Morí por la Belleza — pero apenas
en la Tumba yacía
Cuando a uno que murió por la Verdad dejaron
En la Estancia contigua –
Me preguntó en voz baja la causa de mi muerte.
“Por la belleza”, dije-
“Y yo — por la verdad — las Dos son Una sola –
Somos Hermanos”, dijo –
Así, como Allegados que de Noche se encuentran –
Hablamos a través de los Muros –
Hasta que el Musgo hubo alcanzado nuestros labios –
Y cubierto — nuestros nombres –
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I died for Beauty — but was scarce
Adjusted in the Tomb
When One who died for Truth, was lain
In an adjoining room –
He questioned softly “Why I failed”?
“For Beauty”, I replied –
“And I — for Truth — Themself are One –
We Brethren, are”, He said –
And so, as Kinsmen, met a Night –
We talked between the Rooms –
Until the Moss had reached our lips –
And covered up — our names –

El puritanismo protestante de Nueva Inglaterra en el que fue educada y una vida adulta conscientemente retraída, doméstica, apaciguada, no han sido óbice para que los estudiosos lleven más de un siglo ocupados en destejer los inextricables misterios de la vida y obra de Emily Dickinson. Más de mil cartas (“Ésta es mi carta al Mundo / Que nunca Me escribió”) y dos mil poemas (salvo un puñado, todos publicados tras su muerte) son un legado tan jugoso como dado a las conexiones más disparatadas, como por ejemplo, interpretar sus versos en clave lacaniana.
(Una interpretación no psicoanalítica de uno de sus poemas y ajena a la frecuentemente previsible crítica literaria convencional, la ofreció el psicólogo evolutivo Steven Pinker en el capítulo que dedica en La tabla rasa a los vínculos entre las artes, la naturaleza humana y las ciencias físicas. Escribió Dickinson: “El cerebro es más grande que el cielo. / Si los pones uno junto a otro, El primero contiene al segundo”. Habla Pinker: “Este primer verso expresa la grandeza de la idea de una mente que responde a la actividad del cerebro. En su asombrosa complejidad para imaginar mundos reales y ficticios, el cerebro, qué duda cabe, es más grande que el cielo”.)
NOTA: Traducción a cargo de Amalia Rodríguez Monroy
Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.

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