
Todos los veranos os hago mi profunda reflexión sobre el mundo de los bañadores masculinos. Y es que los pobres lo tienen crudo. Mientras nosotras podemos elegir entre trikinis, bikinis y bañadores de todo tipo, colores, estampados y rellenos varios, ellos ven su campo de elección mucho más limitado.
Básicamente tienen tres entre los que elegir: los surferos, los clásicos y los que yo denomino marca-paquetes (creo que todos sabemos a los que me refiero). De éstos últimos os quiero hablar hoy.
Hay que tener un señor cuerpazo para atreverse con ellos y aún así a mí no me gustan nada de nada. La verdad es que no tengo razones de peso en mi argumentación para explicaros de dónde proviene mi manía, pero cuando en la playa veo aproximarse a un hombretón marcando sus encantos, he de decir que preferiría que no llevase nada puesto antes que ese tipo de bañador. A mí, como ya os he contado en otras ocasiones, los que me ponen son los surferos, aunque me estoy haciendo mayor y los clásicos, los de media pierna, cada vez me gustan más
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