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El retorno del eterno sueño

24 enero 2007

Aunque tenga un cierto aspecto de juguete, de ordenador de esos medio de pega que se les regalan a los niños para que no toquen el de mamá, la máquina que ha presentado esta mañana en Valencia el proyecto One Laptop per Child (OLPC, un portátil por niño) no quiere ser un juego. Lo que pretende es cambiar el mundo, ni más, ni menos. La idea de proporcionar ordenadores a millones de niños de países en vías de desarrollo no es más que la culminación de un viejo sueño más viejo y más ambicioso que nada que haya soñado jamás Silicon Valley. Internet y el ordenador personal son hijos de esta misma idea. Y sus raíces están en un movimiento anterior. El llamado ‘portátil de los 100 dólares’ es la última encarnación del sueño ‘hippie’ de rehacer la sociedad liberando el conocimiento y las tecnologías para aprovecharlo.

De lo que se trata es de enseñar a pescar a millones de niños en países como Brasil, Argentina, Uruguay, Nigeria, Libia, Ruanda o Tailandia, que están en el grupo de los que recibirán los primeros millones de aparatos enre finales de este año y el que viene. De proporcionar a la infancia de los países en vías de desarrollo el tipo de herramientas que deberían tener, pero no tienen, los niños de los países desarrollados. De crear en unos años un sustrato de millones, de decenas o centenares o miles de millones de personas empapadas en la idea de que la cultura se practica, no sólo se consume; que el conocimiento es libre, no propietario; que la colaboración no suma, sino que multiplica. De elevar Internet a la enésima potencia.

Los ‘hippies’, influidos por las enseñanzas de teóricos como Iván Illich y ayudados por publicaciones como el Whole Earth Catalog de Stewart Brand, pensaban que la vía para una sociedad realmente diferente y más justa era la educación. Y especialmente la educación libre de ataduras y programas, diseñados por los gobiernos y empresas como herramientas de creación de productores y consumidores. A la revolución, pensaban los ‘hippies’, se llega por el cambio de mentalidades, y éste se consigue educando en libertad y en comunidad.

Éste es el objetivo del proyecto OLPC. Sus rasgos, desde su precio a su conectividad, desde su consumo energético a sus programas, desde su modo de distribución a su diseño ergonómico, están diseñados para facilitar la creación y la colaboración entre millones, en condiciones físicas duras y en ausencia de infraestructuras de nivel occidental. Este ordenador ‘de juguete’ está pensado para sobrevivir en países en vías de desarrollo, y para proporcionar a quienes lo utilicen herramientas para acceder, para crear y para compartir conocimiento. ¿Qué ocurrirá dentro de 5 años, cuando millones de adolescentes brasileños, nigerianos o tailandeses así educados empiecen a entrar en Internet? ¿Qué pasará dentro de 20 años, cuando esos niños empiecen a llegar a sus gobiernos y empresas? La primera encarnación de este tipo de ideas en Occidente nos proporcionó el ordenador personal, Internet y la Web. ¿Qué puede pasar cuando esta otra semilla germine?