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Lezama Lima fuera (ya) de foco

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.

Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir
.

Así justificaba Lezama su voluptuoso sedentarismo: “El viaje es apenas un movimiento de la imaginación. Goethe y Proust, esos hombres de inmensa inmensidad, no viajaron casi nunca”. Y, asimismo, todos aquellos que durante el 2010 le recordaron con motivo de su centenario fueron poblando en espíritu su habitación, cuartel de invierno caribeño (“donde el hielo es una reminiscencia”), de Trocadero.

La prueba de que no hace falta haber leído Paradiso para impregnarse de Lezama Lima está en CaÍn. Él confiesa -y yo con él- que no avanzó más de diez páginas en la novela, pero su obra -sobre todo La Habana para un infante difunto, que adoro- está conscientemente salpicada por la poesía de aquel cubano hermético y barroco, siempre en posesión de las llaves que abren la mansión de lo sublime.

“Definir es cenizar”, escribió Lezama. No sé si para prevenir a las universidades de hacer pedagogía de su obra o para cerrar el capítulo de las enemistades. Mi experiencia con su poesía, ese “discurso del fuego acariciado”, es contradictoria. Nada menos banal y accesorio que sus versos frondosos ni nada más increíblemente hinchado que tratar de imitarlos.

(Creo que aquella cubierta que Daniel Gil imaginó para una de sus antologías, y que hace unos meses os enseñé, resume mejor que cualquier palabra su poesía).

IMAGEN: Lezama en su hábitat (http://lasillaprestada.blogspot.com)

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