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¿Qué fue de? ¿Qué fue de?

"Si eres una estrella del deporte, eres una estrella del deporte. Si no lo consigues, te conviertes en entrenador. Si no eres capaz de entrenar, puedes ser periodista". Desmond Lynam, comentarista deportivo.

Quién fue… George Eastham

George Eastham era un chico que había mamado fútbol desde siempre. Su padre y tocayo había sido internacional por Inglaterra y jugador del Bolton y del Blackpool (ciudad en la que nació nuestro protagonista) y su tío Harry había jugado en el Liverpool. Con 17 años debutó en un equipo norirlandés, el Ards, donde su padre era entrenador jugador. De hecho, el Ards FC llegó a contar en algún partido con dos George Easthams, padre e hijo (39 y 17 años), sobre el terreno de juego.

Tras tres años en el Ulster, Eastham, que jugaba de centrocampista ofensivo, logró fichar por el Newcastle United, donde enseguida destacó y donde estuvo cuatro años, entre 1956 y 1960. Pero en esa última temporada tuvo algún problema con el equipo de la ciudad del Tyne. Tuvo disputas sobre la vivienda que el club le puso a disposición, con alguna que otra traba que el Newcastle le puso para ir a la selección inglesa sub 23 o con el trabajo secundario que le habían buscado (el profesionalismo no era total). Así las cosas, cuando su contrato iba a expirar, Eastham no quiso firmarlo y pidió un traspaso, a lo que los magpies se negaron. Y me explico.

En aquella época, existía en el Reino Unido un sistema llamado en inglés Retain and transfer, que regía las relaciones laborales de los futbolistas y sus clubes. Básicamente, consistía en que un club podía retener a un futbolista aun si éste quería marcharse y no renovar. Es decir, que aunque el contrato estaba vencido (hoy por hoy el que acaba contrato se pira sin más), el jugador no podía cambiar de aires si el club no le dejaba. Y encima, podía no pagarle. Eastham declaró que “nuestros contratos podían atarnos a un club de manera vitalicia. Lo llamábamos el ’Contrato de la Esclavitud’. No teníamos derechos en absoluto”.

Así las cosas, Eastham se declaró en huelga a finales de la temporada 59/60 y se fue a Guildford a trabajar con un pariente en un fábrica de corcho. Hasta octubre de ese año, el Newcastle no se bajó de la burra. Finalmente, fue vendido al Arsenal por 47.500 libras.

Pero Eastham consideraba que el Newcastle le debía dinero. Así, con la ayuda de la Asociación Profesional de Futbolistas (que le pagó el abogado), Eastham llevó al Newcastle a los tribunales y no hubo resolución hasta 1963.

Eastham pedía algo más de 1.000 libras y consideraba que el club del noreste le había tratado de manera injusta. Y así, el juez Wilberforce, uno de los más prestigiosos de Inglaterra, le dio parcialmente la razón a Eastham. Y digo parcialmente porque no le reconoció ningún derecho a reclamar ese dinero (consideró que al haberse declarado en huelga el jugador perdía ese derecho), pero sí que afirmó que el sistema Retain and transfer era totalmente injusto. Así, desde ese 1963 los clubes perdieron básicamente el derecho de retención cuando los contratos expiraban. Fue todo un hito que cambió para siempre las relaciones laborales entre futbolistas y clubes y que en su esencia, no volvió a modificarse tras la sentencia Bosman.

Tras este hecho, Eastham inició una brillante carrera en el Arsenal, pese a que en su primera visita al St. James’s Park de Newcastle, los hinchas lo llamaban Judas y le lanzaron manzanas. No obstante, fue en su época del Arsenal en la que consiguió hacerse internacional. Estuvo en los Mundiales de Chile 62 e Inglaterra 66, en los que no jugó ni un minuto. Como curiosidad, os contaré que merced a una campaña de la Football Association inglesa, Eastham recibió el año pasado, de manos del ex primer ministro Gordon Brown, una medalla de campeón del mundo (antiguamente sólo la recibían los 11 que jugaban la final -bueno, y los suplentes que jugaran, claro-).

Tras seis años en el norte de Londres, se fue al Stoke City en 1966, donde tuvo mucho éxito, hasta su retirada, en 1974 (luego sería nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico). Después fue entrenador de este último club durante un año y emigró a Suráfrica, donde vive aún. También tiene miga su estancia en el país africano, ya que desde su llegada en 1978 se hizo cargo de un equipo de chicos negros, desafiando al apartheid. Además, es el presidente de la peña o Supporters Club del Arsenal en Suráfrica.

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