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"La realidad es simplemente una ilusión, aunque una muy persistente". Albert Einstein

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Chicote dando miedo y cuatro bajas en el primer programa de TopChef

La cosa por lo pronto comenzó acojonando, con Chicote andando por una cocina llena de luces tétricas y parándose en medio del pasillo con un cuchillo de matar cochinos en la mano. Joder, ¿no podía salir con una espumadera que da mejor rollo y se usa igual en la cocina?

El casting es un cirio. Un cirio pascual.

Por lo pronto hay dos hermanos gemelos (Pedro y Paco) que si pudieran se daban en el cráneo con una piedra hasta que se les quedara el cerebro como una vichyssoise. A su lado Caín y Abel eran como dos putos osos amorosos haciendo la primera comunión.

Luego hay un tipo que dicen que es cocinero y que se llama Honorato. Uno con el pelo blanco, pero en realidad no, no es un cocinero, es Joaquín Reyes disfrazado. En el último capítulo se quita la careta de latex y hay sorpresa.

Joaquín y Honorato.

Joaquín y Honorato.

Luego hay una señora peruana llamada Irina que le da igual ocho que ochenta, ya le pueden pedir una paella, que ella hace un plato peruano porque yo creo que le paga la embajada de Perú y va a comisión de la gente que vaya para allá.

También hay unos cuantos que son los repelentes niños vicentes, como los empollones de la clase pero en cocinero. Algunos de ellos llevan unas barbas que como se pongan muy encima de la sartén te hacen una tortilla como la espalda de Paquirrín.

El chiringuito lo han montado en un “viejo almacén abandonado“. Tenían que acabar pronto la grabación, porque ya estaba reservado para una snuff movie. Allí más que cocinar de lo que daban ganas era de ponerse a exorcizar las corvinas y las zanahorias.

En una de las pruebas tenían que hacer un plato bonito con productos de casquería, que probablemente había obtenido el propio Chicote con el cuchillo con el que aparecía al principio. Cuando Jack el Destripador cenaba mucho tenía pesadillas con Chicote.

Había una concursante que tuvo problemas para encender una licuadora. Lo que pasa es que claro, no la había enchufado y los aparatos eléctricos tienen esa puñetera manía de necesitar electricidad.

Uno de los barbas, de nombre Carlos, tiene miedo. Miedo de estar al lado de “los dos peores” y que se le “pegue algo”. Lo que pasa es que el que tiene pinta de tener una empresa de importación y exportación de piojos barbudos es él. Lleva un programa y ya se ha ganado el cariño de sus compañeros. Siempre que cariño significara odio.

Pero ojo, que él es un geni0 de la alta cocina. De lo que no es tan premio Nobel es de la conservación de los electrodomésticos. ¿Sabéis el tipo ese que sale en la tele recomendando un limpiador para vitrocerámicas? Pues está en el hospital por un ataque al corazón al ver como Carlos congelaba una placa de inducción con nitrógeno líquido. La dejó que los próximos Juegos Olímpicos de Invierno se van a celebrar allí.

¿Pensábais que los dibujos animados no podían hacerse carne?  Pues decidme que David no es la reencarnación cárnica de Alfredo Linguini. Espero que alguien tenga la precaución de comprobar si está la rata por ahí ayudándole. Solo falta que haga ratatouille en una prueba y que aparezca el señor Ego para criticarle.

David y su doble de Ratatouille.

David y su doble de Ratatouille.

En la última prueba eliminatoria Honorato se cortó. Es raro ¿eh? Dijo, “joder, que putada, me ha tenido que tocar a mi…”. Sí, que chunga es la mala suerte. Sobre todo cuando tú pones todos los medios de seguridad a tu alcance. Porque, ¿cómo iba a él a pensar que podía cortarse pasando la mano por un rallador?

Mira, lo mismo le pasó a María Antonieta. “Voy a descansar aquí un poco el cuello” y en fin, digamos que le pasó como a las lagartijas, pero sin que le creciera la cola.

El caso es que en este primer programa se nos iban cuatro de los 16 aspirantes, que si mi calculadora no me engaña, eso deja 12 concursantes.

Os diré que los dos hermanos gemelos asesinos se fueron a la calle antes de entrar. También se quedó fuera Irina y ( NOOOOOOOOOOOOOOOO ) Honorato. Honorato, no, por dios. Joaquín Reyes se merecía estar en el concurso.

¡¡PERO COMO SABE IRSE DE LOS SITIOS HONORATO!! Según salió por la puerta pegó un berrido que en el África Central salieron volando los pájaros de los árboles y un pastor de cabras se fue la pata abajo allí mismo.