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Ciencia, tecnología, dibujos animados ¿Acaso se puede pedir más?

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Transparencia

Durante la Guerra Fría, el epítome de la paranoia, uno de los factores que más contribuyó a que no se calentara fue paradójicamente el espionaje; la capacidad que tenían tanto la URSS como los EEUU de comprobar con datos propios cuáles eran las intenciones y acciones del adversario. Los vuelos a gran altura d aviones espía, y sobre todo las imágenes de satélite sirvieron para evitar malentendidos entre las superpotencias, y para que éstas comprobaran que lo que la otra decía era o no cierto. Porque el mejor refuerzo posible para la confianza mutua es la capacidad de comprobar. Hoy esa capacidad está también a disposición del público en general, y los gobiernos menos saludables están descubriendo el potencial de la transparencia. Imágenes comerciales de satélite están sirviendo a organizaciones de derechos humanos como Human Right Watch para documentar y denunciar atrocidades contra la legislación internacional que ocurren dentro, muy dentro de fronteras; realizadas por gobiernos que confían en la oscuridad para ocultar sus crímenes, y que hace años hubiera podido salirse con la suya. Pero ya no: ahora la transparencia es para todos.

Un hazmerreír europeo

Es curioso: la misma Europa que considera sacrosantas las libertades económicas y es un adalid del liberalismo comercial se siente preocupada, frustrada y cariacontecida cuando de la libertad que hablamos es la de expresión. Una empresa debe ser libre para vender sus productos a todo lo ancho y lo largo de la Unión, pero si se trata de que una persona escriba lo que desee para que lo lea quien quiera, entonces surgen problemas. Y problemas en abundancia tal que hay que resolverlos por la vía legislativa, aunque semejante empeño sea absurdo, patético y fútil. Exceso de información (¿respecto a qué? ¿quién mide cuánta información es demasiada?), ausencia de ética periodística (¿es obligatoria en gente que no es periodista?) y preocupación por la privacidad (¿para lo cual quieren crear un censo?) tienen preocupadísima a la Eurocámara, que está dispuesta a hacer algo. Como lo único que sabe hacer son normas, reglas, leyes y obligaciones, pues en ello está. Y para proteger a los ciudadanos de los ciudadanos que escriben, ya se habla de censos voluntarios, de regulaciones no obligatorias, de identificadores digitales… exactamente del tipo de creaciones burocráticas que se eliminan, cuando de lo que se trata es de comerciar en Europa. Parece que hay miedo a la libertad, o al menos a ciertas libertades; todas las que no tengan que ver con el euro.

La propuesta es ignorante, porque desconoce la situación real de la Red; arrogante, porque atribuye a las instituciones europeas el derecho a regular comportamientos individuales, sospechosa, porque defiende (casualmente) intereses de empresas estrechamente asociadas con los políticos (los medios de comunicación). Y sobre todo es colosalmente estúpida, porque la Unión carece de cualquier método efectivo de hacerla cumplir. ¿Qué ocurrirá con los bloggers europeos que utilicen sistemas de publicación situados fuera de la Unión? ¿Quién tomará la decisión de si un post es ético o no? ¿A quién se expedirá ese ‘dni’ digital, y para qué será necesario? ¿Cuánto tiempo tardarán los bloggers europeos en largarse en masa a servidores australianos, estadounidenses o ucranianos? ¿Hasta dónde llegarán las quejas por el atraso digital europeo cuando esto ocurra? Sólo hay una cosa peor que sacar una ley estúpida, retrógrada y antiliberal; y es que además sea también imposible de hacer cumplir, de tal modo que convierta la misma idea de la legislación en un hazmerreír. Y eso es lo que es esta propuesta, aunque preocupante por sus tendencias autoritarias: un hazmerreír indigno de Europa.

Signo de Prohibido Prohibir de Helios Martínez Domínguez.

Profesores, alumnos, e Internet

Los profesores están preocupados ante la plaga de descarado plagio en trabajos y ejercicios por parte de sus alumnos. Los jóvenes, versados en el uso de la Red, utilizan los (abundantes) recursos a su disposición para ahorrarse al máximo el trabajo de hacer los deberes, y los profesores (mucho menos hábiles en el uso de la Red) son incapaces de detectarlo. Aunque esto no es más que un aviso de lo que vendrá. Porque el problema no es ya el desequilibrio patente entre las habilidades internautas de unos y otros, sino que el modelo mismo de educación entra en crisis con la llegada de Internet. Las clases magistrales, con un maestro omnisciente impartiendo doctrina y un alumno respetuoso recibiéndola, nacieron cuando la imprenta no existía. Lo que se enseña hoy y cómo se enseña debe transformarse radicalmente para adaptarse a la existencia de Internet: un depósito que contiene virtualmente todos los datos. Los parches, como educar a los profesores en el uso de la Red, no bastarán: hace falta repensar el modelo educativo. A estas alturas del milenio poner deberes que se puedan copiar es un atraso.

Cuando las cosas hablan (y muerden)

A veces un pequeño cambio tecnológico puede tener importantes e insospechadas ramificaciones sociales. Es lo que sin duda va a ocurrir con la inminente ‘Internet de las Cosas‘, el sistema resultante de que todos los objetos tengan la capacidad de comunicarse entre sí a través de la Red, casi todos mediante conexiones inalámbricas. Cuando los electrodomésticos puedan hablar entre ellos o las etiquetas de la ropa enviar información al cajero de la tienda, pueden ocurrir fenómenos curiosos. Como por ejemplo que el robo se haga imposible, o mucho más complicado al menos. Porque ahora las cosas robadas se ‘chivan’.

Una indiscreta cámara digital en los EE UU ha denunciado a quien se la apropió de la manera más tonta. Equipada con una de las nuevas tarjetas de memoria con capacidad WiFi, la cámara iba en el bolso que una neoyorquina se olvidó en un restaurante mientas estaba de vacaciones en Florida. La tarjeta, diseñada para enviar de modo automático las fotos almacenadas en una red doméstica sin tener que usar cables, ignoraba su cambio de propietario, y los nuevos dueños ignoraban sus capacidades. La sorpresa se la llevó la propietaria original, cuando se encontró en su carpeta de fotografías con unas nítidas imágenes de las caras de quien había reciclado la cámara, que la habían usado para hacerse unas fotos de recuerdo. La tarjeta envió esas imágenes al buzón de su legítima dueña en la primera oportunidad: cuando encontró a su paso una red WiFi abierta. Los responsables, camareros del restaurante que habían decidido apandar el bolso en lugar de dar parte al encontrarlo, fueron despedidos, y la cámara que llamó a casa fue recuperada.

Los ordenadores portátiles y otros cacharros de alta tecnología hace tiempo que pueden ser equipados con dispositivos antirrobo capaces de localizar a quien se les ocurra llevárselos sin permiso, lo cual permitió hace algún tiempo detener a un innovador ladrón de oficinas en los EE UU. Los automóviles equipados con ciertos sistemas de seguridad pueden radiar su localización en caso de robo, o incluso bloquearse dejando atrapado al ladrón en su interior. Y cada vez más aparatos están equipados con sistemas de comunicación, con lo que el aspirante a chorizo debe preguntarse seriamente si merece la pena el riesgo a la hora de echar mano a la propiedad ajena. La Internet de las Cosas puede acabar reduciendo significativamente el robo, una de las constantes de la historia humana. Porque cuando las cosas hablan, también pueden morder.

Pague más, reciba menos

El imperio de contenidos de entretenimiento Time Warner, que además de una gran empresa de televisión por cable también tiene una reducida presencia en el ámbito del periodismo, ha decidido innovar en el acceso a Internet. Para ello ha creado dos nuevas ofertas experimentales en un mercado que domina, en la ciudad de Beaumont, Texas, EE UU, donde será posible acceder desde hoy mismo a estos nuevos planes. Ambos comparten una característica, aunque difieren en precio y prestaciones: y es que ponen un tope al consumo de información en la conexión a la Red. El precio depende del tope específico; el más barato cobra 29,95 dólares (19,4 euros) mensuales por un acceso de 768 kbps y un máximo de transferencia de 5 Gb en ese tiempo. El más caro son 54,9 dólares (35,56 euros) al mes, por un acceso de 15 Mbps (envidiable) con un tope de 40 Gb/mes. Ambos planes se ofrecerán tan sólo a nuevos clientes. Lo dudoso es que Time Warner consiga alguno con esta absurda idea. ¿A quién se le ha ocurrido pensar que dar menos por más dinero es una estrategia comercial viable?

El caso de Time Warner es especialmente estulto, dado que dentro del conglomerado no sólo hay proveedores de acceso a contenidos, sino fabricantes de contenidos, que están por todos los medios intentando aumentar el consumo de sus producciones a través de la Red. Las telefónicas, y en la práctica una televisión por cable es una telefónica, están desesperadas, porque la competencia les impide aumentar precios, pero el crecimiento del uso de la Red es imparable y feroz. En especial hay un 5% de los usuarios que aprovechan al máximo la ‘barra libre’ que supone la tarifa plana, subiendo y bajando grandes ficheros y llenando las infraestructuras. Pero ése es el futuro, la dirección en la que se mueve Internet: cada vez más gente moviendo cada vez más información, lo cual es bueno para los lectores y también para los productores de contenidos, las cibertiendas y todo el complejo industrial de la era digital. Como por ejemplo, la mayor parte de Time Warner, que al intentar impedir este futuro no sólo rema contra corriente sino que se hace daño a sí misma. Afortunadamente para ellos, no es probable que sus peculiares ofertas tengan mucho éxito, porque la gente no es idiota. Porque de lo contrario, alguien podría querer copiar aquí la idea… y ya estamos bastante mal, gracias.

¿Qué ’11-S electrónico’?

Una cosa es justificar la necesidad del puesto de trabajo que uno tiene, quizá exagerando un poco la utilidad de nuestros esfuerzos, Y muy otra es sembrar la desconfianza en una infraestructura vital para el futuro mediante irresponsables y descaradas manipulaciones. Cuando la Agencia Europea de Redes y Sistemas de Información (ENISA) avisa de la posibilidad de ‘un 11-S electrónico’ (traducción, mala, del desacreditadoPearl Harbor electrónico‘ estadounidense) están traspasando la línea que separa el razonable aviso de riesgos a prevenir del alarmismo injustificado y un tanto histérico. Esto no sólo refuerza la tecnofobia de los europeos, ya muy atrasados en este ámbito, sino que degrada la confianza en la agencia y su labor. ¿Es conveniente dejar la seguridad de la tecnología en manos de solapados tecnófobos que sólo son capaces de profetizar desgracias?

Es muy probable que las cifras citadas por la agencia sean ciertas, pero también son irrelevantes; lo cierto es que nadie, nunca, jamás, ha conseguido hacer daño a otra persona utilizando la Red, lo cual convierte la comparación de un ‘ataque’ cibernético con un terrible atentado terrorista en una burla cruel. Lo único que han conseguido los presuntos ‘ataques ciberterroristas’ o las ‘ciberguerras‘ es incordiar, tal vez a escala masiva, pero sin riesgo para la salud de la gente, y ni siquiera con gran daño económico. Llamar ‘ciberguerra’, o ‘ciberterrorismo’ a los ataques de denegación de servicio o a los problemas para acceder a un banco online forma parte de la misma venerable tradición tecnófoba que transforma en peligrosos ‘crackers’ a chavales que cambian páginas web. La ignorancia de quienes identifican pequeñas amenazas y gamberradas con peligrosísimos crímenes que deben ser drásticamente castigados podría excusarse, pero la mala voluntad no. Porque estas exageraciones tienen consecuencias: el atraso de Europa (y especialmente de España) en la Red es real , y los temores infundados de la gente también. Atizar irresponsablemente esos rumores, contribuyendo de modo oficial a una tecnofobia que es una amenaza para nuestro futuro, es peor que malvado: es estúpido. Las agencias europeas no debieran insultar la inteligencia de los europeos que les dan de comer.

Un ‘post’ tras cada comida

Es del dominio público que el cuerpo y la mente están conectados, y que el buen ánimo y el mejor humor mejoran la actividad del sistema inmunitario y nos protegen de enfermedades. Así que puede suponerse que la práctica del blog , que permite a no pocos iracundos expresar y expulsar su mala leche, debería ser terapéutica. Lo curioso es que esas propiedades curativas han resultado ser médicamente comprobables. Según un reciente estudio publicado en una revista científica y comentado en Scientific American, la escritura creativa mejora el estado físico de pacientes de SIDA y cáncer, y acelera la recuperación de operaciones quirúrgicas. Es decir, que expresar los sentimientos y emociones más íntimas sin tapujos, al estilo común en Internet, cura. No hablamos de sensaciones subjetivas de mejoría, sino de periodos de hospitalización más cortos tras una cirugía, mejoras de la memoria y el sueño e incluso cargas virales reducidas en pacientes infectados por el VIH. Si antes teníamos buenas razones para bloguear, como dar a conocer al universo nuestras importantes emociones y vitales conocimientos, ahora podemos esgrimir una razón todavía mejor: escribimos un blog por razones médicas. ¿Lo recetará alguna vez el médico de cabecera?

Desesperada Microsoft

Hay dos estrategias para conseguir que la gente utilice un producto. Una consiste en ofrecer una buena relación calidad-precio que sitúe al producto por encima de las ofertas de la competencia, o al menos lo haga competitivo en un nicho de mercado rentable. La alternativa consiste en sobornar a la gente para que lo utilice. Ésta última estrategia de promoción es la que ha decidido poner en marcha Microsoft para intentar activar su buscador de Internet, y arañarle algo de cuota de mercado a Google. El programa, llamado Live Search cashback, ofrece descuentos de entre el 4 y el 8% a los usuarios registrados que utilicen Live Search para buscar productos y comparar precios. El dinero sale de los ingresos obtenidos por Microsoft, una gran parte de los cuales se redirigen al consumidor. Como algún analista ha señalado, la idea demuestra que la gente de Ballmer está dispuesta a explorar posibilidades innovadoras y originales. También demuestra que, tras intentarlo durante años con denuedo, han renunciado a ganarle a Google en su propio terreno. La iniciativa huele a desesperación.

Es incluso posible que Live Search cashback tenga éxito, y que suponga una amenaza real a la cuota de mercado de Google en determinados aspectos claves de la búsqueda. Pero ninguna empresa renuncia voluntariamente a recortar sus beneficios a no ser que considere que el mercado a conquistar es vital para su futuro, y que es la única forma de conseguirlo. Para ofrecer los descuentos Microsoft tendrá que contemplar Live Search como Apple contempla iTunes: como un producto que no pierde dinero ni lo gana, pero que sirve para vender otros productos (iPods, en el caso de Apple) que sí proporcionan ingresos. La intención de Redmond no es la filantropía, sino conquistar (en este caso, comprar) un mínimo espacio en la Red. Que estén dispuestos a hacerlo significa que consideran ese espacio imprescindible para su supervivencia. Y que otras alternativas más rentables, como competir en la calidad de las búsquedas, han quedado descartadas. De ahí la desesperación.

Por fin, RTVE.es

Hay gente, y empresas, que están tan convencidos de ser perfectos o tan poco seguros de sí mismos que temen la llegada de competencia a su campo, aunque esa llegada sea un indicador de la pujanza de su propio sector. En Internet, en cambio, estamos siempre genuinamente encantados de recibir nuevos competidores, porque somos tan pocos y queda tanto por hacer e inventar que cuantas más manos (y mentes), mejor. Sólo por eso merecería saludar con alborozo la tardía llegada de RTVE.es al panorama español de la Red; una llegada que elimina una anomalía, al incorporar a uno de los principales grupos de comunicación nacionales a Internet. Pero es que además RTVE.es nace bien, con un excelente equipo, un gran producto informativo y muy buenas ideas, lo cual nos obligará a todos a mejorar. La Internet en español es mejor hoy que ayer, y con todos los nuevos proyectos que van entrando en funcionamiento, sin duda será mejor mañana. Bienvenidos, compañeros y sin embargo temibles rivales profesionales; vuestra llegada son buenas noticias para todos.

Porque no quieren

6 de cada 10 adultos españoles no tienen Internet, y de éstos menos de uno de cada 10 lo ha probado siquiera para saber lo que es. Es el dato quizá más llamativo de la Segunda Encuesta sobre Internet del BBVA, recién publicada [pdf], que demuestra que el principal escollo para el desarrollo de la sociedad española no es la falta de dinero, ni siquiera de educación; es la falta de interés en el futuro. Una ausencia de interés que linda con el rechazo. La mayoría de los no usuarios de la Red son, según el estudio, más pobres, pertenecen a clases sociales más bajas, tienen mayor edad y son menos educados. Pero las razones que alegan para no entrar en la Red no tienen que ver con la economía o la percepción de dificultad; lo caros que son los ordenadores o lo complejo de manejarlos ocupan lugares muy bajos en la lista de las preocupaciones de los no navegantes. Las principales razones por las que no navegan son la falta de interés y la nula percepción de la utilidad que tiene para ellos Internet. Los españoles no dejan de entrar en la Red porque no puedan, sino porque no quieren. No tienen razones ni para probar.

¿Es por lo bien que se vive en España y el magnífico clima de que disfrutamos, como afirmaba sin rubor hace años más de un informe? ¿Es España tan diferente del resto de países que nos rodean y en los que nos reconocemos? ¿Hemos descubierto una nueva vía al desarrollo económico que no pasa por los cambios sociales y culturales de que disfrutan los países que están por delante de nosotros? Puede que seamos la maravilla delos tiempos, un país donde los avances de otras sociedades no son necesarios. Pero lo más probable es que uno delos factores más importantes sea la simple falta de calidad de la oferta de contenidos y servicios en la Red. La Internet española es poco atractiva para sus usuarios potenciales porque carece de muchas de las mejores razones para conectarse como una buena oferta de comercio electrónico, un compromiso real de las administraciones (con la posibilidad de realizar gestiones) o una interesante oferta por parte de las universidades e instituciones culturales. La parte de ‘comunicación’ está bien servida, pero la de ‘contenidos’ es más bien pobre, si la comparamos con otros países.

España padece una industria de medios y de creadores de contenidos timorata, bastante tecnofóbica y muy alérgica a las novedades, que ha arrastrado los pies a cada paso para incorporarse a la Red, y que todavía presenta las redes rutinariamente como un nido de malas cualidades y riesgos a evitar (hackers, pedófilos, spam y ‘robo’ de música son los titulares sobre Internet más habituales). Los medios, el sector encargado de ayudar a pensar a la sociedad, la industria de debería abrir camino al futuro, está contribuyendo a negar ese futuro. Preocupados más de su propia supervivencia que del bien común, o empecinados en querellas intestinas y problemas del pasado, el sector que debiera ser la vanguardia del cambio está atrincherada, intentando impedir como sea (o al menos ralentizar) todo lo que muy a su pesar está ocurriendo. La industria de los medios de comunicación y la profesión del periodismo deberían preguntarse menos qué puede hacer Internet por ellos, y mucho más qué pueden hacer ellos por la Red. Porque no sólo están dañándose a sí mismos: nos están dañando a todos, contribuyendo de forma decisiva a que España pierda, otra vez, el tren del futuro. La última vez nos costó más de un siglo retomarlo, así que la cuestión es ¿por qué y quiénes no quieren?