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‘Las cabezas, horribles, la ciudad’, de Paul Celan (1920 – 1970)

Las cabezas, horribles, la ciudad,

que construyen,

detrás de la alegría.

Si tú, fiel a ti, fueras de nuevo mi dolor

y un labio pasara de largo, por aquí

por el lugar, donde yo desde mí me entrego,

por esta calle

te llevaría

hacia adelante.

ORIGINAL EN ALEMÁN:

Die Köpfe, ungeheuer, die Stadt,

die sie baun,

hinterm Glück.

Wenn du noch einmal mein Schmerz wärst, dir treu,

Und es käm eine Lippe vorbei, diesseitig, am

Ort, wo ich aus mir herausreich,

Ich brächte dich durch

Diese Straβe

Nach vorn.

Antes de acudir a los hermeneutas, en ocasiones igual de crípticos o más que el propio Paul Celan pero privados de su genialidad, es preferible, y mucho más valiente, probar a leerle. Con todas las consecuencias. Incluso con la consecuencia, quizá necesaria, de no entender nada.

Para los celosos defensores del traductor traidor, un poema en castellano de Celan podría ser merecedor de cadena perpetua. En mi caso, pinkeriano que es uno, no creo que exista expresión, por ambigua, inusual o metafórica, que no pueda ser vertida en cualquier otro idioma. Ni siquiera los versos conceptuales y exprimidos de Celan, donde, incluso traducidos, se palpa la agonía del mal, el erotismo, la aniquilación existencial y la disolución del lenguaje.

Celan, “testigo directo del horror”, huyó del nazismo, del que su padre y su madre no lograron escapar, en París. Allí amó, escribió, polemizó, sufrió el severo trato psiquiátrico y se tiró al Sena. Estas bellas (como siempre) palabras de su compatriota Cioran: “Ese hombre encantador e insoportable, feroz y con accesos de dulzura, al que yo estimaba y rehuía, por miedo a herirlo, pues todo le hería”.

Los desguazados tabúes

y el ir y venir entre sus límites

húmedos de mundo,

a la caza de significado,

a la fuga

del significado.

ORIGINAL EN ALEMÁN:

Die abgewrackten Tabus,

und die Grenzgängerei zwiscen ihnen,

weltennaβ, auf

Bedeutungsjagd, auf

Bedeutungs-

flucht.

NOTA: Traducción de Jaime Siles.

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.