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Archivo de la categoría ‘Andrés Neuman’

‘Teoría de los hospitales’, de Andrés Neuman (1977)

Te salvan y los odias: tan extraño

como ahogarse entre varios salvavidas.

Llegas y cicatrizan tus heridas

mientras otras distintas te hacen daño.

Por los pasillos y a través del baño

ese olor se te lanza en estampidas:

pese a las enfermeras, aunque pidas

auxilio, te anestesia con un paño.

Quieres quemar las camas, desesperas

en laberintos de etimología

y en los cuartos vacíos como esferas,

imaginas los pozos, las fronteras

que no has atravesado todavía

y pronto importa poco lo que eras.

Andrés Neuman es algo más que el último premio Alfaguara de novela (y el premio Hiperión de poesía, y el premio…). Es, al decir de las fajas que rodean sus libros, uno de los escritores (a continuación vendría ‘jóvenes’, pero el propio Neuman pide, y con razón, que se valore las obras de los autores jóvenes por la calidad literaria y no por la precocidad biográfica) con un futuro -presente ya- inequívocamente prometedor.

Avalado por el último Bolaño o por Luis Antonio de Villena, siempre atinado en separar el grano de la paja de la nueva literatura, Neuman, nacido hace 32 años en Buenos Aires y residente en Granada, ha logrado que cada libro suyo -da igual que sea novela, cuento breve, guión, ensayo, aforismo o poesía- sea un éxito de crítica y, lo que es más importante (o no), de público.

La editorial Acantilado publicó en 2008 una recopilación de su poesía hasta la fecha titulada Década (1997-2007). En el breve prólogo, y sin pretensiones de fijar una teoría al uso, Neuman expone parte de su credo poético: “Dudo mucho que el valor más profundo de la escritura consista en fabricar un espejo destinado a reflejar una y otra vez a su artesano a lo largo del tiempo. Eso equivale a suponer que la prioridad de un poema no es crear significados, sino erigir un ídolo con los rasgos exactos del poeta. Si de reflejos se trata, mucho más reveladora sería la superficie capaz de ofrecer una imagen expresiva a cualquier cara que asomase. Las emociones que funda un poema (en esto sí soy inflexible) deben ser, son verdaderas. Se comprometen. Actúan. Tienes consecuencias reales“.

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.