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‘A veces siento lástima de los hombres’, de Vicente Gaos (1919 – 1980)

Lo malo no es lo que uno sufre,

sino lo que uno hace sufrir.

Lo malo no es ser la víctima.

Lo malo es ser el verdugo.

No la injusticia que nos hacen,

la que hacemos a los demás.

No es lo peor ser el reo.

Es mucho peor ser el juez.

Lo malo no es ser tentado,

sino inducir a tentación.

(Eva y Adán no cometieron

Ningún pecado original.

No existió en su inocencia culpa.

No hubo culpa suya ni nuestra.)

Más vale no saber nada

que hacer daño con la verdad.

Y no saber nada no quiere

decir lavarse las mano.

Ni el verdugo es únicamente

el que ejecuta la sentencia.

Todos somos al mismo tiempo

La víctima y el verdugo.

(No sabemos si, para probarlo,

Dios padeció más que Job.)

Lo peor de la cruz fue que Cristo

veía a su madre y a Juan.

Lo peor de la cruz fue que Cristo

no podía redimir a Judas.

Por malo que sea el hombre,

aún puede ser peor Dios,

si no existe, o si existe el infierno,

o si nacimos para morir.

Lo peor de todo no es nada

y todo es siempre lo peor.

Leyendo sobre el filósofo José Gaos, republicano huido a México, transterrado y discípulo de Ortega y Gasset, me topé con la poesía de su hermano Vicente. Una poesía abocada a languidecer en el siglo XXI por falta de lectores, si es que no es ya definitivamente olvido, que como escribió Borges es la meta.

La poesía agónica, existencialista a su peculiar manera, de Unamuno conserva algo de interés en un mundo donde el tema de dios aún tiene quien se ocupe de él. Curiosamente, no sucede igual con buena parte de la obra de los poetas de la generación del 36, entre ellos Vicente Gaos, que conjugaron el tremendismo, las inquietudes religiosas y ciertas pinceladas deshumanizadoras en la primera posguerra.

En el poema de hoy, muchas de aquellas inquietudes -que Gaos compartía con otros miembros más recordados de su generación- adoptan un evidente tono de desengaño, de lamento abstracto, tan inocente como metafísico… o quizá inocente por eso último.

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.