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Isidore Ducasse: el mal, el siglo y la redención

Los lamentos poéticos de este siglo no son más que sofismas.

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Los juicios sobre la poesía tienen más valor que la poesía. Son la filosofía de la poesía. La poesía no podrá prescindir de la filosofía. La filosofía podrá prescindir de la poesía.

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La duda ha existido siempre en minoría. En este siglo, está en mayoría. Respiramos por los poros la violación del deber. Esto se ha visto solamente una vez y no volverá a verse.

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No acepto el mal. El hombre es perfecto. El alma no muere. El progreso existe. El bien es irreductible. Los anticristos, los ángeles acusadores, las penas eternas, las religiones son el producto de la duda.

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Si sois desdichados, no hace falta decírselo al lector. Guardadlo para vosotros.

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Es necesario esperar todo. No temer al tiempo ni a los hombres.

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No dejaré memorias.

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El canto I comienza con una advertencia: “Sólo algunos podrán saborear este fruto amargo sin peligro”. Ese fruto -diabólico- es el de una mente probablemente enferma, y no sólo de literatura. Después, cientos de páginas dedicadas al Mal, lo Perverso, lo Incorrecto… minucias crueles que se extienden a lo largo de “las desoladas ciénagas de páginas sombrías y llenas de veneno”. Isidore Ducasse, una vida de claroscuros que trajo locos a sus biógrafos durante décadas.

El así llamado Conde de Lautréamont, rehabilitado post mortem por los surrealistas como precedente intachable de la escritura automática, esa técnica que hoy nos hace sonreír por ingenua y muchas cosas más, fue ignorado en vida, corta vida, por toda la pléyade parisina.

No sé si os gustan, si os remueven de verdad de la silla sus perversidades adolescentes. En cualquier caso, no os he traído ningún fragmento de los Cantos de Maldodor, sino algunas pinceladas de sus Poesías. Este librito minúsculo, que todo indica que Ducasse escribió al mismo tiempo que los Cantos y que fue publicado en 1870, se puede leer como un compendio moralista de máximas salvadoras.

En ellas, el adolescente emite juicios rotundos sobre la poesía, el espíritu humano o la muerte. Pero, a diferencia de Maldodor, lo hace con una voluntad consciente de redención y al mismo tiempo de explicación de su obra: “Quiero que mi poesía pueda ser leída por un joven de 14 años”. Os traigo varios fragmentos, que he seleccionado porque me parecen proféticos, profundos y bellos. Porque cuando Ducasse dice que los juicios sobre la poesía tienen más valor que ésta, está anticipando el siglo venidero.

TRADUCCIÓN: Ángel Pariente

IMAGEN: Ducasse, niño y adolescente (www.lexpress.fr)

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