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Líbano: la guerra del teléfono

¿Qué define hoy en día a un estado? Las fronteras, la capacidad de emitir moneda y de tener representación internacional y la fuerza militar capaz de controlar un territorio definido han sido tradicionalmente las características definitorias de un estado. Pero en la Era Digital todo eso puede ser de importancia secundaria; al fin y al cabo una entidad que carece de todo ello como Al Qaeda ha sido capaz de retar a la única hiperpotencia, y de influir de modo decisivo en la política mundial. Sin embargo hay algo que se está convirtiendo rápidamente en una marca fundamental de cualquier entidad con aspiraciones geoestatrégicas, y es el control de las comunicaciones. Como no ha podido dejar más claro el último conflicto en Líbano entre Hezbolá y el gobierno oficial del país, que empezó como una escaramuza por el control de la extensa red de comunicaciones del grupo armado chií. Antes que ceder sus comunicaciones, Hezbolá procedió a atacar al gobierno libanés. Ha sido la primera guerra del teléfono. Pero no será la última. Y, según los analistas, Hezbolá la ha ganado.

La causa del enfrentamiento ha sido el intento del gobierno de Fuad Siniora de eliminar uno de los principales nodos de comunicaciones de la red de fibra óptica tendida por Hezbolá en el territorio que controla (y en zonas que aparentemente no son suyas). En concreto una serie de cámaras de vigilancia automática conectadas a este nodo y que controlaban el Aeropuerto Internacional de Beirut fueron el detonante de una confrontación militar. Con ella la milicia chií ha demostrado que considera su red de comunicaciones y vigilancia como un recurso clave, que está dispuesta a defender manu militari. Y es que la organización libanesa pretende ser un estado dentro del estado, y las comunicaciones son hoy la columna vertebral de la soberanía. Y no en el mundo virtual, sino en el real. Veremos más conflictos relacionados con el control de las comunicaciones, uno de los requisitos vitales de los estados futuros.

Corregida errata el 10/6/2008 con mis disculpas; gracias, Adso de Melk poco hecho.

Cuando la Internet reviente

Las compañías telefónicas están preocupadas por el futuro de Internet. Temen que el desmesurado crecimiento de aplicaciones hambrientas de capacidad como YouTube provoque en pocos años una avalancha salvaje que arrase con una Red incapaz de sobrevivir a la inundación. Un ejecutivo de AT&T incluso ha puesto fecha: sin un fuerte esfuerzo inversor, Internet reventará por las costuras en 2010. Es una predicción curiosa, sobre todo cuando viene de parte de una empresa y de una industria que jamás han mostrado gran interés por la Red, que son los responsables de esa falta de inversiones en infraestructura que denuncian, que están solicitando subvenciones y, lo más interesante, que quieren convencer al gobierno EE UU de que les permita cobrar dos veces por proporcionar el mismo servicio. Todo para resolver un problema que no está claro que exista, puesto que la tasa de crecimiento del uso de capacidad en la Red está disminuyendo: el reventón de Internet se aleja en el tiempo. Pero no hay como exagerar el riesgo cuando se trata de pedir.

Suerte de Europa

En España, como en muchos otros países, hubo durante muchos años un monopolio estatal del servicio telefónico. Después del éxito que supuso en EE UU la disgregación de AT&T, casi todos decidieron privatizar las telecomunicaciones y abrirlas a la competencia. El objetivo era multiplicar la innovación y abaratar, drásticamente, los servicios. El enemigo era, de modo natural, la empresa privada descendiente del monopolio, que automáticamente trataba de defender su posición dominante en el mercado por todos los medios (amables y menos amables). Para limitar su poder nacieron árbitros de la competencia, organismos estatales encargados de frenar posibles abusos. En todas partes estos árbitros entraron en conflicto con la empresa dominante para defender la competencia, y con ella los derechos de los consumidores. En todas partes, excepto en España, donde el árbitro local (la CMT) ha sido desautorizado por el árbitro europeo. ¿Y qué hace la CMT? Pues pide ayuda al gobierno… para defender a Telefónica, empresa a la que está encargado de vigilar. Mientras, el sector en España no recibe los beneficios que una vigorosa competencia ha dado a otros países, y el país se queda descolgado en la Sociedad de la Información. Suerte que Bruselas nos protege, porque si el futuro del país dependiese del árbitro local…