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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

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Fútbol. Hala, ya lo he dicho.

No voy a escribir sobre qué me parece que el mundo esté aguantando la respiración ante la Copa del Mundo de Brasil 2014. Ya lo ha dicho por mí Issac Rosa en su artículo. No seré el coñazo antifútbol.

Cuando veraneábamos en aquellos ochenta del Valle Amblés, yo jugaba bastante al fútbol. El ser ya un atleta escolar me había regalado mi primer estirón (os recuerdo que empecé a correr para dejar de ser un niño de diez años con evidente sobrepeso). En los partidos en el pueblo agrupábamos los bandos en el simplista ‘los de Madrid’ contra ‘los del pueblo’. La verdad es que, al ser niños del baby boom, aquello permitía que salieran suficientes unidades como para partidos enteros de fútbol en campo grande.

Y en el campo grande que el pueblo tiene en las eras, lindando con unos pivotes de granito, aquella banda izquierda era dominio de Luis. Corría y recuperaba con suficiencia en medio de una adolescencia en la que los primeros alcoholes eran sintetizados por la edad. Correr me daba fondo como para subir, centrar y bajar a dar una amable tarascada a Ismael, otro amigo al que le encomendaban subir por su carril. Suyo o mío, no estaba muy claro.

Pero aquello era un juego. Entonces, jugábamos.

Lo que ahora entumece y ha convertido a la sociedad en imbéciles teledirigidos es un negocio.

Qué queréis que os diga. Me estomaga.

Se ha escrito mucho sobre la pureza de que te guste correr. Lo de ser aficionado al deporte más solitario y duro, sencillamente, no tiene sentido. Nadie es aficionado al ‘running’ sino que se abrocha un par de cordones y arranca a trotar.

Por contra, hay más gente aficionada a la pulsión de ver -incluso de hablar de ello sin verlo- esa mezcla de drama televisado y deporte llamada ‘el fútbol de los huevos’. Que ni siquiera se parece a ver chicos jugar en un patio de colegio. O entretenerse dando patadas a un balón desinflado en un pasto. Ni se parece a ese arranque puro de una niña a dar un puntapié a una pelota antes de que le enseñen que las chicas y el fútbol están destinadas a pelearse.

Porque esto va de eso mismo. No de sudarla un rato con doce compadres y de beber un trago fresco de agua o cerveza. Esto va de que las masas se agrupan en bandos religiosos. Se comulga con la camiseta, se idolatra a los jugadores que presumiblemente sientan cien veces menos la camiseta que un impago de su salario.

Y, creedme, si convertís el correr en algo parecido, os lo cargaréis. Corred. Es algo que un futbolero no entenderá porque le está costando, incluso, ponerse a dar patadas al cuero.

 

Cuatro fragmentos de la historia del atletismo

Start of Olympic marathon at Wembley Stadium, London, 1948. (7649951998) Fuente: WikiCommons, National Media Museum, UK.

Son cuatro trozos del deporte entre los deportes. Vídeos que hay que ver una vez en la vida, en mi opinión.

VIDEO 1. 3.000M OBS DE JJOO MOSCU, 1980.

Es una de las disciplinas más asesinas del atletismo, enmarcada en uno de los momentos en que este deporte quemaba. Por la política, por los programas de entrenamiento de Estado de las potencias del entorno soviético, por aquellos tipos que parecían embalsamar sus pies en zapatillas de clavos de aluminio. Para los de aquí, ver en una final olímpica a dos chavalotes como Domingo Ramón y Paco Sánchez Vargas peleando con nombres como Bronislaw Malinowski. Era la antesala al desembarco africano. Con fuerzas igualadas y elementos sueltos. Daba igual, algunos blancos corrían lo mismo que algunos negros. Y esto se demostró fatal tiempo después.

VIDEO 2. DUELO AL SOL, BOSTON 1982.

La masa desbordada como recuerdan las imágenes del combate Alí-Foreman o los italianos invadiendo la ruta del Giro de Moser contra Fignon. Eran otros tiempos y en el maratón de Boston de 1982 se produjo un duelo que hoy alcanzaría entidad cinematográfica. Alberto Salazar contra Dick Beardsley construyendo la cima del relato épico. Un calor extremo e inusual los hizo inseparables durante veinte millas para finalizar en esas calles abarrotadas. No fue la carrera más rápida de Salazar ni tuvo la rebeldía de un Prefontaine pegándose en la final de 5.000 de los Juegos del 72. El estadounidense de origen cubano daría más lustre a la esfera del jogging. Pero el Duelo al Sol fue un punto culminante de la primera época dorada del correr.

VIDEO 3. PREFONTAINE Y EL 5.000 DE LOS JUEGOS DEL 72.

Qué tiene Steve Prefontaine para la mitología del deporte es una cuestión que dividirá a los entendidos. La mitomanía desempolva aquel “corro para ver quién tiene agallas y quien puede castigarse a sí mismo” mientras que las estadísticas ordenan el escalafón relegándole a un cuarto puesto en una final olímpica. En cualquier caso, Pre se erigió como un corredor de los de tirar mientras pudiera, para reventar el pelotón. En ese cincomil se ve al chaval del bigote rodeado de avasalladores codos. El primer viaje se lo tira un Javier Álvarez Salgado que venía de brearse en los Europeos de Helsinki del año anterior con Emiel Puttemans, Lasse Viren o Mohammed Gammoudi. Esta colección se había visto las caras los días 31 de Agosto y 3 de Septiembre en las series y la final de 10.000. Viren y Puttemans habían corrido en 27.39 y desmantelado el récord del mundo. Una semana después ellos tres serían puestos a prueba en uno de los kilómetros finales más reñidos del atletismo.

Prefontaine comenzó a cimentar su parte proporcional en la épica del atletismo moderno con aquella estampa poco estética. El cine se encargó de trasladarlo de aquella manera en este otro vídeo. Al cine se le escaparon detalles más escabrosos pero ya se harían muchas más películas de drogas. El caballo tenía una cierta ventaja autodestructiva, un romanticismo que las autotransfusiones sanguíneas no tenían.

VIDEO 4. GRAND FINALE MARATON LONDRES JUEGOS 1948

Londres había vivido en 1908 el drama en forma de la inolvidable llegada de Dorando Pietri al estadio de White City. Décadas después, con el mundo más acostumbrado al sufrimiento del ser humano (dos guerras mundiales vividas en treinta años), se vivió una situación asombrosamente parecida. Después de 42 kilómetros llegan los primeros clasificados de la prueba de maratón. El corolario del atletismo que embarga a los espectadores.

El vídeo, de una factura técnica impecable, muestra el desfallecimiento en la entrada en meta del líder de la carrera, el belga Etienne Gailly. Gailly soporta la primera parte del colapso, que a otros les conduciría a la sala de las luces incandescentes. Pero el hasta ahora líder es teniente paracaidista y viene de participar en la Segunda Guerra Mundial. Su enfrentamiento con la agonía viene de lejos. La ha visto demasiado erca. En esos mismos momentos entra en el estado el argentino Delfo Cabrera, que venía a escasos metros de Gailly. Toma la cuerda para colocarse en cabeza del mayor de los eventos olímpicos mientras el europeo muestra más síntomas de colapso. El galés Tom Richards, un estajanovista de estilo discutible, un representante del atletismo de la clase obrera galesa, le birla la plata mientras el walón termina con su bronce en una camilla, absolutamente vencido por el esfuerzo y el calor de la prueba. Correr un maratón olímpico a las 15h30 de un 7 de Agosto del hemisferio norte no ha sido, desde entonces, una buena idea.

Os dejo con esos cuatro vídeos. Copa de vino en mano y la boca abierta.

¿Quién está detrás del running? Los grandes nombres

Mary.

Mi twitter me insiste en que debo seguir a Mary Wittenberg. En el nombre de Dios, ¿pero quién es la señora Wittenberg?

Mary es la heredera de las funciones que dejó más que encarriladas aquel mítico personaje de barba y gorra llamado Fred Lebow. Es, efectivamente, la CEO (presidente ejecutivo, en las siglas en inglés) del New York Road Runners. En conclusión, es la cabeza que mueve los hilos del maratón de Nueva York. El evento más famoso de todo el mundo de los corredores. Probablemente por encima de campeonatos oficiales.

Más que cuando Madonna sale a trotar al parque.

Las gestiones de Mary tienen como consecuencia directa la seguridad y ocio de 300.000 corredores cada año. Desde su sede en lo más granado de Manhattan, frente a Central Park, coordina su agenda para poder firmar contratos que garanticen millones de euros a una maquinaria. La laufmacht que saltó por encima del caso Sandy, el huracán que pareció estropearlo todo.

Tendré que añadirla a mi trend line. No todos los días te recomiendan que sigas a alguien que mueve trescientos cuarenta millones de dólares en su ciudad. Ni deja casi once millones de pavos en tax revenue (cifras de 2011).

 

Jos.

 

¿Está Jos?… Espero. Gracias – me atienden al telefonillo de entrada. Estoy de visita.

Jos Hermens. Fue atleta del año en los Países Bajos en 1975. Como por ese lado no llegaría muy lejos en el olimpo atlético, a pesar de acudir a los Juegos de Munich’72 (corría 5.000 y 10.000 en un nivel moderado para Europa) pronto se labró un prometedor oficio. Trabajó en Nike hasta 1985. Posteriormente se haría manager de atletas. Fundó la poderosísima Global Sports Communication. Sus clientes son hoy día chicos como  Haile GebrselassieKenenisa BekeleEliud Kipchoge o Gabriela Szabo.

Hoy hablamos de que el FBK Stadion de Hengelo ha logrado parar los proyectos de todo un equipo de fútbol. Mantendrá la pista de atletismo donde se celebra una de las grandes reuniones de atletismo del mundo. Ha dirigido los destinos de un maratón de Amsterdam que pasó de la crisis a ser esponsorizado por ING. Y su listado de atletas representados se trajo de los Campeonatos del Mundo de Moscú un buen botín. Tres oros, dos platas y cuatro bronces.

¿Y más cerca?

Se ha hablado mucho de Antonio, casi más que como cuando era maratoniano. Antonio Serrano fue el primer español que dio un bocado a las dos horas y diez minutos en maratón. Su récord de España de 1994 queda muy lejano aunque sigue asustando al 99% de los atletas actuales. Posteriormente se ha convertido en uno de los más prolíficos y sabios entrenadores de atletismo de élite. En su grupo corren y sufren a diario campeones como  Juan Carlos de la Ossa, Alessandra Aguilar, Diana Martín, Chema Martínez o Juan Carlos Higuero.

Podría ser otro perfecto ejemplo de la dedicación al deporte rey. De una presencia silenciosa que sigue fabricando generaciones de figuras para ese fantástico hobby que es ver correr a los mejores.

 

“Puto maratón”

Un Madrid no olímpico en cinco ejemplos.

1. Carrera del barrio de la Elipa. Madrid. El pelotón sube festivo por el carril de ascenso mientras los coches bajan en sentido contrario. Por el suyo. Con las ventanillas bajadas, el conductor vocea: “Ya está el puto maratón“.

2.  Salida de la A-1 para Alcobendas, Plaza Norte y zonas de oficina. Setenta metros de empujones, acelerones, frenazos. Tres carriles. Me rodean un generoso monovolumen con un ocupante que fuma,

3. La portada de la prensa deportiva de Madrid destaca que Cristiano Ronaldo, que será eternamente madridista, según el presidente de ACS, quiere marcar otros doscientos goles. Javier Gómez Noya ha sido campeón del mundo de triatlón y está varios toques de ratón hacia abajo.

4. El aire de la capital es añil. A pocos kilómetros, un pantano de la región almacena 300.000 metros cúbicos de lodos tóxicos y está abandonado desde la denuncia de 2005.

5. La carrera del ejemplo primero estuvo en un tris de no ser celebrada. La coincidencia con la última etapa de la Vuelta Ciclista a España puso en suspenso la carrera que celebraba su edición XXXV. La asociación de vecinos que organiza la carrera popular,  Asociación de Vecinos La Nueva Elipa, lleva 20 años solucionando la papeleta del deporte del distrito. Veinte. Veinte.

Como escribía Jacobo Rivero en Nodo50.org, la asociación de vecinos logró la transformación de los campos de tierra en campos de césped artificial. Mantuvo un club deportivo infantil para que unos 600 niños y niñas del barrio pudiesen jugar al fútbol. Ayer organizaban una carrera por trigésimo quinta vez, con tres euros de coste.

Pero las instalaciones se han privatizado por la entidad que optó a los Juegos de 2020. Han salido a concurso y se ha cedido su gestión a una empresa. Mientras, nos insistían. Y sonreían.

Puto maratón.

¿Habla alguien del 20º clasificado de alguna carrera? Te los presentamos

Usain Bolt, Eusebio Cáceres, Haile Gebre… parad. Parad. Los medios de comunicación hablamos habitualmente de los atletas que acaparan ya los titulares. Vencen, deslumbran, nos obnubilan y quizá a más de uno os hayan motivado a empezar a correr.

Pero ¿se conoce la densidad real de este complejo y magnífico deporte? ¿Alquien conoce, pongamos el caso, al que llegó en mitad de una serie clasificatoria de un campeonato regional?

¿Quién demonios es Iván Palero o a qué se dedican José Povedano o Manoli Panizo? Como se suele preguntar en tu oficina o en el bar, “¿cuánto les ha sacado el primero?”. Habitualmente son historias anónimas que interesan al círculo de amistades y poco más. Pero son atletas. Consumen atletismo. Vibran con las retransmisiones y sostienen las audiencias. Compran el calzado que los famosos desarrollan de acuerdo con las marcas deportivas. Además, ya decimos, son participantes en carreras, saltos, lanzamientos.

Dado que 20Minutos lleva ese número tan simpático en su cabecera, veamos quién está en esa vigésima posición de alguna de tantas pruebas. Recordemos que, en definitiva, alguien que llegue el puesto veinte permite que los diecinueve anteriores no sean los últimos.


Foto: Kataverno.
Mónica Valdepeñas fué la vigésima clasificada femenina en la cronoescalada del Kilómetro Vertical de la Barranca. Os resumo. A Mónica le llevó 1h24 recorrer un kilómetro. Pero se trataba de mil metros ¡de desnivel!. Esto es, la diferencia entre la altitud de la salida y la meta suponía correr hasta reventar superando mil metros hacia arriba.

La toledana, perteneciente al club Atletismo Las Lagunas, llegó con unos 21 minutos de diferencia respecto de la vencedora pero se trata de esos atletas que sostienen las pruebas. La participación de corredores como Mónica es crucial. Los organizadores no serían nada sin ellos. En semanas se le pudo ver en otro kilómetro vertical, el que ascendía por piedras y sendas casi inexistentes a Peñalara. Otra cima de más de dos mil cuatrocientos metros con la que Mónica ha cumplido el ritual de ascender a toda velocidad.


El vigésimo clasificado del maratón de Valencia de 2011 fue Carlos. Un tipo duro que no pudo acercarse a los tiempos de escándalo de los profesionales africanos. Pero hay que añadir que Carlos, perteneciente al club Cárnicas Serrano (tan en boca de todos estos días) tiene otro trabajo. Saca tiempo para hacer siete y más sesiones y poder marcar un espectacular tiempo de 2h28 en meta. Lo tiene que sacar de los turnos de duro sacrificio que le deja su trabajo en la Unidad Militar de Emergencias.

En efecto. este corredor es uno de esos soldados que han estado todo el verano buscando el cuerpo de algún ahogado o extinguiendo incendios por todo el territorio. No dudamos de la utilidad social de las hazañas de Bolt o de las declaraciones de Yelena Isinbayeva. Qué duda cabe que uno termina aprendiendo de todo y de todos.

Para hacernos una idea, si bien está lejos de los brutales cronos de los vencedores, Carlos está en el rango de ritmos de las primeras clasificadas femeninas a nivel internacional. Por establecer una comparación, corrió a más de 18 km/h durante cuarenta y dos kilómetros por hora. Láncense con unas zapatillas y cronometren un kilómetro. Multiplíquenlo por cuarenta y dos. Carlos Alcalá no es profesional pero evalúen ahora su importancia en el mundo del atletismo popular.

Lo dicho. Podremos seguir glosando los saltos de altura de Bondarenko o la zancada de Alison Felix. Pero recordemos una cosa. Sin ese corredor anónimo, los de arriba vivirían carreras fantasma.

Amaya, Aauri, Carlota. Del basket al atletismo.

Ha dejado de ser una simpática coincidencia. “Tenemos a una de las jugadoras del femenino que participa en los Campeonatos de España”, se comenta en los foros estudiantiles. “Pero ¿hay campeonato ahora? Con la liga acabada?”.

No. Se trata del Campeonato de España de atletismo. Una jugadora del Estu que, de pronto, aparece en la prensa como atleta. Y de alto nivel.

Aauri Bokesa (Madrid, 1988) es de las corredoras más prometedoras de 400 metros a nivel europeo. En los Campeonatos del Mundo de Atletismo ha brillado en un coto prohibido. El de la velocidad, donde las mujeres más rápidas y resistentes del planeta vuelan bajo. Ya no es la curiosidad de ver cómo una jugadora de baloncesto femenino se iba adaptando a la pista.

No es el único caso de polivalencia y trasvase entre baloncesto y atletismo.

La historia de la mejora jugadora de todos los tiempos, Amaya Valdemoro (Alcobendas, 1976), es el del viaje contrario. Valdemoro era uno de los talentos más sólidos del atletismo escolar en los últimos años ochenta. En las competiciones escolares ya destacaba por una ambición que le llevaba a sobresalir en 60 metros lisos y salto de longitud. La chica de la larga coleta castaña comenzó a despuntar en las pistas de su localidad pero con 13 años dió el salto a las canchas. Con dieciséis y más de un metro ochenta de estatura debutaba en primera división, era el año del deporte. Corría 1992.

Cuando Valdemoro estaba ya asentada como una de las mejores deportistas femeninas del año, Aauri pasaba del baloncesto Fuenlabrada, donde se había formado en categorías infantil y cadete, al Club Estudiantes. Tras ser internacional con las selecciones inferiores del combinado de España, la casualidad y su talento hicieron que supliese una baja de una atleta del club AD Marathon, de Madrid. Ese día se unieron varios factores. La hermana atleta de un preparador físico del club estudiantil sugirió que probase. En jornada de Liga, donde coexisten atletas dedicadas durante años. Consiguió mínima para en nacional promesa.

El metro ochenta y cinco de Bokesa la convertían en un arquetipo interesante para las distancias de la velocidad prolongada. En su segunda carrera, todavía en categoría junior, conseguía las marcas mínimas exigidas para los senior y empezaba a dudar sobre qué deporte dejar de lado.

Carlota Castrejana (Logroño, 1973) completa la andadura de estas tres pioneras de la multifuncionalidad. Jugó en la selección que disputó los Juegos Olímpicos de Barcelona y posteriormente encaminó sus pasos al triple salto. De machacar las rodillas entrando al rebote (mide 1m88) como alero alto a dejarse los ligamentos en una de las especialidades más criminales. La especialidad de las tres batidas, la de las piernas de hierro. No contenta con eso, la polivalencia de Castrejana le llevó a asomarse a más saltos.


En salto de altura fue campeona de España y añadió a sus medallas europeas en pista cubierta (con récord de España en triple) marcas de 1m89 en altura, 6m47 en longitud y el retorno al baloncesto una década después. Volvió a Asefa Estudiantes para jugar en la Liga Femenina.

¿Hay algo que conecte deportes como baloncesto y atletismo?

¿Les suena Usain Bolt? Mide un metro noventa y seis.

Para una buena colección de deportes es muy útil ser alto. Altura, explosividad y coordinación son una base fabulosa para comenzar a practicar con éxito muchos deportes. En un partido de baloncesto siempre destaca ese alero saltarín o ese potente base. Desde la grada parecen menos altos que sus compañeros, los dominadores de la zona. Pero son arquetipos del cuerpo completo. Físicamente no hay tanta separación entre Bolt y Kobe Bryant.

Lo indudable es que el talento polivalente existe. Hay bastantes casos de trasvase entre deportes. Es frecuente ver jugadores de fútbol americano con una gran velocidad y que les ha hecho brillar en las universidades. También el caso opuesto, como el explosivo vallista Renaldo Nehemiah, primer hombre en bajar de los trece segundos en 110 metros vallas. Talentos como Ronald Curry han practicado a gran nivel baloncesto y fútbol americano. Lo mismo ganaba concursos de mates que jugó con los Raiders en la NFL. Hay jugadores de voleibol de ambos sexos con salto impresionante, podrían ser saltadores de altura. Hay más ejemplos. La dominante velocista americana Marion Jones fue jugadora con la prestigiosa North Carolina University.

 

¿Qué hacer para que se pueda encontrar ese talento escondido? ¿Han sido todo casualidades o la explotación de lo obvio?

Nunca se sabrá si todo es tan casual. ¿Es tan frágil el sistema de detección de facultades? Puede ser.

Tradicionalmente se ha juzgado la detección de chavales con clase sobresaliente como el puro azar. Años atrás salía brillo de carreras de colegio, fiestas de pueblo, y surgían casos como el de Fermín Cacho, Abel Antón u otros.

El ya retirado saltador de longitud Angel Hernández fue visto jugando al balonmano y convencido para engrosar las filas del deporte de deportes. Fue subcampeón de Europa en Split 1990 saltando más de ocho metros y todavía es top 10 del ránking español. Pero cada vez más hay que confiar en los especialistas que se patean los graderíos, las pistas de atletismo. Los campos de fútbol. El trabajo de entrenadores de base, ojeadores de deporte escolar, es fundamental.

Después, todo es trabajar. La base física y la paciencia.

La especialización cada vez mayor a menores edades juega en contra. En deportes como la natación, con la detección sumaria de nadadores infantiles para su explosión (sic) temprana, es poco menos que imposible pensar en trasvase a otro deporte de alto nivel.

Los aficionados siempre estaremos pendientes de estas nuevas apariciones. Dan salsa al deporte de alto nivel.

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Fotos: COI, 20Minutos.

 

Campeonatos del Mundo de Atletismo (IV): España, historia de nuestra participación (y 3)

Cerramos el repaso a los atletas españoles que han participado en los Campeonatos del Mundo de Atletismo. Lo hacemos con las especialidades dentro del estadio (posteriores a Stuttgart’93).

Mediofondo y fondo corto.

Las pruebas de 800 a 5.000 traían las etiquetas de estrategia, avidez y ritmos de locura. Los tipos rubios y altos, que parecían sacados de ‘Carros de Fuego’, copaban los medalleros. Ellas, las potentes máquinas de los laboratorios rusos.

A partir de los años noventa se produce una explosión demográfica en el mediofondo. Británicos y españoles tienen que repartir el botín con atletas marroquíes, argelinos, los omnipresentes africanos del Este (Kenia, Etiopía, Eritrea, Somalia) y la nueva hornada de norteamericanos. Desaparecerán los atletas de la Europa de la postguerra pero su hueco, en hombres y mujeres, es ocupado por deportistas que parecen desplazarse levitando sonbre la pista.

 

Fermín Cacho se dió de bruces con dos genios de la distancia. Tras su título olímpico, en primera instancia tuvo que pelear el subcampeonato del mundo de 1.500 en Stuggart ante un infalible Nouredine Morcelli, que poseía ya los récords del mundo de la zona alta del mediofondo. Cuatro años después, en Atenas, se le colaría delante El Gerrouj. Fermín sería octavo en Goteborg Hicham, el más grande, le privó de un oro que habría redondeado la carrera de Cacho. Reyes Estevez, el atleta español que yo -confieso- he visto pisar con más elegancia sobre unas zapatillas de clavos, sería bronce en Atenas’97.

En la magia del estadio sevillano Estévez repetiría bronce en 1999. Para una carrera largamente discutida, un botín que nunca sabremos si correspondió a su clase. Fastidió la fiesta de los chicos de rojo que se colara N. Engeny, otro talento descomunal del altiplano con formación en EEUU, pero lo mismo podrían pensar los kenianos de Cacho (4º) y Andrés Díaz (5º). Las tres vueltas y tres cuartos es una de las carreras con menos justicia teórica del atletismo.

La producción de nuestro 800 masculino quedaba en similares peldaños que el nivel actual, con interesantes pero insuficientes acercamientos de Reina, Olmedo y demás atletas a una criba mortal en la que hay que dominar los 1m44. Un poco más arriba en la distancia estuvieron Enrique Molina en los 5.000m de 1997 con un estupendo octavo puesto. También la (posteriormente sancionada por un positivo) carrera de Alberto García con un cuarto puesto en 2001, incrustado entre lo mejor del fondo etíope y keniano.

Edmonton pasará a la historia como quizá el campeonato más equilibrado del atletismo español pero, sobre él, caen las sospechas de uso masivo de doping. Algunos atletas se han visto afectados por sumarios resueltos de aquella manera. La medalla de plata de Marta Dominguez en 5.000m es un punto oscurecido por unos años salvajes. El velocista de EEUU Tim Montgomery abusaba de la EPO. El campeón de 200m K. Kenteris, terminó metido hasta las axilas en casos de prácticas de dopaje, y saliendo de espantada en plenos Juegos de 2004. La plata rusa en disco femenino lo mismo. La plata griega de Ekaterine Thanou estuvo en las mismas que Kenteris. El relevo estadounidense de ambas distancias fue descalificado por contener miembros con casos de uso de EPO, el subcampeón de 5.000 admitió uso de nandrolona y el caso BALCO salpicó a medio equipo de EEUU, que regresaba a casa cargado de medallas de Kelli White o Marion Jones.

El atletismo tenía que sobreponerse a sus propios fantasmas. Había demasiado en juego. Dinero, sobre todo.

Muchas de nuestras atletas femeninas brillaron de manera gradual. Sin ir más lejos, en Goteborg, con el cuarto puesto de Mayte Zúñiga en 1.500m. La vitoriana se quedó a centésimas del podio justo en el año en que una todavía Junior Mayte Martínez se estrenaba en competición internacional.

La vallisoletana Martínez sería medalla de bronce en los Mundiales de Osaka’07, vengando la injusticia cometida por el cronómetro con Mayte Zúñiga. Anteriormente Mayte Martínez había sido finalista en Edmonton’01 y Helsinki’05, y lo sería de nuevo en Berlín’09. Una de las grandes damas del anillo atlético.

Al añadir obstáculos al fondo corto se consigue una especialidad de espectáculo sin igual. Los 3.000 metros obstáculos han dado a la selección un buen tono. Antonio Jimenez ‘Penti’ sería sexto en Edmonton’01, detrás de toda la batería keniana. Repetiría puesto en la final de Helsinki’05. El aragonés Eliseo Martín fue bronce en París’03 metido en mitad de esa jauría de chacales africanos de los Kemboi, Tahri, Cherono, o el gran S. Shaheed (nacido S. Cherono) y su reluciente y dorado pasaporte de Qatar. El maño sería de nuevo finalista, séptimo, en 2007 en la edición de OsakaLuis Miguel Martín Berlanas, el africano de S. Martín de Valdeiglesias, habituado a codearse con cuartos y quintos puestos en esta ingrata especialidad en Juegos Olímpicos y Campeonatos de Europa, sería 4º en Edmonton’01 y sexto en la cita de París.

Concursos.

El lanzador Manuel Martínez comenzó a superar calificaciones en Goteborg y se asentó entre los mejores en 2001. Se le resistió el bronce. Fue 4º en Edmonton, pero estamos hablando de palabras mayores. Delante estaban J. Godina y A. Nelson, con sus largos 21 metros. El lanzamiento de peso, también bajo las convulsiones de las drogas deportivas, es un reducto casi imposible de dinamitar.

Similar competencia se encuentran nuestros discóbolos. En la última década contamos con Mario Pestano y ahora con el ex-cubano Frank Casañas. Ambos han estado muy cerca de la gloria. Pestano, octavo en París’03, y siempre entre los doce mejores durante los últimos cuatro campeonatos del Mundo. Casañas tiene que aprovechar su veteranía en quizá su último año en la élite mundial.

Edmonton conoció el fin de ciclo de la gran excepción del atletismo español: una participante en saltos en el podio, y de manera repetida. En Canadá se vió como la saltadora de longitud Niurka Montalvo se hacía con un bronce. Había sido plata compitiendo con Cuba en 1995, y campeona del Mundo en Sevilla 1999.

El foso de longitud había dado alegrías a España con el asturiano Yago Lamela, un extraordinario talento precoz que se puso casi a la altura de los gigantescos registros de Carl Lewis, Mike Powell, Conley o Myricks. Cedió el oro ante el cubano Iván Pedroso en Sevilla y redondeó con un ajustado bronce en París’03.

La colchoneta de salto de altura ha tenido un tardío renacer. El caso de Ruth Beitia, una vez que comenzó a rondar los míticos dos metros, es el de la solidez. Participante en cuatro campeonatos del Mundo, ha sido sexta en Osaka y quinta en Berlín, algo impensable en los tiempos en que los españoles éramos bajitos y recios.

Todo esto es historia. En atletismo todo lo contado sirve solamente para tomar más impulso y seguir entrenando.

Los nombres quedan y este repaso será un aperitivo de lo que acontezca a partir de las próximas horas en Moscú. Gracias a un acuerdo de última hora se podrá seguir en televisión para toda España. Aunque la televisión es ya solamente uno de los medios. La era de internet permite ‘estar’ en el estadio, tener la información en vivo de los resultados.

Recuerden, la cita es en el viejo estadio Lenin. Aquel donde Ovett y Coe y el boicot de los estadounidenses… Historia pura. El deporte rey.

Campeonatos del Mundo de Atletismo (III): España, historia de nuestra participación (2)

Los Campeonatos celebrados en Stuttgart suponían el acelerón hacia  la nueva fase del atletismo-espectáculo. En 1993 la IAAF los sitúa como -quizá- el tercer espectáculo deportivo del planeta. Y, desde entonces, dos años serán el intervalo entre Mundiales.

Ningún atleta perdería su ciclo dorado por mor de esperar cuatro años. Todas las generaciones de ‘superclases’ podrán saborear las mieles del triunfo y sus jugosas consecuencias. Ningún protagonista del gran negocio del deporte televisado perdería su parte del pastel.

En términos particulares los de 1993 también son el surgimiento de los nuevos nombres del cambio de siglo. Michael Johnson y su versatilidad sobre 200 y 400 metros, Haile Gebreselassie, el emperador, el religioso Edwards y su triple salto hacia el infinito o Marlene Ottey, una jamaicana eterna.

En esa maraña de nuevas estrellas los atletas españoles degustaron las medallas en un ciclo que se extendería hasta Edmonton en 2001. Serían ocho años en los que por un cúmulo de razones  brillaron los chicos y chicas de la Roja (antes era más blanca, cosas de los sucesivos patrocinadores de ropa deportiva, imaginemos). La federación enviaba contingentes de atletas en un número elevado. Viviéramos en la burbuja deportiva o no, hay que hablar de unos muy buenos momentos.

Por especialidades, hubo varios.

Maratón y Marcha.

 

Abel Antón había mantenido una regularidad desconocida en las finales de altas citas en 5.000 y 10.000. Su pugna con viejos conocidos del cross había sido llevada a los ránking de asfalto. El dinero había empezado a fluir a los grandes maratones durante los ochenta y Martín Fiz, Antón, como Fabián Roncero o Alberto Juzdado eran habituales en los glamourosos escenarios asiáticos y europeos (nunca hubo suerte con Chicago o Nueva York). En España si no corrías en 2h09 no te comías nada. Quizá esa acumulación de talento nos hacía más cercanos a los africanos que, sin embargo, preferían embolsarse dinero más inmediato en los maratones comerciales.

De cualquier manera Fiz se impondría en Goteborg’95 y sería subcampeón en Atenas’97. Abel lograría en su ciclo de oro vencer en el prestigioso Mall del Maratón de Londres amén de ser dos veces campeón del mundo en Atenas, en la carrera del dominio aplastante de Roncero y compañía hasta bien entrados en los caóticos arrabales atenienses, y Sevilla’99. La continuación natural de esta generación la daría Julio Rey con la plata en Paris’03.

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Con posterioridad desaparecieron los maratonianos españoles de unos puestos de cabeza imposibles. En el mercado había tal densidad de corredores de 2h07 que las citas de Osaka, Berlín o Daegu se plagaron de los líderes del ránking mundial. Y todos sabemos cómo está el ránking planetario, con hasta treinta mejores marcas realizadas por africanos por delante de cualquier europeo. Una -un tanto irreal- etapa dorada había dado fin.

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La marcha atlética es el caladero de los especialistas españoles. A pesar de la particular distribución geográfica de la especialidad (sin africanos a la vista, de momento), Stuttgart’93 dió doble título mundial de los ya laureados olímpicos Valentí Massana y Chuso García Bragado, en 20 y 50km. Daniel Plaza, medalla en Barcelona’92, sería bronce. Encarna Granados sería bronce en 10km. Massana repetía podio (plata) en Goteborg’95.

Chuso era de nuevo plata en la tórrida edición de los 50km de Atenas’97 (sí, hubo atletismo en el verano ateniense). ¡Y de nuevo cuatro años más tarde, en Edmonton! Por su parte tomaría el relevo Paquillo Fernández, que siguió con la cosecha: tres platas en 20km en tres Mundiales consecutivos (París, Helsinki y Osaka).

Juan Manuel Molina añadiría lustre al medallero de los marchadores con su bronce de Helsinki’05. En Osaka, bajo la condiciones más tórridas y húmedas conocidas en campeonatos oficiales (se superó ‘lo’ de Atenas) María Vasco exprimió la distancia de 20km y consiguió un brillante bronce.

Miles de horas de entrenamiento acumuladas, kilómetros hechos a ritmos inhumanos, cuidados y la incógnita de saber cómo estarían ese día los rivales. Esa es la vida de los atletas profesionales.

En el último capítulo de esta serie sobre la Historia de los participantes españoles hablaremos del mediofondo y los concursos.

[continúa]

Campeonatos del Mundo de Atletismo (II): España, historia de nuestra participación

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Los Campeonatos del Mundo de Atletismo no son equitativos. Son crueles.

En los Juegos Olímpicos, la fiesta del deporte reserva un hueco a los países con representación en los comités olímpicos continentales. Por ello tenemos todos los Juegos esas imágenes en las que un velocista palestino o un nadador africano muestran la gran diferencia entre los mejores del planeta y los esforzados semiprofesionales.

En Moscú se verán pocos ejemplos así. En las series clasificatorias habrá todavía sitio para el romanticismo pero se verán hasta cinco atletas por país. Las condiciones permiten que los líderes del año en la Diamond League y los campeones de cada área acudan adicionalmente. El todopoderoso órgano (que hace lo que quiere con su evento, para eso es quien lo monta) de la Federación Internacional de Atletismo ha pensado en acumular lo mejor de lo mejor.

Y los espectadores españoles se llevan las manos a la cabeza.

-Pero ¿no somos capaces de ganar ni una medalla?
-En esa carrera ¿no hay más que (por ejemplo) negros? ¿Y los españoles dónde están?

La cultura deportiva está basada en la asunción del deporte como una realidad económica y social. Pero, cuando no hay cultura, esa realidad queda machacada por los medios de comunicación de los -pongamos- países-fútbol. Si no hay españoles ganando, no hay deporte. Si hay victorias, hay medios de comunicación. Portadas y minutos de noticieros. El waterpolo femenino, la Fórmula 1, el baloncesto femenino o el hockey sobre hierba. Ejemplos de deportes que no existieron durante décadas.

El Campeonato del Mundo no es el mejor escenario para que demostremos ser la crema de la crema. No se trata de invertir 300 millones de euros en la mejor cuadrilla posible de futbolistas. El atletismo trata de talento individual, al que se le inyecta apoyo, tecnología y dosis enormes de entrenamiento.

O sea, que no vamos a ganar mucho. Habrá que participar por estar entre los mejores del planeta, en el deporte más extendido entre la raza humana.

¿Ha sido siempre así de imposible? ¿Qué han logrado los atletas españoles en la corta historia de los Mundiales?

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Los hispanos que acudieron a la primera cita, en Helsinki.83, estaban inmersos en el desarrollo de la propia generación (la gran quinta del 57) y un semillero global gigantesco. El mundo estaba dominado por europeos que corrían y norteamericanos que volaban. Colomán Trabado no pudo superar su semifinal de 800m bregando contra el campeón mundial Willi Wülbeck (otro alemán) o el brasileño Guimaraes, de una generación donde no paraban de salir galgos de la verde-amarelha. Antonio Corgos superaba los ocho metros para ser séptimo en una final donde volaban bajo Mike Conley o Carl Lewis.

Abascal y González, que apuntaban alto en la crema del mediofondo europeo, tuvieron que manejarse entre los intocables Ovett, Aouita, Scott o Steve Cram. Aún así Abascal pudo ser un amargo 5º puesto en la final mientras que González, que había vencido en la versión de bolsillo de los Europeos de pista cubierta, quedó fuera de la misma. En 5.000 y 10.000 había, sencillamente, demasiada diferencia entre los puestos de podio y el nivel de Jordi García y el Taca, Antonio Prieto. Esto no era el cross sino que había un hueco imposible con los Eamon Cloghlan, Alberto Cova y compañía (la compañía, de nuevo, alemanes del Este como Schildauer o Kunze). Pilar Fernández quedaba lejos en las series de 3.000 y Mariajo Martínez en las de 110 metros vallas.

El maratón español enviaba al toledano Ricardo Ortega y a Juan Carlos Traspaderne. Los tiempos del récord nacional se movían en 2h11 (marca que mejoró el Traspa en Helsinki) y De Castella era un tiburón que ya corría en 2h08. La historia se repetía cada vez que afrontábamos la realidad mundial. Sólo una excepción. José Marín se hacía con la plata en 50km marcha tras el gigantesco marchador Ronald Weigel, responsable de los éxitos propios y posteriores con el equipo australiano.

Youtube: 1500m Roma 1987.

En los Campeonatos del Mundo celebrados en Roma en 1987 se pudo contrastar la voracidad de González, sacándose la espina con una medalla de plata en 1.500, y la polivalencia de Marín con un bronce en la siempre discutida prueba corta de la marcha.

Roma’87 fue una barra libre donde se batieron récords de los campeonatos, continentales y del mundo. Ben Johnson se salió de la pista y de la barra. Los jueces introdujeron un último salto de longitud cuarenta centímetros más largo de lo que había saltado en realidad el local Evangelisti. Las alemanas del este corrieron hasta quemar la goma del estadio. Todo era excesivo, muy romano, casi neorrealista.

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Contra tipos que saltaban casi 2m40 como Sjoeberg, Avdeenko o Igor Paklin, poco podía hacer Arturo Ortiz (2.27 en calificación). Un descomunal Jose Alonso Valero fue finalista en 400 metros vallas frente a nombres legendarios como Edwin Moses y Danny Harris o Harald Schmid. Merche Calleja y Maria Luisa Irízar hicieron un silencioso pero espectacular top20 en un maratón femenino donde imperó Rosa Mota. Abel Antón iría sembrando para recoger en el futuro sobre distancias superiores. Y una joven Mayte Zúñiga se exponía a esos procesos de aprendizaje que significan mandar a los leones a atletas con ajustadas mínimas B.

Para el atletismo español las cosas tenían que empezar a cambiar ya. En 1991 la IAAF mandó a los Mundiales a Tokio. Barcelona acogería los Juegos el año siguiente en medio de una expectación inusitada.

La cosecha en el más difícil de los escenarios atléticos fue la de una medalla de bronce de la nacionalizada Sandra Myers y unas sobresalientes actuaciones que quedaron en puertas. Fermín Cacho y Valentí Massana prologarían el libro de los éxitos en Barcelona un año después. Tomás de Teresa fué octavo contra, atención estadísticos y aficionados al atletismo, Barboza, Konchellah, Ereng, Mark Everett, Johnny Gray y demás sputniks. Y Antonio Peñalver fue octavo en el decatlón, dejando asombrado al país que leía algo más que los titulares.

Para evaluar el nivel de Tokio es necesario recordar que Sergei Bubka saltó casi seis metros en pértiga. Mike Powell batió con 8.95m de una tacada a Carl Lewis y el viejo récord de Bob Beamon. Dan O’Brien se acercó a los míticos nueve mil puntos de decatlón o que Alina Ivanova batió el récord de los campeonatos con 42 minutos en diez kilómetros …¡marcha!.

¿Medallas?

Hablar de medallas quedaba tan lejano como acercarnos a la tecnología que aquellos días desarrollaban en el MIT o siquiera saber qué demonios era aquello de Windows.

A pesar de ello, una oleada de energía recorrió los programas de ayuda al deporte español en la década de los noventa. Todo subía como la espuma y la cosecha de éxitos de Barcelona’92 debía recolocar nuestros atletas en la siguiente cita. Dos campeonatos olímpicos, una plata y un bronce, además de dos finalistas más, eran un buen paso adelante.

Esperaba Stuttgart. Solo dos años después de Tokio.

La Federación Internacional de Atletismo no podía dejar que el show se enfriase. El periodo de espera se reducía a dos años. Nuestros corredores, saltadores y lanzadores tenían que aprovechar aquella resaca olímpica del Amigos Para Siempre.

Campeonatos del Mundo de Atletismo (I): De Helsinki 1983 a Moscú 2013

Entre el 7 y el 14 de Agosto de 1983 la antigua Unión Soviética ganaba veintitrés medallas. Una menos que el total del archienemigo norteamericano. La antigua República Democrática Alemana reinaba en las disciplinas de velocidad y lanzamientos, situándose en el puesto más alto del medallero. Ocho títulos mundiales, siete de ellos en una categoría femenina de la que años más tarde se contarían historias cruentas. Era la edición inaugural de los Campeonatos del Mundo de Atletismo. El gran circo mundial que la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) añadía al ínterim entre juegos olímpicos y campeonatos continentales.

Comprender el pasado reciente (y no tan reciente) del deporte es fundamental para disfrutar de su presente. Por eso y  por que -en definitiva- es el deporte que todos amamos, comenzamos una serie de reportajes en 20Minutos donde conoceremos más sobre este evento planetario.

Treinta años después es la vieja esfera moscovita la que organiza los Mundiales. La primera edición estaba llena de simbología; era el año previo a los Juegos de Los Angeles’84. Los segundos Juegos en los que la política había decidido inmiscuirse sin remedio, tras los de Moscú’80. Rusos contra americanos, como en las películas de la Guerra Fría. Hoy nos preparamos para los Campeonatos del año posterior a los Juegos de Londres’12.

¿Ha cambiado el atletismo? ¿Los Campeonatos siguen apelando a los mismos principios?

Algunas cosas son totalmente diferentes y otras peligrosamente paralelas.

Helsinki’83 supuso una antesala. El año previo a la confirmación de esa generación angelina. Reinaban los dioses norteamericanos de la velocidad como Carl Lewis y Calvin Smith. El vallista estadounidense Greg Foster subía como la espuma mientras que no había humano capaz de batir a aquel tipo con barba y zancadas gigantescas llamado Edwin Moses. Se dió un dominio absoluto en el foso de salto de longitud con el triplete Lewis, Grimes y Conley, y se destrozaron las posibles evidencias de cualquier comparación entre los tipos más rápidos del planeta. Tanto las alemanas del Este como los explosivos norteamericanos. Si no, recordad el vídeo del relevo 4×100 femenino.

 

Moscú’13 proporciona al mundo un crisol de naciones muy diferente. Antillanos que copan la velocidad pura, africanos y árabes de reluciente pasaporte y nacionalizaciones monetarias. Incluso aquel chispazo de brillantez que Kenia aportaba al mediofondo, con el malogrado Kipkoech o Boit, está hoy eclipsado por el cuerno etíope y eritreo. Los lanzamientos no están copados ya por rusos y alemanes.

China es más que una simple medalla de bronce y vive una resaca complicada después de sus Juegos Olímpicos y de acusaciones. Sobreviviendo a todos, Reino Unido convirtió la tradición de las carreras de estrategia en un equipo demoledor, con especialistas sólidamente asentados en todas las pruebas. Incluso la creciente Europa presenta banderas de decenas de viejas repúblicas que fueron agrupadas por el régimen que construyó el estadio olímpico Luzhnuki.

Una cosa no ha cambiado. Y es que este deporte sigue relacionado inevitablemente con los éxitos de Estados, regímenes y banderas.

Las consecuencias de la tensión a la que someten a los atletas los negocios y las instituciones gubernamentales trae al recuerdo viejos ejemplos. En los años 50 los países comunistas vuelcan en el deporte el esfuerzo del prestigio internacional. De manera inmediata EEUU comienza a invertir en tecnología del entrenamiento y, en décadas, la cosa se pone más que fea. Las prácticas de doping sistemático ensombrecen las décadas de los 70 y 80.

Pero la historia se repite. La federación turca hace pública esta semana un listado con una treintena de sus atletas pillados en prácticas dopantes. El mes de Julio supuso la tormenta desatada sobre la velocidad afroamericana. Jamaica es sospechosa de una red sistemática de trampas farmacológicas. Los grandes sprinters estadounidenses eran conejos de indias voluntarios de un sistema drogado. La Operación Puerto se cierra en España con opiniones encontradas, trayendo a la memoria los sistemas institucionales de fármacos y deporte de Grecia o Italia.

¿Tiene armas el atletismo para reponerse a todo ello?

Con estas premisas y por el bien de la afición a este deporte, es necesario apelar a su pureza. ¿Podrá vencer el deporte a la trampa institucionalizada? Es el deporte rey y hay que pensar que tiene que sobrevivir a sus problemas. La misma federación internacional anuncia que cada día se estrecha más el cerco a los tramposos. El escaparate de los campeonatos del mundo ha dado siempre escenas de brillo inusitado. Helsinki’83 supuso la oportunidad también de disfrutar de Robert de Castella y su victoria en un maratón con aquel sabor casi de los setenta.

Se necesita creer en los atletas. Voces desde todos los rincones, de las escuadras de atletas de los cinco continentes, denuncian que la trampa solamente podrá emborronar el evento. Correr, saltar o lanzar son actividades que se pueden acercar a la perfección máxima también con limpieza.

Helsinki significó un adiós a los viejos conceptos del atletismo amateur. Cuando el dinero pudo compensar oficialmente los entrenamientos diarios de los atletas se cerró una herida. ¿Se abrió otra con la pugna mediática por el récord y los premios en metálico? El tiempo ha ido dando respuestas que no siempre han gustado. Ni a público ni a los gobernantes del atletismo mundial.

Los campeonatos mundiales de Moscú están girando hacia una nueva etapa en la que tendremos que creer. Sospechas de que los controles antidroga serán mucho más serios podrían aumentar las listas de bajas previas al campeonato. Igual que los sospechosos dolores de rodilla del pelotón ciclista, el anuncio de controles sanguíneos a todos los participantes podrían haber desencadenado casos como el de Turquía. La diferencia con la etapa oscura del deporte es que el planeta deberá observar y saber diferenciar. En esto también serán unos Campeonato Mundiales diferentes. La sociedad participará y criticará a través de los medios de la información.

Pero la información deportiva deberá ser crítica. Va a serlo. Tanto si Asafa Powell o Tyson Gay son cazados por drogas, como si los héroes actuales deslumbran con tiempos o marcas de otra galaxia. Si solamente se escucha al titular de la prensa cuando se bata un récord o se consiga una medalla, el espectador tendrá una imagen mutilada del gran espectáculo. Observar la foto de felino que proyectaba Greg Foster sobre una valla ha de mostrar al mundo la belleza del atletismo. Negar que estuvo implicado en casos de dopaje sistemático será quedarnos con el periodismo deportivo más fácil.

Y el atletismo no es fácil.