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Ciencia, tecnología, dibujos animados ¿Acaso se puede pedir más?

Archivo de Mayo, 2008

Apasionada ciencia extrema

Cuando pensamos en héroes, pensamos en Gary Cooper solo ante el peligro, o en John Wayne frente a los indios o los japos, o en Arnold Schwarzenegger haciendo de comando o de robot. Si pensamos en héroes reales, nos vienen a la mente bomberos, montañeros de rescate, soldados, pilotos o buzos de salvamento. Si evocamos pasión en el trabajo pensamos en poetas, activistas políticos, trabajadores de ONGs o monjas de misiones. En cambio, si pensamos en científicos nos imaginamos batas blancas, torres de marfil, laboratorios y bibliotecas. Pero la ciencia es una actividad humana, demasiado humana, y por tanto tiene también su cuota de apasionados creyentes dispuestos a cometer las más increíbles heroicidades para demostrar sus teorías. Y como es bien sabido, el desmedido heroísmo linda con la más absoluta estupidez. Hablando de cosas que dejan convertidas en infantiles tonterías las más cafres hazañas de Jackass y sus descendientes

¿O qué decir de esta lista de Cracked con los 6 experimentos más macarras, extremos y recios de la historia? Hablamos de gente que no sólo descubrió la molécula y las propiedades alucinógenas del LSD (Albert Hoffman), sino que experimentó con grandes cantidades para descubrir sus efectos (y a pesar de ello vivió hasta los 102 años de edad). O de gente que se propulsó a velocidades supersónicas y frenó de golpe para comprobar los destrozos de la aceleración en el cuerpo humano (John Paul Stapp). O que se bebieron deliberadamente un cultivo de bacterias para demostrar que son las causantes de las úlceras estomacales (doctores Warren y Mashall). Gente capaz de introducirse un catéter en su propio corazón, para después ir andando hasta la sala de rayos X para que pudieran comprobarlo (Werner Forssmann). O gente que disparó un láser a un misil cargado para demostrar su exquisito control sobre la profundidad de corte de su herramienta (los técnicos del High Explosives Applications Facility). Hablamos de gente capaz de jugarse su propia vida para demostrar la veracidad de una teoría; capaz de colocar su pellejo donde estaba su boca. Verdaderos tipos duros,

Aunque mi favorito de esta particular lista quizá sea Stubbins Ffirth, un estudiante de medicina que llevó a cabo todo tipo de increíbles agresiones a su cuerpo para demostrar una teoría que resultó ser falsa: que la Fiebre Amarilla no es contagiosa. Ffirth estaba tan convencido de ello que llevó a cabo toda una serie de intentos de infección verdaderamente repugnantes: se colocó todo tipo de fluidos de enfermos terminales en cada orificio del cuerpo, se los puso bajo la piel e ingirió cosas increíbles y presuntamente contaminadas, sin contagiarse de la temible enfermedad (para la que por entonces no había cura ninguna). Lo mejor de todo es que la Fiebre Amarilla sí que se contagia, pero sólo por contacto sanguíneo, y los enfermos terminales apenas tienen capacidad de contagio; por eso se salvó Ffirth, que por supuesto desconocía todo esto. Pero ¿acaso hay algo más humano que un tipo capaz de poner en riesgo su vida, en las condiciones más repugnantes, para demostrar una teoría equivocada? Nada está más lejos de la torre de marfil y sus remotos habitantes enfundados en batas blancas que esto: gente llevando a cabo verdaderos prodigios de valor por su inmensa pasión en beneficiar a la humanidad.

¿Qué ’11-S electrónico’?

Una cosa es justificar la necesidad del puesto de trabajo que uno tiene, quizá exagerando un poco la utilidad de nuestros esfuerzos, Y muy otra es sembrar la desconfianza en una infraestructura vital para el futuro mediante irresponsables y descaradas manipulaciones. Cuando la Agencia Europea de Redes y Sistemas de Información (ENISA) avisa de la posibilidad de ‘un 11-S electrónico’ (traducción, mala, del desacreditadoPearl Harbor electrónico‘ estadounidense) están traspasando la línea que separa el razonable aviso de riesgos a prevenir del alarmismo injustificado y un tanto histérico. Esto no sólo refuerza la tecnofobia de los europeos, ya muy atrasados en este ámbito, sino que degrada la confianza en la agencia y su labor. ¿Es conveniente dejar la seguridad de la tecnología en manos de solapados tecnófobos que sólo son capaces de profetizar desgracias?

Es muy probable que las cifras citadas por la agencia sean ciertas, pero también son irrelevantes; lo cierto es que nadie, nunca, jamás, ha conseguido hacer daño a otra persona utilizando la Red, lo cual convierte la comparación de un ‘ataque’ cibernético con un terrible atentado terrorista en una burla cruel. Lo único que han conseguido los presuntos ‘ataques ciberterroristas’ o las ‘ciberguerras‘ es incordiar, tal vez a escala masiva, pero sin riesgo para la salud de la gente, y ni siquiera con gran daño económico. Llamar ‘ciberguerra’, o ‘ciberterrorismo’ a los ataques de denegación de servicio o a los problemas para acceder a un banco online forma parte de la misma venerable tradición tecnófoba que transforma en peligrosos ‘crackers’ a chavales que cambian páginas web. La ignorancia de quienes identifican pequeñas amenazas y gamberradas con peligrosísimos crímenes que deben ser drásticamente castigados podría excusarse, pero la mala voluntad no. Porque estas exageraciones tienen consecuencias: el atraso de Europa (y especialmente de España) en la Red es real , y los temores infundados de la gente también. Atizar irresponsablemente esos rumores, contribuyendo de modo oficial a una tecnofobia que es una amenaza para nuestro futuro, es peor que malvado: es estúpido. Las agencias europeas no debieran insultar la inteligencia de los europeos que les dan de comer.

Un ‘post’ tras cada comida

Es del dominio público que el cuerpo y la mente están conectados, y que el buen ánimo y el mejor humor mejoran la actividad del sistema inmunitario y nos protegen de enfermedades. Así que puede suponerse que la práctica del blog , que permite a no pocos iracundos expresar y expulsar su mala leche, debería ser terapéutica. Lo curioso es que esas propiedades curativas han resultado ser médicamente comprobables. Según un reciente estudio publicado en una revista científica y comentado en Scientific American, la escritura creativa mejora el estado físico de pacientes de SIDA y cáncer, y acelera la recuperación de operaciones quirúrgicas. Es decir, que expresar los sentimientos y emociones más íntimas sin tapujos, al estilo común en Internet, cura. No hablamos de sensaciones subjetivas de mejoría, sino de periodos de hospitalización más cortos tras una cirugía, mejoras de la memoria y el sueño e incluso cargas virales reducidas en pacientes infectados por el VIH. Si antes teníamos buenas razones para bloguear, como dar a conocer al universo nuestras importantes emociones y vitales conocimientos, ahora podemos esgrimir una razón todavía mejor: escribimos un blog por razones médicas. ¿Lo recetará alguna vez el médico de cabecera?

Por una hoja de papel vegetal

La seguridad en cualquier actividad humana es una cadena en la que todos los eslabones han de ser igual de fuertes; con que falle uno de los elementos, la seguridad se pierde. Es por eso que en cualquier proyecto complejo, en el que hay muchos eslabones, resulta tan difícil garantizar la seguridad absoluta. Es una cuestión estadística: si lanzar una nave espacial, o construir un rascacielos, necesita de la concatenación de miles o millones de acciones, es muy fácil que una de ellas salga mal, tal vez la más sencilla. Prevenir los errores en sistemas complejos es un trabajo arduo y desagradecido, y en los grandes proyectos se dedica mucho esfuerzo a la detección y corrección de errores. A pesar de lo cual, hay errores; eslabones de la cadena se rompen, y se producen catástrofes. Un ejemplo es el recién publicado análisis del accidente que estuvo a punto de enviar al fondo del mar al submarino nuclear británico HMS Trafalgar en noviembre de 2002, cuando durante unas maniobras el navío chocó contra una roca sumergida provocando daños que costó más de 6 millones de euros reparar.

Es difícil dedicar más esfuerzo económico y personal a la seguridad que el que se vuelca en un submarino nuclear. La ingeniería de estos barcos es soberbia, y su altísimo coste y las consecuencias de un posible accidente hacen que los países que disponen de ellos se preocupen sobremanera por garantizar al máximo que los errores sean mínimos. La selección y entrenamiento de las personas que los tripulan es probablemente la más estricta del mundo, y conseguir el mando de una de estas unidades (muchas veces armadas de proyectiles nucleares y que permanecen durante meses operando independientemente, sin contacto con sus cuarteles generales) es la culminación de la carrera profesional de cualquier oficial naval. Los submarinistas británicos tienen fama de estar entre los mejores del mundo, y su curso de formación para capitanes (denominado ‘Perisher‘) es uno de los más exigentes y duros del planeta. Precisamente realizando un ejercicio de este curso el Trafalgar sufrió el accidente de 2002, y según la investigación la causa de que esta sofisticadísima mole de acero propulsada por energía atómica y tripulada por los mejores especialistas del mundo estuviera a punto de hundirse fue una hoja de papel vegetal.

Una simple hoja de papel vegetal que cubría la carta de navegación impidió a los oficiales darse cuenta de que la maniobra que estaban realizando (a 50 metros de profundidad) les colocaba en rumbo de colisión con el fondo local. Las cartas náuticas llevan gran cantidad de información codificada en poco espacio mediante multitud de símbolos; el papel vegetal es traslúcido, pero no transparente, y un detalle vital quedó así oscurecido, con la consecuencia de que una mole de metal lanzada a considerable velocidad trató de ocupar el mismo espacio que una roca. Los tripulantes del Trafalgar tuvieron suerte: en un submarino, incluso a sólo 50 metros de profundidad, cualquier accidente es gravísimo, porque salir no es nada sencillo. Así que el buque, con todos sus tripulantes, estuvo en un tris de perderse simplemente por el uso de papel vegetal para no emborronar con rumbos trazados a lápiz la carta; un casi insignificante eslabón en la cadena de la seguridad que pudo hundir una sofisticada y cara nave de combate y matar a toda su tripulación. A veces, entre la seguridad y la muerte tan sólo hay una hoja de papel.

Desesperada Microsoft

Hay dos estrategias para conseguir que la gente utilice un producto. Una consiste en ofrecer una buena relación calidad-precio que sitúe al producto por encima de las ofertas de la competencia, o al menos lo haga competitivo en un nicho de mercado rentable. La alternativa consiste en sobornar a la gente para que lo utilice. Ésta última estrategia de promoción es la que ha decidido poner en marcha Microsoft para intentar activar su buscador de Internet, y arañarle algo de cuota de mercado a Google. El programa, llamado Live Search cashback, ofrece descuentos de entre el 4 y el 8% a los usuarios registrados que utilicen Live Search para buscar productos y comparar precios. El dinero sale de los ingresos obtenidos por Microsoft, una gran parte de los cuales se redirigen al consumidor. Como algún analista ha señalado, la idea demuestra que la gente de Ballmer está dispuesta a explorar posibilidades innovadoras y originales. También demuestra que, tras intentarlo durante años con denuedo, han renunciado a ganarle a Google en su propio terreno. La iniciativa huele a desesperación.

Es incluso posible que Live Search cashback tenga éxito, y que suponga una amenaza real a la cuota de mercado de Google en determinados aspectos claves de la búsqueda. Pero ninguna empresa renuncia voluntariamente a recortar sus beneficios a no ser que considere que el mercado a conquistar es vital para su futuro, y que es la única forma de conseguirlo. Para ofrecer los descuentos Microsoft tendrá que contemplar Live Search como Apple contempla iTunes: como un producto que no pierde dinero ni lo gana, pero que sirve para vender otros productos (iPods, en el caso de Apple) que sí proporcionan ingresos. La intención de Redmond no es la filantropía, sino conquistar (en este caso, comprar) un mínimo espacio en la Red. Que estén dispuestos a hacerlo significa que consideran ese espacio imprescindible para su supervivencia. Y que otras alternativas más rentables, como competir en la calidad de las búsquedas, han quedado descartadas. De ahí la desesperación.

Líbano: la guerra del teléfono

¿Qué define hoy en día a un estado? Las fronteras, la capacidad de emitir moneda y de tener representación internacional y la fuerza militar capaz de controlar un territorio definido han sido tradicionalmente las características definitorias de un estado. Pero en la Era Digital todo eso puede ser de importancia secundaria; al fin y al cabo una entidad que carece de todo ello como Al Qaeda ha sido capaz de retar a la única hiperpotencia, y de influir de modo decisivo en la política mundial. Sin embargo hay algo que se está convirtiendo rápidamente en una marca fundamental de cualquier entidad con aspiraciones geoestatrégicas, y es el control de las comunicaciones. Como no ha podido dejar más claro el último conflicto en Líbano entre Hezbolá y el gobierno oficial del país, que empezó como una escaramuza por el control de la extensa red de comunicaciones del grupo armado chií. Antes que ceder sus comunicaciones, Hezbolá procedió a atacar al gobierno libanés. Ha sido la primera guerra del teléfono. Pero no será la última. Y, según los analistas, Hezbolá la ha ganado.

La causa del enfrentamiento ha sido el intento del gobierno de Fuad Siniora de eliminar uno de los principales nodos de comunicaciones de la red de fibra óptica tendida por Hezbolá en el territorio que controla (y en zonas que aparentemente no son suyas). En concreto una serie de cámaras de vigilancia automática conectadas a este nodo y que controlaban el Aeropuerto Internacional de Beirut fueron el detonante de una confrontación militar. Con ella la milicia chií ha demostrado que considera su red de comunicaciones y vigilancia como un recurso clave, que está dispuesta a defender manu militari. Y es que la organización libanesa pretende ser un estado dentro del estado, y las comunicaciones son hoy la columna vertebral de la soberanía. Y no en el mundo virtual, sino en el real. Veremos más conflictos relacionados con el control de las comunicaciones, uno de los requisitos vitales de los estados futuros.

Corregida errata el 10/6/2008 con mis disculpas; gracias, Adso de Melk poco hecho.

Dos errores no suman un acierto

Microsoft insiste en tener tratos con Yahoo!, tras ver rechazada su oferta de compra por pagar poco. Ahora quiere un acuerdo de colaboración, cualquier cosa para que el gigante de Redmond reduzca su dependencia de los ordenadores de sobremesa. Queda claro por dónde van los tiros del futuro: servicios y almacenamiento remoto de información, financiados por publicidad altamente selectiva y muy eficaz, tanto para el anunciante como para el usuario. La actual pujanza de los ultraportátiles, los iPod, diversos modelos de agenda electrónica y otros aparatos conectados demuestra que el futuro de la conectividad no pasa necesariamente por el PC, sino por una combinación de muchos artilugios diferentes unificados por el almacenamiento remoto de datos vía Internet. Es el modelo del llamado ‘PC Tonto’, y Microsoft pinta poco en este futuro; de ahí su empeño en aliarse con Yahoo!. Paradójicamente si lo consigue será porque Yahoo! es también un segundón en este mercado, muy por detrás de Google. Para ambas compañías, el futuro está nublado; es casi imposible que la suma de dos errores proporcione un acierto.

Por fin, RTVE.es

Hay gente, y empresas, que están tan convencidos de ser perfectos o tan poco seguros de sí mismos que temen la llegada de competencia a su campo, aunque esa llegada sea un indicador de la pujanza de su propio sector. En Internet, en cambio, estamos siempre genuinamente encantados de recibir nuevos competidores, porque somos tan pocos y queda tanto por hacer e inventar que cuantas más manos (y mentes), mejor. Sólo por eso merecería saludar con alborozo la tardía llegada de RTVE.es al panorama español de la Red; una llegada que elimina una anomalía, al incorporar a uno de los principales grupos de comunicación nacionales a Internet. Pero es que además RTVE.es nace bien, con un excelente equipo, un gran producto informativo y muy buenas ideas, lo cual nos obligará a todos a mejorar. La Internet en español es mejor hoy que ayer, y con todos los nuevos proyectos que van entrando en funcionamiento, sin duda será mejor mañana. Bienvenidos, compañeros y sin embargo temibles rivales profesionales; vuestra llegada son buenas noticias para todos.

La policía sabotea el Día de Internet

Vale que es una fiesta cuya mera existencia es la confesión de un pequeño fracaso. Vale que este tipo de celebraciones oficiales tienen siempre un cierto aire mustio, como de polvorienta oficina, y mecánico, como de obligatoria campaña política. Vale que el efecto real de estos fastos es tan leve como para cuestionarse su necesidad. Pero entre poner en duda la efectividad del Día de Internet y la forma como lo ha celebrado la policía española hay un mundo. Porque el modo como las fuerzas policiales han realizado la detención de un grupo de ‘crackers’ informáticos, precisamente en el día de Internet, y sobre todo el modo como lo han presentado (consiguiendo un impacto global), no es que sea simplemente torpe e insensible: es que bordea el sabotaje deliberado. Mientras instancias oficiales se dedicaban a intentar convencer a la ciudadanía de las bondades y utilidades de Internet, otra rama de esa misma administración ha decidido recordarnos a todos que la Red es un lugar peligroso y oscuro en el que acechan peligros sin cuento y en el que nuestra seguridad ha de ser celosamente protegida por guardianes armados. Si esto no es un sabotaje a propósito, se le parece mucho.

La policía española no tiene ninguna justificación para el escándalo que ha montado y la forma como ha presentado el asunto a los medios. Medios que, por su parte, se han tragado sin pestañear ni cuestionarse ni lo más básico la nota informativa de la fuerza pública. Nadie ha recordado que en España muchas detenciones previas, de similares características e igual escándalo mediático, han acabado en agua de borrajas en los tribunales; bien por inexistencia del delito, bien por incapacidad de las fuerzas policiales de demostrar sus acusaciones ante un juez. Pero es que incluso si esta vez se demostrara que los detenidos son culpables de lo que se les acusa, la policía habría exagerado. Porque lo que habría cometido ese grupo de ‘peligrosos criminales’, dos de ellos de 16 años de edad, es el equivalente informático en gravedad a una pintada en una pared. La nota policial, y su difusión, han convertido a un grupo de gamberros informáticos en poco menos que una banda de mafiosos internacional. Y nos ha recordado a todos, para que no se nos olvide, el temible Lado Oscuro de la Red.

Estos terribles ‘delitos’, según afirma la propia policía, consisten en violar la (con toda probabilidad irrisoria) seguridad de centenares o miles de páginas web, oficiales y particulares, para reemplazar sus textos por burlas. No han agredido a nadie. No han robado nada. No han hecho más que dejar patente, para que todo el mundo lo entienda, la falta de una mínima seriedad en multitud de páginas publicadas en la Red. Sí, lo que han hecho está mal; como está mal entrar en una casa ajena simplemente porque su dueño se deja abierta la ventana. Como está mal pintarrajear un vagón de metro o una pared recién pintada. Si se confirman los hechos, el grupo de jovenzuelos son sin duda unos gamberros que se merecen un castigo. Pero ¿peligrosos criminales internacionales? ¿Simplemente porque han dejado en ridículo a un puñado de gobiernos, algunas empresas y un partido político español (Izquierda Unida)? La ignorancia de nuestros políticos, la excesiva dureza de unas leyes desmedidas, el valor propagandístico de publicitar este tipo de operaciones aunque dentro de unos años las acusaciones sean desestimadas en un juicio, el completo desconocimiento por parte de la prensa y el general rechazo a la tecnología que se respira en la sociedad española conspiran para convertir en criminales a un grupo de chavales que debiera ser tratado como lo que son: poco más que gamberros. Y esto lo hace la policía española, deliberadamente en el Día de Internet, a instancias de la denuncia de un partido que se dice defensor de las libertades. Desde luego, la policía española no fomenta mucho el uso de la Red, pero sí que sabe expresar lo que es la ironía. Aviados estamos.

Una europea vergüenza

Gracias a la atenta vigilancia de Cory Doctorow desde BoingBoing descubrimos que el muerto que más veces ha sido matado en la historia de la legislación europea amenaza con regresar. Una vez más, y son incontables ya, se está intentando colar en la legislación europea las patentes de software, de matute y por la puerta falsa. Sí, las mismas patentes de software que han causado incontables problemas en donde existen; las mismas patentes de software que han sido torticeramente utilizadas para silenciar e intimidar a rivales comerciales; las mismas patentes de software que sólo favorecen a las grandes empresas multinacionales enzarzadas en estrategias de disuasión de tierra quemada. Pero, sobre todo, las mismas patentes de software que han sido rechazadas varias veces ya en distintos niveles del Parlamento y la burocracia europeas, en lo que supone un verdadero insulto al proceso democrático y a la inteligencia de la ciudadanía. ¿Es que los abogados de esta degenerada forma de propiedad industrial no tienen pudor ninguno? ¿Es que los políticos europeos carecen de sentido de la autopreservación?

Pero, sobre todo, ¿es que son completamente estúpidos? El intento de resucitar de estrangis las patentes de software en Europa resulta particularmente estúpido y patético ahora, cuando los innumerables problemas prácticos y legales que han provocado en la industria estadounidense han acabado por movilizar a las empresas y no sólo a los activistas, hasta el punto de que la mera idea de patentar ‘software’ o modelos de negocio está en serio proceso de revisión y es probable que resulten anuladas pronto. No se trata sólo de que decisiones individuales sean revocadas, o que haya problemas (que los hay) con la legalidad de miles de patentes estadounidenses por un descuido de procedimiento. No: la Corte de Apelaciones del Circuito Federal de Washington está examinando In re: Bilski, un caso concreto que generará jurisprudencia y que podría anular, o sustancialmente remodelar, la decisión judicial de 1998 que permitió que se patenten tanto modelos de negocio como programas. En otras palabras: ahora que los Estados Unidos están recuperando el juicio e intentan anular un error que les ha salido carísimo, Europa quiere repetirlo, burlándose además de la voluntad de sus ciudadanos y de las nefastas consecuencias que puede tener para su propia economía. Si éste es el nivel de inteligencia de la Unión, si de esta manera trata la voluntad de sus ciudadanos, no es de extrañar el auge del euroescepticismo. ¿No se le caerá a nadie la cara de vergüenza?

Imagen de Vampiro de David de la Luz, tomada de Wikimedia Commons.