celebre o no, lo es. Pero todavía más importante para mí, que tenga un carácter amistoso y de hágalo-usted-mismo. Desaliñado pero organizado. Pondremos un ejemplo. El sábado acudo a una convocatoria que Iván Palero, un corredor y mente inquieta traslada a los campos y sendas de Ciudad Real. Un recorrido conocido, un descargo de responsabilidad, gastos de avituallamiento compartidos y una convocatoria aprovechando twitter y facebookNo es un entrenamiento en grupo pero tampoco una carrera. Cuenta con un reglamento que se hace público. Tiene nombre -Trail Batalla de Alarcos. Se tomará o no el tiempo realizado dependiendo de las ganas de cada uno. Unos haremos los 50 kilómetros y otros volverán en coche o ya se verá. Nadie se preocupa porque el no-organizador tiene atado todo imponderable.

El asunto es que alcanza una masa crítica y se convierte en una cita exigida por los participantes de la edición anterior. En ese momento ha calado en las almas y tendrá que torear su transitoriedad – puede celebrarse otro año o no. Y el espíritu se va transmitiendo boca a boca, que es la manera más usual de que estas no-carreras perviven.

¿A que se parece un poco a las reuniones llevadas a la ilegalidad por los reglamentos de seguridad más recientes que se han aprobado en España?

Algo de eso imagino que hay. Frente a la rigidez de un evento organizado y su lógica salvaguarda jurídica, nos arriesgamos a la liberación a cambio de cuidar de nosotros mismos. Correr entre amigos, un paso más allá de la reunión semanal en dirección de un evento especial. Sacrificamos la foto de meta y la bolsa conmemorativa. Los avituallamientos se organizarán de la manera que nos digan. Estaremos a las instrucciones y dejaremos todo tal cual lo encontremos el sábado. O incluso más limpio.

Las no-carreras (no citaré otros ejemplos porque cometería una injusticia gigantesca contras las que olvide) actúan más allá de la simbología ficticia de libertad que nos ofrecen muchas carreras. Si eres un inconformista y, te apuntes a la carrera que te apuntes, terminarás expresando quejas o disconformidad con el formato propuesto, busca y pregunta. En el caso que ya conozcas dónde se celebran, acude y mímalas. O colabora con quien ya ha montado una no-carrera.

Un postrer consejo: si eres identificado y detenido, recuerda. No estuviste. Niégalo todo.

Calafell corre contra las enfermedades

Hola camarada,
Te iba a pedir un favor.

Las cosas, cuando se piden con elegancia y franqueza, son como son.

Paso sin más dilación a difundir esta nota de un conocido con cosas interesantes que contar.

Se está organizando con mucho esfuerzo y mucho trabajo una carrera en Calafell para el 11 de mayo a beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer. Es un memorial a una joven persona que murió el año pasado victima de esta enfermedad. La prima de mi camarada ha querido homenajearla y lograr así una ayuda para otros que puedan estar en su misma situación.

Si estás interesado, puedes ir  a la web  de las inscripciones: www.athleticevents.net

noname

Maratón de Barcelona: éxito conseguido

Los proyectiles de confeti absuelven a los corredores de la tensión, de la penitencia de esperar el momento la salida. Cada bloque de participantes recibe la bendición catártica pasados unos minutos. Diego, tinerfeño con quien me reencuentro cada año en un evento, se está dedicando a mirar al suelo, a mi lado, en uno de esos momentos previos a la salida de nuestro bloque, en el que siete u ocho mil maratonianos nos sumaremos a la oleada que bloquea la ciudad.

No es un buen día para ser taxista, como nos comentaría esa misma tarde un gremial por la zona de Sagrada Familia. Evidentemente el conductor entiende poco de la reflexión principal de Diego y de la cuestión última de los catorce mil llegados a la meta en la que han preferido dejar esos restos de color que adornaron la salida. Tanto Diego como Shinichi como yo contribuiremos a que todo se reduzca a ser felices durante unas horas. Sin sensiblerías por medio. No me gusta la floritura alrededor del “running“. Ser felices y expeler energía. El mundo mataría porque ese fuera su día a día.

Catorce mil personas desplazaron su energía por un recorrido en que se podía ver el progreso del motor modernista del país, el motor del paisanaje en pos de la modernidad y -finalmente- ese moderno concepto llamado ‘sinergia’. Y es que la prueba internacional de maratón de Barcelona ha logrado devolver las energías a los participantes desde las aceras, las vallas, los pretiles que clasifican el tráfico rodado. Por delante se recogían los aplausos boquiabiertos del público que ve deslizarse a corredores africanos a ritmos de gacela. Más atrás comenzaba la verdadera representación teatral de las carreras populares modernas.

En los evadidos años ochenta el público caía como goteando a las carreras populares. Dos centenares de familiares vitoreaban al héroe, al conocido. Entre cruce y cruce se habían caído metros de calle, licuados, en esa sombra vacía que algunos recordarán. En el siglo veintiuno esto va de diálogos. El corredor, más allá de unos cientos de rostros concentrados, charla con quien ha ido a verle pasar. Anónimo, circunstancial o conocido. La ciudad moderna lo ha terminado por entender y baja a la calle a dialogar.

Y empiezan a caer los vectores de ánimo, la palabra que rebota en la sonrisa de un corredor agotado y regresa. Los catorce mil llegados a meta de la Zurich Marató Barcelona comprenden esos gritos de ‘Som-hi’ o ‘Venga Jordi’ o ‘Go!’. Se convierten en miles de caras agradecidas. Es ahora el corredor el que se atreve a aplaudir al griterío. Es un paso más para que la fiesta se acomode definitivamente entre las más nombradas de Europa. La organización tendrá que explicar, si lo desea, sus políticas de precios o el retorno en material deportivo de una acción comercial extrema. Pero esa misma organización, recuérdenlo, consiguió rescatar una carrera que había caído al lodo. Hoy es la cuarta carrera de maratón por llegados a meta de toda Europa.

Sólo dialogando así se evita la derrota de unas aceras vacías. Barcelona y el maldito verano que tanto aborrecemos dos chalados y medio consiguen recrear el teatrillo épico de miles. Las cunetas de la prueba tenían una cifra nunca vista por mí en una carrera de maratón en España. Serpenteamos alrededor de los templos contemporáneos, y había gente animando. Nos hicieron cruzar por las zonas de paseo turístico y había una riada de público. Regresabas de las barriadas más escondidas del glamour y tenías que cerrarte contra el centro de la calzada porque se había colmatado la anchura de la avenida, como si la vegetación de un arroyo quisiera inclinarse sobre el caudal a beber, a refrescarse con nuestro paso, ya más rápido ya más lento.

Queda el postre, el dulce que todo organizador desea. Escribo estos párrafos con los pies en alto y dedos cruzados. La rúbrica de la perfección será la ausencia de noticias trágicas. Dejemos correr dos o tres días. Si por un casual estuviste viendo ese ejército de dolientes ayer domingo en Barcelona, ten en cuenta que no íbamos más exhaustos que felices. La Guardia Urbana, Cruz Roja y el ejército de voluntarios lanzaban las unidades de emergencia con rapidez y mitigaban lo único contra lo que no se puede luchar: la meteorología.

Dicen que ayer probablemente contribuyésemos al calentamiento de la ciudad. Yo vi mucha gente que lo agradeció. Ayer cada espectador, involuntario o relacionado con la carrera, hizo de sus manos y gritos unas mamparas refractarias y devolvió ese calor que irradiábamos.

Después de cuarenta y dos kilómetros en los que observé todos estos principios de la física humana, tenía que contároslo.

Tiempo final 3h55; Firmado el dorsal 10179.

 

Fotos: Zurich Marató Barcelona.

Maratón de la Haya: todo salió mal… o peor

Tras una primera edición llena de problemas, los palos recibidos se enfrentan a las ganas de hacerlo bien, de mantener la tradición de organizar bien las cosas en el país de los tulipanes. Es la historia -breve- de la II Maratón de La Haya (Países Bajos). El país presenta sondada solvencia con las pruebas de Egmond, Amsterdam, Rotterdam o las siete colinas y un buen trato general de la sociedad con el deporte.

Pues bien. Si algo podría salir mal en la primera edición de este pequeño evento, no salió mal. Efectivamente, salió peor. Corredores que siguieron rutas equivocadas y sin el tráfico cortado, la falta de voluntarios, la marimorena. Se han abierto las inscripciones para la prueba del próximo septiembre y aún se recuerdan las invectivas que se lanzaron sobre los organizadores.

El diario online Losseveter.nl recuerda entre los testimonios el de corredores de las distancias maratón y ultra. Hubo puntos marcados en el mapa como avituallamientos que no aparecieron. Un participante detalla “en principio teníamos un patinador que acompañaría a cada participante del ultra. Tras 16km, aparecieron ciclistas para acompañarnos pero tampoco había suficientes ciclistas”.

La inicialmente descrita como bucólica ruta les llevó a través de una zona comercial. Aparentemente la organización no obtuvo el permiso ambiental necesario y esto no se comunicó en tiempo a los participantes. Confusiones en la ruta, en la zona de llegada, en los roperos. La reflexión que lanzaba Theo de Jong, de la website Ultraned (portal que engloba a lo más granado de las largas distancias en Países Bajos y Bélgica) era que se habían ido las cosas de las manos. “Allí estaban los roperos, abiertos y accesibles a todos, no había control . Mi bolsa estaba allí, afortunadamente”.

Vincent Kalkman , un participante en el ultramaratón , tuvo que tirar de la navegación de su GPS. Camino a la meta, a la altura del Museo Louwmans , le desviaron a una sección de veintiocho kilómetros que tuvo que hacer a ciegas, navegando. De nuevo ni ciclistas acompañantes ni explicaciones, o voluntariosos acompañantes que confesaban posteriormente desconocer todos los detalles del recorrido.

 

Sin duda, un toque a los organizadores y quienes pretenden embarcarse en organizar una carrera. No se puede bajar la guardia. Parece que la organización aprendió y este año se borrarán esas malas sensaciones.

¿Les seguimos la pista, por si acaso?

Fuente: TheHaguePhotoJournal.com

Llega la Transgrancanaria, arranca el espectáculo mundial del trailrunning

En 2012 pude disfrutar de un viaje a la isla de GranCanaria, para participar en la TransGrancanaria 96k. Os inserto el post que escribí con la previa de este evento del correr por la montaña y que este fin de semana congregará al plantel más rumboso de la temporada. Así continúa el Ultra Trail World Tour, una auténtica copa del mundo combinada de pruebas de montaña.

¿Sangre?

No hay sangre. En la isla del polvillo negro la sangre queda absolutamente teñida de costra. Ni Sebastian Chaigneau aparece límpido en las fotos. Ni sé como definir la sensación -¿pena?- que me dieron dos superliebres de Salomon, con sus prendas blancas ‘a la Jornet’, sentados sobre un pedregal mortífero en el que soplaban los alisios levantando más polvillo. De ser blanco, nos lo esnifaríamos. Pero es negro y uno tiene en el subconsciente la memoria de los mineros y de la silicosis. No es racismo, es que en la crónica de esta Transgrancanaria no aparecerá nada sanguinolento ni casi rojo.

Porque de los participantes de la k42 no hablaremos. Su peto era rojo. El pe-to. Esta, para luego. Rojo. Color que además engorda. Pobres ellos, que tuvieron que mutar en anaranjado para no ser absorbidos por la reverberación caníbal de un sol de esos que dicen que hay dando envidiables temperaturas a las islas todo el año. Pobres, ellos y ellas. Que los pusieron de rojo y los colocaron para salir a trotar a las diez de la mañana.

Al menos nosotros, los pataliebre, bueno, ellos, los de los 123km y doce mil metros de desnivel por los barrancos arriba y abajo -nosotros nos achantamos con apenas 96km- salimos de noche desde el mismo orillón de la playa del Inglés. Rodeados de becerros con cubatas. De colgados -en la noche canariona hay mucho colgado- y hasta de una ilustrísima señora alcohólica en mallas largas y camiseta del… ¿Telde? que se entremezclaba con nosotros -vale, ellos- y nuestro ritual preparatorio, las mochilas, los frontales, los nervios y las piernas afeitada con mejor o peor mano. Decía la afectuosísima mujer que ‘venga cogledole, a pol ello muyayo’ o algo similar. Sergio Mayayo se dió dos o tres veces por aludido pero es que estaba perdiéndolo todo. Posteriormente perdería la voz por algún barranco y ahora está en llamadas a MRW para que se la traigan lo más rápido posible.

Groarrrrrr

Salimos por fin playa adelante, que a eso nos habíamos inscrito. Mis condiciones semisecretas incluían un plan para escribir sobre la inconveniencia de presentarse a estas pruebas homicidas con catarro, tendinitis en el peroneo largo, una semana entera tosiendo y sin correr, alusiones al jet-lag, lo que hiciera falta. Paré a hacer un pis en las dunas de Maspalomas, sueño que perseguía desde mi niñez, y me quedé el vigésimo por la cola. Allí no había corredores. Había chacales. Me prometí no mear más hasta yo que sé cuando.

Y nos metieron por un barranco. Ya leeréis las milimétricas descripciones de los barrancos en la crónica de Runner’s World, revista que os conmino a comprar el mes que viene. Aquello era ir por el fondo del mar después de que Bob Esponja hubiera absorbido los trillones de quintales de agua (sé que es capaz de hacerlo) y sólo quedasen pedrolos. Muy cementados, sí, como que ‘aquí no llueve nunca y la gente pasea por aquí’, pero un fondo de un río. Seco. Ahí estuvo el paso por la primera hora pero, como no había siquiera mirado cómo quedaban los parciales kilométricos, y casi ni los avituallamientos, iré adelante con mi foco luminoso preguntándose si-no-si e iluminando el terrario canario de aquella manera.

Subir, subir y subir no nos conducía a nada más que hacia arriba. Es pura geografía física. Acalorados, porque dista un abismo entre pasar un invierno en pantalón corto y salir en pantalón corto en invierno. Y venga a recomendar más ropa. Luego estaba la del peto. El petito. El día que lo vi por primera vez pensé que no era una buena idea. Marketing lo era. Pero era una capa más, caladita, sí, pero daba calor. En plena noche calculé que pudieron pasarme a lo sumo seis ráfagas de aire fresco. Contribuyó a que mantuve un tono de quema de sebo muy uniforme, y había menos zonas de ascenso de cabras de las que pensé. Bastante trotable, llanos, descensos en mitad de las fuertes subidas… era mi terreno si hubiera deseado salir a reventar.

Merodear el barranco.

La consigna había sido: “vosotros vais por donde os mandemos y, aquí paz, y después gloria”, instrucción más que precisa para el bóvido runner. Total te arreaban ladera arriba y abajo. De noche se intuía un abismo a nuestra izquierda, por la cabecera del arranco de los Ayagaures, advertido por Ser13gio en su día. “Te lo colocan de noche para que no te de miedo”. Esas horas fueron más las de controlar la hinchazón de los dedos, ajustar la correa del reloj… desde las 5am del día anterior llevaba viajando, en presentaciones de prensa, yendo y viniendo al hotel y, ahora, trotando y gateando monte arriba bajo el influjo de una luna insuficiente. Suficiente para morirse de placer mirándola. Pero no veníamos a morir de placer. Al menos, de placer.

Pero todo termina. A las ocho de la mañana peninsulares me llegan los primeros sms. Ha amanecido también en la Gran isla y a mis pies está uno de los fragmentos del fin del mundo, al que tengo que descender por un camino descarnado pero posible. En toda la prueba hemos discurrido por sendas aceptables y pistas. Los Chelis Valle y compañía han echado de menos más roca, menos pista. Yo no. Apago la luz del Led Lenser (ohsanna) y estiro los últimos chupetones a la boquilla antes del primer avituallamiento sólido. Puñetera autosuficiencia, nos hacen acarrear con todo hasta el km 42. A esa altura me he estomagado de un gel y dos barras turroneras, y me he espabilado medio paquete de jamón. Y tengo una úlcera en la lengua porque el sistema de beber en ultras es guarro y antihigiénico. Pero es el que hay y nos alegra los morros.

Ahí, en Tunte, bajo los farallones, se habían quedado algunos de los favoritos. Lizzy Hawker con un problema en la espalda. Zigor Iturrieta, vencedor de 2011, pedía cuenta de protección. Miré arriba y pedí auxilio a las rocas, las mismas que me triturarían las piernas al paso por el Camino de la Plata, el monumento civil más bello construido por la necesidad canaria. De ahí a la meta sería una repetición de correr, de trastabillarse. A eso íbamos, sin distinción de ritmo o capacidades.

La necesidad de ser normal.

En la rueda de prensa previa a la prueba, mientras el teatrillo de los medios grababa la presentación a dos idiomas y los ‘caranortes’ como Chaigneau (FRA), Maciel (BRA) e Iturrieta (ESP) mostraban su disposición como imagen de la marca, éste, Zigor, estaba a otra cosa. Un chavalín de apenas seis años y discapacidad motora se había acercado, avergonzado, quizá azuzado por el padre, a posar al lado de Zigor. Éste no se había dado cuenta hasta que le sonrió y el crío se tambaleó evidentemente, con una columna que pugnaba por ser una colección normal de vértebras, como las espaldas de otros niños. Zigor abandonó mentalmente la rueda de prensa y sentó al crío en sus piernas. El niño que trepa montañas y saca la lengua entendió a la primera qué busca la experiencia llamada TransCapacidad. Conseguir que discapacitados puedan participar de estas actividades normales. Los mayores, ciegos, con dificultades motoras, rodaban por barrancos que ni los deportistas con plenas capacidades podíamos torear con soltura. El peque que se asomó a la presentación de los corredores pudo participar como un crío más que se sube en las piernas de un deportista de élite. Zigor le regaló la gorra y la sobremesa entera. Ese crío ahora tiene un nuevo ídolo.

Quizá no seamos los más duros ni los más rápidos. Ni puros de mente, ni limpios, visto cómo dejaron el recorrido la tonelada de corredores guarros o sin educar en el respeto al medio ambiente. Quizá, como Zigor, apenas somos gente amable a la que le gusta correr.

Y todo porque me ofrecieron escribir la crónica desde la redacción de la archifamosa revista. Podían haberme encomendado escribir sobre Steinbeck. Ya digo.

Encierros+trail=trail extremo (Made in Spain)

¿Cavalls? ¿TransGrancanaria? ¿Transvulcania? ¿Gran Trail Peñalara?

Mozos, pasen y vean. Está ya todo inventado.

En los años veinte del siglo pasado comenzaron a subir a ver el paso del ganado por las escarpadas sendas. Bocadillo y vino en mano, cuentan, hasta que algunos decidieron echar la carrera delante de las vacas. Así surgió este hoy centenario sanfermín extremo. La unión del animal con el pueblo, que en nuestras latitudes se celebra de aquella manera.

Es Falces, Navarra. Fiesta declarada como de interés turístico y, a partir de ahora, de interés para el corredor-cabra, trailrunner para los amigos.


Fuente: Agencia Your Concept para Ayuntamiento de Falces. 2013.