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‘¡Qué barullo en la herida!’, de Gloria Fuertes (1917 – 1998)

¡Qué barullo en la herida!…

¡Qué suerte si esto que siento fuera sed

y se me quitara bebiendo un vaso de agua!

Es entonces cuando llueve tristeza

para ahogar en mi boca

la palabra imposible.

Intento gritar,

y sólo consigo un cobarde silencio.

Una tarde al llegar a casa

me encontré con la sorpresa de quererte,

fue una bomba en mis manos.

Y yo, por si te hiere,

esperando a que explote estando sola

aunque me parta el pecho la locura.

No hay dos sin tres… poemas de Gloria Fuertes. Escaso de fuerzas y limitadísimo de tiempo, por fin hoy he encontrado el momento para hacer realidad la entusiasta insistencia de Shepora y Unadeposguerra.

De la de Lavapiés, un poema de amor de Pecábamos como ángeles.

Nacho S. (En Twitter: @nemosegu)



‘Isla Ignorada’, de Gloria Fuertes

Gloria Fuertes (Madrid, 28 de julio de 1917-27 de noviembre de 1998) fue la poetisa de los niños, pero también una excepcional mujer, que dejó una extensísima obra también para adultos.

Nació en una familia humilde, pero su incuestionable curiosidad y su fuerza de voluntad la llevaron lejos. Comenzó sus estudios oficiales con diplomas de Taquigrafía y Mecanografía, Gramática y Literatura así como en Higiene y Puericultura en Instituto de Educación Profesional de la Mujer, y más tarde cursó estudios de biblioteconomía e Inglés en el International Institute.

Trabajó como contable y bibliotecaria y organizó la primera biblioteca ambulante infantil, que recorría pequeños pueblos.

Entre 1961 y 1963 vivió en los Estados Unidos gracias a una beca Fullbright, que le permitió dar clases en varias universidades estadounidenses. “La primera vez que entré en una universidad fue para dar clases en ella” dijo la propia Gloria Fuertes.

Saltó a la popularidad (aunque era extensamente conocida y había sido premiada en numerosas ocasiones) gracias a su participación en los programas de TVE Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca, en la década de los 70.

Les dejo un precioso e intimista poema en el que la poetisa se define a sí misma.

Isla Ignorada

Soy como esa isla que ignorada

Late acunada por árboles jugosos

-en el centro de un mar

que no me entiende,

rodeada de NADA,

sola solo-.

Hay aves en mi isla relucientes

Y pintadas por ángeles pintores,

Hay fieras que me miran dulcemente,

Y venenosas flores.

Hay arroyos poetas

Y voces interiores

De volcanes dormidos.

Quizá haya algún tesoro

Muy dentro de mi entraña.

¡Quién sabe si yo tengo

diamante en mi montaña,

o tan sólo un pequeño pedazo de carbón!

Los árboles del bosque de mi isla

Sois vosotros, mis versos.

¡Qué bien sonáis a veces

si el gran músico viento

os toca cuando viene del mar que me rodea

A esta isla que soy, si alguien llega,

Que se encuentre con algo es mi deseo

-manantiales de versos encendidos

y cascadas de paz es lo que tengo-.

Un nombre que me sube por el alma

Y no quiere que llore mis secretos;

Y soy tierra feliz -que tengo el arte

De ser dichosa y pobre al mismo tiempo-.

Para mí es un placer ser ignorada,

Isla ignorada del océano eterno.

En el centro del mundo sin un libro,

SÉ TODO, porque vino un misionero

Y me dejó una Cruz para la vida

-para la muerte me dejó un misterio-.

Seleccionado y comentado por Israel Álvarez

Fuente: Fundación Gloria Fuertes


‘AUTOBIO’, de Gloria Fuertes

Gloria Fuertes (Madrid 1917 – 1998) fue una extraordinaria poeta con una voz personalísima que quedó sepultada bajo su enorme éxito mediático como autora infantil de ripios jocosos y pedagógicos que poco tienen que ver con un amplia y valiosa obra poética, donde se funde la poesía social de la posguerra, la memoria, la autorreflexión irónica, lo emocional a borbotones y una religiosidad popular e íntima.

Gloria Fuertes construyó un mundo poético de generosidad y miradas piadosas a partir de un verbo sencillo, juguetón y cercano.

Son numerosas las AUTOBIOS que la poeta escribió a lo largo de su vida. Esta es una de mis preferidas:

AUTOBIO

La alegría de mi alma

no debió de gustar a mi cuerpo

que empezó a dolerme

y tuve que interrumpir las miradas.

Así como otras veces

la alegría de mi cuerpo

no debió de gustar a mi alma

(bailé, recité, canté, disfruté, disfrutaron conmigo),

y no debió de parecerle bien a mi alma,

ya que al volver a casa

me puse malísima de tristeza.

Poema seleccionado y comentado por Bob Pop.