Es un mal endémico de nuestros días.
Hace tiempo me contaba un conocido que le había preguntado a sus sobrinas de diez años qué querían ser de mayores.
- ¿Princesa, médicos, astronautas, poceras?
- ¡Queremos ser famosas! respondieron casi al unísono.
- Pero, ¿famosas de qué, deportistas, cantantes, actrices?, les preguntó entre atónito y asqueado mi colega.
- Noooooooo. Famosas de las que salen en la tele.
Si a mi me hubiera ocurrido esto no habría llamado a Súper Nani, habría llamado a un sargento de la legión, pero el caso es que ahí se quedó la cosa.
¿Y qué lleva a unas inocentes niñitas a ser repelentes como un bocadillo de mierda?
Pues espacios culturales como Gandía Shore, la versión española de Jersey Shore, de esa televisión que pasará a la historia por su aportación a la humanidad (por su aportación a la extinción de la misma, digo): la inefable MTV.
“Soy español, ¿a qué quieres que te gane?”, esta bonita frase, lema de aquellos adoran que otros destaquen en deportes (en muy pocos) y que les parece mucho más importante que destacar en física y medicina, resume el espíritu con que la cadena se ha metido a grabar la adaptación española de este reality.
¿Que de qué va?
Uy, a ver si soy capaz de resumirlo, porque tiene una mecánica muy compleja… Cogen a un hatajo de mastuerzos de gimnasio y a un puñado de chonis multioperadas y se los llevan de vacaciones a ver cómo la montan por donde pasan.
Si no me he explicado bien os hago un esquema o saco las marionetas, porque claro, tiene tanto trasfondo el tema…
El caso es que como la versión estadounidense y la inglesa han tenido mucho éxito, en España hemos querido ganarles y lo hemos hecho seleccionando un cásting de gente que habrían echado de la cárcel por portarse mal.
Son gente reposada, pacífica, centrada, con objetivos en la vida y un respeto por los demás y por la educación como el de Jack el destripador.
Ah, Gandía, que hermosa ciudad que va a quedar marcada para siempre por el rodaje de este esperpento, por este culto al chonismo de manual, a la generación que no se ha perdido pero que nos encantaría perder.
Una de las concursantes, o participantes… no sé ni como llamarlas. El caso es que una de ellas se lió a hostias supuestamente en una discoteca con una pobre muchacha gandiense que estaba allí pasándoselo bien.
Como el grupo del programa hablaba varios idiomas entendieron perfectamente que la muchacha gandiense las había llamado putas. En realidad no, pero claro, qué más da.
El caso es que esta individua, de carácter moderado y conciliador por lo común, pero brava en defensa de su honor y buen nombre, le soltó una hostia a la chiquilla que la repartes en la catedral de León y te da para dos misas.
Y como eso no era suficiente, porque la muchacha ni se había muerto ni nada, maldita ella, pues intentó clavarle el tacón de uno de sus, con seguridad elegantes, zapatos.
Total, denuncia que te crió de la muchacha agredida, según cuenta el ideal.es.
¿Y qué se supone que hicieron los responsables del programa? Pues nada, porque estaban grabando y probablemente sintiendo un orgasmo con el asunto, por más que la muchacha canadiense no paraba de pedir que dejaran de rodar.
Eso sí, según el diario, luego los de la organización le dijeron a la chica que no les denunciara, que se iban muchas familias a la calle si cancelaban el programa. Con dos cojones y un palito de fuet.
La moraleja es que, ayudados por el sistema educativo, que envidian desde Harvard hasta Yale, estas cosas se convierten en referente de los muchachos y muchachas, que acaban pensando que tener musculitos e imponerse por la fuerza y la violencia molan más que el tanga de Belén Esteban.
Ya veremos cuando lo estrenen… si es que lo hacen, claro.
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