Botines

Nada nuevo. Es una historia virada al universal sepia de cualquier otra.
Papá Douglas se ha quedado dormido en la cocina: el pack de seis latas agotado y la colilla en la mano. Mamá Adele ve la televisión: “esta noche la fortuna puede ser suya”. Tú estás arriba, ardiendo.
Mañana es lunes. Papá conducirá el maldito autobús. Mamá atenderá la maldita oficina. Tú irás al colegio parroquial donde nadie ha oído hablar de la maldita nueva frontera. El mundo huele a historia muerta.
Holanda, Irlanda –por parte de Douglas– e Italia –por Adele– bailan una confusa polka en tus arterias, Bruce Frederick Joseph Springsteen, niño callado en la nada de Freehold:
Tenía ocho años, corría con una moneda en la manoPara comprar el diario y llevárselo a la parada del bus a mi padre
Me sentaba en sus piernas y conducíamos aquel viejo Buick por el pueblo
Papá me acariciaba el pelo y decía: “Hijo, mira bien todo esto. Es tu hogar”
Cara sucia con zapatillas Keds, eso eres. Monaguillo desastre. Quién demonios es William Burroughs en las tardes de Freehold. Milk shake, rattle & roll. Sube el volumen de la radio enciclopedia. Prefiero ese Mustang a una mujer.
Quieren lo mejor para ti. ¿Mejor que las seis cervezas y la rueda de la fortuna, papá?., dices antes de salir corriendo por la puerta de atrás. Cuántas revoluciones en ese gesto: la puerta de atrás, pese a lo que nos digan, está siempre mejor iluminada que la principal.
Ni azada ni Caterpillar para ti, niño rastrojo. Tu grial había sido inventado por un hijo de granjeros. Nadie sabe el apellido de Jesucristo, pero todos conocen los de Leo. Leo Stratocaster Fender. ¡Twang!
En la caja de la Strato (diario, ataúd, cofre) guardaste para nosotros grava, roderas, luz tenue de 60 W, algodón, lágrimas en la sábana, el siseo del cuero, la erección del sudor y agua de lluvia lamida de los labios por cualquiera de nuestras novias (Wendy, Kitty, Candy, Mary, Rosalita)...
Eres ahora demasiado Bosszilla, pero fuiste un crío. Yo no lo olvido. Mis Keds tampoco.
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The wild, the innocent and the E Street shuffle (1973)
Atrofiado todavía por la impericia productiva (que tan bien dominaría con el tiempo), Springsteen se presenta, en su segundo disco, como un trovador romántico y blandengue, incapaz de llevar al estudio la brutalidad de sus actuaciones. El germen de la pólvora, escondido bajo insufribles arreglos melindrosos, asoma sólo en algunos momentos. Prescindible pero arqueológicamente notable.

Born to run (1975)
La explosión. En una edad yerma en música honesta y de alto voltaje (con Pink Floyd, Led Zeppelin y Queen actuando como grandes payasos en la fiesta de la ñoñería), Springsteen y su maciza máquina de ritmo, la E Street Band, actualizan el legado del rock and roll, el soul y el rhythm and blues. Canalla, esperanzado, bailable y poético. Un disco bisagra que abrió la puerta para que entrase la luz. Todas las canciones son clásicas, pero sólo “Born to run” y “Thunder road” justificarían que Springsteen pasase a la historia.

Darkness on the edge of town (1978)
El chico se ha cultivado (lee a Faulkner, Steinbeck y Walt Whitman) y, con ayuda de un deslumbrante sex appeal (entre De Niro y John Garfield), firma su mejor disco. Acaso un amargo pleito con su primer agente y el cansancio que le provocan las voces halagadoras y complacientes que le proclaman nuevo rey tengan relación con el tono turbio de estas intachables y ardientes diez canciones sobre la explotación, la dignidad y el destino solitario del ser humano. Las letras tienen más hondura (Has nacido sin nada / Y mejor que sea así / Porque en cuanto tienes algo / Alguien llega para quitártelo, dice en “Something in the night”; En la oscuridad / Hay mundos ocultos que brillan, advierte en “Candy’s room”; El pobre quiere ser rico / El rico quiere ser rey / Y un rey no estará satisfecho hasta que lo gobierne todo concluye en “Badlands”, la mejor canción de su carrera). Concentrado en el rock de estadio y en su condición de mega estrella, Springsteen nunca volvió a grabar un disco tan intenso y con voz tan propia.

The river (1980)
Bruce hace pop. Doble disco repleto de temas escritos y producidos para que las emisoras de FM no dejen de emitirlos. Comienza la decadencia de la obra pero crece la leyenda del animal escénico. Cada uno de sus conciertos se alarga hasta cuatro horas y le deja al borde de la extenuación, necesitado de conectarse a una bombona de oxígeno tras las actuaciones.

Nebraska (1982)
El último buen disco. Con aspereza (guitarra acústica, voz tratada con eco y armónica, nada más) y sumido en una profunda depresión, Springsteen se despide de las pachangas de beísbol y las novias de ensueño para hundirse en la América negra de los asesinos natos, la miseria y el odio.
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Esta entrada viene a cuento de una pieza publicada ayer en nuestra edición de papel. Mis compañeros de 20minutos.es no la han colgado. Los interesados pueden buscarla en la página 31 del pdf, aquí.
José Ángel González
