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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Archivo de Julio, 2014

[-28] para el Mont Blanc: llegar a Chamonix

Veintiocho días para el Mont Blanc. Vamos con las logísticas, que la sesión de spinning y trote de hoy ya la hemos finiquitado.

Ayer volví a curiosear en algunas de las páginas donde los expertos de la participación alpina detallan sus preparativos. Id a Google y buscad los blogs de Iván Vivo o del imprescindible Sergio Garasa (con su buen carrerasdemontaña.com). Lo cierto es que la logística para un UTMB se ha convertido en poco menos que preparar (y presupuestar) unas vacaciones completas.

Chamonix es un animado esquinazo de Francia con las paredes de su jardín adosadas a Suiza y a Italia. La manera más eficaz de ir desde España, y así lo hacen también muchos otros corredores de todo el mundo, es volar hasta Ginebra. Cien kilómetros al este, monte arriba.

Piensa uno que es decidirse con antelación, otra tarea más amén de la de entrenar, probar materiales. Vamos, la cosa de ir hasta allá.

Por que volver, a malas, ya repatriarán nuestros cuerpos.

Alguien que ha sido capaz de inscribirse online, que maneja habitualmente la red y que adora visitar y reservar páginas de vuelos, piensa que sí. “Ginebra. Bah, eso está tirado. Hay opciones de todos los colores”. Y lo comentas entre los otros corredores. No le das más importancia. Es en ese momento cuando otro experimentado corredor dice lo de “Corre porque ya no hay casi alojamiento y los vuelos están subiendo”

¿Casi no queda alojamiento? ¿En Febrero?

Las cifras del UTMB son mareantes y la capacidad de los valles alpinos es finita. A pesar de albergar durante la temporada de esquí a miles de visitantes, se estima que a Chamonix y pueblos colindantes acuden un total de siete mil quinientos corredores e igual número de acompañantes, voluntarios y personas desplazadas por la zona. Hay que reservar y agachar la cabeza ante los precios ofrecidos (¡y es temporada baja!) o tirar de contactos o compartir apartamentos entre varios corredores.

Si bien volar hasta los Alpes desde Madrid es económico (mi vuelo ha rondado los ochenta euros) y desplazarse en los buses y servicios de transporte hasta Chamonix es relativamente caro (calculad otros treinta pavos largos por cien kilómetros), lo del alojamiento necesita de sus dosis de tolerancia frente a lo disponible.

Estamos en temporada alta vacacional, con lo que es interesante moverse en cuanto sepas que la lotería te ha agraciado con una plaza para participar en la carrera. Si necesitas conectar con otro vuelo via Madrid, sigue la máxima: “la doble antelación, siempre mejor que la mera antelación”.

Da la impresión que este viaje transeuropeo podría salir por un pico. De eso podríamos hablar mañana, porque por medio están el material obligatorio y los ‘porsiacasos’.

[-29] para el Mont Blanc

Bien. Manos a la obra.

Ya conocéis por las descripciones de este blog, prensa, vídeos y hasta programas de televisión qué colosal barbaridad inventaron los Michel y Catherine Poletti. Dar la vuelta al macizo del Mont Blanc, reciclando un tradicional sendero excursionista en una prueba de carreras de montaña. Comparte por lo tanto la esencia de cualquier prueba deportiva: convertir algo cotidiano en un reto.

¿Qué es y qué debería ser el UTMB para un corredor aficionado?

Sientiéndolo mucho, hay que olvidarse de Kilian Jornet o de Iker Karrera o Miguel Heras. Aunque sean de nuestro pueblo o un día nos hayan devuelto el saludo, o nos hayamos hecho una foto con ellos. Pertenecen a una esfera fantástica pero inalcanzable.

Ya nos acordaremos de ellos y de su maldita estampa cuando estemos bien fastidiados (fijaos con qué delicadeza no he dicho ‘convenientemente jodidos’) en mitad de un descenso con esa sensación de que nos han rellenado los muslos con cristales rotos.

Alguien que corre, que ha tenido la suerte de aficionarse a la montaña y que ya tiene experiencia y años acumulando kilómetros en sus piernas, pasa por unas fases típicas:

1. quizá un año corra

2. ¿y si echo la lotería del Mont Blanc?

3. unos colegas han ido, eso tiene que ser la repera

El paso siguiente es empezar a recalcular las vacaciones y los dineros. Estás metido hasta las orejas en ello. Mañana os contaré parte de esa logística. Pero el primer paso es convertir el UTMB en el centro de los entrenamientos y planificación de casi año y medio. Por que… hay que acumular kilómetros, puntos y horas de vuelo.

El famoso sistema de puntos es lo que te rodeará durante dos años.

El circulito azul con el tío sudando como un pollo. Lo verás y lo buscarás. Es la etiqueta identificativa de que una prueba ha sido autorizada a darte puntos de experiencia para el UTMB.

¿Cómo dice?

El sistema que medirá tus progresos como corredor de montaña te otorgará un punto si corres un maratón por los cerros y el recorrido de este tiene al menos mil metros de desnivel. Te dará dos puntos en cuanto esa carrera sea más chicha que limoná y te acerque a los ochenta o noventa kilómetros. Y tres, si pasas de los cien kilómetros y desniveles de varios miles.

En el momento de inscribirte para el Mont Blanc tienes que haber acumulado durante año y medio largo una serie de puntos. Muchos, como puedes imaginar. La organización no quiere gente sin experiencia en montaña. Se juegan tener que evacuar a cientos de inexpertos de un momento de apuro a más de dos mil metros.

Lo divertido empieza cuando echas cuentas de qué rige tus trotes durante esos meses. Pero es la magia de la aventura, ¿no?

Mañana, [-28].

[-30] para el Mont Blanc

© The North Face® Ultra-Trail du Mont-Blanc® – Pascal Tournaire

Treinta días. Ya está a la vuelta de la esquina.

A partir de hoy desgranaré brevemente cómo ir de cara y sin miedo a una de las pruebas más exigentes del mundo para un corredor.

Sobra deciros que no estoy recomendando a nadie que piense en ir. O sí. Pero que nadie minusvalore la trastada. Participaré en la Courmayeur-Champex-Chamonix, la prueba menor del gran bucle alpino, el Ultra Trail del Mont Blanc. Nada más y nada menos que veintiséis horas de tiempo límite para recorrer 3/4 partes del giro al macizo del príncipe Europeo. Sí, vale, son cien kilómetros.

Por otro lado, esto tampoco será la crónica épica de un cuarentón vigoréxico. Resumiendo. Si seguís este blog, creo que sabéis de qué va la cosa.

Hoy he dado rienda suelta al cuerpo. Después de estar casi un mes descansando del intenso Gran Trail de Peñalara, que me dió un simpático revolcón pasados ochenta kilómetros, tocaba comenzar con los deberes.

El gimnasio ha acogido los primeros circuitos de fuerza. Para no iniciados, digamos que correr implica mover las piernas y un poco los brazos y hombros. Correr por terrenos variados exige más de todo el cuerpo. Pues correr por montaña, y caminar por montaña (que será lo que haga durante muchas horas) pide al tren superior un trabajo doble. Y los que corremos solemos ser unos birrias de cintura para arriba. Preguntádselo a nuestras parejas.

Por lo tanto, en mitad de las calorinas de mi ciudad, como escribe mi amiguete el bicioso Pedro Bravo, sudores y más sudores para tirar de pesas, hombros, brazos, remo, y entre medias recuperación subidos en las bicicletas de spinning y la cinta de trote cochinero. Dicho de otro modo, sufrimiento innecesario aunque imprescindible para poder ganar algo de músculo.

Mañana, [-29].

Permaneced atentos.

¿Están quemando tu bosque? Denúncialo

Foto: EFE

Unos amigos de la sierra de Algeciras, en concreto los archiconocidos corredores de fondo autodenominados Kroquetas, denuncian en las redes sociales que los incendios de la zona están cargándose su magnífica y excepcional sierra. Sí, un espacio verde donde Iván, Azarías, Sergio Pérez o Manué entrenan, respiran y viven el campo. Su libertad, la que el bosque da para todos, como menciona Sergio.

 Arde mi casa, la zona de recreo donde he compartido visita con buenos amigos. Mi casa es así de hospitalaria, caben todos los que quieran, es muy grande. Pero lo siento, no os puede acoger ahora, esta ardiendo. 

El compañero de TV Alvaro Gallardo tuiteaba el otro día con esa mezcla de desesperación y de no poder hacer más que denunciarlo.

La semana pasada teníamos corredores como Tito Parra haciendo turnos para apagar el incendio tremendo de Guadalajara. Sí, corredores de montaña, los que son acusados de degradarla. Tito es un profesional de los bosques. Los salva de arder.

En el incendio se veían afectadas más de mil hectáreas de un parque de elevado interés ecológico. De nuevo.

¿Está desangrándose tu bosque?

¿Salta el fuego desde las manos del hombre a las sendas y árboles por los que corres o paseas?

Denúncialo.

Grita alto. Me ocuparé de mantener abierto este post y reenviaré los comentarios que dejéis para que no se olvide la gente de una cosa: la masa forestal de nuestros montes y bosques nos llegó de nuestros padres y la tendremos que dejar intacta a nuestros hijos.

Ya no se trata de correr o de no correr. Es la cubierta vegetal de nuestro planeta.

¿Y si comienzan a restringir el acceso a correr en el Retiro como consecuencia de los árboles deteriorados?

Imagínalo. Los principales medios de comunicación cuestionando el mantenimiento de un parque centenario. ¿Y si comienzan a restringir el acceso al Retiro como consecuencia de los últimos accidentes? Échale un poco de imaginación. Podrían empezar a limitar determinados deportes, entre ellos tu carrerita diaria, por la caída de los árboles deteriorados en las últimas décadas.

Yo creo que es cuestión de tiempo (y no estoy dándoles una nefasta idea ni una justificación para hacerlo). Nuestra clase política suele manejar las oportunidades de dos maneras.

a: dejar correr el tiempo
b: bala en la recámara

Eliminado el factor tiempo, que se ha agotado desde el momento en que la prensa airea accidentes serios, algunos no dejarán que una coyuntura les estropee una oportunidad política. ABC habla de “investigar un misterio”. El de los árboles caídos. La redacción de El Confidencial desliza la expresión “demasiada gente” como uno de los desencadenantes de los troncos y ramas caídos. Únicamente El Mundo detalla claramente la guerra de guerrillas que se lleva a cabo entre el departamento de parques y jardines y los sindicatos.

En esencia, en lugar de preocuparme si deberíamos acudir a correr por el parque que la corona cedió a la ciudad de Madrid, empieza a rondarme un negro pájaro por los pensamientos. Al tiempo. Ya dicen mis hijos con razón que soy un ‘hater‘.

Muchos estaréis pensando que no. Que si salimos a correr con cuidado y la concejalía o la empresa externalizada de parques y jardines son sensatos y cuidan El Retiro, esto es pensar demasiado lejos.

Mi temor es que, primero, se entenderá erróneamente o se malversará el concepto de quién o qué usos masivos están deteriorando el Retiro. Mi opinión es que se harán un lío, y correr, de modo parecido a la manera que se está demonizando desde el ecologismo más combativo el correr por las montañas, será uno de los llamados ‘usos humanos con impacto en la cubierta vegetal del parque’. No apostaréis nada.

Cuando se igualen los miles de paseantes y tumbantes a los cientos de corredores, y quedéis englobados con la entrada de vehículos para las ferias, mantenimiento, stands varios, obras mal realizadas y deterioro natural de las especies vegetales, alguien pensará que quizá se deba acotar algo a algunas horas. O algunos cientos de usuarios.

Sí, vosotros que apenas pasáis tres o cuatro veces por el mismo itinerario, pisando con vuestra zapatilla de apenas treinta centímetros de largo, seréis considerados agresión ambiental. Salís demasiado en los medios y han catalogado el correr como una fiebre, una plaga y una moda.

¿Soy un agorero? Es más fácil acotar y colocar policía que razonar.

¿Cuánto tardaremos en leer eso de que “tanto running está machacando nuestros parques”?

¿Correr? Eso es de cobardes

Animado por haber estado repasando los comentarios a favor y en contra de mi penúltimo post (ya sabéis, el de la dureza del correr por la montaña), le dí una pensadita a esta exposición pública del correr.

“Es una moda estúpida. Ya estás mayor para hacer el tonto por el campo”
“Correr tanto para que luego te retires, eres un mierda”
“Un pico y una pala os daba yo”

Es un ramillete que muchas veces se ha popularizado en ese global “Correr es de cobardes”. Frase que ha provocado respuestas, adhesiones en mitad de una ronda de vinos, títulos de libros y hasta de formas de ver las cosas.

Habría mucho que lidiar, si es mejor cobarde vivo que valiente descuidado. O si deberíamos dedicarnos a correr y tomarlo como un íntimo proceso espiritual o subirse al lobby runnero hasta modificar los cimientos del mundo.

¿Qué pienso yo de todo esto? Cobarde es escudarse en un alias para insultar pero asumo los riesgos de ser portada en algunos momentos en este diario. A partir de ese instante debo enfrentarme a las consecuencias. Internet es así.

Pero (ay, los peros), salen puntos y más puntos a favor de si salir a corretear. Más, con la que cae. Metámosle mano al solomillo con espíritu de magacín de verano. Cuatro contra cuatro.

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Exacto. Superficialidad, inconsistencia y liviana tontez. Es verano.

Correr no es de cobardes:

  1. Quita los sofocos del día a día. Alguien que se enfrenta con el deporte a las ganas de coger un arma y liarse a tiros es un valiente.
  2. ¿Cobardes? No te han visto llegar por los pelos a rescatar a tu pequeño de la piscina de bolas, raudo como Usain Bolt. Ni aguantar duro e impenitente las ocho horas de paseo por las compras de Navidad.
  3. Puedes decir que tu velocidad media de trote es mayor que la de un atasco en las arterias de tu ciudad. Además, ahorras humos a ese cielo marrón-gris que respiran hasta tus enemigos.
  4. Bueno. Salvo que tengas enemigos con respiración anaerobia. En ese caso, vigila con qué microorganismos te juntas. Claro que, en este caso, serías todavía menos cobarde.

Correr es de cobardes:

  1. Sales a correr por no mirar a los ojos a la pila de ropa de planchar.
  2. Correr para llegar a tiempo a que no te cierren la tienda de referencia mientras haces pereza para bajar a por verdura. Y eso que tu chino (también de referencia) abre hasta las 23h.
  3. Quítate ese plástico que recubre tu lorza mientras corres o te deshidratarás sin adelgazar. Afronta tu realidad delante de tu espejo y repite conmigo y en voz alta “Necesito un cambio estructural de hábitos alimentarios”
  4. Es el cuarto viaje de familia que organizas aprovechando que hay una carrera en… Aparca el tema y disfruta de un hotel playero con setenta horas diarias de actividades familiares. Apechuga, que dijiste lo de “en la salud y en la enfermedad”.

Correr: La industria yanqui echa cuentas

Hace unas semanas ya salió el informe global que elabora la ‘Outdoor Industry’ norteamericana. Es decir: la industria del ocio y tiempo libre. Es interesante saber cosas de una sociedad. De la propia es ideal aunque conduce muchas ocasiones a la frustración.

Mitiguemos, entonces, los daños mirando a otro lado. Asunto en el que somos especialistas en España.

Veamos las cifras del informe anual del sector que consideras tu favorito. El informe se colgó en una web abierta y al alcance de todos. En esencia,

Un número record de norteamericanos participaron al menos en una actividad reglada al aire libre en 2013. Casi un 50% de los estadounidenses mayores de seis años lo hicieron, contabilizando 142.6 millones de participantes.

Corre, camina o gatea.

Este es un blog de correr. Veamos cómo nos va en las variedades de calle, parque, campo o risco asesino.
De 6 a 24 años, correr en sus mil acepciones fue el más popular de los ejercicios al aire libre. Un 29.3% (23.8 millones de participantes) superó a la combinación de bicicleta, BTT, BMX por más de cinco puntos porcentuales y cuatro millones de jóvenes.

En España correr tiene un cariz más maduro, como sabréis, además de cifras de mujeres participando en carreras merodeando el 25-30% de media. En EEUU, por sexos, un 50% para cada uno.

El número varía tomando a los adultos mayores de 25 años pero correr (o corretear) sigue siendo la preferencia número uno. El 16.2% de los adultos, 33.8 millones de participantes, por delante del sorprendente entretenimiento de la pesca (que se llevó un 14.8%).

En algunas ocasiones he citado matices en cuanto a grupos raciales en los estudios norteamericanos sobre el running dichoso. La reacción de muchos lectores no fue totalmente positiva, pero si somos una sociedad multicultural tenemos que entender cuales son los gustos de nuestros conciudadanos. Otra cosa es que nos la cojamos con papel de fumar. En 2013, de cada 100 jóvenes de 6 a 24 años que practicaban ‘esto’ en Estados Unidos, el 68% era parte de la américa blanca, con apenas un 11% entre afroamericanos y un 10% en hispanos (siendo estos la principal lanzadera demográfica del país). Quizá correr no sea tan entretenido fuera de algunos ámbitos sociales. Es algo para curiosear e incluso preguntar a los propios implicados. Aconsejo el artículo Why is Running so White?

Y es que la actividad deportiva es más que sentarnos después de un trote a tomar una cerveza y comentar la jugada. La industria, como fantásticamente explica Sergio Fernández en sus entradas denominadas €uros, mueve cifras mareantes. La entidad con la que abríamos este post resume en sus anuarios cuatro líneas.

La actividad al aire libre sostiene en EEUU 6.1 millones de puestos de trabajo directos. Al año se gastan 646.000 millones de dólares en deporte al aire libre, de los cuales cuarenta mil millones van a tasas federales y otros cuarenta mil a impuestos locales.

¿Nos hacemos ahora una idea del alcance de esta tontada del correr? No es extraño que suframos y contribuyamos a esta fiebre. Hay que ser un consumidor muy sensato y saber qué nos beneficia para que un ejercicio sencillo como trotar no nos coma ni nos convierta en cazadores de tendencias.

De todos modos, ¿quién tiene la potestad de impedir que cada uno haga el bobo como mejor le parezca?

Sé libre. Corre. O no. Pero no te lo pienses mucho, como dice Chema. Te podría comer la industria y perderías la capacidad de decisión que nos hizo famosos como especie.

La extrema dureza de un deporte

Corremos. Lo recomendamos a amistades, conocidos o desconocidos porque es bueno. Es sano. Vendemos incluso humo a su alrededor. Todo es tan idílico que olvidamos que está delimitado por áreas difusas. Oscuras.

Correr en la montaña es una de esas áreas-límite. Hace ahora dos semanas que participé en el Gran Trail Peñalara. Una de esas áreas complicadas de entender. Ciento doce kilómetros, la distancia entre Madrid y Ávila. A pie. Subiendo y bajando. Noche y día. Por piedras y barrancos. Una organización casi militarizada para que todo salga a la perfección.

Hay mucho en juego. Y es que esto ya no es running. La pasión desmedida de las ultradistancias está ya lejos de las fotos de corredores sonrientes y de corredoras riendo y haciendo estiramentos. Tonterías, las justas.

A las diez de la noche, mientras la humanidad descansa de una jornada laboral -el que puede presumir de ella- quinientos corredores preparaban mochilas, ropa, zapatillas. Corredores de los duros. De los que parecen eternamente mal afeitados. Piernas llenas de nervios y duros tendones.

No ‘salen a correr’. Ese término podría ser el remate perfecto de una pesada jornada de junio, un viernes rematado con un trote de media hora y chapuzón en la piscina. Que va.

La música atronaba y el locutor, el inimitable Depa, nos espabilaba para afrontar distancias inasumibles. Treinta horas por la montaña por delante. Cinco, cuatro, tres, nada desconocido. Rock and roll y caras serias.

Tres horas después éramos una serpiente de luces por la montaña madrileña. Habíamos subido a más de dos mil metros de altitud prácticamente a oscuras. Habíamos descendido por una senda de cabras hasta el parque de ocio montañero de la Pedriza. Alguno se había caído de bruces o llevaba enganchones por la roca, los piornales, insistimos. El glamour del running lleva el ‘prénom‘ de trail. El nombre propio del hermano mayor de la distancia sin lógica humana.

Nuestros gestos indican que debemos estar disfrutando mucho pero que lo escondemos bajo una máscara de concentración y de eternas preguntas.

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Fuente: KaikuLand.com

Delante iban los Pedro Bianco o Marcel Batlle. Ellos coronaban collados al galope y bajaban a todo trapo mientras los demás parábamos para pisar bien. Las manos a los bastones, sobre las rodillas. El lógico cansancio de correr, repito, durante las horas de descanso.

A las seis de la mañana amanecía mientras trataba de no quedarme dormido. No dormirse corriendo. No dormir mientras corres por una senda de montaña. A mil ochocientos metros de altitud y después de cuarenta kilómetros. Nunca me había visto tan cerca de un cierre de control.

Nunca me habían abofeteado.

Un amigo me tuvo que espabilar de dos tortas. ¿Dónde está el límite? ¿Recomendaríamos esta épica a un conocido, a trotar mecánicamente después de siete horas y media? Ahora entiendes los gestos ásperos de los cientos de participantes que aguardábamos en la línea de salida.

No es correr. No es el deporte de moda sino una versión inmediatamente inferior al vagar mientras aguanten las fuerzas. Mucho cuidado cuando leáis estas líneas y sintáis que os estoy motivando a una experiencia extrema.

Si sentís la curiosidad de asomaros a ese extremo, hay carreras por centenares. El Gran Trail de Peñalara es una de las más solemnes oportunidades. Perfectamente organizada.

He visto amigos en meta a los que hay que inyectar suero por la deshidratación. Muñecas hinchadas como la de Berna, a la que una caída en la noche supuso una luxación seria y que terminó los ciento doce kilómetros con una mano como una raqueta de pádel. Tipos duros como rocas sentados con la cabeza en las manos dormidos en una silla.

Hasta que luego llega un momento de lucidez y el corredor se levanta y sigue. La concentración es necesaria para no matarte por un barranco. O para discurrir por una cresta como la milenaria pasarela entre bloques de piedra de los Claveles del Guadarrama. Sí, por ahí teníamos que pasar. Llevábamos en las piernas sesenta kilómetros.

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Foto: KaikuLand.com

En ese momento mides el dolor y lo asumes. Lo guardas en uno de los compartimentos de la mochila. Y tiras unas cuantas horas más esperando que las SLab no te machaquen los pies y que tus rodillas sigan sirviendo.

Diecisiete horas y media después, la decisión.

Diecisiete horas y media después de haber salido de Navacerrada paré un momento y me senté. Posiblemente fui otro de esos rostros que aparecen en los grandes reportajes que ahora se elaboran sobre la versión extrema del deporte de correr. Diecisiete horas y media después de un día entero trabajando, el remate de una semana de tensión, y tras haber ascendido la Maliciosa, haber cruzado la Pedriza por la gran Cañada, ascender la Morcuera aún de noche, cruzar el valle del Lozoya y mirar a esa ascensión de dos horas por el Reventón. Diecisiete horas y media más tarde, ascendidas las cimas más altas del Guadarrama y bajados los pinares a La Granja, y sumar cuatro mil metros de ascensión en un sábado de Julio, pensé que ya era demasiado.

Hay que vivir. Hay una familia, unas piernas que tendrán que mantenerte corriendo durante muchos años más. Si es lo que deseas.

Los momentos posteriores, las reflexiones, la estrategia de una semana, de esa carrera, son parte de la gestión de estos titanes deportivos. Podría haberme arrastrado unas cuantas horas más. Tenía por delante treinta kilómetros, todo el Eresma, el cordal de Siete Picos, el puerto de Navacerrada, la Barranca, territorio ya conocido.

¿Apurar la tarde y la anochecida? ¿Intentar ser finisher otras diez horas después?

La gloria de pisar la alfombra de la plaza de Navacerrada contra una segunda noche sin dormir. ¿Hay límite? Esta vez una oportuna concatenación de dolores me puso sobre aviso. Tres horas con los pies machacados, las uñas de los pulgares ennegrecidas por los golpes continuados contra las rocas, y otras tres horas con el interior de la rodilla siendo una sorda tortura.

No hay vergüenza en parar. No hay deshonra en sobrevivir. Afortunadamente, hablamos de un extremo.

En el deporte de moda no se llega a estos extremos, tenedlo en cuenta. Podéis respirar.