En EE UU la CBS está emitiendo ahora mismo una nueva edición de Gran Hermano (ellos, como hablan guiri le llaman Big Brother).
El caso es que esta edición está marcando récords de audiencia y liderando sus días de emisión, algo que en EE UU es más difícil que encontrar un jamón serrano.
¿Y por qué?
Lo cierto es que si lo veis (podéis hacerlo en el enlace que os he dejado) es clavado al Gran Hermano español. Mejor dicho, a los primeros Gran Hermano españoles.
La casa es muy parecida a la de las primeras ediciones aquí: sencilla, sin grandes lujos, con un patio con piscina y grandes espacios abiertos.
Los concursantes, pues como aquí, una amplia colección de guapos y guapas y un puñadito de frikis para darle color.
Sencillez y autenticidad. Esa es la clave. Por eso está arrasando. No hace falta darle más vueltas de tuerca: lo repito, sencillez y sobre todo AUTENTICIDAD.
En un país en el que hacerse famoso es una carrera que se puede estudiar en las universidades, la gente se comporta con naturalidad, van a lo suyo, a hacer sus relaciones, a pelearse, a jugar…
Aquí el gran problema de Gran Hermano son los concursantes. Ya nadie quiere entrar en Gran Hermano por curiosidad o por la experiencia. Quieren entrar para salir en Interviú o para intentar ocupar una silla en Sálvame.
Muy triste.
Yo aún tengo esperanzas de que la próxima edición de Gran Hermano sea distinta. Distinta por ser igual que las primeras.
Espero el renacer de Gran Hermano.



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