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‘As de corazones’, de Juan Van-Halen (1944)

El recuerdo es la torpe certidumbre

de que somos olvido,

de que lo nuestro es más de ayer

y apenas queda tiempo.

Si llamamos

al miedo por su nombre,

si convocamos luego a la memoria

y escanciamos el riesgo de su látigo,

de su gélida lezna,

una noria de ciegas agonías nos inundará el pecho:

actos que un día deshojamos

y otro, fielmente, destruyó el olvido.

Regresarán promesas no cumplidas,

palabras que quisiéramos no haber salvado nunca,

besos no deseados

o hermosos rostros idos cuyo retorno quema.

Estoy aquí ante el tiempo,

ante el niño que un día alertó mi estatura:

frente a frente los dos

como un milagro del espejo. Nadie

ha abierto los cajones hondos de la tristeza,

mas los años se han hecho resurrección y espina.

Y bien sé que el retorno

es duelo y destemplanza.

En este niño

hay acusación, el viejo eco

de preguntas abiertas como heridas.

Pues la memoria siempre

es la terca enemiga que nos niega el silencio.

Las antologías poéticas son cómodas y eficaces, pero tienen dos problemas. Uno, el más comentado habitualmente, es el de tener que sucumbir a los caprichos del antólogo. El otro, que al lector se lo dan casi todo hecho. Toma, ahí tienes, un producto perfecto, sin fallas ni altibajos; si tu tiempo es oro, no lo malgastes en leer los versos fallidos. Pero las buenas poesías saben mejor rodeadas de mediocres poesías. La brillantez sin solución de continuidad puede llegar a saturar tanto o más que el genio poético de cartón piedra.

Digo esto porque acabo de leer La piel del agua, la antología del madrileño Juan Van-Halen -poeta y político del PP de apellido eufónico y heavymetalero- seleccionada y prolongada por Luis Alberto de Cuenca. 23 años en 100 páginas. Una trayectoria vital e intelectual en 54 poemas.

La guerra de Pakistán, el hambre de la India, los atardeceres del Retiro, El Macao de Camoens, las maravillas del jardín botánico, Jovellanos, Ibn Zaydun, el amor, un mundo aparte. Hay pocos poemas que no pesen. Cometiendo una antología de la antología, me he quedado con As de corazones, y con estos dos versos:

La ciudad cambia como cambia el hombre,

y a veces no es posible dar fe de la nostalgia.

NOTA: Juan Van-Halen fue presidente de la Asamblea de Madrid, de ahí este retrato un tanto decimonónico.

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.