Hay gente que mira un vaso mediado de agua, y lo ve medio lleno; otros lo ven medio vacío. Y también hay una tercera clase de personas: los que opinan que no sólo está medio vacío, sino que es un verdadero escándalo; que la sociedad debería hacer algo, que el gobierno tiene que llenar hasta el borde el vaso, a ser posible de buen vino, a costa del contribuyente, y que ya de paso quiere, exige un vaso más grande. A esta última subespecie pertenece José María Irisarri, presidente de la productora Vértice 360°, que ocupa una página en El País con las múltiples razones por las cuales la ‘piratería’ es mala, mala, mala y un verdadero escándalo; y enumera además las numerosas y urgentes medidas que la sociedad tiene que tomar para erradicar esta lacra. Ya.
Ante todo, el señor Irisarri exige educación; educación y mano firme, por más que tales medidas puedan resultar ‘impopulares’ (como reconoce, con delicadeza). Educación, para que la chavalería reconozca que ‘bajarse’ una película de Internet está muy mal, y es muy feo, y es lo mismo que robar un disco (aunque no lo es), y sobre todo que puede dar con tus huesos en la cárcel (porque la letra, con sangre entra). Educación para que comprendan que ellos, los clientes, sólo pueden utilizar los productos que se les venden cuando y de la manera que el vendedor les permita, y los infractores serán severamente castigados, y las consecuencias no importan. Porque de lo contrario la gran industria de los contenidos se irá a la porra, y todos saldremos gravemente perjudicados de ello. De momento, y como aperitivo, a quien se descarga películas se les llama ‘chorizos’, a pesar de que varias sentencias judiciales han negado el carácter de delito a quien utiliza redes de intercambio de ficheros. Parece que el primero que necesitaría alguna educación en los aspectos jurídicos de esa denostada ‘piratería’ es el propio Sr. Irisarri.
El aspecto más surrealista del artículo no es la exigencia de nuevas leyes (parece que con las actuales la ‘piratería’ no es ilegal), o de una aplicación draconiana (aunque sea impopular) o de un lavado de cerebro masivo (Educación para la ‘piratería’). Tampoco su reconocimiento explícito de que su industria no proporciona alternativas, pues anuncia su desarrollo (15 años después de que la Web exista). No; lo más surrealista de todo es que en su empeño de criminalizar lo que no es un crimen y de exigir privilegios educativos, el señor Irisarri considera que el vaso está vacío. Cuando según sus propios datos, el vaso rebosa. ¿Por qué necesita salvación legal una industria que tiene 50.000 clientes tan deseosos de contemplar sus productos que se han tomado la molestia de obtenerlos pese a todas las barreras? Según el Sr. Irisarri, ése es el número de personas que accedieron a Rambo IV antes de su estreno (yo tampoco lo entiendo). Si tienen ese género de dedicación en su clientela, si tanta gente está dispuesta a saltar tantos obstáculos para acceder a su producto, ¿por qué necesitan privilegios? Sobre todo cuando las leyes y la acción estatal que solicitan convertirán en criminales… precisamente a éstos, los más dedicados de sus clientes. ¿Esto es ‘piratería’ por nuestra parte, o torpeza por la suya?
Ustedes no necesitan nuevas leyes, ni programas nacionales de educación. Ustedes tienen un serio problema, que es que su modelo de negocio no les genera ingresos por todos esos clientes. Pero eso no es un problema legal, ni nacional, ni educativo: ni problema nuestro. Se trata de un problema industrial, de un problema que tienen ustedes; de que su torpeza les impide aprovechar esta bonanza. Disponen de productos atractivos y de clientes que desean (¡mucho!) acceder a esos productos. Tienen la marca, la potencia industrial, el reconocimiento. Lo único que necesitan hacer es ajustar su modelo de negocio a las realidades de la Red. Dennos baratos o gratis los productos que anhelamos consumir, busquen cómo cobrárselos a otros, y fórrense. Pero no pretendan obligarnos a todos a aprobar un nuevo cursillo sólo porque ustedes son incapaces de reconvertirse. El fin del pago por copia no es el Fin del Mundo: la radio, las televisiones generalistas y los diarios gratuitos demuestran que es posible regalar un producto a sus consumidores finales y ganar dinero; incluso grandes cantidades de dinero. Búsquense ustedes la vida para generar ingresos y al resto de la sociedad déjennos en paz con sus insultos y sus draconianas legislaciones. Están ustedes dispuestos a reajustar el bienestar económico y educativo de toda una nación simplemente para ahorrarse un ajuste en su sistema de negocio, ¿y los piratas somos nosotros? ¿Quién necesita de verdad una Educación para la ‘piratería’?
Es curioso: la misma Europa que considera sacrosantas las libertades económicas y es un adalid del liberalismo comercial se siente preocupada, frustrada y cariacontecida cuando de la libertad que hablamos es la de expresión. Una empresa debe ser libre para vender sus productos a todo lo ancho y lo largo de la Unión, pero si se trata de que una persona escriba lo que desee para que lo lea quien quiera, entonces surgen problemas. Y problemas en abundancia tal que hay que resolverlos
Cuando pensamos en héroes, pensamos en Gary Cooper solo ante el peligro, o en John Wayne frente a los indios o los japos, o en Arnold Schwarzenegger haciendo de comando o de robot. Si pensamos en héroes reales, nos vienen a la mente bomberos, montañeros de rescate, soldados, pilotos o buzos de salvamento. Si evocamos pasión en el trabajo pensamos en poetas, activistas políticos, trabajadores de ONGs o monjas de misiones. En cambio, si pensamos en científicos nos imaginamos batas blancas, torres de marfil, laboratorios y bibliotecas. Pero la ciencia es una actividad humana, demasiado humana, y por tanto tiene también su cuota de apasionados creyentes dispuestos a cometer las más increíbles heroicidades para demostrar sus teorías. Y como es bien sabido, el desmedido heroísmo linda con la más absoluta estupidez. Hablando de cosas que dejan convertidas en infantiles tonterías las más cafres hazañas de
Una cosa es justificar la necesidad del puesto de trabajo que uno tiene, quizá exagerando un poco la utilidad de nuestros esfuerzos, Y muy otra es sembrar la desconfianza en una infraestructura vital para el futuro mediante irresponsables y descaradas manipulaciones. Cuando
La seguridad en cualquier actividad humana es una cadena en la que todos los eslabones han de ser igual de fuertes; con que falle uno de los elementos, la seguridad se pierde. Es por eso que en cualquier proyecto complejo, en el que hay muchos eslabones, resulta tan difícil garantizar la seguridad absoluta. Es una cuestión estadística: si lanzar una nave espacial, o construir un rascacielos, necesita de la concatenación de miles o millones de acciones, es muy fácil que una de ellas salga mal, tal vez la más sencilla. Prevenir los errores en sistemas complejos es un trabajo arduo y desagradecido, y en los grandes proyectos se dedica mucho esfuerzo a la detección y corrección de errores. A pesar de lo cual, hay errores; eslabones de la cadena se rompen, y se producen catástrofes. Un ejemplo es el


Comentarios recientes